lunes, 26 de noviembre de 2012

Capitulo I, Tercera Entrega


Valparaíso
-              Olvídese de las radios mi Teniente, no hay caso, casi ninguna funciona, nosotros tenemos un tarro viejo y desde aquí no da con Torquemada y de repente agarramos a los carabineros, nada mas – Dijo Valdez mientras entraban a la carpa de Mando.
-              Comprendo Cabo, lo que es yo estoy preocupado por mi gente en Cochoa – dijo el Teniente y haciendo un gesto hacia una mesa – quiere un café usted y sus hombres.
-              Si claro, imposible decir que no – dijo Valdez y agrego – me comprometo a ver qué pasa en Cochoa, devolverme e informarle de todo y de ahí volver a Torquemada.
-              Muchas gracias mi cabo, es en estos momentos mucha ayuda.

Los hombres tomaron un café servido por una señora que nunca supieron si era una vecina o parte del colegio cuando escucharon unos tiros.

En segundos los tres hombres abordaron la Luv y si darse cuenta iban atrás el teniente y dos soldados, en menos de un minuto atravesaron en el estero y llegaron al centro y allí unos soldados tenían tendidos en el suelo a dos hombres jóvenes.
-              Mi teniente, disparamos al aire a un grupo de unos 20 flaites y – decía un cabo segundo aceleradamente
-              Relájese y cuénteme mas tranquilo – dijo el teniente.
-              Dimos la vuelta y vimos unos 20 jóvenes tratando de abrir el almacén, corrimos, atrapamos a dos y nos comenzaron a lanzar piedras y disparamos al aire, se fueron hacia allá – dijo el cabo mostrando la dirección donde habían huido.
Volvieron a subir a la camioneta, el teniente ordeno tiros al aire para asustar, así esperaba disuadirlos de otro intento de saqueo.
Y a solo tres cuadras, en una calle transversal los encontró, la luz entro a la calle y los soldados dispararon al aire, el grupo comenzó a correr y se dividió en dos, la Luv persiguió a un grupo hasta casi llegar al colegio de las monjas francesas.
Se devolvieron y se encontraron nuevamente con la otra parte del grupo, unos tiros al aire y nuevamente se dividieron, tratando de arrancar a todos lados, otros tiros y en un callejón se encontraron con dos, unos soldados bajaron y comenzaron a perseguirlos a pie.
Los sujetos treparon un  muro y entraron un condominio, pero los vecinos que pernoctaban en los estacionamientos se le echaron encima. Fue como saltar al fuego.
Los amarraron con amarra cable y a la camioneta.
Rodrigo les hecho una mirada y pensó que en realidad eran unos flaite.
En definitiva el teniente decidió ir con Valdez y su gente a Cochoa a ver a su gente. Mientras enviaba a los tres delincuentes custodiados por tres soldados a pie a la tenencia de Reñaca.
En Cochoa se encontraron con una panorama extraño, habían llegado los hombres que había enviado anteriormente, pero solo habían 5 hombres coordinándose con los vecinos para rescatar a algunas personas y llevarlas a albergar a los pisos altos de uno de los edificios.
Un aerolito había impactado frente a Cochoa, creando un Tzunami localizado que desplazo agua por sobre la playa y hasta el camino costero e impactado el primer piso de todos los edificios de la zona, lo que incluía la universidad que estaba muy dañada en la primera planta y la caleta que había en la práctica desaparecido.
El suboficial a cargo le informo al Teniente que los otros 5 hombres estaban hacía Con con, habían ido a revisar que había pasado con la ola y los restoranes del borde mar, ya que le habían informado que hacia Lilenes o Higuerillas habían problemas de marejadas creadas por los impactos.
Estaban hablando sobre los daños, los civiles que habían evacuado hacia el cerro, cuando un fulgor les llamo la atención hacia el horizonte y una gran columna de agua se alzó a lo lejos, y una línea de color blanco apareció acercándose hacia la costa.
Los hombres subieron hacia el edificio mas cercano, al tercer piso, cuando sintieron un bramido, y millones de burbujas explotando y miraron por una ventana, la ola no alcanzo ni siquiera la calle.
La Luv estaba empapada de agua de mar, producto de la salpicadura de la ola.
Y la muchacha los miraba atenta.
Era rubia, larguirucha, bella, de ojos tan azules que parecían cristales y sus dedos tan largos como ramitas de ciruelo, hace unas hora había sido expulsada de un pub por escándalo, había vuelto a su casa, sus amigos dispersado y en su casa había dejado a sus padres asustados; aun vestía la ropa con que había salido cuando la noche era joven y no era terror, una parca de cuello de piel demasiado grande para su fragilidad, una polera de vivos colores spandex, una mini abombada, unas botas cortas, unas calcetas hasta la rodilla, que la hacían ver de piernas más delegadas y largas.
El teniente sintió un verdadero miedo ante esta muchacha, casi niña. Le recordó las niñas prostitutas de Haiti, que son mujeres antes de los 18 años y a la vez son niñas, lo que siempre le producía confusión y malestar, pero en ella la sensación era mayor, como si estuviera frente a su madre después de hacer algo muy malo.
El Cabo Valdez solo sintió ganas de mandarla a la casa e intriga del motivo de que estuviera a un costado de la Luv, como si esa ola no le hubiera dado miedo, y se preguntaba si no es que los necesitaba en esta noche de tragedia.
-              ¿Eres Isidora verdad? – pregunto Rodrigo a muy baja voz, como queriendo no ser escuchado.
-              Sí, soy Isidora ¿Tu eres Rodrigo entonces? – dijo la muchacha, sin moverse y en una voz muy baja, quizás para que solo la escuchara Rodrigo.
-              Es raro esto – dijo Rodrigo, que fue interrumpido por Isidora.
-              Hacia la costa viene una ola gigantesca, más grande que estas dos que han llegado – dijo rápidamente al Cabo Valdez por ser a su parecer el mayor. Pero a la vez dirigió una mirada a Rodrigo.
-              Señorita ¿Cómo puede decir eso? – Dijo Valdez, tomando distancia de lo que le decían.
-              Hay una ola gigante que viene hacia aquí, no puedo decir como lo sé, solo lo sé – reanudo Isidora.
-              Señorita, no ha habido ningún movimiento telúrico como para decir que hay un terremoto – dijo el teniente y agrego – creo que es solo susto por lo que está pasando, vuelva a su hogar, su familia debe estar preocupada.
-              No – Dijo ella secamente y miro a Rodrigo, haciendo sus ojos más grandes.
-              Mi Teniente, déjeme hablar con la Señorita – dijo Rodrigo.
-              Ya, dale, hable con ella – Dijo el teniente.
Rodrigo camino unos pasos y ella lo siguió, no lo suficiente para no ser escuchados, tan solo quería que ella se sintiera algo mas tranquila para hablar y él no podía dejar fuera al teniente y al cabo, definitivamente él era un civil cooperando y no tenía ninguna capacidad de decisión.
-              No se lo que pasa, pero creo que se lo que hablas, no se porque, te vi en un – dijo Rodrigo
-              Se, si lo se, yo también te vi y te vi flotando muerto, pero las visiones son para advertir no para que se hagan realidad – Dijo Isidora.
-              ¿Por qué es la Ola? – dijo Rodrigo y agrego - ¿Sabes su origen?, ¿Podrías decir cómo se forma?
-              Se tanto como tú, solo sé que ya está en marcha de lo profundo del mar – dijo Isidora, y miro el edificio a un costado de ellos.
-              Es que si no dices como, no podré hacer que te crean, esto nunca me ha pasado y me es muy extraño – Dijo Rodrigo y agrego – y a ellos les es más difícil creer.
-              El agua llegara hasta allí – Dijo Isidora apuntando las ventanas del tercer piso.
-              Señorita, tome atención, entienda, uno no puede poner fe en una visión – dijo Rodrigo.
-              Si lo sé, a mí misma me cuesta entender el cómo o por qué solo sé que la ola ya viene, la puedo ver – dijo la joven y siguió – por favor, hazles entender o morirá más gente aun.
Rodrigo movió la cabeza en afirmación, se giró y fue hablar con el oficial.
-              Mi teniente – alcanzo a decir Rodrigo, pero fue interrumpido por el Teniente
-              Me parece que usted se conoce con la muchacha, de a donde se puede saber – Dijo el teniente en forma molesta.
-              No la conozco, se de ella por algo muy difícil de creer – Dijo Rodrigo.
-              Diga, hoy me creo todo – dijo con sarcasmo el oficial y agrego – ayer si me hubieran dicho que habría una lluvia de meteoritos no me la creo, así que diga, aunque sea increíble.
-              En la plaza sucre, hace solo un rato tuve un sueño, pero despierto, digamos visión, me quede como pegado y la vi y vi la escena de una gran ola, una ola mas grande que la del 27F y la vi a ella, mostrándome la ola y yo pensé que era solo producto del cansancio o de lo que está pasando – decía Rodrigo – y no le di importancia hasta ahora.
-              ¿Y porque le da importancia ahora? – repregunto el oficial, mientras veía un trapo o algo que le parecía flotar por sobre las olas atraído por el viento.
-              Porque está allí la persona de la visión, y le conozco hasta el nombre – dijo Rodrigo y agrego – y ella conoce el mío y nunca nos hemos visto.
-              Mi Teniente si me permite – Dijo Valdez, y siguió al ser mirado por el teniente – si uno de esos objetos, lo suficientemente grande cayo a mar adentro, es probable un tsunami.
-              Si es verdad Cabo, pero eso no lo podemos saber – dijo el Teniente – él es un civil y ella casi una niña.
-              Él es reservista, ha estado desde antes del blackout y es un cosaco como nosotros – Dijo el cabo en favor de Rodrigo.
-              Mi Teniente, por favor, podrían morir millares – Dijo Rodrigo.
-              Sí, pero el que dio una falsa alarma podría ser yo y quedar como el imbécil de la noche – dijo el oficial, mirando al cielo distraído por el trapo que llevaba el viento sobre sus cabezas.
-              Mi Teniente, lo que dice la niña podría tener cierto, cualquier cosa podría pasar hoy, no la conozco y eso precisamente  ¿Por qué se su nombre – Dijo Rodrigo.
Isidora
El teniente movió la cabeza en señal de rechazo y se giró, pensó que se estaba perdiendo tiempo muy valioso y estaba decidido a rechazar la loca idea de una visión. Entonces soplo un viento fuerte, salino y corto desde el mar y el trapo fue a darle a la cara, tapando su cabeza y parte de su dorso.
El teniente se sobresaltó por la tan extraña circunstancia y se sacó el trapo de la cara y allí vio que era una bandera Chilena, de seda sintética estampada, no mayor de 1,30 de largo, estaba extrañamente seca y tenía las firmas de lo que le pareció reconocer jugadores de la selección nacional.
Enmudeció mirando la bandera, unos segundos. Miro a un lado y vio civiles sacando algunas de sus pertenencias, volvió a mirar la bandera.
Los miro a todos, y al final hablo.
-              Prefiero ser el oficial weon que dio una orden estúpida haciéndole caso a una cabra chica a ser el oficial responsable de la muerte de toda la población costera de la provincia.
Rodrigo saco las llaves de su vehículo, y las agito nervioso esperando la siguiente orden.
-              ¡Mi Sargento! – Grito el Teniente a un hombre cercano – ¡Busque cualquier vehículo que se mueva, requíselos y arme dotación para ellos, vamos a Valparaíso mierda!
El teniente de entre sus ropas saco una libreta y un lápiz y escribió una orden de evacuación para la zona costera de Quinteros, coloco su Numero Persona de Identificación  de la Armada y la firmo y la paso al Cabo Valdez.
-              Vamos, corran en su camioneta a Quintero, lleven dos pelados mas y los dejan uno en Playa Negra y otro en la Boca, y le dicen a cuanto paco, chompa, bombero, lo que sea que encuentren en el camino – Dijo el teniente atorando sus palabras.
-              A su orden mi teniente -  gritaron como una sola voz el Cabo Valdez, Rodrigo Garcés y el Soldado Muñiga.
Rodrigo encendió el vehículo, Valdez al lado y en los asientos de atrás Muñiga y Sánchez…
-              ¡usted mi cabo y tu pelado, a la camioneta, rápido weones! – grito a un cabo y un Soldado para que subieran a la pick up de la Luv, y les volvió a gritar – ¡Disparen si es necesario para llamar la atención! ¡Esto es un Maremoto, mierda!
La camioneta partió salpicando agua y arena, los dos hombres atrás casi caen.
-              Hay una camioneta vieja de este señor, mi Teniente – dijo un Cabo joven, acompañado de un hombre alto de unos 60 años – funciona, pero esta sin gasolina.
-              ¿Y qué espera Cabo? Busque una manguera y sáquele combustible a otro vehículo – le grito el Teniente moviendo las manos.
-              Aquí hay una manguera mi cabo – grito un soldado desde los estacionamientos, como adivinando.
Solo 5 minutos después una Ford de 1978 aparecía del estacionamiento, tan llena de polvo y con las llantas casi lisas.
-              Mi Sargento, hágase cargo con dos soldados de este lugar, que nadie baje de este nivel – le indico mostrando el segundo piso de uno de los edificios.
-              ¡A su orden mi Teniente! – Grito el el Sargento y volvió a gritar – ¡Cárcamo, Nehuenco! Aquí… ¡El resto a la camioneta!
La Camioneta salto y lanzo una bocanada de humo espeso desde el escape y una explosión ahogada, antes que se alejara hacia Reñaca.
La Luv se balanceaba casi en dos  ruedas en cada curva, agitándose y ronceando, como un toro que quería sacarse a los dos soldados en su lomo. Pasaron al lado de uno de los restorán costeros y había un hombre alto iluminado por velas con un perro labrador, quizás el dueño.
-              ¡Señor, Tsunami, aléjese de la costa! – Grito uno de los Soldados
El hombre se quedo unos momentos mirando, Rodrigo bajo la velocidad hasta casi detenerse.
-              Señor, no sea weon ¿que espera?  ya viene un maremoto – grito nuevamente el Soldado.
El hombre pareció reaccionar y comenzó a correr hacia el cerro buscando un lugar por donde subir.
Solo un poco mas allá en un la bajada de calle……. Que llega desde condominios del alto Con Con al camino Costero, vieron bajar un destartalada Citroneta. Como si Rodrigo pulsara en pensamiento con el Cabo Valdez, aminoro la velocidad a la vez que Valdez ordenaba detenerse.
-              Cabo, bajen aquí – hablo a los soldados de atrás de la Luv – y no me dejen bajar ni un auto, paisa o lo que sea que quiera ir a la costa, tomen una cota alta.
-              Mi Cabo ¿Tendrá Ligh Stick? Que a nosotros no nos quedan.
-              Tomen – le decía Valdez, mientras le lanzaba dos Ligh Stick, rojo y azul
-              Y tomen – Dijo Sánchez lanzando otras dos Ligh stick rojas.
La Luv se fue dejando a los dos hombres en ese lugar clave.
-              Ya pelao, subamos a esos departamentos y consigamos ayuda, y algo con que hacer una barricada – dijo el cabo segundo.
-              ¿Conseguir ayuda? – pregunto el soldado.
-              Es fácil, se lo ordenamos a un par de civiles, total, somos los sujetos con fusiles.
Los dos hombres subieron al trote hasta un edificio a 100 metros más arriba, donde un grupo de personas trataban de pasar la noche de terror.
Al pasar a Lilenes vieron una familia a fuera de u Restorán, Muñoz disparo al aire y les grito la venida de un Maremoto. La familia reacciono de inmediato y comenzó a subir la duna.
Al llevar a Lilenes, la luz de fogatas de la Caleta y a orillas del camino costero daba una danza de sombras y luces entre la Caleta y mas allá del Club de Yates.
-              ¡Mierda, esta lleno de gente mi cabo! – dijo Rodrigo.
-              Si, pescadores y gente que ha venido a ver sus yates – Respondió Valdez.
A la altura de la Caleta la Luv freno en seco, levantando su parte posterior y derrapando unos metros.
Valdez bajo rápidamente, acompañado de sus soldados, preguntado por los Infantes que debieran estar allí, según entendían.
-              Pégate un tiro al aire Muñoz – ordeno Valdez y Muñoz obedeció
La gente miro a los uniformados.
-              ¿Dónde están los Soldados? – Pregunto Valdez.
-              Pasaron y se fueron a Playa Amarilla señor – Dijo un hombre y agrego – hay marinos en el club de yates.
-              Ya, tu, anda a buscar a los marinos – le dijo Valdez a un joven que salió corriendo en su búsqueda.
-              Por favor, atención un poco acá – Dijo Valdez y agrego tratando de trasmitir tranquilidad – hay informes de la llegada de un Tsunami, entonces con calma evacuen la caleta y el sector hacia una zona alta, primero preocúpense de los niños y ancianos, después de las cosas, solo lleven lo necesario y sus documentos.
Mientras hablaba Valdez la gente comenzó a agitarse y algunos sigilosamente se retiraron hacia sus casas. Un rumor creció.
-              No bajen hasta que haiga una orden  que suspenda la alerta de Tsunami, si llega una ola, recuerden que puede ser seguida de muchas otras – Decía Valdez con calma, y aun esto se veía el rostro de angustia de la gente y agrego – así que no bajen después de varias horas después de una ola ¿Entienden?
La mayoría de la gente movió afirmativamente la cabeza, otras fueron más verbales y comenzaron a retirarse todos a buscar sus parientes y cosas.
En eso llegaron dos efectivos Navales, un Cabo y un Marinero.
-              Buenas, ya escuchamos algo y tenemos claro que hacer – Dijo el cabo naval
-              Ando buscando a cinco efectivos de Infantería de Marina – Pregunto Valdez.
-              Si, pasaron por aquí, algo paso en Playa Amarilla y debieran estar allá.
-              Una sola cosa antes ¿Tienen Ligh Stick – Pregunto Valdez, suponiendo que podría usarlos para señalar una futura barricada.
Tan solo un minuto después los cuidadores del Club de Yates entregaban una caja de cartón llena de Ligh Stick de varios colores y la Luv se fue rauda a Playa Amarilla, junto a un marino que tendría la misión de advertir a las casas del borde mar.
A unos metros fuera de Higuerillas había unas casas, allí fue dejado el marino, para que informara a los vecinos. Muñoz disparo dos tiros al aire para llamar la atención de quien estuviera cerca y facilitar la labor del marino.
Al llegar a Playa Amarilla había una pequeña barricada con dos Soldados IM, mas allá  se veía un gran boquerón entre los edificios y la playa.
-              ¿Que pasa aquí mi Cabo Carrasco? – grito Valdez a uno de los Hombres.
-              Hola weon ¿andas virándola  ya? Valdez – Grito el Cabo Castro
-              No te hagáis el Chistoso, viene una ola, un maremoto  - le recrimino Valdez y mirando la oscuridad del boquerón agrego una pregunta - ¿Cómo rechucha vamos a pasar?
A Carrasco se le habían bajado los colores y miraba el mar, como si quisiera ver la ola.
-              Los estacionamientos, aquí a tu derecha – No alcanzo a terminar de decir Carrasco, cuando ya Rodrigo entraba a los estacionamientos.
El suelo fracturado hacia saltar la Luv, un soldado le hizo señas con una Ligh Stick verde desde el fondo, de repente  vio una gran zanja y debió torcer el volante a la derecha bruscamente y la rueda delantera izquierda unos segundos estuvo en el aire, llego hasta el final del estacionamiento y debió pasar por sobre la zanja que los soldados anteriormente habían rellenado de pedazos de hormigón, arena y unos tablones. Volvió a girar esta vez a la izquierda y hacia fuera del estacionamiento, donde el espacio era pequeño y justo dejo pasar la Luv.
-              Carrasco, won, préstame un cabo segundo – Dijo Valdez a gritos hacia el otro lado de la Zanja donde había quedado Carrasco.
-              Estas loco, tengo dos SMO, dos Soldados y un reservista vestido de paisa con un blusón Woodland que reclute aquí mismo – Le respondió a gritos Castro.
-              Dale con un soldado, poh weon – le grito Valdez.
-              Ya llévate a Wilson, el rucio ojos pichos que esta allá – Le grito Carrasco.
-              Ya… te lo dejo en la Boca, es para que sirva de enlace con los pacos.
Un rubio flaco subió a la cabina de la Luv mientras esta se ponía en marcha, en breve llegaron a playa Amarilla, allí había algo de gente en el camino y Rodrigo debió tocar la bocina insistentemente.
-              ¿Hay algún policía o bombero, marino? – grito Valdez
La gente movió la cabeza negativamente, pero sigue en silencio. No era mucha, algunos conserjes y vecinos, no muchos porque el sector en su mayoría eran departamentos de veraneo.
-              Por favor, hay una alarma de tsunami – al decir esto Valdez la gente se sobresalto y se sintió un sonido extraño, como una aspiración.
-              Así que necesitamos que se retiren del borde costero, hacia lo alto – decía Valdez mientras apuntaba hacia lo alto, y siguió ya una vez fuera de la camioneta – lleven justo lo necesario, no pierdan tiempo.
Algunos comenzaron a moverse antes que Valdez terminara, otros no sabían que hacer y miraban a otros esperando entender.
-              Pero no a habido ningún terremoto – dijo un vecino - y esas cosas están cayendo hacia allá
El comentario hizo revuelo y genero un rumor bajo.
-              No me interesa discutir con ustedes, se van a lo alto mientras termine la alarma y ya – dijo con enojo Valdez.
-              Hey, la radio no a dicho nada – dijo un hombre mostrando una radio pequeña de donde salía la voz del locutor llamando a la tranquilidad.
-              Mira weon, si quieres morir y que tu caga de familia muera, allá tu – dijo fuerte Rodrigo saliendo de la Luv y apuntando con el dedo al tipo que mostraba la radio – pero esas cosas que caen donde quieren, si son lo suficientemente grandes van a hacer una ola y va  a llegar, con o sin sismo.
Valdez miro a uno de los soldados y le hizo un gesto y este paso tiro.
-              Como Impacto Profundo – dijo un joven
-              Se me van del sector, quedarse es responsabilidad de cada quien, pero si veo un solo niño cuando volvamos al weon del padre y la madre me los llevo detenidos.
Otro grupo se retiro y los dudosos callaron.
La luv cargo a sus hombres y marcho hacia la Playa la Boca.
-¿Cortamos por la Labarca? – dijo Ricardo
- No, hay unos edificios al final de Borgoño, pegamos un tiro y gritamos – dijo Valdez y agrego – no voy a perder un segundo en discutir con weones.
Y así lo hicieron, al llegar a unos edificios Valdez mando un tiro al aire, la gente, muy poca escucho la advertencia y reacciono.
-              Ahora va la difícil, seguro hay marinos o pacos en la Boca ¿Nos creerán? – dijo Valdez y agrego mirando a Rodrigo – en realidad ni yo creo lo que hacemos.
-              Lo que vi puede ser raro, increíble, pero la niña lo vio también – le respondió Rodrigo devolviendo la mirada.
-              Ojala estemos equivocados, porque por mucho corramos, no vamos a advertir a mucha gente – medito Valdez.
Un carro policial se acercó a ellos con la baliza encendida, Rodrigo bajo la velocidad hasta detenerse, el carro se detuvo a su lado.
-              ¿Han sido ustedes los de los tiros? – pregunto un sargento de carabineros.
-              Si, Sargento – grito Valdez
-              ¿Y porque? ¿Pasa algo?
-              Tranquilo, lo usamos para advertir a unos civiles – Valdez tomo una pausa y agrego – nos viene un tsunami.
El Sargento golpeo el tablero de la patrulla y el conductor hizo la cabeza hacia atrás y musito un “Dios mio”
-              La wea que nos faltaba, mierda y conchesumadre – exclamo el policía y agrego – ya, vamos a la boca, allá hay que coordinar, por la mierda.
Ambos vehículos enfilaron a la Boca.
-              Nadie ni menciones que nuestros datos son una de visión o nos van a tener por locos – dijo Valdez mirando a sus hombres.
-              ¿Ya sabes que decir? – pregunto Valdez a Wilson
-              Estamos claros mi cabo, la orden viene de un oficial, no conozco la fuente del aviso, solo e recibido una orden directa de un oficial y …- Decía Wilson
-              Y ni menciones lo de la visión – lo interrumpió Valdez
-              ¿Qué visión mi cabo? – dijo Wilson mostrando sus disparejos dientes en una sonrisa complice.
-              Eso esta bien soldado – dijo Valdez y siguió – yo muestro la orden escrita de mi teniente y nos vamos cagando a Quintero a mostrarla a la Capitanía de Puerto.
Era muy extraño, la gente de una forma creía que los aerolitos caían solo en tierra adentro y no en la costa, la gente estaba en las playas de Viña del Mar, en playa Amarilla, Higuerillas y aquí en La Boca, como si fuera mas seguro, pero ellos, los soldados que habían recorrido desde viña del Mar a Con Con habían visto caer dos aerolitos al Mar y otro en Playa Negra. Pero la gente no entendía, no podía digerir este nuevo peligro, no venia del centro de la tierra, de esa colisión de placas que el chileno esta acostumbrado a vivir generación tras generación, ni venia de un volcán del cual uno se puede alejar, esta vez venia del cielo, del lugar al que se reza, no del que se huye.
La patrulla se detuvo muy cerca de la bencinera, custodiada por dos carabineros, donde los bencineros sacaban combustible con cuerdas y tarros desde las tapas de los estanques abiertos.
Un vehículo cargaba gasolina en unos tambores, para llevarlos quien sabe donde.
En la playa se veían personas, incluso carpas y fogatas. Valdez miro en esa dirección y lo vio mal, lamento que no viera mas uniformados que los de la patrulla y los dos de la gasolinera.
Bajaron del vehículo y se acercaron a la patrulla.
-              ¿Como estamos de gasolina? – pregunto Valdez a Rodrigo, mientras pasaban al lado de los bomberos que acababan de sacar un tarro.
-              Estamos bien, cargamos en el Miller, aguanta para varios kilómetros – respondió Rodrigo.
-              Excelente, lo malo es que aquí hay mucho civil y pocos uniformados – dijo Valdez.
-              Así veo – respondió Rodrigo.
-              Buenas noches mi Sargento – Saludo Vadez al llegar al costado de la patrulla.
-              Buenas noches, es un decir mi cabo – dijo el carabinero a modo de saludo, parado a un costado de su patrulla y llevando la mano a la visera de la gorra.
-              Se nos viene un tsunami, no sabemos a que hora, entenderá – dijo Valdez, mostrando la carta del teniente.
-              ¿Cómo saben? Creo que no hay comunicaciones, ni satélite, ni nada – dijo el Sargento de Carabineros tomando el papel.
-              No se, nos llego la orden y la hemos ido repitiendo – dijo Valdez y agrego con decisión – una orden es una orden.
-              Si, ordenes son ordenes, pero es que los marinos se fueron hace 10 minutos y no dijeron nada – dijo el Sargento de Carabineros y continuo – y andaban con radio.
-              Nosotros recibimos la orden de evacuar hace solo unos minutos en Cochoa, directamente de un oficial – dijo Valdez, sintiéndose algo complicado
-              Le entiendo, no pongo en duda sus órdenes, pero aquí no hay ningún oficial de Carabineros que tome la responsabilidad de la evacuación.
-              ¿Cuánta gente hay en la playa, en estas casas, en la refinería o en estas casas? – dijo Valdez tomando firmeza.
El Sargento lo miro un momento, miro la hoja y volvió a llamarlo.
-              ¿Qué quiere? ¿Qué me responsabilice yo? – dijo el Sargento y explico – ve allá, eso es una refinería, esta llena de tipos tratando de solucionar mil problemas que origino el blackout, un turno completo; eso no es una playa con vecinos y sin hablar de la isla y el curso del rio, todo eso se debiera evacuar.
-              ¿No hay radio? – dijo Valdez
-              ¿Tiene usted? – replico el Sargento
-              Si tengo ¿a quien quiere que llame? – dijo Valdez, esperanzado que no pida llamar a la Armada.
-              Le doy el canal de inmediato – dijo el Sargento.
Valdez cambio el canal, petetio un par de veces y escucho una trasmisión de Carabineros. Extendió la radio al Sargento.
El carabinero llamo a algún oficial de carabineros en el área de Con Con, no se escucho ninguna respuesta, volvió a intentar una vez mas y otra.
Valdez se intranquilizaba, pensaba retirarse y partir a Quintero. Miro a sus hombres, hiso un gesto a Wilson y este se acercó.
-              Espero 5 minutos y nos vamos cagando a Quinteros – dijo en baja voz a Wilson – te quedas acá y vez que estos pacos weones se muevan, o te pones a gritar solo en la playa.
-              Afirma, mi Cabo – respondió Wilson, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza.
De lo alto de Con Con apareció una motocicleta táctica de Carabineros, luego otra y otra, para finalmente aparecer un destartalado furgón Suzuki.
Las motos tácticas se estacionaron en la Bencinera y el furgón siguió hasta un restorán aledaño.
De una de las motocicletas bajo un funcionario vestido con overol térmico institucional, se saco el casco.
-              Que tanta insistencia mi Sargento, no ve que no le puedo contestar, no tengo para responder, solo escucho – dijo el hombre y agrego – e escuchado puras weas toda la noche.
-              Mi Teniente, al fin – dijo el Sargento – Tenemos un aviso de tsunami de estos cosacos.
-              ¡Ah, lo del Tsunami es verdad entonces! – dijo el joven oficial
-              ¿Cómo sabe mi Teniente? – pregunto Valdez exaltado
-              Si, alguien se mete al canal y dice que viene un Tsunami, una y otra vez, creímos que era un civil haciendo pitanza – dijo el teniente.
El Sargento le extendió el papel al teniente, este lo tomo y lo alumbro con un encendedor.
-              Chucha, no es muy formal, pero aquí esta – dijo el oficial.
El teniente miro al Sargento y agito el papel en su mano.
-              ¿y hace cuanto que llego la orden? – pregunto el teniente muy serio y agrego a viva voz - ¡ya, menee las nalgas! A evacuar la playa.
El sargento se dio vuelta y mando a sus hombres y el Teniente se dirigió a los motoristas
-              Ya, tu y tu, a la playa, en 5 minutos no quiero a nadie – dijo el Sargento y se dirigió carabineros que custodiaban la bencinera y ustedes, vayan hacia el sur y casa por casa, me evacuan la costanera, ojo con los restoranes que hay alguna gente allí.
-              Vamos muchachos, a la RPC que evacuen esa wea de inmediato – dijo el teniente con un fuerte grito – yo voy después.
El Teniente agito las manos en dirección del furgón, y de este salieron unos hombres de civil con chalecos de la SIP de Carabineros.
-              ¡Vengan que tenemos un Tsunami ¡
-              ¿Qué? – Grito sorprendido uno de los Carabineros de Civil, sobresaltado
El grito hizo que los bomberos soltaran el tarro con que sacaban combustible y el hombre de la camioneta que cargaba tambores y bidones de combustible comenzara a tapar los envases rápidamente.
-              Cabo, aquí no va a quedar nadie – dijo el teniente, dirigiéndose a Valdez – evacuo aquí y nos vamos a sacar la gente de la isla y el borde del Aconcagua.
-              Excelente mi Teniente – dijo Valdez y agrego – vamos a Quintero, necesitamos la orden escrita.
-              ¡Oh! Si claro – dijo el teniente pasándole el papel, pero se corrigió – pero la base naval esta cerca…
-              Si, pero ir allá son un par de minutos, aquí ya hemos perdido valiosos minutos – dijo el cabo Valdez.
La camioneta con los envases con combustible se fue con los dos bomberos tomando hacia la rotonda.
-              Tome, si, tiene razón – dijo el teniente, terminado de pasarle el papel – hay gente que vive a orillas de la ruta F-30E, peguen su aviso, además hay un hotel.
-              Si lo hare, pero solo avisaremos – dijo Valdez y agrego con tristeza – nuestra prioridad es Quintero.
-              Del hotel Santa María de Mantagua hacia acá avisamos nosotros, desde allí avisan ustedes, suerte – dijo el teniente mientras veía al cabo alejarse a la Luv.
-              Suerte mi teniente – le grito el cabo – le dejo uno de mis hombres para ayudar.
Valdez no espero la respuesta del teniente y cerro la puerta de la camioneta roja de Rodrigo.
-              Ya sabes Wilson, apura a estos pacos y no hables con nadie que no sea de la Armada – dijo Valdez a baja voz a Wilson.
-              Ya estamos mi cabo – contesto Wilson inclinado a la altura de la ventanilla.
Mientras la Luv se alejaba, el teniente les grito: ¡Cuidado con los vehículos en carretera!
No se refería al transito, que era inexistente, eran los autos que pronto vieron a los puentes que atraviesan el rio Aconcagua.
Algunos vehículos sorprendidos por el Blackout quedaron detenidos en el puente, algunos conductores los empujaron a la orilla, algunos los dejaron allí donde se pararon, pero como este es estrecho la mayoría obstaculizaban el transito,  incluyendo un gran camión con acoplado; algunas personas se mantenían al lado de sus vehículos, otros simplemente fueron abandonados y en los espacios se habían generado pequeñas fogatas.
La Luv que había acelerado al salir de la bencinera hacia la rotonda, debió desacelerar bruscamente en el primer puente. Comenzó a zigzaguear entre los vehículos, que aunque no eran muchos estorbaban bastante, vieron personas y le gritaron sobre la amenaza de maremoto.
Una mujer simplemente rompió en llanto al escuchar a Sánchez, un hombre en vez de irse subió a su auto y comenzó a golpear el volante, mientras la que al parecer era su mujer le gritaba, unos niños venían desde el otro lado del puente con una muchacha y al escuchar miraron a todas partes y al final continuaron.
En la media luna de la Isla se había congregado algunas personas, un tiro al aire y el grito: ¡Somos Armada de chile, aviso de Maremoto! ¡Suban a un lugar alto!, mientras la Luv seguía moviéndose.
La camioneta acelero, y Sánchez cabeza afuera gritaba: ¡Maremoto, maremoto, maremoto!... sin tiempo para mas instrucción o explicación a la gente.
La camioneta no se encontró con tanto problema con el segundo puente, tan solo un furgón se encontraba estacionado a la salida. Y siguió acelerando por la F30-E al pasar la línea férrea.
La carretera estaba solitaria, en algunos tramos aparecía algún vehículo en la berma abandonado. Desde las colinas se veían algunas fogatas, pero el resto era oscuridad.
-              ¡Hey! Ya pasamos el Hotel Santa María – grito Valdez.
-              Ni lo vi mi cabo – dijo Rodrigo.
-              ¡Ya desde ahora atentos! Dijo Valdez y explico – Sánchez y Muñiga, nos avisan si ven alguna casa con gente o luz, algo que nos indique que hay alguien.
No termino de decir esto cuando llegaron a unas casas de estilizada arquitectura en las dunas.
-              Allí vive gente – dijo Ricardo, mostrando una figura oscura contra la duna.
Valdez trato de aguzar la vista hacia el punto que indicaba Rodrigo, Muñiga apunto su HK con la linterna encendida y vieron a una mujer y un hombre.
-              Hey, hey ¡¡maremoto!!, hey, hey, ¡¡maremoto!! – grito Miñiga y siguió hasta que ya estaban muy lejos.
-              ¿Habrán escuchado? Estaban lejos – pregunto Muñiga, pero nadie respondio.
No podían parar, no podían ya perder un minuto, algo en sus estómagos, en sus mentes, en su espina dorsal les decía que estaban luchando contra el tiempo. Aunque fuera tan estúpido y arbitrario como un visión.
-              Se a dado cuenta mi cabo – dijo Sánchez mirando el cielo que aclaraba de nubes, dejando aquí y allá espacios de estrellas – hace rato que no cae ni una de esas cosas.
-              Si, no caen hace rato, espero que se quede así – respondió Valdez.
La soledad de la carretera, la falta de ruidos, hizo que las mentes de los hombres pudieran meditar, un lapsus para reflexionar, incluso momento para sentir miedo. Un miedo que les había sido esquivo toda la noche, agobiado por las emociones de susto y reacción ante cada suceso, obligados a actuar no habían tenido el espacio en sus mentes para el miedo, ahora si.
-              No creo que haya una orden de Estado de Excepción, es difícil que haya llegando de la presidencia – decía Valdez – todo lo que podamos hacer es ilegal, ni siquiera debiéramos estar aquí.
-              Nada, no hemos matado a nadie – decía Muñiga – ni siquiera estamos en custodia de algún lugar.
-              Pero estamos camino a Quinteros a avisar de algo que en realidad nadie sabe que es real – Dijo Sánchez - sin ofender, esa es mi opinión.
-              Yo vi la ola, vi a esa niña y después apareció esa niña, yo le conozco su nombre, ella el mio – Dijo Rodrigo a Sánchez – son muchas las cosas como para no hacer caso.
-              La bandera – dijo Muñiga.
-              ¿Qué cosa? – Valdez
-              La bandera voló hasta el teniente, cuando este se negaba a dar el aviso – dijo Muñiga y agrego – las banderas no se las lleva el viento las noches frías, no hay aire caliente que las eleve.
-              Si, no lo había pensado – Dijo Valdez.
-              Es Dios que nos esta ayudando a salvar vidas – dijo Sánchez.
Los hombres guardaron un silencio incomodo, todos tenían un temor y no era que les cayera encima un aerolito, era que si el tsunami no llegaba, ellos estarían cometiendo un delito.
-              Igual ¿alguien realmente se preocuparía tanto de nosotros, si no llega el Maremoto? Ósea miren alrededor, se nos a caído el cielo encima – dijo Muñiga, tratando de auto convérsese – ósea ¿Qué cosa? Primero van a agarrar de allí a los astrónomos que no vieron la lluvia de meteoritos.
Apenas terminado eso, las nubes que se habría dejaron ver el cielo y estrellas, y entre las estrellas, estrellas que se movían de oeste a este. Como luciérnagas estelares a miles de kilómetros, bellas espadas de demóstenes sobre nosotros.
-              Están orbitando, la gravedad atrapo algunos meteoritos, tarde o temprano van a caer esas weas de mierda – dijo Rodrigo mirando el cielo.
-              Si, allí están, girando – Dijo Sánchez, asomado por la ventanilla.
-              Las estrellas, el sol, la luna, van de este a oeste – decía Valdez – estas siguen la rotación de tierra este a oeste.
Sánchez busco algo en su mochila y desde el fondo saco un libro pequeño azul de letras doradas.
-              Mi cabo ¿podríamos leer un salmo? – pregunto el joven conscripto IM
-              Si dale, léelo fuerte – contesto Valdez.
…………………….
En cambio Rodrigo mantenía sus pensamientos en otro Dios, de otra cultura, un dios guerrero que pocos aun recordaban y mantenían fidelidad.
Uno de los Hoteles a orillas de la carretera, tenía a un hombre con una linterna en su entrada vehicular.
-              Se nos viene un maremoto, suban a un lugar alto – le lanzo Sánchez al hombre.
El hombre quedo como sin alma.
-              Armada de Chile, deben evacuar a un lugar alto – dijo Valdez y agrego - ¿Cuántos pasajeros tienen?
-              ¡Dios!, no muchos, es fuera de temporada, gente mayor en su mayoría – dijo el hombre saliendo de su espasmo.
Salió otro hombre mayor con un niño de unos 3 años en brazos.
-              Lo pueden llevar, esta muy enfermo – dijo el hombre.
-              ¿Qué tiene? – pregunto Valdez.
-              Fiebre y vomito, no funciona ningún vehículo, por Dios – dijo el hombre con el niño, con su voz casi quebrada.
-              Llévelo a un lugar alto, tome esto, hay analgésicos y trate de llevarlo a Con Con – dijo Valdez sacando un botiquín personal y entregándoselo al hombre de la linterna– lea las instrucciones, no podemos hacer nada.
-              Pero, pero mi nieto, es mi nieto – interrumpió el hombre – que quiere que haga, desgraciado.
-              Vamos Garcés, vamos – dijo Valdez.
-              ¡Maremoto, Maremoto, evacuación! – Gritaba Sánchez mientras se alejaban.
La Luv se alejó del hotel y se interno en la oscuridad de la carretera.
-              Pudimos llevar al niño siquiera – dijo Rodrigo
-              El niño estaba muerto ¿no lo vio? Ya se había ido – dijo Valdez – ese hombre estaba loco de dolor.
-              Mierda, no me di cuenta – dijo Rodrigo.
Pasaron por otro centro recreativo, Muñiga grito muy fuerte, pego un tiro al aire, y después vino unas casas y después otro centro recreativo.
Después el silencio de la carretera, el ruido de los neumáticos en un asfalto áspero y húmedo, las curvas que remataban rectas, a la derecha las colinas, oscuros matorrales, murmullos de animales, a la izquierda arboles, cercas, alambre de púas, una pequeña planicie que separaba la carretera del estero Mantagua y la oscura masa gris parda de las dunas y a intervalos coronados por la silueta de oscuros bosques de pinos jóvenes.
Al final del camino se encontraba la ciudad de Quinteros, con sus 200 mil habitantes, a pie serian horas de camino, pero estaban a tan solo 10 minutos a esa velocidad de la bifurcación que los llevaría a la ciudad puerto. Mas allá estaban Ventanas con su fundición, su termoeléctrica y después vendría Horcon, Maitencillo, Zapallar y otros pueblos, que peligraban con un tsunami visto solo en sueños, pero que se había vuelto evidente en los 4 hombres aquella madrugada.
Un resplandor naranja, un impacto de aire sacudió la Luv y después una ola de oscuridad se les vino como montaña oscura a tragarlos desde el oeste, desde su izquierda, Rodrigo torció el volante para apuntar la Luv hacia el cerro, imposible, la ola de millones de pequeños granos golpeo con al fuerza de un mazo de toneladas de arena, aboles desencajados y hechos astillas, la camioneta, en menos un segundo desde el resplandor yacía volcada sobre un costado, cubierta de casi medio metro desde el suelo, con su parabrisas trizado y las ventanas del costado izquierdo rotas.
Los hombres adentro inmóviles, Muñiga sobre Sánchez, Rodrigo colgando de su cinturón de seguridad como muñeco, Valdez torcido en una extraña posición sobre la ventanilla.
La noche había perdido toda su luz, los focos de la camioneta estaban yermos, la nube de polvo cubría todo y bajaba como una mortaja sobre la Luv, sus hombres y el camino. Si es que se pudiera hablar de camino, 50 metros mas adelante cubierto de arena, otros 70 metros hacia el sur arena sobre este, impedían reconocerlo como camino.
-              ¡Ah! ¡Sale, sale! – rompió el grito de Sánchez, desesperado de dolor
Rodrigo abrió los ojos y vio solo oscuridad, sintió la boca llena de arena y escupió, trato de respirar y solo pudo tomar una bocanada de aire con la boca, su nariz estaba llena de arena, que le causaba dolor a cada aspiración.
-              Sale, me aplastas – gritaba Sánchez otra vez.
Muñiga recobro la conciencia y como pudo salió por la ventanilla rota y se dejo caer pesadamente afuera y se quedo sobre la arena.
-              Mierda, tengo el brazo roto – dijo Sánchez mientras intentaba salir de la camioneta.
-              Salgamos de aquí – dijo la voz de Valdez – no se ve nada.
Efectivamente todo era polvo en suspensión, oscuridad, una niebla pesada de sílice.
1.3
Caminar bajo la lluvia persistente, enfermo, no era algo placentero.
Le había explicado lo que significaba “Storm ur, ekaitz ura, itsasoa aterako da, Jainkoak utzi digu; Storm ur, ekaitz ura, itsasoa aterako da, Jainkoak utzi digu; Storm ur, ekaitz ura, itsasoa aterako da, Jainkoak utzi digu” a un oficial de Carabineros y a unos bomberos que se habían reído de él en la cara, no le importo, pero si le dolió que se rieran de el pastor. Para él su pastor era un hombre bueno, digno de respeto y las carcajadas del capitán de carabineros le eran insultantes.
Aun quedaba para llegar a Talcahuano, estaban con la ropa empapada y a Javier le había aumentado la fiebre y el dolor muscular. A lo lejos habían visto los aerolitos caer, pero ninguno cerca como para entender que realmente producían sus impactos.
Habían decido llegar a Talcahuano y avisar a la Armada, quizás ellos ya supieran habían conversado en el interminable camino al puerto.
Temían que no les creyeran y terminaran detenidos ¿Quién iba a creer a un Pastor Pentecostés y a un muchacho sobre profecías en lenguas?
Ambos estaban convencidos que estaban viendo el final de los tiempos tantas veces vaticinado, esperado con ilusión incluso… pero se dio cuenta que en realidad estaba horrorizado.
La promesa en el libro de Revelaciones era simple, los fieles al señor serian arrebatados antes del caos y el gran crujir de dientes y ellos aun estaban en la tierra, caminando a Talcahuano en medio de la lluvia que a momentos se hacia intensa, de un bombardeo de fuego y azufre que hería la tierra y mataba a los hombres y él y el Pastor no habían sido arrebatados ¿acaso no serian lo suficientemente fieles al señor?
Ya habían pasado Hualpen y se encontraban en Talcahuano, entonces vieron un camión venir hacia ellos, uno solo, era el tercer vehículo que habían visto moverse esa noche y este era un camión viejo de reparto de bebidas y sobre este Soldados de la Armada.
-              Los Marinos salieron – Dijo musitando el Pastor
-              ¿Pastor que? – pregunto Javier.
-              Han dado la ley Marcial, han salido los marinos a la calle – dijo al muchacho – ahora las decisiones las tomaran ellos.
Javier vio al pastor sonreír, pero no entendía lo bueno de eso. Por su edad no podía comprender.
-              ¡Aleluya!, ¡Aleluya! – Se puso a gritar el Pastor alzando los brazos – Dios es grande, Dios es grande, señor de los Ejércitos…
Gritaba mientras corría hacia el plan de Talcahuano y Javier lo seguía afiebrado y con un malestar muscular que lo fatigaba.
Todo el camino lo habían hecho por la Avenida Colon desde Concepción pasando por Hualpen, la Ruta 154, al llegar a Talcahuano bajaron por Calle Colon, Hacia el centro.
En todas partes vieron lo mismo, gente a fuera de sus calles, fuegos, saqueos de pequeños almacenes, peleas entre vecinos, carabineros custodiando las calles, incendios provocados por la caída de aerolitos, pero no habían visto lo que vieron al llegar a Colon con Bilbado.
Una gran brecha de norte a sur, iba desde Casi Tompson, pasando por Bilbado hasta Barros Arana, prácticamente dos cuadras de largo y tan solo unos 20 metros de ancha profundizándose hacia el sur. Como si hubiera sido hecha por una gran retroexcavadora, se acercaron pues vieron a un grupo de personal Naval ayudando a los vecinos.
La franja era un surco donde no se veía restos de casas o de lo que hubiera estado allí, de algunos puntos aparecía agua de las cañerías rotas o desagües, las casas alrededor de la zanja estaban como pétalos de una flor esparramadas hacia el lado contrario de la zanja. Habían visto las llamas que salían de una derruida barraca de maderas al llegar a una compra venta de excedentes Industriales.
-              ¿Ves? el barrio rojo, donde abunda el pecado a sido pulverizado – Dijo el pastor mirando el daño a las casas.
-              Oficial, oficial – le dijo el Pastor a un oficial Naval  - debemos hablar, tengo una información valiosa
-              ¿De que parte es usted, donde y que a pasado?  - Pregunto el teniente, creyendo que ha venido a buscar ayuda por la caída de un aerolito.
-              No, no me entiende, nos viene algo terrible – dijo el Pastor
-              ¿Qué puede ser peor?  – dijo el Teniente alzando las mano y mirando el cielo a un lado y otro - ¿de que habla? Dígame o se va.
-              Perdón, es que es complicado de explicar y mas de entender – señalo al muchacho el Pastor – resulta que somos de un templo en Concepción y hoy hubo gente que hablo en lenguas y anticipo lo que esta pasando y agregaron que el mar se saldría.
-              Aquí esta caballero – Dijo Javier alcanzándole un papel con la traducción y las palabras originales – esta en Vasco.
El Teniente tomo el papel, lo miro, miro a ambos y dejo caer el papel con desprecio.
-              Se van ahora o los hago arrestar – dijo sereno, pero con fuerza, dio la media vuelta y volvió a las labores de rescate.
Javier tomo el papel que se había pegado al húmedo asfalto.
-              Tendré que escribirlo de nuevo – dijo Javier y sintió que sus piernas no podían más y cayo.
Despertó en el polideportivo La Tortuga, en medio de gente herida, lamentos, sollozos y transito de enfermeras, médicos, socorristas. Miro y a su lado estaba el pastor, en su mano aun el arrugado papel casi desecho.
-              No nos han creído pastor, no hemos horado con fuerza – Dijo Javier y volvió a desvanecerse.
-              Es la voluntad de Dios – escucho Javier a lo lejos.
-              Esto es Vasco, no entiendo como – se escucho otra voz distante
-              Pero si es verdad, se han escuchado cosas en el radio – se volvió a escuchar una voz distinta
-              El chico no miente, mira como a llegado – dijo una voz
-              Puede morir, es demasiada la fiebre – se escucho la voz de una mujer
-              ¿Qué son?
-              Pentecostés – escucho la voz del pastor como un susurro tras una puerta
-              Mi madre es pentecostés – dijo otra voz, que no lograba identificar
-              ¿Qué opina?, No se, puede ser cualquier cosa, y si es verdad, no entiendo, ¿Qué decían en el radio?, es fiable eso, quien trasmitía, no se, Pentecostés, lenguas, va a morir, maremoto, no nos podemos equivocar – Las voces se sucedían sin orden, superpuestas, unas lejanas, otras inaudibles, confusas las mas.
Una sacudida, el suelo del gimnasio pareció brincar, Javier abrió los ojos y vio un hombre con un impermeable de la Armada y una gorra con visera bordada en dorado. El hombre lo miro y se agacho tomándole la mano.
-              Has dicho muchas cosas – dijo el hombre afablemente. Iluminado por la luz verdosa de un Ligh Stick
-              ¿Lo tradujiste con Google? – pregunto el hombre que ya estaba en cuquillas a su lado.
Javier se dio cuenta que estaba sobre una colchoneta simplemente en el suelo del Gimnasio, tapado con una fresada de polar e iluminado por un montón de Lagh Stick suspendidas de cualquier cosa.
-              No, no, genere un programa, con distintos traductores, busco en el Google el lenguaje, es fácil – Javier se detuvo un segundo para respirar – luego mi traductor me da varias alternativas, porque no todo se traduce literal ¿me entiende?
-              ¿Estas seguro de la traducción? Joven Hacker – pregunto el comandante
-              Si, estoy seguro, vi el video, me costó llevarlo a texto, no sé que letras iban, pero también hay un reconocedor de voz que use – volvió respirar hondo – me demore, pero se que es un mensaje de Dios.
-              Eso, es cosa de fe muchacho y la armada no toma deciciones por fe – dijo el hombre – pero yo soy hombre de fe.
El hombre se paro y camino hasta un Teniente de Sanidad.
-              Quiero a este muchacho bien cuidado, denle lo que haya que darles – le dijo el comandante al hombre de Sanidad
-              Teniente Rowson, ya llevo muchos años en la Armada, me queda poco por terminar la carrera y ya no llegare a Almirante ¿comprendes? – Dijo el comandante – Manda vehículos, los que sea, a evacuar la costa.
-              Pero señor – dijo el Teniente
-              Chuuu, nada, no digas nada a un mando superior, yo estoy a cargo de lo que pasa en la Base hoy – Hizo un gesto al Teniente de que callara pasándole la mano delante de la boca y agrego – tu evacuas la costa, envía móviles mas allá de Tome, Coliemu, al Norte. Y al sur, preocúpate de Huachipato especialmente y San Pedro, hacia Puchoco y Coronel hay muchas poblaciones casi a nivel de ser afectados por una salida de mar.
-              Señor ¿Por qué lo hace? – Pregunto el Teniente
-              Un comandante no debe dar explicaciones, no sea patudo – sonrío el comandante  - mire, el 27 F no tome a tiempo ciertas decisiones, dios me a dado una segunda oportunidad y ya sabe ¿Qué me va a pasar si me equivoco? ¿Hacharme? Llevo muchos años ya.
El comandante golpeo el hombro del Teniente y este les respondió con una mano a la visera.
Afuera comenzaba a clarear con una luz dorada que llegaba por sobre la cordillera a cientos de quilómetros de la costa, haciendo los rostros de las personas adquirir un tono amarillento, las sombras largas que llegaban mas allá de los muelles hacían parecer el paisaje mas tranquilo de lo que en realidad estaba.
El vehículo partió raudo hacia la puerta de los Leones conteniendo al intranquilo comandante que jamás seria Almirante, vio los dos buques atracados en el muelle, las fragatas Almirante Lynch y la Capitán Prat. La miro con una pena profunda, estaban totalmente inoperantes, sin sus sistemas eléctricos eran fierros a merced de las mareas, sin ningún remolcador operativo en la bahía era imposible remolcarlas mar adentro, se perderían inexorablemente ante una ola gigantesca, ante una salida de Mar.
Ordeno al personal de los Astilleros evacuar hacia un lugar alto y envió dos botes Zodiac a avisar de la evacuación a todas las embarcaciones mercantes y lanchones pesqueros que estaban en la bahía.
Aun no llegaba el comandante de la Fragata Lynch, pensó que así seria mejor y ordeno al Teniente a cargo de la nave evacuar a sus hombres hasta nueva orden, no pregunto, pero su cara de extrañeza era notoria.
El Comandante de la Fragata Prat, en cambio protesto y pidió cortésmente una explicación.
-              Existe una posibilidad de maremoto – fue la escueta respuesta del comandante ante su homologo.
La Prat y la Lynch fueron evacuadas.
El comandante pudo ver la pena en los hombres de los navíos.
Una y otra vez los botes zodiac iban y venían trayendo tripulantes de los mercantes en la bahía, incluso botes hinchables de los mercantes traían marinos desde los buques.
El sol ya se había levantado.

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