sábado, 2 de febrero de 2013

Capitulo II (primera entrega)


Día dos en el norte

Disculpen los 2 días de retraso. Pero aquí esta al fin. Mas adelante incluire las ilustraciones, que por falta de tiempo no eh podido hacer. 
Espero disfruten la primera entrega. 

Cárcamo patio una piedra que fue a dar dos metros de él, camino y la volvió a patear, la piedra llego a una zanja y el técnico en minería levanto la vista hacia el este, de donde comenzaba a clarear tras las montañas.
Las sombras se alargaron hacia el oeste y la claridad tiño el desierto de un dorado frio, corriendo una briza seca y gélida desde la cordillera, Cárcamo apago su linterna y se sentó en la tierra reseca apoyando su espalda en la camioneta.
Miro al horizonte en espera de la ayuda, de carabineros o bomberos hasta que su mirada se topo con una luz hacia el sur oeste, como un obelisco gigantesco hecho de cristal que reflejaba el dorado solar, estaba a gran distancia, kilómetros quizás y se alzaba desde el suelo pedregoso hasta casi tocar los cirros escasos del cielo sin humedad del norte chileno.
Se alzó sobresaltado y llamo a Tapia
-          Mira ¿lo vez? – dijo excitado Tapia.
-          Si, si ¿pero que wea es eso? – Respondió Tapia – Maluenda ¿lo vez?
Tapia miro hacia Maluenda que estaba en la cabina y volvió a mirar la luz y esta había desaparecido.
-          Se apagó, solo se fue apagando de abajo a arriba – dijo Cárcamo
-          Debió ser una nube de humo que reflejaba el sol – opino Maluenda
-          Ni, no, no, nube no era, era del suelo al cielo… no, nada que ver con una nube – dijo Tapia.
Después de algunas conclusiones buscando algo racional a lo que pensaron era un fenómeno atmosférico, dejaron de hablar del tema.
-          ¿Te acuerdas en 2012? Cuando la gente creía que era el fin del mundo – inquirió Maluenda
-          Si, si, si fue hace poco, como no me voy a acordar – dijo Tapia – era divertido como la gente creía que todo se iba a acabar ¿Cuándo iba a ser?
-          21 de Diciembre iba a ser – decía Maluenda – la gente creía que íbamos a pasar por una cosa que se iba a apagar el sol
-          Cinturón de fotones, era – le ayudo Tapia.
-          Eso, gracias… ja, ja, ja… el famoso cinturón de fotones que no se iba a ver ni el sol, en esa, perro – concluyo Maluenda
-          Habían varias, dijeron que llegarían extraterrestres a salvarnos, de eso me acuerdo… que primero llegarían unos malos, después los buenos – dijo Tapia
-          Si me acuerdo de esa, salió en el programa del chico de la Tele – dijo Maluenda – que los reptilianos  vendrían a invadirnos y las alienígenas nórdicas a salvarnos… ja, ja, ja, ja, ja…
-          Si, si, te imaginas, incluso hubo gente que se hizo bunker para pasar el 21 de Diciembre – recordó Tapia – muy weona esa gente.
-          Porque no se cayán con eso – dijo fuerte Cárcamo
-          Oh… pero que onda ¿no se puede conversar ahora? – dijo Maluenda
-          Hablen lo que quieran, pero no se burlen de la gente que hizo bunker – dijo Cárcamo
-          Que, que paso ¿Paso algo? – Pregunto Tapia.
Cárcamo se lamio los labios y aspiro profundo, miro las piedrecillas cerca de sus botas de seguridad y comenzó a narrar algo, que de una forma se aliviaba de trasmitir.
Mi hermano es contratista eléctrico, ya saben, instalaciones y eso, yo estaba de vacaciones y fui un par de días a trabajar con él en la construcción de un bunker en Olmue, una granja ecológica llena de hippies, gente muy simpática, de plata, la mayoría era de familias adineradas de Santiago y Mendosa, había una chica muy linda, argentina y tenia onda con mi hermano y … yo volví a la mina y cuando volví mi hermano había iniciado la instalación eléctrica en otro bunker en Cabildo o los Vilos, otra comunidad ecológica, ya salía con la muchacha y se había puesto a meditar, dejo la carne, hacia yoga  y todo, unas veces mas lo fui a ayudar y mi hermano era muy cercano a la comunidad.
Cuando termino la pega se quedaba unos fines de semana en la Comunidad Ecológica, a veces la chica se quedaba con él en su casa en Calera.
Al fin llego el 21 de Diciembre, mi hermano le dijo a la muchacha que todo bien, que la meditación y el yoga le iban bien, pero que no creía en nada sobre el fin del mundo. Y convenció a la argentina que se quedara con él en su casa de La Calera, que nada pasaría. Y en la noche no hay mucha locomoción en La Calera, así que la mujer media convencida por mi hermano se quedo, pero después se arrepintió y se fue, como no encontró locomoción directa a Olmue, viajo a Quillota y de ahí una carrera en Taxi hasta la Parcela Ecológica de Olmue, bastantes Kilómetros.
Nadie sabe lo que paso, los del bunker no la escucharon o así dicen que paso, es algo medio oscuro ahí, la chica se corto las venas y murió desangrada.
Y no fue la única.
-          Si, mucha gente se mato – dijo Tapia con solemnidad
-          No recuerdo eso – dijo Maluenda
Mucha gente creyó lo que se decía del fin del mundo, creyendo en cosas que no son y la angustia debió ser insoportable, no pudieron seguir, gente que se gasto lo que no tenia en bunker, en fin tanta cosa rara que hizo alguna gente por nada y los medios publicaron algo, pero al final ocultaron las muertes, nadie sabe cuantos fueron en realidad.
-          ¿Demos una vuelta mas entre los restos del avión? – dijo Tapia
-          Ya poh, demos otra vuelta a esa gente si les llego el fin del mundo.
-          Mala, pobre gente – dijo Maluenda – voy a llamar a Chuqui, a ver que onda con los bomberos…
-          Dale, dale… pero úrgelos, no vamos a estar toda la semana custodiando el avión – aconsejo Tapia.
La polvareda se podía ver de Kilómetros, una camioneta de Carabineros y una camioneta de bomberos de CODELCO de Chuquicamata  se pudieron ver a medio día.
-          Buenas tardes - dijo un carabinero.
-          Buenas tardes - dijo uno de los mineros.
-          No hay sobrevivientes – dijo Maluenda – hemos dado unas vueltas por el avión, y nada que haya podido vivir.
-          Gracias por la espera, pero esta el caos en Calama, han caído algunas rocas y la gente a saqueado algunas tiendas – dijo el carabinero.
Los bomberos se acercaron a saludar a los mineros y volvieron a su camioneta a sacar unas bolsas para cuerpos de color celeste de plástico.
-          Quisiéramos que se quedaran a ayudar, pero creo que seria mejor para ustedes volver a Calama – dijo el policía – no hay comunicación con el sur, nada desde Santiago.
-          Entiendo, además pasamos una mala noche y quisiéramos descansar – dijo Maluenda
-          Si claro, estamos hechos mierda – dijo Cárcamo
La Camioneta de los mineros abandono el lugar de la colisión, a unos kilómetros vieron a dos helicópteros de la FACH
-          Mira, ahora vienen los de la Fuerza Aérea, cuando ya no queda avión con el incendio – Dijo Cárcamo.
-          Si, si, una mierda, una wea muy aweona, te digo – dijo Tapia.
Al acercarse al campamento base, divisaron los humos, oscuros y bajos provenientes de Calama.
Los operarios que aun quedaban empacaban y disponían los últimos vehículos, unas camionetas y un mini bus.
-          Hola – dijo un operario que se acercó a la camioneta.
-          Hola ¿Qué pasa aquí? – pregunto Tapia
-          El jefe autorizo que nos fuéramos a Calama y Antofagasta, hay buses para los que son del Sur – dijo el hombre.
-          ¿Como tanto? – dijo Tapia
-          Dicen que esta la caga en el sur, no se a recibido ninguna comunicación desde el sur de la serena, que la lluvia de meteoritos abarca todo el país – explico el hombre.
Maldonado, Tapia y Carcamo tomaron algunos de sus enseres y partieron de nuevo al desierto hacia Calama.
Calama contaba con electricidad a diferencia del sur y las sirenas de bomberos y policías se escuchaban a la lejanía y en otras cerca, mientras humos salían de casas incendiadas al costado sur de la ciudad.

Bolsas Celestes.

No esperas terminar en una bolsa de basura jamás, piensas en como morirás y piensas en gente llorándote, en un cajón, velas grandes, un cura si eres creyente, un funeral, flores, un agujeró en la tierra personal o familiar, una lapida con tu nombre y cada año, dos veces al año, tal vez tres si se acuerdan de tu cumpleaños, en tu fecha de fallecimiento y primero de noviembre, algún familiar te ira a dejar flores. Pero nunca piensas en una bolsa celeste de plástico grueso, con cierre, como si fuera una bolsa para un traje, no piensas que un tipo calvo junto a otros cuatro tipos como yo te van a sacar una foto al rostro, si es que te queda algo que fotografiar;  el siguiente sujeto te va a sacar una muestra dactilar, claro si es que tienes manos aun; el otro te va a meter un pequeño corte donde sea y va a empapar un algodón con tu sangre y lo va a meter en una bolsita de helado, para ser franco las bolsas con cierre zipper se acabaron hacer mas de dos horas; van a colocar un numero  a la hoja de huellas y a la pequeña bolsa con tu sangre, lo va a meter todo en un sobre, el mismo numero a la bolsa grande con tu cuerpo. Desde la tarde que empezamos y llevamos 12 horas trabajando, ahora iluminados con chonchones de gasolina que a no se quien se le ocurrió, pero para mi a sido un genio y claro, nos hemos hecho mas y mas rápidos.
Tu eres el numero 2345, eres hombre de mediana edad, estas mas o menos entero, perdiste una pierna y moriste por anemia aguda, quizás, no se en realidad, me imagino, en todo caso te vez mejor que el 1471, con su torso aplastado o los cientos que nos han llegado quemados, traídos por bomberos, carabineros, detectives, defensa civil, militares, particulares y hasta de clubes de futbol que se han organizado, en los pocos vehículos que aun se mueven, incluyendo un par de carretones tirados por caballos.
Te vamos a tirar a un tremendo hoyo aquí en Pudahuel, nada que agregarte que lo provoco una de esas cosas que cayo del cielo, como la que te pudo matar a ti.
No se cuando te vamos a tapar, ya que no e visto ninguna pala mecánica o retroexcavadora aun, espero no nos hagan a nosotros palear hasta cubrirlos, es un hoyo demasiado grande aquí en esta parcela a orillas de la ruta 68.
No tendrás ni cruz, ni lapida, ni cajón, ni nada personal, pero tratare de manejar tus restos con el mayor respeto que pueda.
Has sido afortunado si, eres de los últimos que han tenido el privilegio de tener una bolsa celeste, ya veo llegar una carreta con bolsas de basura verdes. Terminar en una bolsa de basura, eso si que es feo.
Yo, no se si es suerte o mala suerte, cuando todo paso encontré mi vieja cámara digital, las pilas agotadas, alguien que no recuerdo me paso un paquete de 8 pilas y la jodida maquina funciono, pero mi cámara profesional no encendía, como ninguna del Servicio Medico Legista. Como la cámara es mía, el jefe dijo que yo sacaras las fotos. Algún día servirían para identificar a los fallecidos, me dijo.
El funcionario de la oficina de Medico Legista miro el campo lleno de surcos sin cultivar, tapizado de bolsas celestes, mas allá de la carreta bajaban cuerpos en bolsas verdes y los depositaban junto a los otros cuerpos.
Otros funcionarios caminaban murmurando y llenando fichas, unos jóvenes depositaban en  carretillas de construcción y el un carretón de feria los cuerpos y los iban a dejar a unos 100 metros mas allá, donde desaparecían en un cráter.
Una moto ruidosa paso por la carretera llamando la atención de los que trabajaban en la triste faena, el motociclista vio los cientos de bolsas celestes y sintió un asco en el estomago y acelero inconscientemente, perdiéndose hacia la ciudad y su humo negro del aurora santiaguina.
Las calles de algunos barrios parecían no tocadas, sanas, sin fuegos, sin militares, sin heridos, como la entrada de Pudahuel teñida de dorado fulgor en el segundo amanecer desde el evento.
El motorista paro fuera de un pasaje cercano a la estación Pajaritos, se saco el casco, de su mochila extrajo una botella de plástico, bebió agua, la escupió, tomo otro sorbo y la trago. 
Algo lo sobresalto y miro al cielo, una estela dorada atravesaba el cielo, tubo miedo y sintió su extremidades perder fuerza, la estela descendió y descendió, alejándose hasta perderse en el horizonte a los cuantos minutos.
Volvió a colocarse el casco y partió hacia el centro de Santiago.
La Moneda, los Edificios de gobierno como el ministerio de defensa estaban custodiados por militares, uno de los pocos tanques que funcionaba estaba frente a la moneda, al lado un carro zorrillo de Carabineros.
Llego a un control y se identifico, luego se dirigió al edificio de la defensa, se presento, identifico y dijo a donde se dirigía, le pasaron una tarjeta con prendedor con el piso donde debía ir. Subió las escalas hasta su destino, unos hombres llevaban documentos en los pasillos y unos técnicos con herramientas manuales picaban los muros y buscaban los cables que trataban de remplazar.
Alguien paso con un viejo computador Epson en sus manos hacia una de las oficinas.
El motorista llego a una oficina abierta donde había unos militares de la Fuerza Aérea y Ejército sobre una mesa con muchos papeles.
-          Permiso al más antiguo – dijo el motorista.
-          Adelante – dijo un hombre de la Fuerza Aérea.
-          Tengo un sobre para el comandante – el motorista miro un papel en una tabla con un sujetador y volvió a hablar – General Ubilla, General Roberto Ubilla
-          Si, pase el sobre – dijo un hombre en tenida de combate de bigote cano
El motorista le alcanzo un tablero con una nota de entrega antes de pasar el sobre, el general algo molesto mostro su identificación al motorista, el cual anoto el numero en ella inscrito y mientras el oficial firmaba extrajo un sobre de papel Kraf con fuelle dentro de una bolsa plástica con cierre.
-          A veo que es de la Armada, gracias, este… - el oficial alargo la frase para esperar saber el grado del impertinente motorista.
-          Soldado Muñiga, mi general, de la Infantería de Marina.
-          Okey, espere en el pacillo, debe levar algo a Valparaíso – le ordeno el general.
Varias horas después, un Cabo de la Fuerza Aérea entrega un paquete a Muñiga, mas bien una caja de uno 30 cm de largo, 24 de ancho y unos 12 cm de grueso, envuelta en papel plástico, como aquellos de regalo, solo que azul y enrollado en cinta adhesiva de embalaje  por todas partes. Fuera un papel pegado con el logo de la FACH y el destinatario, esta vez solo una oficina: Departamento Ancla Dos, Comandancia Armada de Chile, Valparaíso.
Muñiga bajo las escalas hasta los estacionamientos, tomo la motocicleta y salió del edificio del Ministerio de defensa hacia la central de Telecomunicaciones de la Armada.
De regreso al Oriente de La ciudad el humo era menos denso y fuera de un colegio la gente hacia una larga cola por algo, no podría decir que.
Más allá en una calle cercana al museo ferroviario unos militares, civiles y bomberos trabajaban en un gran surco dejado por una colisión de un aerolito.
Trato de evitar el lugar y dio vuelta a su derecha y se encontró con control de carabineros y ejercito. En realidad, un carabinero al mando en un control de transito y acceso y unos militares ayudando a mover cuerpos.
Y alineados a la orilla de la calle unas 10 bolsas celestes y seguidas de otros 15 cadáveres o restos de cadáveres.
Una mujer hablaba con el Carabinero gordo, mas allá una anciana era traída por un soldado que parecía un niño, la mujer miraba el suelo y de sus ojos brotaban lagrimas lentas que bordeaban sus arrugas y movía su cabeza de un lado a otro, tratando de negar algo.
-          Armada – dijo Muñiga mostrando su Tarjeta de identificación al Cabo de Carabinero
El Carabinero gordo y mal afeitado no se dio por aludido, siguió atendiendo a la mujer.
-          Que alguien acompañe a la Señora – grito el Carabinero – y tapen eso, por favor, no ven que va a entrar.
-          Así no vamos a terminar mi cabo – alguien le contesto desde dentro del perímetro
La mujer paso, la recibió un civil con un joven militar y comenzaron a recorrer los cuerpos sin embolsar.
-          Tu que quieres – dijo el cabo
-          Llegar a la Central de Comunicaciones de la Armada, no creo que sea bueno pasar por la zona de despejes – respondió Muñiga.
-          Mira, tengo gente buscando a su gente aquí, soldados tratando de buscar una parte reconocible entre pedacitos de personas, junto a un solo funcionario del Servicio Medico Legal y hace mas de 10 horas que no sacan a nadie vivo de los escombros, podría darse la vuelta dos calles mas abajo, dos a la izquierda y volver hasta allá y allí estará a dos cuadras de su Centro de Telecomunicaciones, porque si pasas por aquí, me vas a molestar el personal – fue la antipática respuesta del Carabinero.
-          Ya, muchas Gracias – solo preguntaba
-          Y diles que manden más bolsas, nos llegan pedazos de gente y nada de bolsas. Transparentes si es posible – agrego el gordo carabinero.
-          Esta bien, yo paso el recado – dijo Muñiga direccionando la motocicleta.
Almorzó y tomo nuevamente rumbo a Viña del Mar.
-          Estos de la Fuerza Aérea aun pensaran que existen las Oficinas del Ancla 2 en Valparaíso – pensó Muñiga mientras se alejaba del humo de Santiago
-          Bueno, creo que tendré que entregárselo a la Sección 2, ellos verán a quien lo entregan – volvió a pensar Muñiga, mientras pasaba frente al campo lleno de bolsas ahora verdes de basura.
Volvió a sentir de nuevo un sensación de asco y miedo frente al improvisado cementerio, desde el campo sembrado de muertos, un hombre calvo, con una mascarilla de tela, lo miro.
El hombre de la mascarilla de tela se volvió hacia el suelo a tomar una foto del hombre en la tierra y paso al siguiente y al siguiente. Paro de tomar fotos, vio la cámara y esta le indicaba memoria insuficiente.
-          ¡Hey, se me agoto la memoria! – grito el hombre a otro que estaba  a unos 10 metros.
-          No hay mas, es la única tarjeta – le respondieron.
-          Mierda ¿y el computador que dijeron traerían? – grito el hombre calvo de la mascarilla
-          A chucha, no se poh, eso dijeron ayer – respondió el hombre
-          A bueno, voy a descansar entonces, no saco nada, dame unos minutos – dijo el calvo
-          Tu dale nomas, dale descansa ¿pero cuantas fotos alcanzaste a sacar? – pregunto el hombre.
-          Unas 8 mil fotos, si, eso es… le e sacado fotos a 4 mil personas, creo – dijo el hombre y se sentó a la orilla del alambre de púas que separaba el predio del camino.
La cifra lo había trastocado, ahora tranquilo sin trabajar en su penoso oficio se puso a llorar, a llorar en un silencio obligado por la vergüenza, solo sus lagrimas escurrían hasta su barbilla.
Se puso a repasar las fotos, en cada una aparecía un cartoncito escrito a plumón con un número, el número del sobre de datos, de la bolsita de helado con sangre.
No se había dado cuenta que había llegado al 4O16 antes que la memoria se llenara.
-          ¡Won, quedan como mil mas y vienen llegando! – grito el hombre alejándose a recibir un camión que traía mas carga de fallecidos.
Se puso a borrar las repetidas, para liberar memoria.
El hombre desde la cerca solo movió los hombros y pensó que tenia que liberare memoria y que las pilas no le durarían siempre.

En el agua y el aire.

El bote un Pumar, con 4 hombres sobre él se ir por el viendo hasta un pedazo de escombro que emergía del agua barrosa y salada.
Tras ellos un edificio alto y blanco acostado sobre otro.
De las aguas emergió un buzo, con una cuerda.
-          Ya cabros, jálenlo lentamente  cuando yo les tire dos veces de la cuerda – dijo el buzo
-          Ya dele mi sargento – contesto uno de los hombres del bote tomando la cuerda
Un minuto más tarde los hombres sacaron una bolsa negra de lona atada y la izaron al bote. La depositaron en el interior del bote y la abrieron, en su interior otra bolsa de plástico verde, en este un cuerpo humano.
-          No creo que allá mas personas aquí, no logramos encontrar a nadie mas – dijo el buzo
De las aguas oscuras salió un segundo buzo y se afirmo al bote inflable y subió por su borda.
-          Hay que esperar que lleguen a buscarnos – dijo uno de los marinos.
-          Nada, podemos estar horas esperando – dijo el buzo y enseguida pregunto - ¿Dónde mas están trabajando en rescate?
-          En todos lados, a dos calles de aquí estaban sacando gente de un edificio ¿o no? – dijo el marino
-          Si, que alguien baya a ver si hay un vehículo para los cuerpos y para que nos lleven a otro lado.
El bote se acercó a la orilla del cráter, en los jardines de lo que había sido el palacio Rioja.
Los marinos desembarcaron y depositaron la bolsa con el cadáver junto a otras 5 bolsas verdes de basura.
Uno de los Marinos se alejó a buscar un vehículo que recogiera los cadáveres y que los llevara a ellos a otro lugar de faena.
Una vieja Luv Roja estaba a una cuadra de las faenas de rescate en unas casas de dos pisos, aplastadas por el estampido de un aerolito y anegadas por el tsunami.
Unos hombres, la mayoría vecinos, con unos Infantes de Marina trataban de levantar un muro por medio de varas y chuzos, sin conseguirlo. Desde un lugar impreciso se escuchaba el llanto de una niña.
-          ¿Quien esta a cargo de esa Chevrolet roja? – pregunto el marino
-          Mía ¿Qué pasa? – Se escucho la voz de un hombre con el torso desnudo que estaba tendido de costado a un lado del muro.
-          Si no la van a ocupar inmediatamente, podrían facilitarla para mover unos cadáveres – dijo el marino
-          Puta, mas rato, tenemos a alguien aquí – dijo el hombre incorporándose – que aun esta viva
-          Si entiendo – dijo el marinero y agrego – es que son 5 cuerpos y un bote de goma y nosotros queremos movernos a trabajar a otro lado, porque de seguro hay…
-          ¿Qué dijo Marinero? – pregunto Rodrigo
-          Que tenemos 5 cuerpos y nos queremos ir de allí a trabajar a otro lado – respondió el marinero
Rodrigo se sacudió las manos en un trapo.
-          No, lo otro ¿dijiste bote de goma? ¿Un Zodiac? –
-          Si, bueno es uno marca Pumar en realidad – respondió el marino
-          ¿Y tienen inflador? – pregunto un cabo
-          Pero si claro – respondió el marinero mientras era jalado por Rodrigo
-          Vamos corra marinero – ordeno entusiasmado el cabo.
Rodrigo hizo partir la vieja Luv y el cabo IM y el marinero subieron atrás
-          Manríquez, mantenga a la niña hablando, entendió – grito el cabo mientras la camioneta se ponía en marcha.
La camioneta recorrió las tan solo 5 cuadras que los separaban del borde del cráter, apenas vieron la camioneta, los marinos tomaron uno de los cuerpos para acercarlo a la calle donde podía acceder la camioneta.
-          Dejen los cuerpos, nos llevamos solo el bote – dijo el cabo
-          ¿Pero como vamos a dejarlos aquí? – dijo el sargento buzo de rescate.
-          Mi sargento, subamos el bote, es cosa de vida o muerte, arriba le explico – dijo el cabo
-          ¿Pero como? – reclamo el Sargento
-          Vida o muerte, su bote será muy útil, por favor comprenda – dijo el cabo
-          Esta bien, pero si es una tontera, me va a conocer – replico el sargento
Los hombres engancharon el acoplado del bote a la parte trasera.
Ábranle las válvulas, para que se desinfle algo antes de llegar – pidió Rodrigo
-          ¿Usted quien es Soldado? – pregunto el Sargento
-          Perdón, no pretendo darle ordenes a sus hombres, solo adelantar tiempo – dijo Rodrigo – tan solo soy el Soldado Reserva Naval Garcés.
-           Pues de ahora pídame las cosas a mi Soldado – ordeno el sargento.
El bote llego con la mitad de su aire y con bastante dificultad bajaron el bote y lo colocaron junto al muro.
-          Hay que sacarle mas aire – ordeno el cabo IM – mirando al Sargento de Salvataje
Los marinos se echaron sobre el bote, al ver esto los civiles los imitaron en una frenética carrera contra el tiempo.
Rodrigo volvió a tenderse sobre el barro y comenzó a empujar la proa del bote, colocando trapos para que el bote no se raspara mas de lo necesario,  ayudado por un joven vecino, hasta que entro una buena parte.
-          Ya inflemos – dijo Rodrigo
Un marino comenzó a pisar y pisar una bomba de pie, hasta que el bote primero se comenzó a hinchar en su parte libre, luego lo relevo otro, un civil y así fueron.
-          Hey, usted y usted siéntense aquí – dijo el sargento – así ayuda a que el aire se vaya hacia la punta.
Poco a poco el bote se fue hinchando hasta que el muro se comenzó a levantar unos centímetros, los hombres ayudaban haciendo palanca con chuzos, hasta que unos minutos después el muro hubo subido unos 10 centímetros.
-          Basta – grito uno de los rescatistas
-          Si, basta – agrego Rodrigo y continuo – necesitamos cuñas aquí, ladrillos, lo que sea…
Los hombres trajeron unos pedazos de hormigos de las mismas casas, unas maderas, Rodrigo y un muchacho fueron colocándolas bajo el muro en unos lugares para retener el muro.
-          Ya, sigan inflando el bote – dijo el Cabo
Las operación de hinchar el bote se reanudo, la niña atrapada volvió a llorar, los hombres iban pasando pedazos de madera a cada nuevo centímetro que el muro se levantaba, hasta que fueron los suficientes para que un hombre delgado cupiera.
El joven se miro con Rodrigo, el joven encogió los hombros y Rodrigo le hizo una seña positiva, el muchacho iría por su delgadez.
-          Deshinchemos el bote mi cabo – dijo Rodrigo.
-          Si, si… vamos, deshinchemos el bote cabros – dijo el cabo, mirando al sargento
Los marinos abrieron las válvulas y el bote comenzó a bajar lentamente, el muro se sentó en los trozos de madera y concreto colocados y bajo unos 3 o 4 centímetros, Rodrigo miraba con atención, esperando que no se bajara mas y así sucedió, las improvisadas cuñas aguantaron. El bote fue retirado lentamente, un suspiro de alivio escapo de los hombres.
Al muchacho le colocaron un casco de escalada blanco con una linterna frontal, pero la linterna no serbia. Así que un marino le coloco a la banda elástica un ligh stick.
Entro por el agujero formado por el muro y restos de la casa a su cintura un cuerda de escalada, repto por unos dos metros hasta que la abertura se abrió para dar con una cavidad mayor donde yacía una madre muerta y su pequeña hija que lloraba abrazada al cadáver, el agua salada inundaba la mitad del espacio y la niña tenia algo mas que la cabeza y los hombros fuera del agua.
 La luz verdosa del Ligh Stick daba a la cavidad un aspecto tenebroso y así debió percibirlo la niña que se acurruco a un mas lejos.
-          Tranquilita, niñita, vengo a sacarte, tranquilita – dijo el joven, en el tono mas dulce que pudo.
-          Mi mamá, mi mamá… ¿esta muerta? – dijo entre sollozos la niña
-          Tranquila niña, tranquila, te vamos a sacar – dijo el joven mientras la alcanzaba con su mano por debajo del agua. Pero la niña le rehuyó
-          Tranquila por favor, no te va a pasar nada niña – la voz del joven fue mas enérgica
-          Mi mamá – grito la niña
-          ¿Qué pasa allá abajo? – grito el cabo
-          Nada, la alcance, no quiere que deje a su madre – dijo el joven
-          Dile que aquí esta el papá pué – dijo el cabo
-          Escuchaste niña, tu papá esta afuera ¿quieres verlo? – dijo el joven recuperando la voz calma
La niña movió la cabeza afirmativamente, casi imperceptible en la oscuridad, pero lo suficiente. El joven se acercó, la tomo por la cintura, le paso la cuerda por la cintura, la niña trato de zafarse y se hundió. La niña braceo desesperada mientras el joven también debió hundir su cabeza en el agua salobre y amarrarla.
Fueron segundo desesperantes bajo el agua negra, hasta que saco la cabeza, jalo la niña fuera del agua ambos inhalaron fuerte, el cadáver de la madre se deslizo y su cabeza se perdió bajo las marrones y oscuras aguas.
-          Mamá, mamá – grito la niña con un chillido desesperado y su bracitos tratando de buscarla en el aire.
El joven la arrastro y tiro de la cuerda, la niña fue jalada y él trato de que se magullara lo menos posible contra las paredes de la caverna que se había formado con los restos de la casa. Desde afuera se escucharon aplausos y gritos de alegría, el joven se giro para buscar a la madre, pensando que seria bueno sacarla ahora que se encontraba allí.
Rodrigo tomo a la niña para que no se magullara, mientras la cuerda retrocedía lentamente y una vez fuera se la pasó a una enfermera rubia y delgada, al fin pudo ver que se trataba de una niña de unos 6 años, vestida con unas pantis rojas de tela expandes y una polera azul de Perry el Ornitorrinco. Desde una esquina llego un hombre corriendo donde la enfermera y abrazo la niña la que grito papá.
-          Sáquenme de aquí por conchetumadre – fue el grito de horror del joven que llego desde el fondo de los escombros.
-          Hey, hey ya te sacamos, aguanta ¿Qué pasa? – dijo Rodrigo
-          Won sácame de aquí – respondió el joven – manda la cuerda
Unos segundos antes de su grito, el joven miro a su alrededor y palpo hasta encontrar la mujer sumergida en el agua, la toco, estaba rígida y su piel algo blanda por el agua, la jalo hacia si y hacia arriba para poder dejarla en una posición en la que pudiera amarrarla para cuando volviera la cuerda, su cabeza emergió y tenia los ojos abiertos, su mirada empañada.
Le padeció que la mujer tenia unos treinta y tantos años y su cabello era corto, su cuello se movió de una manera desarticulada al tomarla y por supuesto estaba muy fría, mas fría que el ambiente le pareció al joven vecino. Entonces, cuando logro dejarla en una posición en que la mujer no se podría sumergir de nuevo se hecho hacia atrás y miro la abertura de donde llegaba algo de luz, volvió a mirar a la mujer y su cabeza se movió, pestaño y su boca se abrió y aspiro una bocanada de aire que sonó al pasar por sus rígidas cuerdas vocales.
El joven se hecho para atrás, trato de salir pero resbalo y le era imposible y sintió como una mano le trataba de tomar de la empapada polera, vio a la mujer echada sobre sus piernas mirándolo y su boca abriéndose y cerrándose.
Al fin las palabras pudieron salir de su boca en un angustiante – Sáquenme de aquí por conchetumadre – y cerró los ojos.
Una vara llego hasta muy cerca de él en su punta atada una cuerda y tomo valor, abrió los ojos, la mujer seguía encima de sus piernas mirándolo, pero ya no se movía. Se giro alcanzo la cuerda y grito.
-          Ya, jalen, ahora, por favor
El muchacho a pesar de la suciedad se veía pálido y temblaba, se arrastró hasta la salida, rodo, se paro y camino hasta unos escombros donde se sentó.
-          ¿pero que te paso cabro? – le dijo Rodrigo al acercarse
Otro vecino se acercó con una manta para cubrirlo
-          Sácate esa polera y los pantalones, te vas a agarrar un gripe Lucho – dijo el vecino
El joven asistió con la cabeza, pero no tenia ánimos para desnudarse.
-          Nada, no paso nada mi cabo – dijo el joven al que llamaron Luis.
-          Dale, si quedaste como papel de blanco – dijo Rodrigo y agrego – tranquilo, a todos nos puede dar claustrofobia en una situación así.
-          No, fue eso, es que la mujer, estaba muerta y pareció… no, no pareció, se movió hacia mí – dijo al fin el joven.
-          Entonces no esta muerta, eso – dijo Rodrigo
-          No, esta muerta fría y apesta ya – dijo el joven y agrego – no se, cacho que me sugestione, nada mas.
-          Si, eso debió pasarte – dijo el vecino de la manta
-          ¡Hey, acuérdense que aquí hay otra persona atrapada! – se escucho el grito de un voluntario – así que no pierdan tiempo aun celebrando.
El voluntario se refería a otra mujer que estaba atrapada en el interior de su cosina que había sido aplastado por parte de la casa.
-          Tu, Garcés, ve con la enfermera, la niña y su padre al polideportivo de Sausalito – dijo el cabo.
-          A su orden mi cabo – dijo Rodrigo
-          Y apúrate, tenemos que mover ese bote hacia uno norte a ver si los buzos encuentran más cuerpos – agrego el cabo.
El polideportivo había sido habilitado como hospital de campaña de mediana gravedad y en él se movían múltiples personas, la mayoría voluntarios de la Cruz Roja, Defensa Civil, damas de Lila y unos chicos con pañoleta de algún grupo scout, que eran la mayoría.
La niña fue llevada por unos voluntarios de la Defensa Civil en una camilla de mano hasta el interior.
Cuando Rodrigo se proponía volver a la camioneta la vio, con una gran mochila de campamento y dos bolsas matuteras, acompañada de otra muchacha o más bien ella lo vio primero.
-          Rodrigo, Rodrigo – dijo Isidora – ¿eres tu? Pero que mal te vez
-          Hola, vaya ¿Cómo quieres que este? – dijo Rodrigo
-          Estas lindo, solo que embarrado y que das asco, pero wachon – dijo Isidora sonriendo con coquetería.
-          Ja, no me digas ¿y ustedes en que están? – respondió Rodrigo
-          Llevando algunas cosas a Reñaca, mira, nos tienen muy abandonados – dijo mostrando su mochila – cosas como drogas y paracetamoles, vendas, pañales de adulto y otras cosas, sabias que volaron todas las farmacias de Reñaca y los tatas no tienen pañales.
-          ¿Y las llevan ustedes, así sin más? – pregunto Rodrigo
-          Si, claro, no sabias, mi abuela es de las Damas de Lila – dijo Isidora y agrego – ¡ah! Disculpa, ella es Fernanda, una amiga del cole, linda ella, él es Rodrigo… el salvo a Quintero
Rodrigo tomo la mano de la quinceañera con cortesía, la muchacha le dijo hola.
-          No salve Quintero, no, solo avisamos, aquí tu amiga es la vidente, creo – dijo Rodrigo un poco incomodo.
-          Oye, anda a verme un día ¿sabes donde vivo? Te agregaría a mi Fecebook, pero se me quemo el PC – dijo Isidora y soltó una carcajada.
Rodrigo se sintió raro ante el buen humor de la muchacha, no había visto reír a nadie desde el evento y menos a carcajadas.
-          No, mejor no, yo soy ubicable, en el cuartel de Concón o por aquí y allá movilizando cosas, me tengo que ir – dijo Rodrigo.
-          Chao – dijo Isidora haciendo un gesto con la mano y se fueron ambas jovencitas.
-          Chau – dijo Fernanda, que se había quedado atrás.
Rodrigo volvió a la Luv y encendió la camioneta, bajo al plan y  en la vereda del frente vio a las muchachas riendo.
-          ¿Las llevo al plan? – dijo, viendo que las podía ayudar.
-          Menos mal que te escurriste – dijo Isidora
Las chicas hubieron a la cabina y bajaron hacia el plan, Rodrigo se desvió de su ruta para dejarlas cerca de lo que fuera avenida Borgoño que bordea la costa.
-          Tengan cuidado, están muy cerca del mar – dijo Rodrigo sabiendo que era la ruta mas corta a Reñaca para quien se moviera a pie.
-          No tengas miedo, la avenida esta hecha pebre en algunas partes, pero gran parte no, tu sabes, los requeríos – dijo Isidora – además no habrá salida de mar.
-          Chao, que cuídense si – dijo Rodrigo
-          Chao, cuídate tu también mi soldado – dijo Isidora y se acercó para darle un beso
En el ultimo momento corrió la cara y beso la comisura de los labios de Rodrigo.
Rodrigo hizo que no había pasado, le hizo una seña de despedida a Fernanda y partido hacia donde le habían ordenado.
-          Pendeja loca, debe tener cuanto ¿16 años? – se dijo para si Rodrigo.
Isidora y Fernanda caminaron por la costa y el pavimento fragmentado, saltando posas de agua salda.
-          ¿Le diste un beso a ese mino? – pregunto Fernanda
-          Sí, pero cuneteado, no me quiso besar – dijo Isidora frunciendo el ceño y agrego – esta rico ¿o no?
-          Si, es lindo, pero como muy mayor para nosotras – dijo Fernanda
-          ¿Para nosotras? Es mucha gente ¿no? – Dijo Isidora sonriendo con malicia – me parece que también te gusto
-          Igual es lindo, tiene unos ojos preciosos, pero a ti te gusta mas porque lo quisiste besar – dijo Fernanda.
-          No es eso, es que, mira – Isidora se tomo un tiempo para pensar lo que iba a decir – dicen que la muerte es una mujer muy bella, que se enamora de los guerreros mas valientes y cuando los besa ellos mueren, esa es la condena que debe llevar la muerte y las dos veces que eh visto a Rodrigo, veo una sombra de muerte cerca de él… si la muerte ve a otra mujer, dicen que se aleja.
-          ¿En serio? – dijo Fernanda mirando a su amiga - tu siempre dices cosas que me hielan Isi
Gran parte del centro de Viña del Mar eran piscinas de profundidades indeterminadas, barrosas y saladas, incluso en algunas chapoteaban algún pez arrojado por el mar, Rodrigo aun no sabia donde estaban todas, ni su profundidad y debió vadera varias antes de llegar a donde se proponía.
Engancharon el acoplado del bote a la Camioneta y se dirigieron a uno norte, el agua en realidad llegaba hasta dos norte y todo el estero Marga Marga estaba inundado de lado a lado.
Rodrigo se bajo de la camioneta y camino con un palo delante de la camioneta, se percato que la barrosa piscina no tenía más de 30 centímetros de profundidad hasta uno norte. Uno de los buzos camino hasta la orilla del Marga Marga y comprobó que podía llegar la camioneta.
La camioneta llego hasta unos metros del borde, los marinos echaron el bote al hombro y lo lanzaron al agua y comenzaron a navegar por el lecho anegado de un lado hacia otro, con coligües largos con unos garfios en sus estrenos. No era el único bote, habían otro 5 botes de la armada y 4 mas de la infantería de marina buscando cadáveres.
Rodrigo saco un cigarrillo de la guantera de la Luv y miro hacia el oriente, un acoplado de un camión estaba a la orilla, sobre estas varias bolsas celestes y unas personas trabajando en crear datos de los cadáveres.
Mas allá pudo ver que no quedaba ninguno de los puentes que alguna vez cruzaron el Marga Marga al poniente del puente Quillota y de hecho el puente Quillota estaba a muy mal traer, inclinado a un costado.
Había escuchado que los buzos de salvataje habían encontrado mucha gente ahogada en los estacionamientos de los edificios, donde la gente había buscado refugio de los aerolitos, pero después de sacar algunos cadáveres habían abandonado la búsqueda, ya que casi habían perdido un buzo y estaban esperando evaluar la seguridad de esos lugares.
La jornada se hizo larga, en los arreboles que tiñen de rojo la costa de Viña del Mar, los buzos de Salvataje decidieron abandonar la búsqueda de cadáveres y regresar a su improvisada base en el estacionamiento del portal Jumbo…  así que a los botes solo les basto remontar el estero hasta a unas dos cuadras del portal y subirlos a la camioneta.
Eran tres camionetas que llevaban los botes, así que ya a las 11 de la noche habían sacado todos los botes, de los Buzos de Salvataje y los Infantes de Marina y reposaban en los estacionamientos.
9 Infantes de Marina de las dotaciones de los botes subieron a la Luv y la camioneta emprendió hacia el Fuerte Aguayo, dejando una guardia de marinos e infantes en el improvisado cuartel de botes.
La carpa era alta, de lona gruesa y en ella ya había algunos reservistas durmiendo en catres de campaña arropados por sacos de dormir, Rodrigo entro con una toalla blanca a la cintura y una polera verde de algodón.
Abrió una bolsa ropera de lona a los pies de su catre de campaña.
-          ¿No sabes quien será el nuevo comandante de compañía? – escucho a alguien murmurar
-          Dicen que va a ser un oficial en la reserva, eso escuche – dijo otra voz, que llego casi inaudible
-          Pobre de mi teniente Bravo, morir así, mala, lo vamos a echar en falta – dijo una voz
A Rodrigo le pareció reconocer el apellido y se levanto de donde estaba sentado y salió de la carpa.
-          Perdón – dijo Rodrigo
-          Disculpe usted mi Cabo – dijo uno de los soldados – lo despertamos
-          No, no me despertaron y soy soldado de la reserva – dijo Rodrigo - ¿de que Bravo hablan?
-          Del comandante de nuestra compañía – dijo un soldado
-          Murió, encontraron su cuerpo hoy, ahogado
-          ¿Se refieren a Bravo que dio el aviso de evacuación? – inquirió Rodrigo
Si, ese Bravo. Lo detuvieron los marinos, porque no le creyeron, pero alcanzo a que mucha gente escapara a los cerros y a los pisos altos de sus edificios, mucha gente por él abandono los estacionamientos y los sótanos.
Cuando los marinos se dieron cuenta de su error lo liberaron a él y su hombres, cuando paso la ola bajo al plan con un equipo que armo con sus hombres y gente del Cerro Recreo que fue reclutando, recluto mas de 20 civiles, fueron los primeros en llegar al plan para iniciar los rescates.
Resulta que uno de los edificios de Alvares-Viana la gente no había abandonado los estacionamientos subterráneos, algunos habían muerto, ahogados o arrastrados por las aguas en el interior. Pero una persona salió y aviso que había gente en bolsones de aire que se habían formado ¿se imagina?
A mi teniente Bravo se le ocurrió arrancar una línea telefónica o de TV cable para usar de cuerda de vida, él y dos de sus hombres bucearon hasta dar con las personas encerradas, anclaron la cuerda de vida al interior del estacionamiento.
Y sacaron, no me acuerdo bien ¿Cuántos fueron?
-          22 personas, exactamente, 22 personas, vivas, niños, adultos, unos tatas – agrego al relato un joven soldado.
Si, 22 personas, algunas eran niños y no podían salir bien por sus medios y mi teniente personalmente saco a varios niños, junto con un Cabo, pero en una no se supo más de él.
No se sabe lo que paso, pero supimos al llegar que los Buzos de Salvataje entraron a ese edificio hoy y encontraron varios fallecidos y el cuerpo de mi teniente.
Tenía una bandera chilena con firmas de la selección chilena atada su cinturón.
Fue un cosaco de los buenos mi Teniente Bravo – dijo uno de los soldados
-          Un héroe perro, un héroe, un héroe que me creyó – respondió Rodrigo.
-          Si, igual estoy muy triste, a muerto gente buena, pero a la vez estoy orgulloso de que sea de mi compañía – dijo un soldado al que se le vieron unas lágrimas escurrir por las mejillas, pero manteniendo una actitud viril.
-          Descansen chiporros, mañana nos toca peor.
Lo mato el agua, lo mato el agua ¿Cuánta gente habrá muerto ahogada? – fueron los pensamientos que no dejaban dormir a Rodrigo, pero el agotamiento venció.

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