Día dos en el norte
Disculpen los 2 días de retraso. Pero aquí esta al fin. Mas adelante incluire las ilustraciones, que por falta de tiempo no eh podido hacer.
Espero disfruten la primera entrega.
Cárcamo patio una piedra que fue a dar dos metros de él,
camino y la volvió a patear, la piedra llego a una zanja y el técnico en
minería levanto la vista hacia el este, de donde comenzaba a clarear tras las
montañas.
Las sombras se alargaron hacia el oeste y la claridad tiño
el desierto de un dorado frio, corriendo una briza seca y gélida desde la
cordillera, Cárcamo apago su linterna y se sentó en la tierra reseca apoyando
su espalda en la camioneta.
Miro al horizonte en espera de la ayuda, de carabineros o
bomberos hasta que su mirada se topo con una luz hacia el sur oeste, como un
obelisco gigantesco hecho de cristal que reflejaba el dorado solar, estaba a
gran distancia, kilómetros quizás y se alzaba desde el suelo pedregoso hasta
casi tocar los cirros escasos del cielo sin humedad del norte chileno.
Se alzó sobresaltado y llamo a Tapia
-
Mira ¿lo vez? – dijo excitado Tapia.
-
Si, si ¿pero que wea es eso? – Respondió Tapia –
Maluenda ¿lo vez?
Tapia miro hacia Maluenda que estaba en la cabina y volvió a
mirar la luz y esta había desaparecido.
-
Se apagó, solo se fue apagando de abajo a arriba
– dijo Cárcamo
-
Debió ser una nube de humo que reflejaba el sol
– opino Maluenda
-
Ni, no, no, nube no era, era del suelo al cielo…
no, nada que ver con una nube – dijo Tapia.
Después de algunas conclusiones buscando algo racional a lo
que pensaron era un fenómeno atmosférico, dejaron de hablar del tema.
-
¿Te acuerdas en 2012? Cuando la gente creía que
era el fin del mundo – inquirió Maluenda
-
Si, si, si fue hace poco, como no me voy a
acordar – dijo Tapia – era divertido como la gente creía que todo se iba a
acabar ¿Cuándo iba a ser?
-
21 de Diciembre iba a ser – decía Maluenda – la
gente creía que íbamos a pasar por una cosa que se iba a apagar el sol
-
Cinturón de fotones, era – le ayudo Tapia.
-
Eso, gracias… ja, ja, ja… el famoso cinturón de
fotones que no se iba a ver ni el sol, en esa, perro – concluyo Maluenda
-
Habían varias, dijeron que llegarían
extraterrestres a salvarnos, de eso me acuerdo… que primero llegarían unos
malos, después los buenos – dijo Tapia
-
Si me acuerdo de esa, salió en el programa del
chico de la Tele – dijo Maluenda – que los reptilianos vendrían a invadirnos y las alienígenas
nórdicas a salvarnos… ja, ja, ja, ja, ja…
-
Si, si, te imaginas, incluso hubo gente que se
hizo bunker para pasar el 21 de Diciembre – recordó Tapia – muy weona esa
gente.
-
Porque no se cayán con eso – dijo fuerte Cárcamo
-
Oh… pero que onda ¿no se puede conversar ahora?
– dijo Maluenda
-
Hablen lo que quieran, pero no se burlen de la
gente que hizo bunker – dijo Cárcamo
-
Que, que paso ¿Paso algo? – Pregunto Tapia.
Cárcamo se lamio los labios y aspiro profundo, miro las
piedrecillas cerca de sus botas de seguridad y comenzó a narrar algo, que de
una forma se aliviaba de trasmitir.
Mi hermano es contratista eléctrico, ya saben, instalaciones
y eso, yo estaba de vacaciones y fui un par de días a trabajar con él en la
construcción de un bunker en Olmue, una granja ecológica llena de hippies,
gente muy simpática, de plata, la mayoría era de familias adineradas de
Santiago y Mendosa, había una chica muy linda, argentina y tenia onda con mi
hermano y … yo volví a la mina y cuando volví mi hermano había iniciado la
instalación eléctrica en otro bunker en Cabildo o los Vilos, otra comunidad
ecológica, ya salía con la muchacha y se había puesto a meditar, dejo la carne,
hacia yoga y todo, unas veces mas lo fui
a ayudar y mi hermano era muy cercano a la comunidad.
Cuando termino la pega se quedaba unos fines de semana en la
Comunidad Ecológica, a veces la chica se quedaba con él en su casa en Calera.
Al fin llego el 21 de Diciembre, mi hermano le dijo a la
muchacha que todo bien, que la meditación y el yoga le iban bien, pero que no
creía en nada sobre el fin del mundo. Y convenció a la argentina que se quedara
con él en su casa de La Calera, que nada pasaría. Y en la noche no hay mucha
locomoción en La Calera, así que la mujer media convencida por mi hermano se
quedo, pero después se arrepintió y se fue, como no encontró locomoción directa
a Olmue, viajo a Quillota y de ahí una carrera en Taxi hasta la Parcela
Ecológica de Olmue, bastantes Kilómetros.
Nadie sabe lo que paso, los del bunker no la escucharon o
así dicen que paso, es algo medio oscuro ahí, la chica se corto las venas y
murió desangrada.
Y no fue la única.
-
Si, mucha gente se mato – dijo Tapia con
solemnidad
-
No recuerdo eso – dijo Maluenda
Mucha gente creyó lo que se decía del fin del mundo,
creyendo en cosas que no son y la angustia debió ser insoportable, no pudieron
seguir, gente que se gasto lo que no tenia en bunker, en fin tanta cosa rara que
hizo alguna gente por nada y los medios publicaron algo, pero al final
ocultaron las muertes, nadie sabe cuantos fueron en realidad.
-
¿Demos una vuelta mas entre los restos del
avión? – dijo Tapia
-
Ya poh, demos otra vuelta a esa gente si les
llego el fin del mundo.
-
Mala, pobre gente – dijo Maluenda – voy a llamar
a Chuqui, a ver que onda con los bomberos…
-
Dale, dale… pero úrgelos, no vamos a estar toda
la semana custodiando el avión – aconsejo Tapia.
La polvareda se podía ver de Kilómetros, una camioneta de
Carabineros y una camioneta de bomberos de CODELCO de Chuquicamata se pudieron ver a medio día.
-
Buenas tardes - dijo un carabinero.
-
Buenas tardes - dijo uno de los mineros.
-
No hay sobrevivientes – dijo Maluenda – hemos
dado unas vueltas por el avión, y nada que haya podido vivir.
-
Gracias por la espera, pero esta el caos en
Calama, han caído algunas rocas y la gente a saqueado algunas tiendas – dijo el
carabinero.
Los bomberos se acercaron a saludar a los mineros y
volvieron a su camioneta a sacar unas bolsas para cuerpos de color celeste de
plástico.
-
Quisiéramos que se quedaran a ayudar, pero creo
que seria mejor para ustedes volver a Calama – dijo el policía – no hay
comunicación con el sur, nada desde Santiago.
-
Entiendo, además pasamos una mala noche y
quisiéramos descansar – dijo Maluenda
-
Si claro, estamos hechos mierda – dijo Cárcamo
La Camioneta de los mineros abandono el lugar de la
colisión, a unos kilómetros vieron a dos helicópteros de la FACH
-
Mira, ahora vienen los de la Fuerza Aérea,
cuando ya no queda avión con el incendio – Dijo Cárcamo.
-
Si, si, una mierda, una wea muy aweona, te digo
– dijo Tapia.
Al acercarse al campamento base, divisaron los humos,
oscuros y bajos provenientes de Calama.
Los operarios que aun quedaban empacaban y disponían los
últimos vehículos, unas camionetas y un mini bus.
-
Hola – dijo un operario que se acercó a la
camioneta.
-
Hola ¿Qué pasa aquí? – pregunto Tapia
-
El jefe autorizo que nos fuéramos a Calama y
Antofagasta, hay buses para los que son del Sur – dijo el hombre.
-
¿Como tanto? – dijo Tapia
-
Dicen que esta la caga en el sur, no se a
recibido ninguna comunicación desde el sur de la serena, que la lluvia de
meteoritos abarca todo el país – explico el hombre.
Maldonado, Tapia y Carcamo tomaron algunos de sus enseres y
partieron de nuevo al desierto hacia Calama.
Calama contaba con electricidad a diferencia del sur y las
sirenas de bomberos y policías se escuchaban a la lejanía y en otras cerca,
mientras humos salían de casas incendiadas al costado sur de la ciudad.
Bolsas Celestes.
No esperas terminar en una bolsa de basura jamás, piensas en
como morirás y piensas en gente llorándote, en un cajón, velas grandes, un cura
si eres creyente, un funeral, flores, un agujeró en la tierra personal o
familiar, una lapida con tu nombre y cada año, dos veces al año, tal vez tres
si se acuerdan de tu cumpleaños, en tu fecha de fallecimiento y primero de
noviembre, algún familiar te ira a dejar flores. Pero nunca piensas en una
bolsa celeste de plástico grueso, con cierre, como si fuera una bolsa para un
traje, no piensas que un tipo calvo junto a otros cuatro tipos como yo te van a
sacar una foto al rostro, si es que te queda algo que fotografiar; el siguiente sujeto te va a sacar una muestra
dactilar, claro si es que tienes manos aun; el otro te va a meter un pequeño
corte donde sea y va a empapar un algodón con tu sangre y lo va a meter en una
bolsita de helado, para ser franco las bolsas con cierre zipper se acabaron
hacer mas de dos horas; van a colocar un numero a la hoja de huellas y a la pequeña bolsa con
tu sangre, lo va a meter todo en un sobre, el mismo numero a la bolsa grande
con tu cuerpo. Desde la tarde que empezamos y llevamos 12 horas trabajando,
ahora iluminados con chonchones de gasolina que a no se quien se le ocurrió,
pero para mi a sido un genio y claro, nos hemos hecho mas y mas rápidos.
Tu eres el numero 2345, eres hombre de mediana edad, estas
mas o menos entero, perdiste una pierna y moriste por anemia aguda, quizás, no
se en realidad, me imagino, en todo caso te vez mejor que el 1471, con su torso
aplastado o los cientos que nos han llegado quemados, traídos por bomberos,
carabineros, detectives, defensa civil, militares, particulares y hasta de
clubes de futbol que se han organizado, en los pocos vehículos que aun se
mueven, incluyendo un par de carretones tirados por caballos.
Te vamos a tirar a un tremendo hoyo aquí en Pudahuel, nada
que agregarte que lo provoco una de esas cosas que cayo del cielo, como la que
te pudo matar a ti.
No se cuando te vamos a tapar, ya que no e visto ninguna
pala mecánica o retroexcavadora aun, espero no nos hagan a nosotros palear
hasta cubrirlos, es un hoyo demasiado grande aquí en esta parcela a orillas de
la ruta 68.
No tendrás ni cruz, ni lapida, ni cajón, ni nada personal,
pero tratare de manejar tus restos con el mayor respeto que pueda.
Has sido afortunado si, eres de los últimos que han tenido
el privilegio de tener una bolsa celeste, ya veo llegar una carreta con bolsas
de basura verdes. Terminar en una bolsa de basura, eso si que es feo.
Yo, no se si es suerte o mala suerte, cuando todo paso
encontré mi vieja cámara digital, las pilas agotadas, alguien que no recuerdo
me paso un paquete de 8 pilas y la jodida maquina funciono, pero mi cámara
profesional no encendía, como ninguna del Servicio Medico Legista. Como la
cámara es mía, el jefe dijo que yo sacaras las fotos. Algún día servirían para
identificar a los fallecidos, me dijo.
El funcionario de la oficina de Medico Legista miro el campo
lleno de surcos sin cultivar, tapizado de bolsas celestes, mas allá de la
carreta bajaban cuerpos en bolsas verdes y los depositaban junto a los otros
cuerpos.
Otros funcionarios caminaban murmurando y llenando fichas,
unos jóvenes depositaban en carretillas
de construcción y el un carretón de feria los cuerpos y los iban a dejar a unos
100 metros mas allá, donde desaparecían en un cráter.
Una moto ruidosa paso por la carretera llamando la atención
de los que trabajaban en la triste faena, el motociclista vio los cientos de
bolsas celestes y sintió un asco en el estomago y acelero inconscientemente,
perdiéndose hacia la ciudad y su humo negro del aurora santiaguina.
Las calles de algunos barrios parecían no tocadas, sanas,
sin fuegos, sin militares, sin heridos, como la entrada de Pudahuel teñida de
dorado fulgor en el segundo amanecer desde el evento.
El motorista paro fuera de un pasaje cercano a la estación
Pajaritos, se saco el casco, de su mochila extrajo una botella de plástico,
bebió agua, la escupió, tomo otro sorbo y la trago.
Algo lo sobresalto y miro al cielo, una estela dorada
atravesaba el cielo, tubo miedo y sintió su extremidades perder fuerza, la
estela descendió y descendió, alejándose hasta perderse en el horizonte a los
cuantos minutos.
Volvió a colocarse el casco y partió hacia el centro de
Santiago.
La Moneda, los Edificios de gobierno como el ministerio de
defensa estaban custodiados por militares, uno de los pocos tanques que
funcionaba estaba frente a la moneda, al lado un carro zorrillo de Carabineros.
Llego a un control y se identifico, luego se dirigió al
edificio de la defensa, se presento, identifico y dijo a donde se dirigía, le
pasaron una tarjeta con prendedor con el piso donde debía ir. Subió las escalas
hasta su destino, unos hombres llevaban documentos en los pasillos y unos
técnicos con herramientas manuales picaban los muros y buscaban los cables que
trataban de remplazar.
Alguien paso con un viejo computador Epson en sus manos
hacia una de las oficinas.
El motorista llego a una oficina abierta donde había unos
militares de la Fuerza Aérea y Ejército sobre una mesa con muchos papeles.
-
Permiso al más antiguo – dijo el motorista.
-
Adelante – dijo un hombre de la Fuerza Aérea.
-
Tengo un sobre para el comandante – el motorista
miro un papel en una tabla con un sujetador y volvió a hablar – General Ubilla,
General Roberto Ubilla
-
Si, pase el sobre – dijo un hombre en tenida de
combate de bigote cano
El motorista le alcanzo un tablero con una nota de entrega
antes de pasar el sobre, el general algo molesto mostro su identificación al
motorista, el cual anoto el numero en ella inscrito y mientras el oficial
firmaba extrajo un sobre de papel Kraf con fuelle dentro de una bolsa plástica
con cierre.
-
A veo que es de la Armada, gracias, este… - el
oficial alargo la frase para esperar saber el grado del impertinente motorista.
-
Soldado Muñiga, mi general, de la Infantería de
Marina.
-
Okey, espere en el pacillo, debe levar algo a
Valparaíso – le ordeno el general.
Varias horas después, un Cabo de la Fuerza Aérea entrega un
paquete a Muñiga, mas bien una caja de uno 30 cm de largo, 24 de ancho y unos
12 cm de grueso, envuelta en papel plástico, como aquellos de regalo, solo que
azul y enrollado en cinta adhesiva de embalaje
por todas partes. Fuera un papel pegado con el logo de la FACH y el
destinatario, esta vez solo una oficina: Departamento Ancla Dos, Comandancia
Armada de Chile, Valparaíso.
Muñiga bajo las escalas hasta los estacionamientos, tomo la
motocicleta y salió del edificio del Ministerio de defensa hacia la central de
Telecomunicaciones de la Armada.
De regreso al Oriente de La ciudad el humo era menos denso y
fuera de un colegio la gente hacia una larga cola por algo, no podría decir
que.
Más allá en una calle cercana al museo ferroviario unos
militares, civiles y bomberos trabajaban en un gran surco dejado por una
colisión de un aerolito.
Trato de evitar el lugar y dio vuelta a su derecha y se
encontró con control de carabineros y ejercito. En realidad, un carabinero al
mando en un control de transito y acceso y unos militares ayudando a mover
cuerpos.
Y alineados a la orilla de la calle unas 10 bolsas celestes
y seguidas de otros 15 cadáveres o restos de cadáveres.
Una mujer hablaba con el Carabinero gordo, mas allá una
anciana era traída por un soldado que parecía un niño, la mujer miraba el suelo
y de sus ojos brotaban lagrimas lentas que bordeaban sus arrugas y movía su
cabeza de un lado a otro, tratando de negar algo.
-
Armada – dijo Muñiga mostrando su Tarjeta de
identificación al Cabo de Carabinero
El Carabinero gordo y mal afeitado no se dio por aludido,
siguió atendiendo a la mujer.
-
Que alguien acompañe a la Señora – grito el
Carabinero – y tapen eso, por favor, no ven que va a entrar.
-
Así no vamos a terminar mi cabo – alguien le
contesto desde dentro del perímetro
La mujer paso, la recibió un civil con un joven militar y
comenzaron a recorrer los cuerpos sin embolsar.
-
Tu que quieres – dijo el cabo
-
Llegar a la Central de Comunicaciones de la
Armada, no creo que sea bueno pasar por la zona de despejes – respondió Muñiga.
-
Mira, tengo gente buscando a su gente aquí,
soldados tratando de buscar una parte reconocible entre pedacitos de personas,
junto a un solo funcionario del Servicio Medico Legal y hace mas de 10 horas
que no sacan a nadie vivo de los escombros, podría darse la vuelta dos calles
mas abajo, dos a la izquierda y volver hasta allá y allí estará a dos cuadras
de su Centro de Telecomunicaciones, porque si pasas por aquí, me vas a molestar
el personal – fue la antipática respuesta del Carabinero.
-
Ya, muchas Gracias – solo preguntaba
-
Y diles que manden más bolsas, nos llegan
pedazos de gente y nada de bolsas. Transparentes si es posible – agrego el
gordo carabinero.
-
Esta bien, yo paso el recado – dijo Muñiga
direccionando la motocicleta.
Almorzó y tomo nuevamente rumbo a Viña del Mar.
-
Estos de la Fuerza Aérea aun pensaran que
existen las Oficinas del Ancla 2 en Valparaíso – pensó Muñiga mientras se
alejaba del humo de Santiago
-
Bueno, creo que tendré que entregárselo a la
Sección 2, ellos verán a quien lo entregan – volvió a pensar Muñiga, mientras
pasaba frente al campo lleno de bolsas ahora verdes de basura.
Volvió a sentir de nuevo un sensación de asco y miedo frente
al improvisado cementerio, desde el campo sembrado de muertos, un hombre calvo,
con una mascarilla de tela, lo miro.
El hombre de la mascarilla de tela se volvió hacia el suelo
a tomar una foto del hombre en la tierra y paso al siguiente y al siguiente.
Paro de tomar fotos, vio la cámara y esta le indicaba memoria insuficiente.
-
¡Hey, se me agoto la memoria! – grito el hombre
a otro que estaba a unos 10 metros.
-
No hay mas, es la única tarjeta – le
respondieron.
-
Mierda ¿y el computador que dijeron traerían? –
grito el hombre calvo de la mascarilla
-
A chucha, no se poh, eso dijeron ayer –
respondió el hombre
-
A bueno, voy a descansar entonces, no saco nada,
dame unos minutos – dijo el calvo
-
Tu dale nomas, dale descansa ¿pero cuantas fotos
alcanzaste a sacar? – pregunto el hombre.
-
Unas 8 mil fotos, si, eso es… le e sacado fotos
a 4 mil personas, creo – dijo el hombre y se sentó a la orilla del alambre de
púas que separaba el predio del camino.
La cifra lo había trastocado, ahora tranquilo sin trabajar
en su penoso oficio se puso a llorar, a llorar en un silencio obligado por la
vergüenza, solo sus lagrimas escurrían hasta su barbilla.
Se puso a repasar las fotos, en cada una aparecía un
cartoncito escrito a plumón con un número, el número del sobre de datos, de la
bolsita de helado con sangre.
No se había dado cuenta que había llegado al 4O16 antes que
la memoria se llenara.
-
¡Won, quedan como mil mas y vienen llegando! –
grito el hombre alejándose a recibir un camión que traía mas carga de
fallecidos.
Se puso a borrar las repetidas, para liberar memoria.
El hombre desde la cerca solo movió los hombros y pensó que
tenia que liberare memoria y que las pilas no le durarían siempre.
En el agua y el aire.
El bote un Pumar, con 4 hombres sobre él se ir por el viendo
hasta un pedazo de escombro que emergía del agua barrosa y salada.
Tras ellos un edificio alto y blanco acostado sobre otro.
De las aguas emergió un buzo, con una cuerda.
-
Ya cabros, jálenlo lentamente cuando yo les tire dos veces de la cuerda –
dijo el buzo
-
Ya dele mi sargento – contesto uno de los
hombres del bote tomando la cuerda
Un minuto más tarde los hombres sacaron una bolsa negra de
lona atada y la izaron al bote. La depositaron en el interior del bote y la
abrieron, en su interior otra bolsa de plástico verde, en este un cuerpo
humano.
-
No creo que allá mas personas aquí, no logramos
encontrar a nadie mas – dijo el buzo
De las aguas oscuras salió un segundo buzo y se afirmo al
bote inflable y subió por su borda.
-
Hay que esperar que lleguen a buscarnos – dijo
uno de los marinos.
-
Nada, podemos estar horas esperando – dijo el
buzo y enseguida pregunto - ¿Dónde mas están trabajando en rescate?
-
En todos lados, a dos calles de aquí estaban
sacando gente de un edificio ¿o no? – dijo el marino
-
Si, que alguien baya a ver si hay un vehículo
para los cuerpos y para que nos lleven a otro lado.
El bote se acercó a la orilla del cráter, en los jardines de
lo que había sido el palacio Rioja.
Los marinos desembarcaron y depositaron la bolsa con el
cadáver junto a otras 5 bolsas verdes de basura.
Uno de los Marinos se alejó a buscar un vehículo que
recogiera los cadáveres y que los llevara a ellos a otro lugar de faena.
Una vieja Luv Roja estaba a una cuadra de las faenas de
rescate en unas casas de dos pisos, aplastadas por el estampido de un aerolito
y anegadas por el tsunami.
Unos hombres, la mayoría vecinos, con unos Infantes de
Marina trataban de levantar un muro por medio de varas y chuzos, sin conseguirlo.
Desde un lugar impreciso se escuchaba el llanto de una niña.
-
¿Quien esta a cargo de esa Chevrolet roja? –
pregunto el marino
-
Mía ¿Qué pasa? – Se escucho la voz de un hombre
con el torso desnudo que estaba tendido de costado a un lado del muro.
-
Si no la van a ocupar inmediatamente, podrían
facilitarla para mover unos cadáveres – dijo el marino
-
Puta, mas rato, tenemos a alguien aquí – dijo el
hombre incorporándose – que aun esta viva
-
Si entiendo – dijo el marinero y agrego – es que
son 5 cuerpos y un bote de goma y nosotros queremos movernos a trabajar a otro
lado, porque de seguro hay…
-
¿Qué dijo Marinero? – pregunto Rodrigo
-
Que tenemos 5 cuerpos y nos queremos ir de allí
a trabajar a otro lado – respondió el marinero
Rodrigo se sacudió las manos en un trapo.
-
No, lo otro ¿dijiste bote de goma? ¿Un Zodiac? –
-
Si, bueno es uno marca Pumar en realidad –
respondió el marino
-
¿Y tienen inflador? – pregunto un cabo
-
Pero si claro – respondió el marinero mientras
era jalado por Rodrigo
-
Vamos corra marinero – ordeno entusiasmado el
cabo.
Rodrigo hizo partir la vieja Luv y el cabo IM y el marinero
subieron atrás
-
Manríquez, mantenga a la niña hablando, entendió
– grito el cabo mientras la camioneta se ponía en marcha.
La camioneta recorrió las tan solo 5 cuadras que los
separaban del borde del cráter, apenas vieron la camioneta, los marinos tomaron
uno de los cuerpos para acercarlo a la calle donde podía acceder la camioneta.
-
Dejen los cuerpos, nos llevamos solo el bote –
dijo el cabo
-
¿Pero como vamos a dejarlos aquí? – dijo el
sargento buzo de rescate.
-
Mi sargento, subamos el bote, es cosa de vida o
muerte, arriba le explico – dijo el cabo
-
¿Pero como? – reclamo el Sargento
-
Vida o muerte, su bote será muy útil, por favor
comprenda – dijo el cabo
-
Esta bien, pero si es una tontera, me va a
conocer – replico el sargento
Los hombres engancharon el acoplado del bote a la parte
trasera.
Ábranle las válvulas, para que se desinfle algo antes de
llegar – pidió Rodrigo
-
¿Usted quien es Soldado? – pregunto el Sargento
-
Perdón, no pretendo darle ordenes a sus hombres,
solo adelantar tiempo – dijo Rodrigo – tan solo soy el Soldado Reserva Naval
Garcés.
-
Pues de
ahora pídame las cosas a mi Soldado – ordeno el sargento.
El bote llego con la mitad de su aire y con bastante
dificultad bajaron el bote y lo colocaron junto al muro.
-
Hay que sacarle mas aire – ordeno el cabo IM –
mirando al Sargento de Salvataje
Los marinos se echaron sobre el bote, al ver esto los
civiles los imitaron en una frenética carrera contra el tiempo.
Rodrigo volvió a tenderse sobre el barro y comenzó a empujar
la proa del bote, colocando trapos para que el bote no se raspara mas de lo
necesario, ayudado por un joven vecino,
hasta que entro una buena parte.
-
Ya inflemos – dijo Rodrigo
Un marino comenzó a pisar y pisar una bomba de pie, hasta
que el bote primero se comenzó a hinchar en su parte libre, luego lo relevo
otro, un civil y así fueron.
-
Hey, usted y usted siéntense aquí – dijo el
sargento – así ayuda a que el aire se vaya hacia la punta.
Poco a poco el bote se fue hinchando hasta que el muro se
comenzó a levantar unos centímetros, los hombres ayudaban haciendo palanca con
chuzos, hasta que unos minutos después el muro hubo subido unos 10 centímetros.
-
Basta – grito uno de los rescatistas
-
Si, basta – agrego Rodrigo y continuo –
necesitamos cuñas aquí, ladrillos, lo que sea…
Los hombres trajeron unos pedazos de hormigos de las mismas
casas, unas maderas, Rodrigo y un muchacho fueron colocándolas bajo el muro en
unos lugares para retener el muro.
-
Ya, sigan inflando el bote – dijo el Cabo
Las operación de hinchar el bote se reanudo, la niña
atrapada volvió a llorar, los hombres iban pasando pedazos de madera a cada
nuevo centímetro que el muro se levantaba, hasta que fueron los suficientes
para que un hombre delgado cupiera.
El joven se miro con Rodrigo, el joven encogió los hombros y
Rodrigo le hizo una seña positiva, el muchacho iría por su delgadez.
-
Deshinchemos el bote mi cabo – dijo Rodrigo.
-
Si, si… vamos, deshinchemos el bote cabros –
dijo el cabo, mirando al sargento
Los marinos abrieron las válvulas y el bote comenzó a bajar
lentamente, el muro se sentó en los trozos de madera y concreto colocados y
bajo unos 3 o 4 centímetros, Rodrigo miraba con atención, esperando que no se
bajara mas y así sucedió, las improvisadas cuñas aguantaron. El bote fue
retirado lentamente, un suspiro de alivio escapo de los hombres.
Al muchacho le colocaron un casco de escalada blanco con una
linterna frontal, pero la linterna no serbia. Así que un marino le coloco a la
banda elástica un ligh stick.
Entro por el agujero formado por el muro y restos de la casa
a su cintura un cuerda de escalada, repto por unos dos metros hasta que la
abertura se abrió para dar con una cavidad mayor donde yacía una madre muerta y
su pequeña hija que lloraba abrazada al cadáver, el agua salada inundaba la
mitad del espacio y la niña tenia algo mas que la cabeza y los hombros fuera
del agua.
La luz verdosa del
Ligh Stick daba a la cavidad un aspecto tenebroso y así debió percibirlo la
niña que se acurruco a un mas lejos.
-
Tranquilita, niñita, vengo a sacarte,
tranquilita – dijo el joven, en el tono mas dulce que pudo.
-
Mi mamá, mi mamá… ¿esta muerta? – dijo entre
sollozos la niña
-
Tranquila niña, tranquila, te vamos a sacar –
dijo el joven mientras la alcanzaba con su mano por debajo del agua. Pero la
niña le rehuyó
-
Tranquila por favor, no te va a pasar nada niña
– la voz del joven fue mas enérgica
-
Mi mamá – grito la niña
-
¿Qué pasa allá abajo? – grito el cabo
-
Nada, la alcance, no quiere que deje a su madre
– dijo el joven
-
Dile que aquí esta el papá pué – dijo el cabo
-
Escuchaste niña, tu papá esta afuera ¿quieres
verlo? – dijo el joven recuperando la voz calma
La niña movió la cabeza afirmativamente, casi imperceptible
en la oscuridad, pero lo suficiente. El joven se acercó, la tomo por la
cintura, le paso la cuerda por la cintura, la niña trato de zafarse y se
hundió. La niña braceo desesperada mientras el joven también debió hundir su
cabeza en el agua salobre y amarrarla.
Fueron segundo desesperantes bajo el agua negra, hasta que
saco la cabeza, jalo la niña fuera del agua ambos inhalaron fuerte, el cadáver
de la madre se deslizo y su cabeza se perdió bajo las marrones y oscuras aguas.
-
Mamá, mamá – grito la niña con un chillido
desesperado y su bracitos tratando de buscarla en el aire.
El joven la arrastro y tiro de la cuerda, la niña fue jalada
y él trato de que se magullara lo menos posible contra las paredes de la
caverna que se había formado con los restos de la casa. Desde afuera se
escucharon aplausos y gritos de alegría, el joven se giro para buscar a la
madre, pensando que seria bueno sacarla ahora que se encontraba allí.
Rodrigo tomo a la niña para que no se magullara, mientras la
cuerda retrocedía lentamente y una vez fuera se la pasó a una enfermera rubia y
delgada, al fin pudo ver que se trataba de una niña de unos 6 años, vestida con
unas pantis rojas de tela expandes y una polera azul de Perry el Ornitorrinco.
Desde una esquina llego un hombre corriendo donde la enfermera y abrazo la niña
la que grito papá.
-
Sáquenme de aquí por conchetumadre – fue el
grito de horror del joven que llego desde el fondo de los escombros.
-
Hey, hey ya te sacamos, aguanta ¿Qué pasa? –
dijo Rodrigo
-
Won sácame de aquí – respondió el joven – manda
la cuerda
Unos segundos antes de su grito, el joven miro a su
alrededor y palpo hasta encontrar la mujer sumergida en el agua, la toco,
estaba rígida y su piel algo blanda por el agua, la jalo hacia si y hacia
arriba para poder dejarla en una posición en la que pudiera amarrarla para
cuando volviera la cuerda, su cabeza emergió y tenia los ojos abiertos, su
mirada empañada.
Le padeció que la mujer tenia unos treinta y tantos años y su
cabello era corto, su cuello se movió de una manera desarticulada al tomarla y
por supuesto estaba muy fría, mas fría que el ambiente le pareció al joven
vecino. Entonces, cuando logro dejarla en una posición en que la mujer no se
podría sumergir de nuevo se hecho hacia atrás y miro la abertura de donde
llegaba algo de luz, volvió a mirar a la mujer y su cabeza se movió, pestaño y
su boca se abrió y aspiro una bocanada de aire que sonó al pasar por sus
rígidas cuerdas vocales.
El joven se hecho para atrás, trato de salir pero resbalo y
le era imposible y sintió como una mano le trataba de tomar de la empapada
polera, vio a la mujer echada sobre sus piernas mirándolo y su boca abriéndose
y cerrándose.
Al fin las palabras pudieron salir de su boca en un angustiante
– Sáquenme de aquí por conchetumadre – y cerró los ojos.
Una vara llego hasta muy cerca de él en su punta atada una
cuerda y tomo valor, abrió los ojos, la mujer seguía encima de sus piernas
mirándolo, pero ya no se movía. Se giro alcanzo la cuerda y grito.
-
Ya, jalen, ahora, por favor
El muchacho a pesar de la suciedad se veía pálido y
temblaba, se arrastró hasta la salida, rodo, se paro y camino hasta unos
escombros donde se sentó.
-
¿pero que te paso cabro? – le dijo Rodrigo al
acercarse
Otro vecino se acercó con una manta para cubrirlo
-
Sácate esa polera y los pantalones, te vas a
agarrar un gripe Lucho – dijo el vecino
El joven asistió con la cabeza, pero no tenia ánimos para
desnudarse.
-
Nada, no paso nada mi cabo – dijo el joven al
que llamaron Luis.
-
Dale, si quedaste como papel de blanco – dijo
Rodrigo y agrego – tranquilo, a todos nos puede dar claustrofobia en una
situación así.
-
No, fue eso, es que la mujer, estaba muerta y
pareció… no, no pareció, se movió hacia mí – dijo al fin el joven.
-
Entonces no esta muerta, eso – dijo Rodrigo
-
No, esta muerta fría y apesta ya – dijo el joven
y agrego – no se, cacho que me sugestione, nada mas.
-
Si, eso debió pasarte – dijo el vecino de la
manta
-
¡Hey, acuérdense que aquí hay otra persona
atrapada! – se escucho el grito de un voluntario – así que no pierdan tiempo
aun celebrando.
El voluntario se refería a otra mujer que estaba atrapada en
el interior de su cosina que había sido aplastado por parte de la casa.
-
Tu, Garcés, ve con la enfermera, la niña y su
padre al polideportivo de Sausalito – dijo el cabo.
-
A su orden mi cabo – dijo Rodrigo
-
Y apúrate, tenemos que mover ese bote hacia uno
norte a ver si los buzos encuentran más cuerpos – agrego el cabo.
El polideportivo había sido habilitado como hospital de
campaña de mediana gravedad y en él se movían múltiples personas, la mayoría
voluntarios de la Cruz Roja, Defensa Civil, damas de Lila y unos chicos con
pañoleta de algún grupo scout, que eran la mayoría.
La niña fue llevada por unos voluntarios de la Defensa Civil
en una camilla de mano hasta el interior.
Cuando Rodrigo se proponía volver a la camioneta la vio, con
una gran mochila de campamento y dos bolsas matuteras, acompañada de otra
muchacha o más bien ella lo vio primero.
-
Rodrigo, Rodrigo – dijo Isidora – ¿eres tu? Pero
que mal te vez
-
Hola, vaya ¿Cómo quieres que este? – dijo
Rodrigo
-
Estas lindo, solo que embarrado y que das asco,
pero wachon – dijo Isidora sonriendo con coquetería.
-
Ja, no me digas ¿y ustedes en que están? –
respondió Rodrigo
-
Llevando algunas cosas a Reñaca, mira, nos
tienen muy abandonados – dijo mostrando su mochila – cosas como drogas y
paracetamoles, vendas, pañales de adulto y otras cosas, sabias que volaron
todas las farmacias de Reñaca y los tatas no tienen pañales.
-
¿Y las llevan ustedes, así sin más? – pregunto
Rodrigo
-
Si, claro, no sabias, mi abuela es de las Damas
de Lila – dijo Isidora y agrego – ¡ah! Disculpa, ella es Fernanda, una amiga
del cole, linda ella, él es Rodrigo… el salvo a Quintero
Rodrigo tomo la mano de la quinceañera con cortesía, la
muchacha le dijo hola.
-
No salve Quintero, no, solo avisamos, aquí tu
amiga es la vidente, creo – dijo Rodrigo un poco incomodo.
-
Oye, anda a verme un día ¿sabes donde vivo? Te
agregaría a mi Fecebook, pero se me quemo el PC – dijo Isidora y soltó una
carcajada.
Rodrigo se sintió raro ante el buen humor de la muchacha, no
había visto reír a nadie desde el evento y menos a carcajadas.
-
No, mejor no, yo soy ubicable, en el cuartel de
Concón o por aquí y allá movilizando cosas, me tengo que ir – dijo Rodrigo.
-
Chao – dijo Isidora haciendo un gesto con la
mano y se fueron ambas jovencitas.
-
Chau – dijo Fernanda, que se había quedado
atrás.
Rodrigo volvió a la Luv y encendió la camioneta, bajo al
plan y en la vereda del frente vio a las
muchachas riendo.
-
¿Las llevo al plan? – dijo, viendo que las podía
ayudar.
-
Menos mal que te escurriste – dijo Isidora
Las chicas hubieron a la cabina y bajaron hacia el plan,
Rodrigo se desvió de su ruta para dejarlas cerca de lo que fuera avenida
Borgoño que bordea la costa.
-
Tengan cuidado, están muy cerca del mar – dijo
Rodrigo sabiendo que era la ruta mas corta a Reñaca para quien se moviera a
pie.
-
No tengas miedo, la avenida esta hecha pebre en
algunas partes, pero gran parte no, tu sabes, los requeríos – dijo Isidora –
además no habrá salida de mar.
-
Chao, que cuídense si – dijo Rodrigo
-
Chao, cuídate tu también mi soldado – dijo
Isidora y se acercó para darle un beso
En el ultimo momento corrió la cara y beso la comisura de
los labios de Rodrigo.
Rodrigo hizo que no había pasado, le hizo una seña de
despedida a Fernanda y partido hacia donde le habían ordenado.
-
Pendeja loca, debe tener cuanto ¿16 años? – se
dijo para si Rodrigo.
Isidora y Fernanda caminaron por la costa y el pavimento
fragmentado, saltando posas de agua salda.
-
¿Le diste un beso a ese mino? – pregunto
Fernanda
-
Sí, pero cuneteado, no me quiso besar – dijo
Isidora frunciendo el ceño y agrego – esta rico ¿o no?
-
Si, es lindo, pero como muy mayor para nosotras
– dijo Fernanda
-
¿Para nosotras? Es mucha gente ¿no? – Dijo
Isidora sonriendo con malicia – me parece que también te gusto
-
Igual es lindo, tiene unos ojos preciosos, pero
a ti te gusta mas porque lo quisiste besar – dijo Fernanda.
-
No es eso, es que, mira – Isidora se tomo un
tiempo para pensar lo que iba a decir – dicen que la muerte es una mujer muy
bella, que se enamora de los guerreros mas valientes y cuando los besa ellos
mueren, esa es la condena que debe llevar la muerte y las dos veces que eh visto
a Rodrigo, veo una sombra de muerte cerca de él… si la muerte ve a otra mujer,
dicen que se aleja.
-
¿En serio? – dijo Fernanda mirando a su amiga -
tu siempre dices cosas que me hielan Isi
Gran parte del centro de Viña del Mar eran piscinas de
profundidades indeterminadas, barrosas y saladas, incluso en algunas
chapoteaban algún pez arrojado por el mar, Rodrigo aun no sabia donde estaban
todas, ni su profundidad y debió vadera varias antes de llegar a donde se
proponía.
Engancharon el acoplado del bote a la Camioneta y se dirigieron
a uno norte, el agua en realidad llegaba hasta dos norte y todo el estero Marga
Marga estaba inundado de lado a lado.
Rodrigo se bajo de la camioneta y camino con un palo delante
de la camioneta, se percato que la barrosa piscina no tenía más de 30
centímetros de profundidad hasta uno norte. Uno de los buzos camino hasta la
orilla del Marga Marga y comprobó que podía llegar la camioneta.
La camioneta llego hasta unos metros del borde, los marinos
echaron el bote al hombro y lo lanzaron al agua y comenzaron a navegar por el
lecho anegado de un lado hacia otro, con coligües largos con unos garfios en
sus estrenos. No era el único bote, habían otro 5 botes de la armada y 4 mas de
la infantería de marina buscando cadáveres.
Rodrigo saco un cigarrillo de la guantera de la Luv y miro
hacia el oriente, un acoplado de un camión estaba a la orilla, sobre estas
varias bolsas celestes y unas personas trabajando en crear datos de los
cadáveres.
Mas allá pudo ver que no quedaba ninguno de los puentes que
alguna vez cruzaron el Marga Marga al poniente del puente Quillota y de hecho
el puente Quillota estaba a muy mal traer, inclinado a un costado.
Había escuchado que los buzos de salvataje habían encontrado
mucha gente ahogada en los estacionamientos de los edificios, donde la gente
había buscado refugio de los aerolitos, pero después de sacar algunos cadáveres
habían abandonado la búsqueda, ya que casi habían perdido un buzo y estaban
esperando evaluar la seguridad de esos lugares.
La jornada se hizo larga, en los arreboles que tiñen de rojo
la costa de Viña del Mar, los buzos de Salvataje decidieron abandonar la
búsqueda de cadáveres y regresar a su improvisada base en el estacionamiento
del portal Jumbo… así que a los botes
solo les basto remontar el estero hasta a unas dos cuadras del portal y
subirlos a la camioneta.
Eran tres camionetas que llevaban los botes, así que ya a
las 11 de la noche habían sacado todos los botes, de los Buzos de Salvataje y
los Infantes de Marina y reposaban en los estacionamientos.
9 Infantes de Marina de las dotaciones de los botes subieron
a la Luv y la camioneta emprendió hacia el Fuerte Aguayo, dejando una guardia
de marinos e infantes en el improvisado cuartel de botes.
La carpa era alta, de lona gruesa y en ella ya había algunos
reservistas durmiendo en catres de campaña arropados por sacos de dormir,
Rodrigo entro con una toalla blanca a la cintura y una polera verde de algodón.
Abrió una bolsa ropera de lona a los pies de su catre de
campaña.
-
¿No sabes quien será el nuevo comandante de
compañía? – escucho a alguien murmurar
-
Dicen que va a ser un oficial en la reserva, eso
escuche – dijo otra voz, que llego casi inaudible
-
Pobre de mi teniente Bravo, morir así, mala, lo
vamos a echar en falta – dijo una voz
A Rodrigo le pareció reconocer el apellido y se levanto de
donde estaba sentado y salió de la carpa.
-
Perdón – dijo Rodrigo
-
Disculpe usted mi Cabo – dijo uno de los
soldados – lo despertamos
-
No, no me despertaron y soy soldado de la
reserva – dijo Rodrigo - ¿de que Bravo hablan?
-
Del comandante de nuestra compañía – dijo un
soldado
-
Murió, encontraron su cuerpo hoy, ahogado
-
¿Se refieren a Bravo que dio el aviso de
evacuación? – inquirió Rodrigo
Si, ese Bravo. Lo detuvieron los marinos, porque no le creyeron,
pero alcanzo a que mucha gente escapara a los cerros y a los pisos altos de sus
edificios, mucha gente por él abandono los estacionamientos y los sótanos.
Cuando los marinos se dieron cuenta de su error lo liberaron
a él y su hombres, cuando paso la ola bajo al plan con un equipo que armo con
sus hombres y gente del Cerro Recreo que fue reclutando, recluto mas de 20
civiles, fueron los primeros en llegar al plan para iniciar los rescates.
Resulta que uno de los edificios de Alvares-Viana la gente
no había abandonado los estacionamientos subterráneos, algunos habían muerto,
ahogados o arrastrados por las aguas en el interior. Pero una persona salió y
aviso que había gente en bolsones de aire que se habían formado ¿se imagina?
A mi teniente Bravo se le ocurrió arrancar una línea
telefónica o de TV cable para usar de cuerda de vida, él y dos de sus hombres
bucearon hasta dar con las personas encerradas, anclaron la cuerda de vida al
interior del estacionamiento.
Y sacaron, no me acuerdo bien ¿Cuántos fueron?
-
22 personas, exactamente, 22 personas, vivas,
niños, adultos, unos tatas – agrego al relato un joven soldado.
Si, 22 personas, algunas eran niños y no podían salir bien
por sus medios y mi teniente personalmente saco a varios niños, junto con un Cabo,
pero en una no se supo más de él.
No se sabe lo que paso, pero supimos al llegar que los Buzos
de Salvataje entraron a ese edificio hoy y encontraron varios fallecidos y el
cuerpo de mi teniente.
Tenía una bandera chilena con firmas de la selección chilena
atada su cinturón.
Fue un cosaco de los buenos mi Teniente Bravo – dijo uno de
los soldados
-
Un héroe perro, un héroe, un héroe que me creyó
– respondió Rodrigo.
-
Si, igual estoy muy triste, a muerto gente
buena, pero a la vez estoy orgulloso de que sea de mi compañía – dijo un
soldado al que se le vieron unas lágrimas escurrir por las mejillas, pero
manteniendo una actitud viril.
-
Descansen chiporros, mañana nos toca peor.
Lo mato el agua, lo mato el agua ¿Cuánta gente habrá muerto
ahogada? – fueron los pensamientos que no dejaban dormir a Rodrigo, pero el
agotamiento venció.
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