1.1
Rodrigo volvió a entrar a la volcada camioneta, giro la
llave y el motor encendió y un foco, el otro estaba quemado o roto.
- Esto
funciona mierda – grito Rodrigo – hay que volverla y capaz que ande.
Muñiga por mientras cortaba con su cuchillo unas ramas y
Valdez veía el brazo de Sánchez.
- Chiporro,
lo tienes roto y vamos a entablillar – Informo Valdez al Soldado
- Dele
nomas mi cabo, si entablillado funciona – dijo Sánchez con una risita, para no
parecer asustado.
Muñiga llego con unas ramas de eucaliptus que corto a unos
45 cm, y saco un shemagh verde y pardo que rompió en dos tiras, de su botiquín
personal saco unas capsulas y se las dio a Sánchez y una huincha adhesiva.
- Dale, es
analgésico, te bajara el dolor – dijo Muñiga
- Te
acomodare un poco los hueso, tranquilo que la fractura parce ser solo una, y
bastante limpia, no hay astillamiento – dijo Valdez preparando el brazo -
¿Listo? ¡Ah!... ¡Una!
Un largo y ahogado U fue la sola respuesta del pelirrojo
Sanchez al dolor y un resoplido al pasar. Muñiga coloco las ramas y las vendo
con los trozos del shemagh, y finalmente lo encinto con la cinta adhesiva.
- No esta
apretada, para que no se te corte la circulación, trata de no moverlo ¿Tienes
tu shemagh? Para hacerte un cabestrillo – le dijo Muñiga.
- Si, esta
en mi mochila – Contesto Sánchez muy despacio – esta todo mojado, por eso me lo
saque la wea.
- Animo
Sánchez, que va a decir tu mamá si te ve tan sin energía – dijo Valdez y agrego
con un tono paternal – la señora va a creer que la Armada no te da buena
comida.
- Ja, ja,
ja, ja… mi cabo, no moleste, si aquí cocinan, mejor que en mi casa – dijo Sánchez
levantando el animo.
- El motor
parte y parce que los ejes están como para seguir – dijo Rodrigo
- Bien,
Garcés, tratemos de seguir – hizo acuso Valdez y ordeno – Muñiga, corte uno de
eso arboles de allí para que hagamos palanca a la camioneta.
Muñiga se puso a cortar con su cuchillo uno de los
eucaliptus largos y delegados, pero que eran lo suficientemente rectos y
gruesos para servir de palanca. El cuchillo era poco lo que avanzaba en el
tronco, lo que impacientaba a Rodrigo.
- Dame un
momento porfa – dijo tomando el hombro de Muñiga – voy a intentar yo, dame
espacio.
Muñiga retrocedió unos pasos y Rodrigo paso tiro a su HK 33,
apunto a la base del árbol y disparo dos veces.
- Mierda –
dijo Muñiga y retrocedió otro paso.
- Pégale
otro, le falta – dijo Valdez
Otro tiro y el árbol se torció a un lado, Rodrigo se colgó
el fusil y se colgó del árbol lo mas arriba que pudo y luego salto Muñiga y el
árbol casi llego al suelo, dejando caer sus ramas mas altas sobre otro
eucaliptus que le impidió romperse.
Rodrigo bajo, volvió a apuntar y el tronco del eucaliptus
soltó ya completamente desgajado.
Muñiga saco una pequeña pala zapa, mas pequeña de la
reglamentaria que siempre traía en la mochila y comenzó a sacar arena, Valdez y
Rodrigo le imitaron con sus cascos, despejando bajo la camioneta, lo suficiente
para meter el recto árbol.
Ya tenían algo despejado y Muñiga se puso a sacar las ramas
superiores del árbol, entre los tres lograron poner el tronco bajo la camioneta
y buscaron cada uno su lugar para comenzar a pujar.
¡Ah… Una! Empujaban, ¡Ah… Una! Empujaban, ¡Ah… Una!
Empujaban, pero no había caso, solo lograban levantar un medio metro la
camioneta, ¡Ah… Una! Empujaban y Sánchez como pudo se puso al lado de Rodrigo e
hicieron fuerza ¡Ah… Una! Empujaron y la camioneta casi volvió a la horizontal,
mantuvieron y Valdez volvió a decir ¡Ah… Una! Y la camioneta callo sobre sus
ruedas con un pequeño rebote.
- Mi viejo
me va a sacar la re chucha – dijo Rodrigo
- Won y si
no hay maremoto, yo tengo justicia naval – dijo Valdez entrando a la camioneta
por el lado del conductor.
Entraron a la Camioneta, Valdez se corrió al asiento de
pasajero y Rodrigo giro la llave, la camioneta patino un poco sobre la arena y
al final avanzo, si, pero con un leve vaivén producto de un eje estropeado
quizás, pero nada que realmente los detuviera.
En unos pocos minutos estaban en la F-210, la carretera de
ingreso a Quinteros, cuando el sol ya clareaba por sobre la cordillera de la
costa.
La larga y recta carretera F-210 tenía algunos vehículos
detenidos a su costado, unos camiones, vieron una fogata de unos conductores y
ellos pasaron a cerca de 120 kilómetros por hora, iluminando con un solo foco.
- ¿Quién
conoce Quinteros? – pregunto Valdez
Silencio fue la respuesta por unos segundos.
- Yo e
venido a veranear a Loncura – Dijo Sánchez – pero no cacho mas, vine en bus
- Yo
también e venido en bus ¿Dónde hay que ir? – dijo Rodrigo
- Yo se me
el camino de las micros que llegan a la Capitanía de Puerto – dijo Muñiga
- Para
allá vamos, a la Capitanía de Puerto – Ordeno Valdez
Muñiga fue guiando a Rodrigo, tomaron por avenida Normandie,
luego avenida Francia..
- Nos
alejamos del mar soldado – dijo Valdez
- No, si
por aquí es – dijo Muñiga
Vieron unas personas y preguntaron por la Capitanía de
Puerto, un muchacho con cara de asustado indico las cuadras faltantes y donde
debieran girar hacia la Capitanía.
Bajaron por calle Prat a la Capitanía.
Se detuvieron y los cuatro bajaron intempestivamente de la
Luv y corrieron hacia la Capitanía.
Un marino que estaba allí se asusto al verlos correr hacia
él.
- Buenas
noches ¿el oficial de guardia?
- ¿Qué? No
se, fue a la población, no se donde esta – dijo el confundido marino.
- ¿Tienes
como comunicarte con el? ¿Quién esta más antiguo? – interrogo Valdez
- Nada, no
tenemos comunicación con nadie, ni entre nosotros, están quemados todos los
trasmisores – dijo el marino
- ¿Hay
alguien más antiguo? – repitió la pregunta Valdez
- Si,
estoy solo aquí, pero mi suboficial esta en el muelle – dijo el Marino
apuntando con la mano hacia los muelles.
Los cuatro hombres corrieron hacia los muelles que estaban a
solo media cuadra, gritando ¡Armada! ¿Hay alguien de la armada?
De una reja salió un marino de buzo de faena y tras él un
suboficial panzón.
Valdez se cuadro e informo.
- Existe
la alta posibilidad de una salida de mar, un maremoto mi suboficial – dijo de
una sola vez Valdez, para ahorrar explicaciones.
El hombre movió la cabeza de un lado a otro, se paso la mano
por la cara, se giro e hizo un gesto o seña con la cabeza al cabo que lo
acompañaba.
El Cabo extrajo una pistola de señales de un pequeño bolso y
alzo al cielo, disparo y una bengala atravesó el cielo tan vertical que no
parecía real y se encendió fuerte en una luz rosada y comenzó a caer
lentamente.
- Mi
Teniente tendría que aparecer pronto, esta cerca creo – al fin hablo el
suboficial.
- Gracias
mi suboficial – dijo Valdez.
- ¿De a
donde ha venido la información? – pregunto el Suboficial
- Mierda –
pensó Valdez, tendría que explicar lo inexplicable
- Es un
rumor surgido de trasmisiones de radio desde el norte, mi suboficial – contesto
mintiendo y paso el papel firmado por el teniente
- Esta
bien ¿pero que están haciendo, de donde vienen? – replico el Suboficial y se
puso a leer el papel.
- De Viña,
allá están evacuando – volvió a mentir en parte Valdez, y pensó de si que era
el final de su carrera militar.
El suboficial, sin siquiera gesticular una emoción ante las
palabras de Valdez extrajo un cigarro de uno de sus bolcillos y lo encendió.
- Ya
vendrá mi teniente, el sabrá que hacemos – dijo el Suboficial lanzando una
larga columna de humo.
- ¿Han
caído aerolitos aquí? – pregunto Valdez
- Solo
hacia Loncura, pero hacia los cerros – dijo escuetamente antes de aspirar
nuevamente su cigarro.
Valdez pensó que era uno de esos sujetos que habían llegado
a suboficial solo porque eran mediocres y no podían hacer nada sin la presencia
de un oficial, pensó que estaban perdiendo un tiempo valioso, que por lo menos
se podría evacuar la bahía.
- Este
papel no es muy formal que digamos, pero nada es formal hoy creo – al fin dijo
el suboficial
Valdez prefirió no seguir hablando con el suboficial.
- ¿Hay
Carabineros cerca? – pregunto
- Si,
están viendo lo de los saqueos, pero no se donde – dijo el suboficial con un
tono tan inexpresivo que irritaba a Valdez
- Vamos
Rodrigo, demos una vuelta – dijo Valdez y ordeno a Muñiga– ya sabes que hacer
soldado.
- Si mi
cabo – respondió Muñiga chocando los tacos.
La Luv comenzó a recorrer el camino costero, tomo la calle
Gregorio Arrieta y en la curva que da con la base de la Fuerza Aérea se
encontró con una Citroneta, vieja, pero en bastante buen estado que venia hacia
ellos ¡Con una Baliza!
- ¿los
Pacos?, si, parece que son los Pacos – dijo Rodrigo
La camioneta se cruzo para detener a los carabineros, estos
frenaron y salieron apuntando sus revólveres.
- Armada
de Chile, tranquilos – grito Valdez
Los policías bajaron sus armas y bajaron de los vehículos
los infantes y los carabineros.
- Es muy
probable que haya un maremoto mi Sargento – dijo rápidamente Valdez-
- Mierda,
la que nos faltaba – dijo el Sargento de Carabineros
La reacción de los policías fue muy distinta, se pusieron
prontos a avisar a los residentes de las zonas bajas de Quintero por medio de
su Citroneta, de unos motoristas y unidades de la Fuerza Aérea que estaban
patrullando la zona céntrica de Quintero.
Por mientras Valdez y Rodrigo se dirigían a la Base de la
Fuerza Aérea.
El comandante de la Base Aérea era un hombre muy alto, que
lucia orgulloso su parche de comandos en una tenida Multicam que lo
diferenciaba del resto de su personal en tenidas UCP (Pixelado Gris)
El hombre era amable pero severo e hizo las preguntas
pertinentes.
- ¿Qué
pasara con Maitencillo, Zapallar, Cachagua? – se pregunto en un momento.
- No se
señor, no se si hay tiempo – respondió Valdez.
El comandante de la base de Quinteros llamo a uno de sus oficiales y ordeno enviar
uno de sus pocos vehículos que funcionaba a Ventanas por la playa y que después
fuera a Maitencillo.
- ¡Allí
están! Cosacos – se escucho una voz en el portalón de la base.
Era un joven oficial litoral, de grado teniente segundo.
- Ya me a
iniciado la evacuación mi cabo – dijo fuerte, pero sin enojo
- Disculpe
mi teniente, no fue mi intención – Respondió Valdez
- Buen día
mi Coronel – Saludo el teniente
- Buenos
días en lo posible Teniente – saludo el comandante
- Por
nuestra parte estamos evacuando los buques a la gira, envié un bote zodiac a
Maitencillo, así que se les dará el aviso.
- Genial
mi teniente, entonces enviare gente a Ventanas y Zapallar y hasta papudo y
donde sea hacia el norte.
Un Teniente de la FACH se acercó con un soldado
- Mi
coronel, tenemos comunicación con Santiago – dijo el Teniente – por un viejo
aparato UHF que teníamos en bodega.
- Bien,
que han dicho – Respondió el Coronel
- Estamos
en estado de sitio, ordenado por el presidente – respondió el Teniente – desde
hace 3 horas, de manera indefinida y solicitan una reunión de jefes de la zona
aérea para hoy a medio día.
- Teniente,
aproveche y remolque todo el material de vuelo y rodante a la zona alta de la
base – ordeno el coronel y agrego – avise que estamos evacuando las zonas bajas
de Quintero.
- A su
orden mi Coronel – el teniente se dio medio giro y se retiro al trote hacia el
interior de la base.
- Con su
permiso mi Teniente – hablo Valdez al Teniente Litoral – creo que nosotros
vamos a cooperar en la evacuación
- Bien
cabo, retírese con su gente y póngase a las ordenes del Suboficial Artiga hasta
que termine la evacuación – respondió el Teniente y concluyo – al terminar
pueden retirarse a su base.
La gente no entendía mucho por qué debía evacuar, muchos
argumentaban su negativa en la inexistencia de un movimiento telúrico, otros en
cambio era poco lo que se les tenia que decir, bastaba el anuncio para que
salieran de sus casa, tomaran sus hijos, ancianos y un par de cosas y se
marcharan a las zonas altas.
- Lleven
agua, cosas de abrigo y dejen las casas… señora por favor ¿para que quiere ese
televisor? – gritaba Muñiga parado en la pickup de la Luv
Sánchez y Valdez caminaban a cada lado de la camioneta junto
a un cabo de la FACH y un soldado del Servicio Militar de la FACH, apenas veían
a una mujer embarazada o un anciano le ofrecían subir a la Pickup y llevarlos a
un lugar alto. Así ya habían hecho dos viajes a llevando personas a las
inmediaciones del hospital, lugar que por la altura la Capitanía de Puerto
había dispuesto como lugar para los evacuados.
No era mucha la extensión a evacuar el lado sur de
Quinteros, la península era bastante alta como para soportar cualquier ola, así
que la capitanía había dispuesto una evacuación desde la bahía hasta la calle
Prat y desde Calle Quinteros a Calle Marchant Pereira en la península, el
Teniente a cargo de la Capitanía le había dicho que había dado una escala
exagerada de evacuación; además se incluyeron desde los lindes de la Base de la
Fuerza Aerea a Calle Prat, hasta llegar a calle Ignacio Carrera Pinto. Si bien
no era mucha la extensión, Valdez y sus hombres se sentían impresionados con la
cantidad de gente que salía de sus casas, departamentos y hasta de locales
comerciales donde habían ido ante un eventual saqueo.
En un momento la Luv con sus hombres, mas los dos FACH se
dirigió a apoyar a carabineros en calle Ignacio Carrera Pinto con Normandi, a
un costado existen edificios de departamentos, esos departamentos estaban fuera
del área de evacuación, pero al ver que personal militar y carabineros, pereció
que sus habitantes decidieron evacuar sus departamentos con una celeridad que
Valdez no había visto.
- ¿Mijito,
que le paso al brazo? – pregunto una anciana a Sánchez
- Abuelita,
nos cayo uno de esos – dijo Sánchez haciendo un gesto hacia el cielo – y se me
quebró el brazo
- Pero
niño, usted debiera estar descansando, no ajetreando aquí – dijo la anciana
- No se
preocupe abuela, somos de acero ¿quiere subir a la camioneta? Vamos a una
iglesia Mormona aquí cerca – le sugirió Sánchez
La mujer fue ayudada a subir por un soldado de la FACH y
Muñiga desde arriba, sentándose al lado de un anciano que llevaba una muleta de
aluminio en la mano.
- Mire,
allí encontró un amigo - dijo Sánchez a
la anciana
- ¿mi
vecino? Si lo conozco de años, no, a mi me gustan mas jóvenes – dijo la abuela
con una sonrisa picara
- Vaya,
tienes una admiradora – dijo el soldado de la FACH
- Ya
señora, nos vamos a tomar una taza de te cuando pace todo esto – respondió con
picardía Sánchez
La Capilla Mormona solo quedaba a unas cuadras, en calle
Baquedano, así que solo les había bastado subir por Ignacio Carrera Pinto.
En la Capilla estaban voluntarios Mormones y de la defensa
civil atendiendo a los evacuados, junto a carabineros, un medico y dos
paramédicos.
Ayudaron a bajar a los dos ancianos, los tres niños, su
madre y una mujer embarazada y volvieron a subir a la Luv.
Bajaron hacia Luis Cousiño y giraron hacia el este en esa
calle, una cuadra mas allá se encontraron con la Citroneta de los Carabineros.
Estaban detenidos ambos vehículos y habían bajado de los
vehículos para coordinarse, cuando sintieron una ola de aire tibio que los
golpeo, Sánchez miro el cielo y vio que las nubes se despejaban formando un aro
que se habría desde el Noreste, luego un ruido bajo, casi inaudible penetro sus
oídos y se quedo unos segundos, luego el silencio y miraron al horizonte, desde
allí surgía una línea blanca que crecía en ancho hasta abarcar todo el
horizonte.
- Eso no
es un tsunami, no es un tsunami – dijo Muñiga
- Nunca
había visto algo así, yo estuve en Talcahuano, eso no es un maremoto – dijo
Valdez
La línea blanca ahora crecía en altitud, aunque aun estaba a
kilómetros, hasta que al fin pareció acelerarse y en cosa de tan solo unos
minutos se veía como lo que era, una inmensa masa de espuma que conformaba el
frente de la ola, que no media menos de 4 metros de alto y se movía a una
velocidad vertiginosa hacia la costa.
Las aves comenzaron a graznar y algunas pasaron por sobre
sus cabeza hacia tierra adentro.
Los hombres sintieron miedo, las ganas de salir corriendo
hasta no divisar el mar, aunque su razón les decía que esa maza espumante no
llegaría a la altura en que se encontraban, a la vez que sentían una atracción
morbosa hacia esa turbulencia y sus efectos en la costa de Quinteros. Eran esos
las dos sensaciones que se agitaban en los 4 Infantes de Marina y los 4
Carabineros.
Un miedo que venia de lo mas grande de uno, como estar bajo
un Glacial que temes que se derrumbe sobre ti, a la vez que su belleza te
fascina; un miedo animal, una atracción a lo peligro y al desastre que solo el
humano tiene. Y así fue un paso, luego otro, otro y al final fueron tantos que
llegaron cerca de la pista, en una zona muy riesgosa.
Pero la espuma ya estaba cerca de la bahía y el mar había
subido inundando la base, lenta pero sostenidamente un agua barrosa subía por
algunas calles cercanas a la Bahía y a la Pista de la base. De hecho las aguas
barrosas usaban la hondonada despejada de la base para extenderse tierra adentro
y dejarse expandir por las calles de una población de casas nuevas, como una
Venecia improvisada y aun no llegaba la ola.
Los Hombres se habían situado en Ignacio Carrera Pinto con
Normandi, un área que ellos mismos habían evacuado de Civiles y desde allí
veían el mar trepar el continente.
- Vámonos
mas atrás – Dijo un carabinero y explico – el agua a pasado el nivel previsto y
esa ola ya viene.
Los hombres retrocedieron por la Calle Ignacio Carrera Pinto
hasta que escucharon ese grito, alguien estaba siendo llevado por las Olas.
Volvieron al trote a calle Normandi, el mar estaba a una
cuadra y no se veía a nadie.
La pandereta que recorría a lo largo de la base de la Fuerza
Aérea, había cedido ante la erosión de las aguas y en varias partes había cedido,
pero donde estaban los hombres la pandereta no solo estaba en pie, les impedía
ver en dirección de la base y de nuevo se escucho el grito.
- ¡Ayuda!
– era la palabra que se interpretaba entre el ruido confundido con un grito, la
voz era femenina, la edad indescifrable, su situación seguramente en riesgo.
En un momento Rodrigo perdió de vista a Sánchez que estaba a
su lado, se giro y alcanzo a ver que Sánchez había trepado a un auto al lado de
la pandereta y vio cuando salto al otro lado.
- ¡Weon,
tu brazo – grito Rodrigo, sin que Sánchez hiciera caso.
Rodrigo corrió al auto y lo siguió de cerca Muñiga, trepo el
auto y miro más allá de la pandereta.
Allí vio corriendo a Sánchez, mas allá una caseta vieja de
madera, ya torcida por la fuerza del agua a una mujer o niño lleno de barro que
sea aferraba a las débiles tablas, mas allá el agua trayendo tablas, ramas, lo
que parecía un auto y un furgón amarillo, un pesquero, un conteiner y restos de
mobiliario, como de una avioneta. Y al fondo la línea blanca espumosa rugiendo.
Los hombres saltaron al recinto de la base y corrieron al
poder ver a la persona en problemas.
Sánchez ya se había desembarazado del chaleco antibalas, del
casco y del fusil y se disponía a entrar al agua.
- ¡Cuide
mi equipo mi soldado Muñiga! – grito el pelirrojo soldado
- ¡Tu
brazo aweonaho, vuelva soldado – grito Valdez
Quizás no escucho por el ruido del agua o quizás Sánchez no
hizo caso, entrando al agua que seguía subiendo con fuerza.
Fue Rodrigo quien tomo las cosas de Sánchez, se las arreglo
para colocarse todas ellas encima.
Muñiga se saco el equipo que entrego a un carabinero y entro
tras Sánchez, junto a un Carabinero.
De pronto la fuerza del agua boto a Sánchez el que rodo y en
momentos no se vio. Pero volvió a erguirse sobre las barrosas aguas.
- Soldado,
no podemos mas, es muy peligroso – grito el carabinero junto a Muñiga.
- Si, si,
apenas me puedo en pie – dijo muñiga.
Sánchez llego hasta la caseta de madera, al otro lado de
donde se sostenía la persona y tuvo dificultades para arrastrarse por las
paredes retorcidas de la caseta. Hasta llegar donde la que resulto ser una
joven de unos veinte años, asustada, mojada y embarrada.
Sánchez Hubiera querido preguntar porque mierda no había
evacuado, de como mierda llego hasta allí, si las calles mas cercanas están a
mas de 100 metros. Pero lo que más pensaba era en el arrepentimiento, que no
debiera estar allí y que seguramente moriría entre las aguas, ya estaba
bastante herido por cosas que lo habían golpeado en las piernas hasta el llegar
allí, así que pensaba que quizás cualquier cosa lo heriría antes de ahogarse.
Pero sobretodo pensaba en su roto antebrazo derecho, que lo hacia menos útil
que cualquier otro.
- Mierda
de momento para hacerse el bakan – se dijo a si mismo, mientras se acercaba a
la mujer.
Al llegar a ella un ruido de fierros retorciéndose los
asusto, entonces ella se abrazó a él con una fuerza que solo podía dar el
miedo. A pesar del dolor que siento en el antebrazo, Sánchez logro mover a la
mujer para que no estorbara sus movimientos.
Tras ellos el ruido de fierros retorciéndose y el ala de un
viejo Hawker Hunter levantándose por sobre las aguas para volver a caer con la
parte inferior hacia arriba y ser arrastrado remontando la tierra, de esto se
dio cuenta Sánchez y tomo la decisión de salir de allí antes que el agua
subiera por sobre sus cinturas.
- Mantenga
la tranquilidad, o la dejo aquí – dijo Sánchez con voz serena refiriéndose a su
vida.
La mujer solo movió la cabeza de arriba a abajo e hiso un
ruido que mas parecía sollozo.
- Nos
vamos a mover de aquí, nos vamos a dejar ir por la corriente.
- No, no,
no…. – dijo la mujer
- Entonces
me voy – dijo Sánchez y agrego – hay gente arriba que nos va a sacar.
La mujer volvió a mover la cabeza afirmativamente, dio
un paso y Sánchez se dio cuenta que
estaba embarazada.
Se soltaron de las tablas y trataron de dar unos pasos, cosa
imposible, las aguas los arrastraron cayendo de costado. Pero Sánchez a momento
aun tocaba suelo, así podía mantener sus cabezas fuera del agua y podía ayudar
a la corriente a remontar donde podía ver al moreno Muñiga, dos Carabineros.
La muchacha era poco lo que ayudaba, y no podía asirla bien con
el brazo izquierdo y ella a momentos lo apretaba tanto que le quitaba
movilidad. Pensó en tratar de buscar la
calle, en arrimarse a algo. Nada, el sector antes había sido una planicie,
ahora ni la pandereta existía.
Miro atrás y la caseta era un grupo de palos que flotaban
hacia ellos.
Rodrigo dejo el equipo de Sánchez y Muñiga a unos 50 metros
mas arriba en un Eucaliptus añoso. Y volvió corriendo a lo lejos eran mirados
por los custodios de una flotilla de Super Tucanos arrimados desordenadamente cerca
de la carretera.
Paso su parka para hacer una cuerda con las parkas,
chaquetas y cinturones de los carabineros y cosacos.
Entonces fue que llego la ola principal.
Un trueno se espacio por la costa, largas columnas de espuma
y llovizna de mar se alzaron al chocar el mar con los requeríos, con los
edificios, con las casas, quizás de unos 12 metros de altura por sobre la ola
que ahora se alzaba a 8 metros al remontar la costa. Vieron autos saltar como
conejos levantados por la ola y volver a caer al agua que los arrastraba,
hundía y volvía a levantar.
Pedazos de tejas salían levantadas desde un condominio
cercano a la pista, debido a la presión del aire al interior de las casas que
era empujado por el agua, a lo lejos los muelles del puerto de Ventanas se
retorcían y sus trozos se sumergían en la espuma blanquecina.
El sonido como de millones de rocas cayendo apagaron cualquier
otro sonido, incluso los gritos de Sánchez y la mujer que habían sido
levantados por las aguas a 2 metros de tierra firme.
La cuerda que habían hecho para ayudar a rescatar a la Mujer
y Sánchez sirvió para evitar que Muñiga fuera llevado por el agua.
Muñiga se quedo parado haciendo frente al agua que ya le
llegaba a la cintura y dejo que la misma agua acercara a Sánchez y la mujer,
con una mano tomado de una parka, atada a una chaqueta de carabineros, a un
cinturón… etc. Hasta llegar a la mano de un carabinero y la otra extendida
esperando atraparlos.
Tomo a la mujer y esta se soltó de Sánchez, muñiga la atrajo
así el y sintió un jalo fuerte desde el otro brazo y el agua que le llegaba al
muslo y después una gran fuerza que le oprimió el pecho y sintió elevarse y
moverse rápidamente, luego otro jalón. No soltaba la mujer, no soltaba la parka
q se había convertido en su cuerda de vida.
Sintió nuevamente tierra bajo sus pies y pudo ver a sus
compañeros.
Los hombres solo pudieron correr a mas allá del eucaliptus
donde incluso allí el agua los alcanzo con algo de menos fuerza.
Y como llego la ola esta se detuvo, dejo los lugares
anegados un momento, como si no quisiera irse, y entonces comenzó a retroceder
lentamente y después tomando velocidad y arrastrando todo lo que había roto,
soltado o despedazado a su paso, devuelta hacia el mar.
Dejo el Hawker Hunter sin sus alas a solo 10 metros de los
hombres, como si lo hubiera desechado.
- Sánchez
no creo que allá sobrevivido – dijo muñiga con lágrimas en los ojos, lagrimas
de impotencia y rabia, lagrimas de hombre que ha perdido a un compañero.
- Hay que
buscarlo – dijo un Carabinero.
- ¿Y
donde? – dijo un Carabinero mirando a todos lados.
Rodrigo tomo a la mujer y la cubrió con una parka y la
tendió en el suelo.
- ¡Allí
esta! ¡Ese es mi cosaquito, mierda! – grito delirante Valdez
- Won no
lo puedo creer, es él verdad – dijo un carabinero
Quizás unos 100 metros mas abajo estaba una mano, tan solo
una mano y a momentos una cabeza que asomaba, negándose a hundiese, negándose a
morir.
Los hombres, carabineros e infantes trataron de entrar al
agua, imposible, miraron a su alrededor, por ninguna parte podían acercase por
un costado.
Valdez salió corriendo por un costado, pero el agua allí era
igual de profunda y se recogía con rapidez arrastrando lo que minutos antes
había depositado, incluyendo el ala desprendida del vetusto Hawker Hunter.
Rodrigo llego corriendo hasta Valdez.
Sánchez se había vuelto a sumergir en las bravas aguas de la
recogida.
- Donde
esta mi cabo – grito Rodríguez
- Allí
estaba mi chiporro – contesto desesperado el Cabo
- ¿Dónde?
Allí cerca de esos edificios, ya no lo veo – volvió a decir el cabo, que había
estado en Haití y había visto las fosas de cadáveres en Camboya.
Al sur, en Avenida España, entre Viña del Mar y Valparaíso,
en un microbús sin capacidad de moverse por el pulso electro magnético había 5
Infantes de Marina, el Teniente Bravo y sus hombres arrestados y amarrados con
amarra cables por el propio personal naval.
- Desátelos
y sáquelos fuera – dio la orden un joven oficial de Naval a un Cabo segundo
naval o chompa como les dicen los Infantes de Marina.
El Cabo armado con una M16 a la espalda, fue primero al
oficial y le cortó la amarra cable con un alicate y siguió con el resto de los
hombres.
El teniente Bravo pensó lo peor, que los sacarían y
correrían bala allí mismo, por orden de algún oficial estúpido que se ha tomado
el estado de sitio demasiado a pecho.
- Afuera
esta su equipo, incluyendo sus armas – dijo el oficial y agrego – por favor que
sea rápido.
Bravo y sus hombres por igual tenían entumecidos sus manos
por la falta de circulación, el frio de su ropa húmeda y falta de movimiento,
así que les costaba moverse hacia la puerta por el pacillo.
- ¿Qué
pasa mi teniente? ¿Qué van a hacernos? – pregunto el teniente Bravo sereno y
con fuerza.
- Harán lo
mismo que nosotros, correr hacia el cerro, usted tenia razón, como y el porque
lo desconozco, pero lamentablemente tenia razón – dijo el teniente naval y
salió del microbús.
Los hombres salieron y en el suelo estaban sus cascos, sus
fusiles HK33E y chalecos sin custodia.
Hacia Viña del Mar vio correr tres marinos y dos civiles,
mas cerca el teniente Naval.
- Corran,
el maremoto ya viene – grito alguien, no importaba quien.
Entonces Bravo y sus hombres vieron un pared de agua
turbulenta que venia desde el sur oeste y el agua que ya estaba sobrepasando la
costa y entrando a la cavidad de la línea del metro.
- ¡Tomen
solo los fusiles y a correr, mierda! – grito Bravo y tomando su fusil comenzó a
correr mirando hacia atrás, procurando que nadie se quedara.
Eran pocos los metros que los separaban de la Pasarela de la
Estación Recreo donde tenían acceso a la zona alta sea por la misma pasarela,
por la escala al frente o mas allá una subida que los llevaría a un mirador en
calle Fernández, pero la decisión la tomo el mar.
Rápidamente el mar inundo la vía férrea y comenzó a salir a
la calle en borbotones que inundaban el asfalto de la avenida España,
llegándoles a los tobillos a los hombres.
Bravo se detuvo a la altura de la Estación y vio como dos de
sus hombres se ponían a salvo subiendo por la escala que lleva a la subida
Covadonga, los otros dos corrieron hacia él y juntos comenzaron a trepar la
escala de la pasarela, estando arriba Bravo miro hacia la calle y esta ya tenia
mas de dos metros de agua y de repente se recogió a una velocidad increíble
arrastrando el microbús donde habían estado, dejándolo casi debajo de ellos.
Y vino un rugido que le espanto y la pasarela se estremeció
y los cubrió una nube de agua, la pasarela se volvió a estremecer mas fuerte,
cuando ellos casi llegaban al final de esta y se levanto como un puente
levadizo y arrojo a los hombres como un caballo embravecido.
Bravo dio con su cuerpo en la escala de cemento de la subida
Covadonga y sobre él uno de sus hombres, un cabo primero.
Miro hacia atrás y columnas de agua se levantaban por sobre
el nivel alto de la estación, de pronto esta pareció venirse encima de ellos y
bajo y retorció como si su estructura de aluminio y hierro hubiera sido de
alambre y una gran columna de agua se levanto y bajo en un pestañar.
Uno de sus hombres lo jalo del brazo y ayudo a pararse,
cuando vio pedazos de lo que fuera una embarcación estrellarse contra la parte
baja de la subida Covadonga.
El ruido era ensordecedor, mientras los hombres siguieron
subiendo hacia la calle Diego Portales. Allí mas tranquilos vieron como las
casonas al costado de la avenida España comenzaron a derrumbarse.
- Esto
creo que nos levanta el arresto por hacer “Un falso llamado de Emergencia” –
Dijo el Cabo.
- ¿Cuánta
gente habrá muerto? – Pregunto el Teniente.
- Menos de
las que hubieran muerto si usted y nosotros no hubiéramos dado el aviso – dijo
el Cabo.
- Pero no
llegamos a Valparaíso – dijo el Teniente – no tuvieron tiempo, no nos dejaron.
- Esa no
es nuestra culpa mi Teniente, nos arrestaron, no es nuestra culpa – dijo un
Soldado del Servicio Militar.
- No
Soldado, no es vuestra culpa, es mía, por no saber convencer a esos chompas –
dijo el Teniente – pero que iban a saber, era una locura a todas luces.
Los hombres estaban agotados, pero pareciera que sus cuerpos
se habían resignado a un esfuerzo mas y se pararon a mirar hacia la costa.
El mar se había recogido y de la estación solo quedaba sus
cimientos inundados.
Algunos curiosos se acercaron a mirar, aterrorizados.
- No vayan
a bajar, a veces el mar se devuelve en otras olas – dijo el cabo a la gente.
- Tome mi
cabo – le dijo un hombre mayor al Teniente, alcanzándole un termo.
- Gracias,
vendrá bien – respondió a la amabilidad el teniente.
Lleno a la mitad el jarro.
- Es café,
espero este bien de azúcar – dijo el hombre mayor.
- Estará
bien, gracias – dijo Bravo y le paso el tazón al cabo.
El cabo se lo pasó al soldado mas nuevo. Este bebió un largo
sorbo casi quemándose, aguanto un segundo y tomo otro sorbo y se lo paso a otro
soldado SM, este hizo lo mismo y volvió el jarro vacío al teniente, hasta que
todos tomaron café.
- Debemos
irnos, hay gente que ayudar en el plan de Viña del Mar.
- Les
tengo pancitos – se escucho la voz de una mujer.
Les paso una bolsa de papel con pan batido, como le dicen a
la marraqueta en la quinta región.
Los hombres bajaron caminado por calle Diego Portales hacia
el plan, no habían caminado unas dos cuadras cuando llegaron cuatro civiles,
dos de ellos con palas, uno con un chuzo y uno con frazadas y una mochila.
- Espérenos,
espérenos, bajamos con ustedes – dijo el mayor de los hombres, que tendría unos
cuarenta años y agrego al tener al frente al teniente – queremos acompañarlos,
usted vera en que somos útiles mi cabo.
El teniente sonrío al ver la solidaridad de los civiles y
movió la cabeza afirmativamente.
- Partamos
con que sepan que soy teniente, oficial de la Armada de Chile – dijo sonriendo
Bravo y agrego – Vamos, hay chilenos que nos necesitan.
- Perdón
mi teniente – dijo el hombre
Los Infantes rieron, por la equivocación del civil.
El grupo se fue caminado hacia el plan, esperando lo peor,
pero con esperanza.
- ¡Hey,
los pancitos tienen tumbita con mayo! – dijo uno de los Soldados SM al recibir
su pan y darse cuenta que tenia un buen trozo de bistec.
1.2
Los Vecinos de Reñaca habían evacuado el plan y se
congregaban en el Barrio de Jardín del Mar, otros en los altos frente a la
playa.
Habían visto el mar salirse, fluir por el estero hasta 5
cuadras del mar, sus calles anegarse y luego, unos minutos después, una ola de
espuma que llego del horizonte levantarse a unos 8 metros y estallar contra los
edificios de la costanera, rompiendo ventanales, levantando autos y
estrellándolos contra los edificios y arboles, los edificios gemir ante el
golpe de agua y la ola entrar por el estero hasta alcanzar todo el plan y
anegar con violencia todo a su paso.
La cara este de los edificios, que daban al mar, comenzaron
a desplomarse ante la fuerza del agua, se vieron los techos de los kioscos
playeros volar hechos astillas.
Luego la calma, uno o dos minutos y el agua comenzó a
retroceder con ímpetu, arrastrando hacia el mar todo los que había destrozado.
Isidora, abrazo a su madre que gemía ahogando sus lágrimas y
su horror, su padre miraba sin entender.
Los vecinos se tocaban, abrazaban, se miraban buscando una
respuesta, nadie entendía, ni nadie hablo durante los sucesos, ni siquiera les
llamo la atención un aerolito que cruzo sobre sus cabezas para estrellarse
quizás donde.
Cuando el mar se retiro mostro solo cimientos de lo que fuero
locales comerciales, casas, escombros, algunos muros levantados, algunos
edificios que daban a la costa tumbados a punto de caer, algo mas atrás algunos
edificios con sus bases destruidas, aunque erguidos y hacia tres cuadras mas adentro ya habían
cosas que se podían reconocer como casas e edificios.
Un joven de unos 17 años se acercó a Isidora, su rostro
enrojecido por el llanto y su ropa húmeda.
- Gracias
Isidora – dijo y la abrazo fuerte – nos salvaste la vida.
- Esta
bien, esta bien, tu habrías hecho lo mismo – dijo Isidora algo avergonzada por
el agradecimiento, no estaba acostumbrada a los reconocimientos.
- Nadie
baje, puede venir otra ola, nadie baje – dijo un carabinero que llego a pie
El Carabinero se fue y se escucho la recomendación unos metros
mas allá y luego mas distante.
- Mamá,
creo que debemos hospedar alguna familia – le dijo Isidora a su madre
Su madre la miro un momento sorprendida, confusa mas bien.
- Hay
gente que esta mojada por la lluvia, otras que han escapado con lo puesto – dijo
mirando a una grupo de adultos y niños – necesitan secarse.
Su madre la continúo mirando y vio que estaba mojada, que
sus piernas y manos, y hasta su cabello tenían barro.
- Esta
empapada hija – dijo al fin.
- Si mamá,
ellos también, nosotros tenemos la casa por lo menos – le dijo Isidora – ellos
ni techo, ni ropa.
- No se,
hablaremos con tu padre – dijo la madre.
- Papá
va a querer – dijo la joven
Y así fue, su padre tenia la misma idea, se acercaron a una
familia y les ofrecieron su casa para que se secaran y algo de ropa.
Esta acción fue repetida por otros vecinos de la parte alta
del balneario de Reñaca con los vecinos de la zona baja que habían perdido
todo.
1.1
Volvió a sumergirse en el agua barrosa que tomaba una
velocidad vertiginosa en su camino de vuelta al mar.
Los Infantes de Marina miraban como su compañero era llevado
por la muerte sin poder hacer nada.
Una vez más se vio la mano de Sánchez entre unos escombros
de palos y barro.
De un costado apareció un camión viejo, se atravesó en las
aguas y como un viejo barco quedo encallado y tres bomberos, de la segunda compañía
de Quintero, corrieron por su rampla y treparon su cabina y uno de ellos se
lanzo a las aguas atado a una extensa cuerda azul atada a su cintura y espalda.
Sánchez ya no podía mas, solo peleaba por instinto por su
vida, mentalmente había renunciado a vivir, su brazo le dolía mucho y desde su
pierna venia un nuevo dolor, su rostro sangraba y apenas podía ver cuando
sintió que alguien gritaba.
Escupió agua salada y barro, trato de mirar y solo veía
barro, y al fin una mano que se le extendía hacia él de un bombero.
La tomo y esa persona lo jalo y coloco una correa bajo sus
brazos, y escucho otro grito y sintió un gran jalón que le produjo dolor, una
de sus costillas se había roto, pero por lo menos tenía su boca fuera del agua
y podía respirar.
Ni siquiera se abrazó a su rescatista. Se dejo ir
simplemente, hacia la vida, como podría dejarse ir hacia la muerte.
Los bomberos jalaron fuerte de la cuerda de vida, mientras
el camión se deslizaba empujado por las aguas que se recogían, hasta que los
dos hombres chocaron contra un costado del viejo camión y fueron izados.
Contra el tiempo fuero desatados y llevados por sobre el
camión hasta la cola de la rampla, Sánchez llevado por dos bomberos y saltaron
a las aguas donde estaba mas bajo y luchando contra el agua los 3 bomberos,
acarreando a Sánchez juntos para impedir
que alguno fuera llevado de nuevo por el agua, mientras el viejo camión era
arrastrado por las aguas. Y así desaparecieron de la vista de los cosacos y
carabineros, tras unas casas.
Los Cosacos y los Carabineros emprendieron la carrera hacia
las calles y bajaron hasta donde se supondría estarían los bomberos junto a
Sánchez.
A la vuelta de una calle devastada por la inundación estaba
una carreta tirada por un caballo y 5 bomberos, en el suelo Sánchez
inmovilizado sobre una camilla, los hombres lo alzaron y depositaron en el
carro. Valdez llego corriendo junto a su soldado.
- Mierda
chiporro ¿Cómo estas? – le dijo
- ¿Cómo
esta la mujer? Mi cabo – casi susurró Sánchez
- Ella
esta bien, Rodrigo y unos polis la llevan en la camioneta al hospital – le
respondió
- Mi cabo
– hablo un bombero – déjelo un rato descansar, parece tener algo mas que el
brazo roto
-
Gracias, gracias – le dijo el cabo y estrechando fuerte la mano del bombero.
- Como iba
a dejar morir un cosaco mi cabo – dijo el bombero – yo también estuve en el
cuerpo.
- Vaya,
gracias – aspiro fuerte y continuo – no se como agradecérselos
- Tranquilo,
vimos lo que hiso con la otra persona – dijo el Bombero indicando una casona en
un alto – así que se nos ocurrió lanzarnos con ese camión.
- Perdieron
un vehículo, vaya – dijo Valdez.
- No, que
va, lo empujamos hasta que agarro vuelo en la bajada – sonrío el bombero – y lo
demás fue gravedad.
- Vamos,
nos vamos al hospital – dijo otro bombero – a ti también hay que verte.
Valdez y Muñiga extendieron sus manos a los otros bomberos
mientras subían a la carreta y se fueron caminados juntos tras la carreta al
hospital.
El Hospital estaba lleno de personas, la mayoría evacuados
buscando que alguien les dijera que hacer, aunque personal de la Fuerza Aérea
llegaba con algunos heridos producto de la evacuación y uno que otra persona
que no se alejó lo suficiente y fue azotada por los objetos que lanzo el
impacto de la ola.
Parte del personal de la fuerza Aérea formaba para recibir
instrucciones para impedir que la gente se acercara a las zonas de inundación.
- Mi cabo,
mi Teniente de la capitanía quiere hablar con nosotros – dijo Rodrigo y agrego
– ¿como esta Sánchez?
- Sánchez
esta bastante machucado, pero podría estar peor – dijo Valdez y pregunto -
¿Cómo a sido con la mujer?
- La están
viendo, ya esta ingresada, se teme por el bebe – dijo Rodrigo
- ¿Y donde
esta mi teniente? – dijo Valdez
- Venga,
por aquí – respondió Rodrigo haciendo un gesto con la mano
Caminaron unos metros los tres hombres, abriéndose paso por
entre la gente.
- Mi hijo,
no se donde esta mi hijo – se escucho una mujer llorando que les preguntaba
- Donde
voy a dormir, tengo hijos pequeños – se escucho una madre mas allá
- Señora,
allí esta carabineros, diríjase a ellos – le respondió Muñiga a la mujer
acariciándole la cabeza.
Allá se escuchaba unos niños llorando y un hombre que era
retenido por familiares gritar por su casa, otros llantos de una anciana, y un
hombre musitar el nombre de una mujer.
- Quien
allá perdido su casa diríjase al liceo – dijo un sargento alto de la fuerza
aérea a toda voz – aquí solo heridos y quien busque gente extraviada.
- ¿Qué
edad tiene el niño señor – se escucho a otro sargento de la FACH decirle a un
hombre que abrazaba una mujer.
Hasta que llegaron a donde el teniente de litoral que hacia
la recepción unas brazadas traídas por civiles.
- Vaya,
vaya ¿Cómo esta mi Cabo? – dijo el teniente.
- Nada
bien, con un hombre en categoría, allí en el hospital – dijo Valdez
- Lo
siento realmente, yo tengo un muerto, dos desaparecidos, si no es que son
cuatro, envié dos hombres en un zodiac a Maitencillo y hasta que no sepa de
ellos me tienen preocupados – dijo el teniente.
- No ha
ido bien la mañana, es una lastima – dijo Valdez
- Supe del
rescate de la mujer – dijo el oficial – espero se recupere y no pierda el niño,
pero tengo que hablar de otra cosa.
- Usted
dirá mi Teniente – respondió Valdez
- Los FACH
lograron hacer funcionar una radio, recibimos un mensaje de Valparaíso y al
parecer hay unos locos anunciando un maremoto, sin tener antecedentes de este –
dijo con sorna y agrego – me ordenaron arrestar a esos locos.
- Es así
mi Teniente – dijo Valdez
- Si, la
trasmisión fue recibida justo cuando la ola estaba a nuestra vista y
trasmitimos que la emergencia era real, creo que eso les habrá ayudado a
evacuar – dijo el teniente y agrego – solo una cosa quiero saber.
- Usted
dirá mi teniente – Dijo Valdez
- Si no
fue el SHOA, ni la Armada, ni ningún organismo que detecto el tsunami – tomo
una pausa y pregunto - ¿Cómo ustedes supieron del Tsunami?
- No me va
a creer mi Teniente – Dijo Valdez
- Pues
vamos, yo soy muy incrédulo por lo general, pero desde esta noche y mañana,
creo que e cambiado – dijo el Teniente.
- Uno de
mis hombres y una muchacha tuvieron, digámoslo de este modo, un… este, algo así
como lo que la gente le llama visión profética – al fin pudo contestar con
inseguridad Valdez
- ¿Y usted
creyó en sus visiones, cabo? – Dijo el teniente – entonces gracias por ser
crédulo mi cabo, eso salvo miles de vidas
- Creo que
si – dijo Valdez
- Obviamente
no lo voy a arrestar, voy a ver los sucesos de esta noche y madrugada, voy a
recopilarlos en un informe y quiero que sepa que los voy a recomendar a una
medalla.
- Gracias
mi Teniente, creo que es mucho una medalla, hoy todos han ayudado mucho, los
mismos bomberos de Quinteros salvaron a uno de mis hombres en una maniobra muy
arriesgada – respondió Valdez con modestia.
- Seguro
le van a pedir un informe su mando, envíeme una copia a mi para gestionar la
recomendación, por ahora creo que es mejor que vuelvan a su base – dijo el
teniente y agrego – si es que esa cosa abollada que llaman camioneta puede
volver a Viña del Mar.
- Muchas
gracias mi teniente, estaremos viéndonos.
Los dos hombres se estrecharon las manos y el teniente
felicito a Muñiga y Rodrigo
La camioneta llego hasta el ingreso a Quintero
- ¿Por
donde? Creo que mejor nos vamos por Quillota mi cabo – Dijo Rodrigo
- Si,
Quillota de todos modos, el camino costero no creo que exista ya – dijo Valdez.
La carretera no presento mayores inconvenientes hasta la
llegada a Quillota, una densa nube de humo negro cubría la ciudad, tropas de
ejercito patrullaban en vehículos civiles antiguos así como a pie y hasta en
bicicleta.
Y tomaron hacia la costa nuevamente.
- Hubiera
querido pasar por Villa Alemana – dijo Rodrigo
- Ya
pasaremos, voy a pedir unas horas libres para el equipo – dijo Valdez
El cuartel estaba desposeído de personal, solo algunos
mecánicos tratando de hacer funcionar un viejo camión y una tanqueta.
Estacionaron frente a los talleres y uno de los mecánicos se
aproximó.
- ¿Pero
que mierda les paso? – dijo el Sargento
- Nos cayó
una duna encima mi Sargento– dijo Muñiga
- Ya les
creo – dijo el Sargento
- Mi
Sargento ¿le puede echar una manito al vehículo? – dijo Valdez
- Si,
claro, por lo menos su sistema eléctrico funciona, que es mas que pueden hacer
esas cosas caras de allí – dijo mostrando los Humvees estacionados inertes.
- Gracias
mi Sargento – dijo Rodrigo y Valdez casi a la vez
- Vayan a
la cocina, para que les den algo muchachos – dijo el Sargento
Muñiga y Valdez se dirigieron a su cuadra para lavarse y
cambiarse tenida, Rodrigo simplemente se lavo la cara y las manos en un tambor
que contenía agua de los posos.
Le sirvieron una bandeja con puré y huevo, un vaso de jugo,
un café, pan y una ensalada de tomate. Lo comió como si nunca hubiera comido.
Al terminar se dirigió a la cuadra de Muñiga y no lo encontró
y decidió volver a los talleres y ver que le hacían a su abollada camioneta.
Se sentó en una pila de neumáticos, miro a los dos mecánicos
que revisaban el eje y el cansancio lo hiso dormir.
1.3
La ola vino del Norte y arrasó Talcahuano, aun mas que el maremoto
del 27F, las embarcaciones no quedaron esta vez en las calles, esta vez fueron
destrozadas por el impacto de la ola.
Había pasado un tiempo de unas tres horas y el personal
Naval, de Carabineros, Bomberos y Civiles habían bajado a buscar algún sobreviviente
entre posibles rezagados de la evacuación, aunque en realidad no tenían ninguna
fe de que eso fuera posible.
Las fuerzas de la ola habían arrancado casas y locales
comerciales dejando solo los cimientos.
- ¿Cuantos
desaparecidos hay? – pregunto un Capitán de Corbeta a un Teniente
- No se,
aun no esta todo contabilizado, hasta ahora hay 4 del personal naval
desaparecidos y dos PDI.
- ¿Qué
paso con la Isla Quiriquinas? – volvió a preguntar el Capitán
- Todas
sus instalaciones costeras destruidas, no hay bajas
- ¿Civiles?
– Volvió a preguntar
- Difícil
saberlo, hay mucha gente buscando familiares, pero hay varias zonas hacia donde
se evacuo la población, si puedo decir que unos 8 civiles fallecieron porque se
negaron a la evacuación.
- ¿Quiénes?
– Pregunto intrigado el Capitán
- Gente
que se negó a abandonar sus naves y otra que no se alejó lo suficiente
- Ya veo
¿y mi comandante Araneda? – inquirió el Capitán
- Desaparecido,
estaba tratando de evacuar precisamente a los pescadores que se negaron a
evacuar, no creo que este vivo.
- Es
lamentable ¿él fue el que dio la orden verdad?
- Si, él y
el Teniente Ronson – Dijo el teniente.
Los hombres se acercaron a un oficial de Carabineros para
seguir coordinando y tratar de dar un orden al caos.
En un Liceo, una enfermería improvisada donde habían traído
a los heridos que antes habían sido alojados en la Tortuga.
- ¿Usted
que es del joven Javier Lizama? – pregunto una enfermera atractiva, con algo de
sobrepeso y joven
- Soy el
pastor de su congregación, soy amigo de sus padres – contesto el Pastor.
- El joven
a fallecido – contesto la mujer que intento proseguir, pero el pastor había
caído de rodillas llorando
- Fue la
fiebre, no pudimos bajársela – dijo la enfermera
- ¿Porque
dios mio, porque, si era un niño, porque, porque, no hizo lo que pediste,
porque? – Gemía el hombre – ¿acaso no escucho tu mensaje y salvo a tus hijos?
- ¿Señor,
quiere un tranquilizante? – dijo la enfermera e hizo un gesto a un paramédico
El hombre estaba fuera de si, solo podía llorar y cuestionarse
la voluntad de Dios. Un enfermero lo sujeto y la enfermera le inyecto, pero él
pastor ni siquiera le dio interés a la aguja que penetraba su brazo.
Se quedo allí sentado, gimiendo por horas, hasta que en un
momento paro y camino hasta donde en un saco plástico celeste donde estaba el
cuerpo de Javier, junto a otros cuerpos.
Descorrió el cierre, un carabinero se le acerco y trato de
impedírselo.
- Una
ultima mirada, solo esos – dijo el Pastor y el carabinero accedió manteniéndose
atento
- Eres un
ángel ahora muchacho, eres un ángel – dijo y se marcho de vuelta a Concepción,
a pie, tal como horas antes habían llegado.
1.1
- Estas
pésimo muchacho – dijo el comandante en retiro Irigoyen
- ¿Qué
pasa? – Dijo Rodrigo desperezándose
- Ponte
esto, esta limpio y seco, hay gente que muere de pulmonía por la ropa húmeda –
Dijo, lanzándole una bolsa plástica transparente con una tenida multicam
- Ya, bien
gracias, mi… - dijo Rodrigo extendiendo el mi, ya que no sabia el grado al
estar el hombre vestido de civil, aunque lograba reconocer que era un
comandante que había visto en lo que pareció toda una vida, aunque fue en la
noche anterior.
- Soy
civil, igual que tú, así que Humberto, llámame así – dijo el comandante en
retiro y agrego – ya apúrate que eres necesario.
- ¡Ah!, ya
entiendo, usted es mi Comandante Humberto – dijo sonriéndose.
10 minutos después Rodrigo volvió duchado y vestido de camo.
- ¿Mi
camioneta esta cargada de bultos? – dijo Rodrigo, extrañado al ver su trasto
repleto de bultos.
- Si, así
es – dijo Irigoyen – necesito que vayas a dejar un equipo al aeródromo de
Rodelillos
- Okey,
pero yo quiero saber que pasa en mi casa a todo esto – dijo Rodrigo y agrego –
mi cabo Valdez dijo que me iba a pedir unas horas de permiso
- Valdez,
si, el me hablo de ti, él esta en Viña ahora, viendo lo de la inundación – dijo
Irigoyen y agrego – pero tranquilo, dejas el equipo y su equipaje en el
aeródromo y quedas liberado hasta mañana en la mañana, te reportas a mi, solo a
mi ¿entendido?
- Conforme
don Humberto – dijo Rodrigo – dejo a esos hombres y su equipaje.
- ¿Entonces
hasta mañana? – dijo Rodrigo
- Hasta
mañana entonces – dijo Irigoyen
Ya en el interior de la Luv Habían 4 hombres de entre 30 y
40 años, vestidos de civil con ropas de excursionismo y chalecos de fotógrafos,
gorras pardas y lentes okley.
- Chucha,
parecen contratistas, no le han dicho – comento Rodrigo
A los hombres no les hizo gracia el comentario y mantuvieron
silencio
- Vamos
chiporro – dijo uno de ellos.
Todo esto le parecía muy extraño a Rodrigo, el llevar cuatro
tipos de Civil, que además por sus cortes de cabello, lo mas probable es que si
fueran civiles, personal de reserva como él, que llevara bultos y además a un
aeródromo civil.
En la loza del aeródromo descansaba una avioneta Cessna
Caravan, con su hélice girando y sus puertas abiertas.
Los hombres descargaron la camioneta y llevaron los bultos a
la avioneta apresuradamente.
- ¿Tú eres
de Villa Alemana, cierto? – le pregunto uno de los hombres mientras los otros
cargaban la avioneta.
- Si, soy
Villalemanino – contesto Rodrigo.
- Si, ya
te había visto – dijo el hombre introduciéndole un sobre en la parca subrepticiamente.
- Si en 10
días no vuelvo, dale esto a mi señora, que nadie sepa – explico el hombre y se
fue hacia el avión.
El avión se devolvió por la pista para alcanzar mas pista y
comenzó a carretear hasta que se elevo y giro hacia el sur, Rodrigo lo miro
hasta que se perdió de su vista.
- Era lo
único que pudimos hacer volar y va sin instrumentos – dijo uno de los hombres
que parecía ser un mecánico
- Es un
suicidio, creo yo, ese weon de Maldonado debe estar loco – dijo el otro hombre
Rodrigo se alejó del aeródromo y condujo hacia viña del mar,
a la altura de las palmas se encontró con una patrulla de carabineros en
motocicletas, estos le indicaron que el troncal urbano era la ruta habilitada,
que un aerolito había caído cerca de un tramo de la carretera troncal sur y que
por ahora era imposible pasar.
Saco el sobre y vio que estaba hecho con una hoja de
cuaderno sellada con cinta adhesiva transparente de embalaje y escrito una
dirección de Villa Alemana.
Fin del Primer Capitulo.
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