lunes, 10 de diciembre de 2012

Capitulo I, Cuarta Entrega (y ultima de 1er Capitulo)


1.1
Rodrigo volvió a entrar a la volcada camioneta, giro la llave y el motor encendió y un foco, el otro estaba quemado o roto.
-              Esto funciona mierda – grito Rodrigo – hay que volverla y capaz que ande.
Muñiga por mientras cortaba con su cuchillo unas ramas y Valdez veía el brazo de Sánchez.
-              Chiporro, lo tienes roto y vamos a entablillar – Informo Valdez al Soldado
-              Dele nomas mi cabo, si entablillado funciona – dijo Sánchez con una risita, para no parecer asustado. 

Muñiga llego con unas ramas de eucaliptus que corto a unos 45 cm, y saco un shemagh verde y pardo que rompió en dos tiras, de su botiquín personal saco unas capsulas y se las dio a Sánchez y una huincha adhesiva.
-              Dale, es analgésico, te bajara el dolor – dijo Muñiga
-              Te acomodare un poco los hueso, tranquilo que la fractura parce ser solo una, y bastante limpia, no hay astillamiento – dijo Valdez preparando el brazo - ¿Listo? ¡Ah!... ¡Una!
Un largo y ahogado U fue la sola respuesta del pelirrojo Sanchez al dolor y un resoplido al pasar. Muñiga coloco las ramas y las vendo con los trozos del shemagh, y finalmente lo encinto con la cinta adhesiva.
-              No esta apretada, para que no se te corte la circulación, trata de no moverlo ¿Tienes tu shemagh? Para hacerte un cabestrillo – le dijo Muñiga.
-              Si, esta en mi mochila – Contesto Sánchez muy despacio – esta todo mojado, por eso me lo saque la wea.
-              Animo Sánchez, que va a decir tu mamá si te ve tan sin energía – dijo Valdez y agrego con un tono paternal – la señora va a creer que la Armada no te da buena comida.
-              Ja, ja, ja, ja… mi cabo, no moleste, si aquí cocinan, mejor que en mi casa – dijo Sánchez levantando el animo.
-              El motor parte y parce que los ejes están como para seguir – dijo Rodrigo
-              Bien, Garcés, tratemos de seguir – hizo acuso Valdez y ordeno – Muñiga, corte uno de eso arboles de allí para que hagamos palanca a la camioneta.
Muñiga se puso a cortar con su cuchillo uno de los eucaliptus largos y delegados, pero que eran lo suficientemente rectos y gruesos para servir de palanca. El cuchillo era poco lo que avanzaba en el tronco, lo que impacientaba a Rodrigo.
-              Dame un momento porfa – dijo tomando el hombro de Muñiga – voy a intentar yo, dame espacio.
Muñiga retrocedió unos pasos y Rodrigo paso tiro a su HK 33, apunto a la base del árbol y disparo dos veces.
-              Mierda – dijo Muñiga y retrocedió otro paso.
-              Pégale otro, le falta – dijo Valdez
Otro tiro y el árbol se torció a un lado, Rodrigo se colgó el fusil y se colgó del árbol lo mas arriba que pudo y luego salto Muñiga y el árbol casi llego al suelo, dejando caer sus ramas mas altas sobre otro eucaliptus que le impidió romperse.
Rodrigo bajo, volvió a apuntar y el tronco del eucaliptus soltó ya completamente desgajado.
Muñiga saco una pequeña pala zapa, mas pequeña de la reglamentaria que siempre traía en la mochila y comenzó a sacar arena, Valdez y Rodrigo le imitaron con sus cascos, despejando bajo la camioneta, lo suficiente para meter el recto árbol.
Ya tenían algo despejado y Muñiga se puso a sacar las ramas superiores del árbol, entre los tres lograron poner el tronco bajo la camioneta y buscaron cada uno su lugar para comenzar a pujar.
¡Ah… Una! Empujaban, ¡Ah… Una! Empujaban, ¡Ah… Una! Empujaban, pero no había caso, solo lograban levantar un medio metro la camioneta, ¡Ah… Una! Empujaban y Sánchez como pudo se puso al lado de Rodrigo e hicieron fuerza ¡Ah… Una! Empujaron y la camioneta casi volvió a la horizontal, mantuvieron y Valdez volvió a decir ¡Ah… Una! Y la camioneta callo sobre sus ruedas con un pequeño rebote.
-              Mi viejo me va a sacar la re chucha – dijo Rodrigo
-              Won y si no hay maremoto, yo tengo justicia naval – dijo Valdez entrando a la camioneta por el lado del conductor.
Entraron a la Camioneta, Valdez se corrió al asiento de pasajero y Rodrigo giro la llave, la camioneta patino un poco sobre la arena y al final avanzo, si, pero con un leve vaivén producto de un eje estropeado quizás, pero nada que realmente los detuviera.
En unos pocos minutos estaban en la F-210, la carretera de ingreso a Quinteros, cuando el sol ya clareaba por sobre la cordillera de la costa.
La larga y recta carretera F-210 tenía algunos vehículos detenidos a su costado, unos camiones, vieron una fogata de unos conductores y ellos pasaron a cerca de 120 kilómetros por hora, iluminando con un solo foco.
-              ¿Quién conoce Quinteros? – pregunto Valdez
Silencio fue la respuesta por unos segundos.
-              Yo e venido a veranear a Loncura – Dijo Sánchez – pero no cacho mas, vine en bus
-              Yo también e venido en bus ¿Dónde hay que ir? – dijo Rodrigo
-              Yo se me el camino de las micros que llegan a la Capitanía de Puerto – dijo Muñiga
-              Para allá vamos, a la Capitanía de Puerto – Ordeno Valdez
Muñiga fue guiando a Rodrigo, tomaron por avenida Normandie, luego avenida Francia..
-              Nos alejamos del mar soldado – dijo Valdez
-              No, si por aquí es – dijo Muñiga
Vieron unas personas y preguntaron por la Capitanía de Puerto, un muchacho con cara de asustado indico las cuadras faltantes y donde debieran girar hacia la Capitanía.
Bajaron por calle Prat a la Capitanía.
Se detuvieron y los cuatro bajaron intempestivamente de la Luv y corrieron hacia la Capitanía.
Un marino que estaba allí se asusto al verlos correr hacia él.
-              Buenas noches ¿el oficial de guardia?
-              ¿Qué? No se, fue a la población, no se donde esta – dijo el confundido marino.
-              ¿Tienes como comunicarte con el? ¿Quién esta más antiguo? – interrogo Valdez
-              Nada, no tenemos comunicación con nadie, ni entre nosotros, están quemados todos los trasmisores – dijo el marino
-              ¿Hay alguien más antiguo? – repitió la pregunta Valdez
-              Si, estoy solo aquí, pero mi suboficial esta en el muelle – dijo el Marino apuntando con la mano hacia los muelles.
Los cuatro hombres corrieron hacia los muelles que estaban a solo media cuadra, gritando ¡Armada! ¿Hay alguien de la armada?
De una reja salió un marino de buzo de faena y tras él un suboficial panzón.
Valdez se cuadro e informo.
-              Existe la alta posibilidad de una salida de mar, un maremoto mi suboficial – dijo de una sola vez Valdez, para ahorrar explicaciones.
El hombre movió la cabeza de un lado a otro, se paso la mano por la cara, se giro e hizo un gesto o seña con la cabeza al cabo que lo acompañaba.
El Cabo extrajo una pistola de señales de un pequeño bolso y alzo al cielo, disparo y una bengala atravesó el cielo tan vertical que no parecía real y se encendió fuerte en una luz rosada y comenzó a caer lentamente.
-              Mi Teniente tendría que aparecer pronto, esta cerca creo – al fin hablo el suboficial.
-              Gracias mi suboficial – dijo Valdez.
-              ¿De a donde ha venido la información? – pregunto el Suboficial
-              Mierda – pensó Valdez, tendría que explicar lo inexplicable
-              Es un rumor surgido de trasmisiones de radio desde el norte, mi suboficial – contesto mintiendo y paso el papel firmado por el teniente
-              Esta bien ¿pero que están haciendo, de donde vienen? – replico el Suboficial y se puso a leer el papel.
-              De Viña, allá están evacuando – volvió a mentir en parte Valdez, y pensó de si que era el final de su carrera militar.
El suboficial, sin siquiera gesticular una emoción ante las palabras de Valdez extrajo un cigarro de uno de sus bolcillos y lo encendió.
-              Ya vendrá mi teniente, el sabrá que hacemos – dijo el Suboficial lanzando una larga columna de humo.
-              ¿Han caído aerolitos aquí? – pregunto Valdez
-              Solo hacia Loncura, pero hacia los cerros – dijo escuetamente antes de aspirar nuevamente su cigarro.
Valdez pensó que era uno de esos sujetos que habían llegado a suboficial solo porque eran mediocres y no podían hacer nada sin la presencia de un oficial, pensó que estaban perdiendo un tiempo valioso, que por lo menos se podría evacuar la bahía.
-              Este papel no es muy formal que digamos, pero nada es formal hoy creo – al fin dijo el suboficial
Valdez prefirió no seguir hablando con el suboficial.
-              ¿Hay Carabineros cerca? – pregunto
-              Si, están viendo lo de los saqueos, pero no se donde – dijo el suboficial con un tono tan inexpresivo que irritaba a Valdez
-              Vamos Rodrigo, demos una vuelta – dijo Valdez y ordeno a Muñiga– ya sabes que hacer soldado.
-              Si mi cabo – respondió Muñiga chocando los tacos.
La Luv comenzó a recorrer el camino costero, tomo la calle Gregorio Arrieta y en la curva que da con la base de la Fuerza Aérea se encontró con una Citroneta, vieja, pero en bastante buen estado que venia hacia ellos ¡Con una Baliza!
-              ¿los Pacos?, si, parece que son los Pacos – dijo Rodrigo
La camioneta se cruzo para detener a los carabineros, estos frenaron y salieron apuntando sus revólveres.
-              Armada de Chile, tranquilos – grito Valdez
Los policías bajaron sus armas y bajaron de los vehículos los infantes y los carabineros.
-              Es muy probable que haya un maremoto mi Sargento – dijo rápidamente Valdez-
-              Mierda, la que nos faltaba – dijo el Sargento de Carabineros
La reacción de los policías fue muy distinta, se pusieron prontos a avisar a los residentes de las zonas bajas de Quintero por medio de su Citroneta, de unos motoristas y unidades de la Fuerza Aérea que estaban patrullando la zona céntrica de Quintero.
Por mientras Valdez y Rodrigo se dirigían a la Base de la Fuerza Aérea.
El comandante de la Base Aérea era un hombre muy alto, que lucia orgulloso su parche de comandos en una tenida Multicam que lo diferenciaba del resto de su personal en tenidas UCP (Pixelado Gris)
El hombre era amable pero severo e hizo las preguntas pertinentes.
-              ¿Qué pasara con Maitencillo, Zapallar, Cachagua? – se pregunto en un momento.
-              No se señor, no se si hay tiempo – respondió Valdez.
El comandante de la base de Quinteros  llamo a uno de sus oficiales y ordeno enviar uno de sus pocos vehículos que funcionaba a Ventanas por la playa y que después fuera a Maitencillo.
-              ¡Allí están! Cosacos – se escucho una voz en el portalón de la base.
Era un joven oficial litoral, de grado teniente segundo.
-              Ya me a iniciado la evacuación mi cabo – dijo fuerte, pero sin enojo
-              Disculpe mi teniente, no fue mi intención – Respondió Valdez
-              Buen día mi Coronel – Saludo el teniente
-              Buenos días en lo posible Teniente – saludo el comandante
-              Por nuestra parte estamos evacuando los buques a la gira, envié un bote zodiac a Maitencillo, así que se les dará el aviso.
-              Genial mi teniente, entonces enviare gente a Ventanas y Zapallar y hasta papudo y donde sea hacia el norte.
Un Teniente de la FACH se acercó con un soldado
-              Mi coronel, tenemos comunicación con Santiago – dijo el Teniente – por un viejo aparato UHF que teníamos en bodega.
-              Bien, que han dicho – Respondió el Coronel
-              Estamos en estado de sitio, ordenado por el presidente – respondió el Teniente – desde hace 3 horas, de manera indefinida y solicitan una reunión de jefes de la zona aérea para hoy a medio día.
-              Teniente, aproveche y remolque todo el material de vuelo y rodante a la zona alta de la base – ordeno el coronel y agrego – avise que estamos evacuando las zonas bajas de Quintero.
-              A su orden mi Coronel – el teniente se dio medio giro y se retiro al trote hacia el interior de la base.
-              Con su permiso mi Teniente – hablo Valdez al Teniente Litoral – creo que nosotros vamos a cooperar en la evacuación
-              Bien cabo, retírese con su gente y póngase a las ordenes del Suboficial Artiga hasta que termine la evacuación – respondió el Teniente y concluyo – al terminar pueden retirarse a su base.
La gente no entendía mucho por qué debía evacuar, muchos argumentaban su negativa en la inexistencia de un movimiento telúrico, otros en cambio era poco lo que se les tenia que decir, bastaba el anuncio para que salieran de sus casa, tomaran sus hijos, ancianos y un par de cosas y se marcharan a las zonas altas.
-              Lleven agua, cosas de abrigo y dejen las casas… señora por favor ¿para que quiere ese televisor? – gritaba Muñiga parado en la pickup de la Luv
Sánchez y Valdez caminaban a cada lado de la camioneta junto a un cabo de la FACH y un soldado del Servicio Militar de la FACH, apenas veían a una mujer embarazada o un anciano le ofrecían subir a la Pickup y llevarlos a un lugar alto. Así ya habían hecho dos viajes a llevando personas a las inmediaciones del hospital, lugar que por la altura la Capitanía de Puerto había dispuesto como lugar para los evacuados.
No era mucha la extensión a evacuar el lado sur de Quinteros, la península era bastante alta como para soportar cualquier ola, así que la capitanía había dispuesto una evacuación desde la bahía hasta la calle Prat y desde Calle Quinteros a Calle Marchant Pereira en la península, el Teniente a cargo de la Capitanía le había dicho que había dado una escala exagerada de evacuación; además se incluyeron desde los lindes de la Base de la Fuerza Aerea a Calle Prat, hasta llegar a calle Ignacio Carrera Pinto. Si bien no era mucha la extensión, Valdez y sus hombres se sentían impresionados con la cantidad de gente que salía de sus casas, departamentos y hasta de locales comerciales donde habían ido ante un eventual saqueo.
En un momento la Luv con sus hombres, mas los dos FACH se dirigió a apoyar a carabineros en calle Ignacio Carrera Pinto con Normandi, a un costado existen edificios de departamentos, esos departamentos estaban fuera del área de evacuación, pero al ver que personal militar y carabineros, pereció que sus habitantes decidieron evacuar sus departamentos con una celeridad que Valdez no había visto.
-              ¿Mijito, que le paso al brazo? – pregunto una anciana a Sánchez
-              Abuelita, nos cayo uno de esos – dijo Sánchez haciendo un gesto hacia el cielo – y se me quebró el brazo
-              Pero niño, usted debiera estar descansando, no ajetreando aquí – dijo la anciana
-              No se preocupe abuela, somos de acero ¿quiere subir a la camioneta? Vamos a una iglesia Mormona aquí cerca – le sugirió Sánchez
La mujer fue ayudada a subir por un soldado de la FACH y Muñiga desde arriba, sentándose al lado de un anciano que llevaba una muleta de aluminio en la mano.
-              Mire, allí encontró un amigo -  dijo Sánchez a la anciana
-              ¿mi vecino? Si lo conozco de años, no, a mi me gustan mas jóvenes – dijo la abuela con una sonrisa picara
-              Vaya, tienes una admiradora – dijo el soldado de la FACH
-              Ya señora, nos vamos a tomar una taza de te cuando pace todo esto – respondió con picardía Sánchez
La Capilla Mormona solo quedaba a unas cuadras, en calle Baquedano, así que solo les había bastado subir por Ignacio Carrera Pinto.
En la Capilla estaban voluntarios Mormones y de la defensa civil atendiendo a los evacuados, junto a carabineros, un medico y dos paramédicos.
Ayudaron a bajar a los dos ancianos, los tres niños, su madre y una mujer embarazada y volvieron a subir a la Luv.
Bajaron hacia Luis Cousiño y giraron hacia el este en esa calle, una cuadra mas allá se encontraron con la Citroneta de los Carabineros.
Estaban detenidos ambos vehículos y habían bajado de los vehículos para coordinarse, cuando sintieron una ola de aire tibio que los golpeo, Sánchez miro el cielo y vio que las nubes se despejaban formando un aro que se habría desde el Noreste, luego un ruido bajo, casi inaudible penetro sus oídos y se quedo unos segundos, luego el silencio y miraron al horizonte, desde allí surgía una línea blanca que crecía en ancho hasta abarcar todo el horizonte.
-              Eso no es un tsunami, no es un tsunami – dijo Muñiga
-              Nunca había visto algo así, yo estuve en Talcahuano, eso no es un maremoto – dijo Valdez
La línea blanca ahora crecía en altitud, aunque aun estaba a kilómetros, hasta que al fin pareció acelerarse y en cosa de tan solo unos minutos se veía como lo que era, una inmensa masa de espuma que conformaba el frente de la ola, que no media menos de 4 metros de alto y se movía a una velocidad vertiginosa hacia la costa.
Las aves comenzaron a graznar y algunas pasaron por sobre sus cabeza hacia tierra adentro.
Los hombres sintieron miedo, las ganas de salir corriendo hasta no divisar el mar, aunque su razón les decía que esa maza espumante no llegaría a la altura en que se encontraban, a la vez que sentían una atracción morbosa hacia esa turbulencia y sus efectos en la costa de Quinteros. Eran esos las dos sensaciones que se agitaban en los 4 Infantes de Marina y los 4 Carabineros.
Un miedo que venia de lo mas grande de uno, como estar bajo un Glacial que temes que se derrumbe sobre ti, a la vez que su belleza te fascina; un miedo animal, una atracción a lo peligro y al desastre que solo el humano tiene. Y así fue un paso, luego otro, otro y al final fueron tantos que llegaron cerca de la pista, en una zona muy riesgosa.
Pero la espuma ya estaba cerca de la bahía y el mar había subido inundando la base, lenta pero sostenidamente un agua barrosa subía por algunas calles cercanas a la Bahía y a la Pista de la base. De hecho las aguas barrosas usaban la hondonada despejada de la base para extenderse tierra adentro y dejarse expandir por las calles de una población de casas nuevas, como una Venecia improvisada y aun no llegaba la ola.
Los Hombres se habían situado en Ignacio Carrera Pinto con Normandi, un área que ellos mismos habían evacuado de Civiles y desde allí veían el mar trepar el continente.
-              Vámonos mas atrás – Dijo un carabinero y explico – el agua a pasado el nivel previsto y esa ola ya viene.
Los hombres retrocedieron por la Calle Ignacio Carrera Pinto hasta que escucharon ese grito, alguien estaba siendo llevado por las Olas.
Volvieron al trote a calle Normandi, el mar estaba a una cuadra y no se veía a nadie.
La pandereta que recorría a lo largo de la base de la Fuerza Aérea, había cedido ante la erosión de las aguas y en varias partes había cedido, pero donde estaban los hombres la pandereta no solo estaba en pie, les impedía ver en dirección de la base y de nuevo se escucho el grito.
-              ¡Ayuda! – era la palabra que se interpretaba entre el ruido confundido con un grito, la voz era femenina, la edad indescifrable, su situación seguramente en riesgo.
En un momento Rodrigo perdió de vista a Sánchez que estaba a su lado, se giro y alcanzo a ver que Sánchez había trepado a un auto al lado de la pandereta y vio cuando salto al otro lado.
-              ¡Weon, tu brazo – grito Rodrigo, sin que Sánchez hiciera caso.
Rodrigo corrió al auto y lo siguió de cerca Muñiga, trepo el auto y miro más allá de la pandereta.
Allí vio corriendo a Sánchez, mas allá una caseta vieja de madera, ya torcida por la fuerza del agua a una mujer o niño lleno de barro que sea aferraba a las débiles tablas, mas allá el agua trayendo tablas, ramas, lo que parecía un auto y un furgón amarillo, un pesquero, un conteiner y restos de mobiliario, como de una avioneta. Y al fondo la línea blanca espumosa rugiendo.
Los hombres saltaron al recinto de la base y corrieron al poder ver a la persona en problemas.
Sánchez ya se había desembarazado del chaleco antibalas, del casco y del fusil y se disponía a entrar al agua.
-              ¡Cuide mi equipo mi soldado Muñiga! – grito el pelirrojo soldado
-              ¡Tu brazo aweonaho, vuelva soldado – grito Valdez
Quizás no escucho por el ruido del agua o quizás Sánchez no hizo caso, entrando al agua que seguía subiendo con fuerza.
Fue Rodrigo quien tomo las cosas de Sánchez, se las arreglo para colocarse todas ellas encima.
Muñiga se saco el equipo que entrego a un carabinero y entro tras Sánchez, junto a un Carabinero.
De pronto la fuerza del agua boto a Sánchez el que rodo y en momentos no se vio. Pero volvió a erguirse sobre las barrosas aguas.
-              Soldado, no podemos mas, es muy peligroso – grito el carabinero junto a Muñiga.
-              Si, si, apenas me puedo en pie – dijo muñiga.
Sánchez llego hasta la caseta de madera, al otro lado de donde se sostenía la persona y tuvo dificultades para arrastrarse por las paredes retorcidas de la caseta. Hasta llegar donde la que resulto ser una joven de unos veinte años, asustada, mojada y embarrada.
Sánchez Hubiera querido preguntar porque mierda no había evacuado, de como mierda llego hasta allí, si las calles mas cercanas están a mas de 100 metros. Pero lo que más pensaba era en el arrepentimiento, que no debiera estar allí y que seguramente moriría entre las aguas, ya estaba bastante herido por cosas que lo habían golpeado en las piernas hasta el llegar allí, así que pensaba que quizás cualquier cosa lo heriría antes de ahogarse. Pero sobretodo pensaba en su roto antebrazo derecho, que lo hacia menos útil que cualquier otro.
-              Mierda de momento para hacerse el bakan – se dijo a si mismo, mientras se acercaba a la mujer.
Al llegar a ella un ruido de fierros retorciéndose los asusto, entonces ella se abrazó a él con una fuerza que solo podía dar el miedo. A pesar del dolor que siento en el antebrazo, Sánchez logro mover a la mujer para que no estorbara sus movimientos.
Tras ellos el ruido de fierros retorciéndose y el ala de un viejo Hawker Hunter levantándose por sobre las aguas para volver a caer con la parte inferior hacia arriba y ser arrastrado remontando la tierra, de esto se dio cuenta Sánchez y tomo la decisión de salir de allí antes que el agua subiera por sobre sus cinturas.
-              Mantenga la tranquilidad, o la dejo aquí – dijo Sánchez con voz serena refiriéndose a su vida.
La mujer solo movió la cabeza de arriba a abajo e hiso un ruido que mas parecía sollozo.
-              Nos vamos a mover de aquí, nos vamos a dejar ir por la corriente.
-              No, no, no…. – dijo la mujer
-              Entonces me voy – dijo Sánchez y agrego – hay gente arriba que nos va a sacar.
La mujer volvió a mover la cabeza afirmativamente, dio un  paso y Sánchez se dio cuenta que estaba embarazada.
Se soltaron de las tablas y trataron de dar unos pasos, cosa imposible, las aguas los arrastraron cayendo de costado. Pero Sánchez a momento aun tocaba suelo, así podía mantener sus cabezas fuera del agua y podía ayudar a la corriente a remontar donde podía ver al moreno Muñiga, dos Carabineros.
La muchacha era poco lo que ayudaba, y no podía asirla bien con el brazo izquierdo y ella a momentos lo apretaba tanto que le quitaba movilidad.  Pensó en tratar de buscar la calle, en arrimarse a algo. Nada, el sector antes había sido una planicie, ahora ni la pandereta existía.
Miro atrás y la caseta era un grupo de palos que flotaban hacia ellos.
Rodrigo dejo el equipo de Sánchez y Muñiga a unos 50 metros mas arriba en un Eucaliptus añoso. Y volvió corriendo a lo lejos eran mirados por los custodios de una flotilla de Super Tucanos arrimados desordenadamente cerca de la carretera.
Paso su parka para hacer una cuerda con las parkas, chaquetas y cinturones de los carabineros y cosacos.
Entonces fue que llego la ola principal.
Un trueno se espacio por la costa, largas columnas de espuma y llovizna de mar se alzaron al chocar el mar con los requeríos, con los edificios, con las casas, quizás de unos 12 metros de altura por sobre la ola que ahora se alzaba a 8 metros al remontar la costa. Vieron autos saltar como conejos levantados por la ola y volver a caer al agua que los arrastraba, hundía y volvía a levantar.
Pedazos de tejas salían levantadas desde un condominio cercano a la pista, debido a la presión del aire al interior de las casas que era empujado por el agua, a lo lejos los muelles del puerto de Ventanas se retorcían y sus trozos se sumergían en la espuma blanquecina.
El sonido como de millones de rocas cayendo apagaron cualquier otro sonido, incluso los gritos de Sánchez y la mujer que habían sido levantados por las aguas a 2 metros de tierra firme.
La cuerda que habían hecho para ayudar a rescatar a la Mujer y Sánchez sirvió para evitar que Muñiga fuera llevado por el agua.
Muñiga se quedo parado haciendo frente al agua que ya le llegaba a la cintura y dejo que la misma agua acercara a Sánchez y la mujer, con una mano tomado de una parka, atada a una chaqueta de carabineros, a un cinturón… etc. Hasta llegar a la mano de un carabinero y la otra extendida esperando atraparlos.
Tomo a la mujer y esta se soltó de Sánchez, muñiga la atrajo así el y sintió un jalo fuerte desde el otro brazo y el agua que le llegaba al muslo y después una gran fuerza que le oprimió el pecho y sintió elevarse y moverse rápidamente, luego otro jalón. No soltaba la mujer, no soltaba la parka q se había convertido en su cuerda de vida.
Sintió nuevamente tierra bajo sus pies y pudo ver a sus compañeros.
Los hombres solo pudieron correr a mas allá del eucaliptus donde incluso allí el agua los alcanzo con algo de menos fuerza.
Y como llego la ola esta se detuvo, dejo los lugares anegados un momento, como si no quisiera irse, y entonces comenzó a retroceder lentamente y después tomando velocidad y arrastrando todo lo que había roto, soltado o despedazado a su paso, devuelta hacia el mar.
Dejo el Hawker Hunter sin sus alas a solo 10 metros de los hombres, como si lo hubiera desechado.
-              Sánchez no creo que allá sobrevivido – dijo muñiga con lágrimas en los ojos, lagrimas de impotencia y rabia, lagrimas de hombre que ha perdido a un compañero.
-              Hay que buscarlo – dijo un Carabinero.
-              ¿Y donde? – dijo un Carabinero mirando a todos lados.
Rodrigo tomo a la mujer y la cubrió con una parka y la tendió en el suelo.
-              ¡Allí esta! ¡Ese es mi cosaquito, mierda! – grito delirante Valdez
-              Won no lo puedo creer, es él verdad – dijo un carabinero
Quizás unos 100 metros mas abajo estaba una mano, tan solo una mano y a momentos una cabeza que asomaba, negándose a hundiese, negándose a morir.
Los hombres, carabineros e infantes trataron de entrar al agua, imposible, miraron a su alrededor, por ninguna parte podían acercase por un costado.
Valdez salió corriendo por un costado, pero el agua allí era igual de profunda y se recogía con rapidez arrastrando lo que minutos antes había depositado, incluyendo el ala desprendida del vetusto Hawker Hunter.
Rodrigo llego corriendo hasta Valdez.
Sánchez se había vuelto a sumergir en las bravas aguas de la recogida.
-              Donde esta mi cabo – grito Rodríguez
-              Allí estaba mi chiporro – contesto desesperado el Cabo
-              ¿Dónde? Allí cerca de esos edificios, ya no lo veo – volvió a decir el cabo, que había estado en Haití y había visto las fosas de cadáveres en Camboya.
Al sur, en Avenida España, entre Viña del Mar y Valparaíso, en un microbús sin capacidad de moverse por el pulso electro magnético había 5 Infantes de Marina, el Teniente Bravo y sus hombres arrestados y amarrados con amarra cables por el propio personal naval.
-              Desátelos y sáquelos fuera – dio la orden un joven oficial de Naval a un Cabo segundo naval o chompa como les dicen los Infantes de Marina.
El Cabo armado con una M16 a la espalda, fue primero al oficial y le cortó la amarra cable con un alicate y siguió con el resto de los hombres.
El teniente Bravo pensó lo peor, que los sacarían y correrían bala allí mismo, por orden de algún oficial estúpido que se ha tomado el estado de sitio demasiado a pecho.
-              Afuera esta su equipo, incluyendo sus armas – dijo el oficial y agrego – por favor que sea rápido.
Bravo y sus hombres por igual tenían entumecidos sus manos por la falta de circulación, el frio de su ropa húmeda y falta de movimiento, así que les costaba moverse hacia la puerta por el pacillo.
-              ¿Qué pasa mi teniente? ¿Qué van a hacernos? – pregunto el teniente Bravo sereno y con fuerza.
-              Harán lo mismo que nosotros, correr hacia el cerro, usted tenia razón, como y el porque lo desconozco, pero lamentablemente tenia razón – dijo el teniente naval y salió del microbús.
Los hombres salieron y en el suelo estaban sus cascos, sus fusiles HK33E y chalecos sin custodia.
Hacia Viña del Mar vio correr tres marinos y dos civiles, mas cerca el teniente Naval.
-              Corran, el maremoto ya viene – grito alguien, no importaba quien.
Entonces Bravo y sus hombres vieron un pared de agua turbulenta que venia desde el sur oeste y el agua que ya estaba sobrepasando la costa y entrando a la cavidad de la línea del metro.
-              ¡Tomen solo los fusiles y a correr, mierda! – grito Bravo y tomando su fusil comenzó a correr mirando hacia atrás, procurando que nadie se quedara.
Eran pocos los metros que los separaban de la Pasarela de la Estación Recreo donde tenían acceso a la zona alta sea por la misma pasarela, por la escala al frente o mas allá una subida que los llevaría a un mirador en calle Fernández, pero la decisión la tomo el mar.
Rápidamente el mar inundo la vía férrea y comenzó a salir a la calle en borbotones que inundaban el asfalto de la avenida España, llegándoles a los tobillos a los hombres.
Bravo se detuvo a la altura de la Estación y vio como dos de sus hombres se ponían a salvo subiendo por la escala que lleva a la subida Covadonga, los otros dos corrieron hacia él y juntos comenzaron a trepar la escala de la pasarela, estando arriba Bravo miro hacia la calle y esta ya tenia mas de dos metros de agua y de repente se recogió a una velocidad increíble arrastrando el microbús donde habían estado, dejándolo casi debajo de ellos.
Y vino un rugido que le espanto y la pasarela se estremeció y los cubrió una nube de agua, la pasarela se volvió a estremecer mas fuerte, cuando ellos casi llegaban al final de esta y se levanto como un puente levadizo y arrojo a los hombres como un caballo embravecido.
Bravo dio con su cuerpo en la escala de cemento de la subida Covadonga y sobre él uno de sus hombres, un cabo primero.
Miro hacia atrás y columnas de agua se levantaban por sobre el nivel alto de la estación, de pronto esta pareció venirse encima de ellos y bajo y retorció como si su estructura de aluminio y hierro hubiera sido de alambre y una gran columna de agua se levanto y bajo en un pestañar.
Uno de sus hombres lo jalo del brazo y ayudo a pararse, cuando vio pedazos de lo que fuera una embarcación estrellarse contra la parte baja de la subida Covadonga.
El ruido era ensordecedor, mientras los hombres siguieron subiendo hacia la calle Diego Portales. Allí mas tranquilos vieron como las casonas al costado de la avenida España comenzaron a derrumbarse.
-              Esto creo que nos levanta el arresto por hacer “Un falso llamado de Emergencia” – Dijo el Cabo.
-              ¿Cuánta gente habrá muerto? – Pregunto el Teniente.
-              Menos de las que hubieran muerto si usted y nosotros no hubiéramos dado el aviso – dijo el Cabo.
-              Pero no llegamos a Valparaíso – dijo el Teniente – no tuvieron tiempo, no nos dejaron.
-              Esa no es nuestra culpa mi Teniente, nos arrestaron, no es nuestra culpa – dijo un Soldado del Servicio Militar.
-              No Soldado, no es vuestra culpa, es mía, por no saber convencer a esos chompas – dijo el Teniente – pero que iban a saber, era una locura a todas luces.
Los hombres estaban agotados, pero pareciera que sus cuerpos se habían resignado a un esfuerzo mas y se pararon a mirar hacia la costa.
El mar se había recogido y de la estación solo quedaba sus cimientos inundados.
Algunos curiosos se acercaron a mirar, aterrorizados.
-              No vayan a bajar, a veces el mar se devuelve en otras olas – dijo el cabo a la gente.
-              Tome mi cabo – le dijo un hombre mayor al Teniente, alcanzándole un termo.
-              Gracias, vendrá bien – respondió a la amabilidad el teniente.
Lleno a la mitad el jarro.
-              Es café, espero este bien de azúcar – dijo el hombre mayor.
-              Estará bien, gracias – dijo Bravo y le paso el tazón al cabo.
El cabo se lo pasó al soldado mas nuevo. Este bebió un largo sorbo casi quemándose, aguanto un segundo y tomo otro sorbo y se lo paso a otro soldado SM, este hizo lo mismo y volvió el jarro vacío al teniente, hasta que todos tomaron café. 
-              Debemos irnos, hay gente que ayudar en el plan de Viña del Mar.
-              Les tengo pancitos – se escucho la voz de una mujer.
Les paso una bolsa de papel con pan batido, como le dicen a la marraqueta en la quinta región.
Los hombres bajaron caminado por calle Diego Portales hacia el plan, no habían caminado unas dos cuadras cuando llegaron cuatro civiles, dos de ellos con palas, uno con un chuzo y uno con frazadas y una mochila.
-              Espérenos, espérenos, bajamos con ustedes – dijo el mayor de los hombres, que tendría unos cuarenta años y agrego al tener al frente al teniente – queremos acompañarlos, usted vera en que somos útiles mi cabo.
El teniente sonrío al ver la solidaridad de los civiles y movió la cabeza afirmativamente.
-              Partamos con que sepan que soy teniente, oficial de la Armada de Chile – dijo sonriendo Bravo y agrego – Vamos, hay chilenos que nos necesitan.
-              Perdón mi teniente – dijo el hombre
Los Infantes rieron, por la equivocación del civil.
El grupo se fue caminado hacia el plan, esperando lo peor, pero con esperanza.
-              ¡Hey, los pancitos tienen tumbita con mayo! – dijo uno de los Soldados SM al recibir su pan y darse cuenta que tenia un buen trozo de bistec.
1.2
Los Vecinos de Reñaca habían evacuado el plan y se congregaban en el Barrio de Jardín del Mar, otros en los altos frente a la playa.
Habían visto el mar salirse, fluir por el estero hasta 5 cuadras del mar, sus calles anegarse y luego, unos minutos después, una ola de espuma que llego del horizonte levantarse a unos 8 metros y estallar contra los edificios de la costanera, rompiendo ventanales, levantando autos y estrellándolos contra los edificios y arboles, los edificios gemir ante el golpe de agua y la ola entrar por el estero hasta alcanzar todo el plan y anegar con violencia todo a su paso.
La cara este de los edificios, que daban al mar, comenzaron a desplomarse ante la fuerza del agua, se vieron los techos de los kioscos playeros volar hechos astillas.
Luego la calma, uno o dos minutos y el agua comenzó a retroceder con ímpetu, arrastrando hacia el mar todo los que había destrozado.
Isidora, abrazo a su madre que gemía ahogando sus lágrimas y su horror, su padre miraba sin entender.
Los vecinos se tocaban, abrazaban, se miraban buscando una respuesta, nadie entendía, ni nadie hablo durante los sucesos, ni siquiera les llamo la atención un aerolito que cruzo sobre sus cabezas para estrellarse quizás donde.
Cuando el mar se retiro mostro solo cimientos de lo que fuero locales comerciales, casas, escombros, algunos muros levantados, algunos edificios que daban a la costa tumbados a punto de caer, algo mas atrás algunos edificios con sus bases destruidas, aunque erguidos  y hacia tres cuadras mas adentro ya habían cosas que se podían reconocer como casas e edificios.
Un joven de unos 17 años se acercó a Isidora, su rostro enrojecido por el llanto y su ropa húmeda.
-              Gracias Isidora – dijo y la abrazo fuerte – nos salvaste la vida.
-              Esta bien, esta bien, tu habrías hecho lo mismo – dijo Isidora algo avergonzada por el agradecimiento, no estaba acostumbrada a los reconocimientos.
-              Nadie baje, puede venir otra ola, nadie baje – dijo un carabinero que llego a pie
El Carabinero se fue y se escucho la recomendación unos metros mas allá y luego mas distante.
-              Mamá, creo que debemos hospedar alguna familia – le dijo Isidora a su madre
Su madre la miro un momento sorprendida, confusa mas bien.
-              Hay gente que esta mojada por la lluvia, otras que han escapado con lo puesto – dijo mirando a una grupo de adultos y niños – necesitan secarse.
Su madre la continúo mirando y vio que estaba mojada, que sus piernas y manos, y hasta su cabello tenían barro.
-              Esta empapada hija – dijo al fin.
-              Si mamá, ellos también, nosotros tenemos la casa por lo menos – le dijo Isidora – ellos ni techo, ni ropa.
-              No se, hablaremos con tu padre – dijo la madre.
-              Papá va  a querer – dijo la joven
Y así fue, su padre tenia la misma idea, se acercaron a una familia y les ofrecieron su casa para que se secaran y algo de ropa.
Esta acción fue repetida por otros vecinos de la parte alta del balneario de Reñaca con los vecinos de la zona baja que habían perdido todo.
1.1
Volvió a sumergirse en el agua barrosa que tomaba una velocidad vertiginosa en su camino de vuelta al mar.
Los Infantes de Marina miraban como su compañero era llevado por la muerte sin poder hacer nada.
Una vez más se vio la mano de Sánchez entre unos escombros de palos y barro.
De un costado apareció un camión viejo, se atravesó en las aguas y como un viejo barco quedo encallado y tres bomberos, de la segunda compañía de Quintero, corrieron por su rampla y treparon su cabina y uno de ellos se lanzo a las aguas atado a una extensa cuerda azul atada a su cintura y espalda.
Sánchez ya no podía mas, solo peleaba por instinto por su vida, mentalmente había renunciado a vivir, su brazo le dolía mucho y desde su pierna venia un nuevo dolor, su rostro sangraba y apenas podía ver cuando sintió que alguien gritaba.
Escupió agua salada y barro, trato de mirar y solo veía barro, y al fin una mano que se le extendía hacia él de un bombero.
La tomo y esa persona lo jalo y coloco una correa bajo sus brazos, y escucho otro grito y sintió un gran jalón que le produjo dolor, una de sus costillas se había roto, pero por lo menos tenía su boca fuera del agua y podía respirar.
Ni siquiera se abrazó a su rescatista. Se dejo ir simplemente, hacia la vida, como podría dejarse ir hacia la muerte.
Los bomberos jalaron fuerte de la cuerda de vida, mientras el camión se deslizaba empujado por las aguas que se recogían, hasta que los dos hombres chocaron contra un costado del viejo camión y fueron izados.
Contra el tiempo fuero desatados y llevados por sobre el camión hasta la cola de la rampla, Sánchez llevado por dos bomberos y saltaron a las aguas donde estaba mas bajo y luchando contra el agua los 3 bomberos, acarreando a Sánchez  juntos para impedir que alguno fuera llevado de nuevo por el agua, mientras el viejo camión era arrastrado por las aguas. Y así desaparecieron de la vista de los cosacos y carabineros, tras unas casas.
Los Cosacos y los Carabineros emprendieron la carrera hacia las calles y bajaron hasta donde se supondría estarían los bomberos junto a Sánchez.
A la vuelta de una calle devastada por la inundación estaba una carreta tirada por un caballo y 5 bomberos, en el suelo Sánchez inmovilizado sobre una camilla, los hombres lo alzaron y depositaron en el carro. Valdez llego corriendo junto a su soldado.
-              Mierda chiporro ¿Cómo estas? – le dijo
-              ¿Cómo esta la mujer? Mi cabo – casi susurró Sánchez
-              Ella esta bien, Rodrigo y unos polis la llevan en la camioneta al hospital – le respondió
-              Mi cabo – hablo un bombero – déjelo un rato descansar, parece tener algo mas que el brazo roto
-              Gracias, gracias – le dijo el cabo y estrechando fuerte la mano del bombero.
-              Como iba a dejar morir un cosaco mi cabo – dijo el bombero – yo también estuve en el cuerpo.
-              Vaya, gracias – aspiro fuerte y continuo – no se como agradecérselos
-              Tranquilo, vimos lo que hiso con la otra persona – dijo el Bombero indicando una casona en un alto – así que se nos ocurrió lanzarnos con ese camión.
-              Perdieron un vehículo, vaya – dijo Valdez.
-              No, que va, lo empujamos hasta que agarro vuelo en la bajada – sonrío el bombero – y lo demás fue gravedad.
-              Vamos, nos vamos al hospital – dijo otro bombero – a ti también hay que verte.
Valdez y Muñiga extendieron sus manos a los otros bomberos mientras subían a la carreta y se fueron caminados juntos tras la carreta al hospital.
El Hospital estaba lleno de personas, la mayoría evacuados buscando que alguien les dijera que hacer, aunque personal de la Fuerza Aérea llegaba con algunos heridos producto de la evacuación y uno que otra persona que no se alejó lo suficiente y fue azotada por los objetos que lanzo el impacto de la ola.
Parte del personal de la fuerza Aérea formaba para recibir instrucciones para impedir que la gente se acercara a las zonas de inundación.
-              Mi cabo, mi Teniente de la capitanía quiere hablar con nosotros – dijo Rodrigo y agrego – ¿como esta Sánchez?
-              Sánchez esta bastante machucado, pero podría estar peor – dijo Valdez y pregunto - ¿Cómo a sido con la mujer?
-              La están viendo, ya esta ingresada, se teme por el bebe – dijo Rodrigo
-              ¿Y donde esta mi teniente? – dijo Valdez
-              Venga, por aquí – respondió Rodrigo haciendo un gesto con la mano
Caminaron unos metros los tres hombres, abriéndose paso por entre la gente.
-              Mi hijo, no se donde esta mi hijo – se escucho una mujer llorando que les preguntaba
-              Donde voy a dormir, tengo hijos pequeños – se escucho una madre mas allá
-              Señora, allí esta carabineros, diríjase a ellos – le respondió Muñiga a la mujer acariciándole la cabeza.
Allá se escuchaba unos niños llorando y un hombre que era retenido por familiares gritar por su casa, otros llantos de una anciana, y un hombre musitar el nombre de una mujer.
-              Quien allá perdido su casa diríjase al liceo – dijo un sargento alto de la fuerza aérea a toda voz – aquí solo heridos y quien busque gente extraviada.
-              ¿Qué edad tiene el niño señor – se escucho a otro sargento de la FACH decirle a un hombre que abrazaba una mujer.
Hasta que llegaron a donde el teniente de litoral que hacia la recepción unas brazadas traídas por civiles.
-              Vaya, vaya ¿Cómo esta mi Cabo? – dijo el teniente.
-              Nada bien, con un hombre en categoría, allí en el hospital – dijo Valdez
-              Lo siento realmente, yo tengo un muerto, dos desaparecidos, si no es que son cuatro, envié dos hombres en un zodiac a Maitencillo y hasta que no sepa de ellos me tienen preocupados – dijo el teniente.
-              No ha ido bien la mañana, es una lastima – dijo Valdez
-              Supe del rescate de la mujer – dijo el oficial – espero se recupere y no pierda el niño, pero tengo que hablar de otra cosa.
-              Usted dirá mi Teniente – respondió Valdez
-              Los FACH lograron hacer funcionar una radio, recibimos un mensaje de Valparaíso y al parecer hay unos locos anunciando un maremoto, sin tener antecedentes de este – dijo con sorna y agrego – me ordenaron arrestar a esos locos.
-              Es así mi Teniente – dijo Valdez
-              Si, la trasmisión fue recibida justo cuando la ola estaba a nuestra vista y trasmitimos que la emergencia era real, creo que eso les habrá ayudado a evacuar – dijo el teniente y agrego – solo una cosa quiero saber.
-              Usted dirá mi teniente – Dijo Valdez
-              Si no fue el SHOA, ni la Armada, ni ningún organismo que detecto el tsunami – tomo una pausa y pregunto - ¿Cómo ustedes supieron del Tsunami?
-              No me va a creer mi Teniente – Dijo Valdez
-              Pues vamos, yo soy muy incrédulo por lo general, pero desde esta noche y mañana, creo que e cambiado – dijo el Teniente.
-              Uno de mis hombres y una muchacha tuvieron, digámoslo de este modo, un… este, algo así como lo que la gente le llama visión profética – al fin pudo contestar con inseguridad Valdez
-              ¿Y usted creyó en sus visiones, cabo? – Dijo el teniente – entonces gracias por ser crédulo mi cabo, eso salvo miles de vidas
-              Creo que si – dijo Valdez
-              Obviamente no lo voy a arrestar, voy a ver los sucesos de esta noche y madrugada, voy a recopilarlos en un informe y quiero que sepa que los voy a recomendar a una medalla.
-              Gracias mi Teniente, creo que es mucho una medalla, hoy todos han ayudado mucho, los mismos bomberos de Quinteros salvaron a uno de mis hombres en una maniobra muy arriesgada – respondió Valdez con modestia.
-              Seguro le van a pedir un informe su mando, envíeme una copia a mi para gestionar la recomendación, por ahora creo que es mejor que vuelvan a su base – dijo el teniente y agrego – si es que esa cosa abollada que llaman camioneta puede volver a Viña del Mar.
-              Muchas gracias mi teniente, estaremos viéndonos.
Los dos hombres se estrecharon las manos y el teniente felicito a Muñiga y Rodrigo
La camioneta llego hasta el ingreso a Quintero
-              ¿Por donde? Creo que mejor nos vamos por Quillota mi cabo – Dijo Rodrigo
-              Si, Quillota de todos modos, el camino costero no creo que exista ya – dijo Valdez.
La carretera no presento mayores inconvenientes hasta la llegada a Quillota, una densa nube de humo negro cubría la ciudad, tropas de ejercito patrullaban en vehículos civiles antiguos así como a pie y hasta en bicicleta.
Y tomaron hacia la costa nuevamente.
-              Hubiera querido pasar por Villa Alemana – dijo Rodrigo
-              Ya pasaremos, voy a pedir unas horas libres para el equipo – dijo Valdez
El cuartel estaba desposeído de personal, solo algunos mecánicos tratando de hacer funcionar un viejo camión y una tanqueta.
Estacionaron frente a los talleres y uno de los mecánicos se aproximó.
-              ¿Pero que mierda les paso? – dijo el Sargento
-              Nos cayó una duna encima mi Sargento– dijo Muñiga
-              Ya les creo – dijo el Sargento
-              Mi Sargento ¿le puede echar una manito al vehículo? – dijo Valdez
-              Si, claro, por lo menos su sistema eléctrico funciona, que es mas que pueden hacer esas cosas caras de allí – dijo mostrando los Humvees estacionados inertes.
-              Gracias mi Sargento – dijo Rodrigo y Valdez casi a la vez
-              Vayan a la cocina, para que les den algo muchachos – dijo el Sargento
Muñiga y Valdez se dirigieron a su cuadra para lavarse y cambiarse tenida, Rodrigo simplemente se lavo la cara y las manos en un tambor que contenía agua de los posos.
Le sirvieron una bandeja con puré y huevo, un vaso de jugo, un café, pan y una ensalada de tomate. Lo comió como si nunca hubiera comido.
Al terminar se dirigió a la cuadra de Muñiga y no lo encontró y decidió volver a los talleres y ver que le hacían a su abollada camioneta.
Se sentó en una pila de neumáticos, miro a los dos mecánicos que revisaban el eje y el cansancio lo hiso dormir.
1.3
La ola vino del Norte y arrasó Talcahuano, aun mas que el maremoto del 27F, las embarcaciones no quedaron esta vez en las calles, esta vez fueron destrozadas por el impacto de la ola.
Había pasado un tiempo de unas tres horas y el personal Naval, de Carabineros, Bomberos y Civiles habían bajado a buscar algún sobreviviente entre posibles rezagados de la evacuación, aunque en realidad no tenían ninguna fe de que eso fuera posible.
Las fuerzas de la ola habían arrancado casas y locales comerciales dejando solo los cimientos.
-              ¿Cuantos desaparecidos hay? – pregunto un Capitán de Corbeta a un Teniente
-              No se, aun no esta todo contabilizado, hasta ahora hay 4 del personal naval desaparecidos y dos PDI.
-              ¿Qué paso con la Isla Quiriquinas? – volvió a preguntar el Capitán
-              Todas sus instalaciones costeras destruidas, no hay bajas
-              ¿Civiles? – Volvió a preguntar
-              Difícil saberlo, hay mucha gente buscando familiares, pero hay varias zonas hacia donde se evacuo la población, si puedo decir que unos 8 civiles fallecieron porque se negaron a la evacuación.
-              ¿Quiénes? – Pregunto intrigado el Capitán
-              Gente que se negó a abandonar sus naves y otra que no se alejó lo suficiente
-              Ya veo ¿y mi comandante Araneda? – inquirió el Capitán
-              Desaparecido, estaba tratando de evacuar precisamente a los pescadores que se negaron a evacuar, no creo que este vivo.
-              Es lamentable ¿él fue el que dio la orden verdad?
-              Si, él y el Teniente Ronson – Dijo el teniente.
Los hombres se acercaron a un oficial de Carabineros para seguir coordinando y tratar de dar un orden al caos.
En un Liceo, una enfermería improvisada donde habían traído a los heridos que antes habían sido alojados en la Tortuga.
-              ¿Usted que es del joven Javier Lizama? – pregunto una enfermera atractiva, con algo de sobrepeso y joven
-              Soy el pastor de su congregación, soy amigo de sus padres – contesto el Pastor.
-              El joven a fallecido – contesto la mujer que intento proseguir, pero el pastor había caído de rodillas llorando
-              Fue la fiebre, no pudimos bajársela – dijo la enfermera
-              ¿Porque dios mio, porque, si era un niño, porque, porque, no hizo lo que pediste, porque? – Gemía el hombre – ¿acaso no escucho tu mensaje y salvo a tus hijos?
-              ¿Señor, quiere un tranquilizante? – dijo la enfermera e hizo un gesto a un paramédico
El hombre estaba fuera de si, solo podía llorar y cuestionarse la voluntad de Dios. Un enfermero lo sujeto y la enfermera le inyecto, pero él pastor ni siquiera le dio interés a la aguja que penetraba su brazo.
Se quedo allí sentado, gimiendo por horas, hasta que en un momento paro y camino hasta donde en un saco plástico celeste donde estaba el cuerpo de Javier, junto a otros cuerpos.
Descorrió el cierre, un carabinero se le acerco y trato de impedírselo.
-              Una ultima mirada, solo esos – dijo el Pastor y el carabinero accedió manteniéndose atento
-              Eres un ángel ahora muchacho, eres un ángel – dijo y se marcho de vuelta a Concepción, a pie, tal como horas antes habían llegado.

1.1
-              Estas pésimo muchacho – dijo el comandante en retiro Irigoyen
-              ¿Qué pasa? – Dijo Rodrigo desperezándose
-              Ponte esto, esta limpio y seco, hay gente que muere de pulmonía por la ropa húmeda – Dijo, lanzándole una bolsa plástica transparente con una tenida multicam
-              Ya, bien gracias, mi… - dijo Rodrigo extendiendo el mi, ya que no sabia el grado al estar el hombre vestido de civil, aunque lograba reconocer que era un comandante que había visto en lo que pareció toda una vida, aunque fue en la noche anterior.
-              Soy civil, igual que tú, así que Humberto, llámame así – dijo el comandante en retiro y agrego – ya apúrate que eres necesario.
-              ¡Ah!, ya entiendo, usted es mi Comandante Humberto – dijo sonriéndose.
10 minutos después Rodrigo volvió duchado y vestido de camo.
-              ¿Mi camioneta esta cargada de bultos? – dijo Rodrigo, extrañado al ver su trasto repleto de bultos.
-              Si, así es – dijo Irigoyen – necesito que vayas a dejar un equipo al aeródromo de Rodelillos
-              Okey, pero yo quiero saber que pasa en mi casa a todo esto – dijo Rodrigo y agrego – mi cabo Valdez dijo que me iba a pedir unas horas de permiso
-              Valdez, si, el me hablo de ti, él esta en Viña ahora, viendo lo de la inundación – dijo Irigoyen y agrego – pero tranquilo, dejas el equipo y su equipaje en el aeródromo y quedas liberado hasta mañana en la mañana, te reportas a mi, solo a mi ¿entendido?
-              Conforme don Humberto – dijo Rodrigo – dejo a esos hombres y su equipaje.
-              ¿Entonces hasta mañana? – dijo Rodrigo
-              Hasta mañana entonces – dijo Irigoyen
Ya en el interior de la Luv Habían 4 hombres de entre 30 y 40 años, vestidos de civil con ropas de excursionismo y chalecos de fotógrafos, gorras pardas y lentes okley.
-              Chucha, parecen contratistas, no le han dicho – comento Rodrigo
A los hombres no les hizo gracia el comentario y mantuvieron silencio
-              Vamos chiporro – dijo uno de ellos.
Todo esto le parecía muy extraño a Rodrigo, el llevar cuatro tipos de Civil, que además por sus cortes de cabello, lo mas probable es que si fueran civiles, personal de reserva como él, que llevara bultos y además a un aeródromo civil.
En la loza del aeródromo descansaba una avioneta Cessna Caravan, con su hélice girando y sus puertas abiertas.
Los hombres descargaron la camioneta y llevaron los bultos a la avioneta apresuradamente.
-              ¿Tú eres de Villa Alemana, cierto? – le pregunto uno de los hombres mientras los otros cargaban la avioneta.
-              Si, soy Villalemanino – contesto Rodrigo.
-              Si, ya te había visto – dijo el hombre introduciéndole un sobre en la parca subrepticiamente.
-              Si en 10 días no vuelvo, dale esto a mi señora, que nadie sepa – explico el hombre y se fue hacia el avión.
El avión se devolvió por la pista para alcanzar mas pista y comenzó a carretear hasta que se elevo y giro hacia el sur, Rodrigo lo miro hasta que se perdió de su vista.
-              Era lo único que pudimos hacer volar y va sin instrumentos – dijo uno de los hombres que parecía ser un mecánico
-              Es un suicidio, creo yo, ese weon de Maldonado debe estar loco – dijo el otro hombre
Rodrigo se alejó del aeródromo y condujo hacia viña del mar, a la altura de las palmas se encontró con una patrulla de carabineros en motocicletas, estos le indicaron que el troncal urbano era la ruta habilitada, que un aerolito había caído cerca de un tramo de la carretera troncal sur y que por ahora era imposible pasar.
Saco el sobre y vio que estaba hecho con una hoja de cuaderno sellada con cinta adhesiva transparente de embalaje y escrito una dirección de Villa Alemana.
Fin del Primer Capitulo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario