El estruendo fue mayor, un bólido atravesó el cielo desde el
oeste y se estrelló contra el cerro Mauco, otro bólido muy luminoso se alejó
hacia el interior, en dirección sureste, luego fueron tantos que a los hombres
fuera del Fuerte Aguayo ya no podían definir hacia donde caían, solo que caían
de noroeste a sureste.
Desde el interior del Cuartel llego el sonido de
generadores, unas luces de vehículos, pronto los reservistas se comenzaron a
dispersar en parejas, a no manos de 10 metros de cada pareja, mirando el cielo
con una rodilla en el suelo. Con las manos en los oídos para no escuchar los
estruendos.
- Esos
estruendos son cuando los bólidos ingresan rompiendo la barrera del sonido –
pensó Rodrigo, seguro que no eran realmente explosiones, si estampidos de ondas
sonoras y en el fondo para tranquilizarse.
Desde el portalón salieron dos jóvenes, uno era un
conscripto y el otro el subteniente Gorigoitia esta vez completamente equipado
con tenida multicam, parka de goretex, casco, chaleco antifracmentacion y un HK
33e colgado al costado.
El grupo de reservistas comenzó a aglutinarse alrededor de
los dos hombres.
- A los
que nombre en la lista van a recoger lo que hallan traído como objetos
personales y en 5 minutos van a formar frente a la guardia, la lista solo son
personal de reserva pasado a retiro en los últimos dos años según se verifico –
dijo rápidamente el oficial.
Luego se leyeron los apellidos y los grados en reserva, a lo
que los hombres contestaban con su nombre y se retiraban a los vehículos a recoger
sus mochilas. La lista no fue extensa, al terminar un bólido cruzo por sobre
ellos, quizás a varios pies de altura, pero dio un fulgor rojizo anaranjado al
lugar, todos se agacharon instintivamente, menos Rodrigo que miro el lugar de
caída del bólido.
- Eso fue
hacia Villa Alemana o Quilpué – dijo entre dientes.
No sabía si volver a la casa a ver a su familia, de paso
pasar por la casa de su polola o quedarse allí,
pensó que tal vez no sería llamado a activo y que en nada ayudaría
quedándose allí.
- Mi
teniente – se hizo notar Rodrigo – puedo ayudar, estoy preparado, incluso puedo
ser de ayuda en lo que sea – sugirió al Teniente.
- Soldado,
así como van las cosas vamos a necesitar a todos, incluso a los que no están
aquí – dijo el oficial con una mirada de orgullo entender el deseo de prestar
colaboración de Rodrigo y agrego - ¿Cuál es su nombre Soldado?
- Mi
nombre es Z IM (SMO) Rodrigo Garces – dijo.
El Soldado tomo nota en la tablilla y la dio vuelta para que
no se mojara.
Rodrigo confió en las palabras del Subteniente y decidió
esperar un rato, se dio un par de horas o volvería a casa, total por alguna
fortuna su camioneta aun encendía.
Una motocicleta todo terreno Honda civil con un hombre con
tenida azul de intendencia llego a toda velocidad, al parecer un mensajero y se
presentó al portalón, lo dejaron ingresar y el ruido de su motocicleta se
perdió en la oscuridad.
Un chasquido y una luz brillante hizo que todos se agacharan
y miraran tras de sí, un bólido había caído en un bosquecillo cercano,
demasiado cerca. Los hombres se alejaron más entre si y algunos tomaron los
vehículos que podían encender y los estacionaron a más distancia. Casi sin
pensar solo aplicaban un entrenamiento tantas veces ensayado, que era alejarse
entre si ante un bombardeo para disminuir el efecto mortal de la caída de una
bomba, pero jamas pensaron que lo aplicarían ante objetos que caen desde más
allá del cielo.
Santiago estaba tan oscuro como un manto hecho de asfalto,
cuando los bólidos comenzaron a caer.
La histeria se hacía visible en las personas que en medio de
la oscuridad no podían hacer partir sus autos en el barrio Suecia, cientos de
personas se iluminaban con una antorcha improvisada, otros encendían y apagaban
sus encendedores, uno de los pocos autos que había logrado encender atropello a
unos jóvenes, los bólidos que a segundos iluminaban el panorama mostraban una
masa que se movía como por pulsaciones. Todo eran gritos, nombres echados al
aire, respuestas a esos gritos, maldiciones, oraciones de arrepentimiento y
llantos, muchos llantos.
Un bólido impacto tras la virgen del cerro, el resplandor
ilumino la imagen y su sombra se dibujó a quilómetros, más de alguno lo
considero una señal y se arrodillo a pedir perdón. Otro bólido se desintegro cerca de la virgen
y miles de fragmentos incendiaron los alrededores de la virgen matando a las
personas que habían subidos movidos por su fe y el miedo.
En alameda Bernardo O´higgins las personas como animas
caminaban por ella, tratando de rehacer las rutas de los buses, hacia sus
casas, no era rápido el desplazamiento, era fatigoso por la oscuridad y cuando
un bólido dejaba un fulgor las personas aceleraban el paso, no se sabía si
reaccionando al miedo o aprovechando que podían ver más allá de unos palmos.
Aun esto, un grupo de jóvenes saqueaba una botillería y los
que caminaban por la alameda pudieron ver un local de electrodomésticos
asaltado por unos veinte jóvenes. Carabineros tan solo se preocupaba de atender
heridos, de tratar de tranquilizar a la gente y darles rutas de evacuación
hacia donde la gente les preguntara.
Entonces un bólido paso muy cerca de la parte alta del
edificio Gabriela Mistral, ni siquiera lo toco, pero su fuerza de choque fue
tal que el edificio perdió los últimos cinco pisos en una nueve de polvo,
trozos de cristal, hierro, aluminio, concreto y restos de mobiliario, desde los
pisos inmediatamente inferiores cayeron pedazos más grandes de aluminio,
concreto y vidrios. Casi en el acto para la percepción humana, el bólido
impacto la parte superior de un edificio a una cuadra frente al Gabriela
Mistral y luego se enterró destruyendo a su paso tres cuadras y el impacto
lanzo una ola de impacto que arrojó al suelo
a todo aquel a cuatro cuadras, retumbando el suelo y levantando una nube
de polvo de hormigón y vidrios que irritaba las vías respiratorias.
La gente se levantó y comenzó a correr desenfrenadamente,
los carabineros en cambio se dirigieron al lugar del impacto a la inútil tarea
de buscar sobrevivientes. Mientras otro bólido cruzaba a baja altura, tras la
torre Entel, arrasando en su impacto tres cuadras y vidas en ese momento
incontables.
Otros fragmentos más pequeños provocaban impactos menores,
pero que algunos de ellos iniciaban incendios.
Un camión apareció atestado de gente, sonando su bocina y se
perdió en dirección poniente.
El hombre había dormido hasta que el horror lo despertó,
desde su piso en una torre en las Condes pudo ver como hacia el horizonte los
bólidos caían, como desde kilómetros las únicas luces eran los fuegos de los incendios,
en su interior estaba sin poder interpretar lo que veía, de repente su corazón
pulso, la sirena lejana de un carro de bomberos le devolvió la esperanza,
alguien estaba haciendo algo.
Su esposa había vestido a sus dos hijos y estaban en el pasillo del edificio, en el piso 24. Él tomo una sábana, la lleno de víveres y
juntos bajaron a los estacionamientos subterráneos, donde otras personas ya
habían llegado.
El carro era una pieza de museo de 1956, lo único que el
grupo de bomberos había podido hacer funcionar. La llenaron con chuzos, palas,
cuerdas, extintores de una tienda que habían saqueado unos minutos antes, no
tenían comunicación con las policías, ni alguna municipalidad o intendencia, ni
siquiera con otros bomberos, no sabían mucho que hacer solo sabían que debían
hacer algo.
Como un dedo que deja su marca en una torta recién hecha, el
conjunto de bloques de 4 pisos estaba abierto por el impacto del bólido, la
mitad de un bloque se había evaporado, mientras la otra mitad se hallaba
tumbada con gritos de agonía desde su interior.
Era un lugar para ayudar, pero podría ser unas cuadras más
allá también o un par de kilómetros más al norte donde un condominio se había
convertido en un cráter por mientras todo ardía a su alrededor. Pero eligieron
ese, simplemente porque lo vieron primero.
Bajaron y conectaron manguera a los grifos con la esperanza
que tuvieran presión. Un bombero gordo llamo a los vecinos y organizo un grupo
de ayuda, les explico que estaban contra el tiempo y que debían trabajar a
fuerza bruta para sacar a sus familiares y vecinos.
Mientras vecinos y bomberos trataban de sacar a la gente
atrapada.
A lo lejos se escucharon ráfagas de ametralladora o fusil,
era tan distante que uno no podría reconocer con precisión que arma era.
Los Soldados llevaban armas, herramientas manuales desde
martillos, combos, hasta huinches en los pocos camiones viejos que habían
podido hacer partir, los dejaban en un sector de Santiago, luego los camiones
volvían a buscar más soldados a los cuarteles.
1.1
Algunos camiones pudieron encender, ningún blindado, ninguno
de los Hummer, en estos pocos cuatro vehículos fueron llenados de soldados, con
su armas, con herramientas, con extintores y salieron por el portalón hacia Concón.
Un Cabo segundo solicito los vehículos de los civiles fuera
de la unidad, Rodrigo ingreso con el viejo y la Luv de su padre.
Estaciono junto otros 6 vehículos civiles, un Lada, una
destartalada F100 de 1956, un furgón escolar Toyota, dos utilitarios Suzuki y
una Peugeot Patner de una empresa de seguridad, junto a los demás conductores
formaron.
- Los
camiones van a ir y venir del cuartel trayendo soldados, como ustedes son
vehículos más pequeños van a ser usados para patrullar y enlace – hablo un capitán
- Cada uno
de ustedes llevara un equipo de radio de mano, en el canal 6, no cambien el
canal por nada y llevaran una cantidad de efectivos según el tamaño del
vehículo – continuo diciendo el capitán con el silencio de los reservistas como
aprobación.
- Estarán
a cargo de un cabo primero o sargento como jefe de la patrulla, el dará las
ordenes sin importar los grados que hayan tenido a momento de retiro – Mientras
decía esto el capitán algunas cabezas se movieron en aprobación.
- La orden
si es que hay saqueos es seguir instrucciones de carabineros, si no estuviera
carabineros la orden es disparar al aire – el capitán miro a los reservistas
para cerciorarse que esta orden hubiera sido entendida y continuo – hay una
ruta a seguir por cada móvil, 2 a Concón y los demás a Viña del Mar, ustedes
solo harán de choferes de sus vehículos.
- Como no
hay energía eléctrica, imaginamos que no hay bencineras, tendrán que volver
para cargar, de poder mover los camiones del petróleo y de la gasolina les
avisamos, pero lo dudo por esta noche.
Un estruendo cercano hizo que los hombres se giraran y
volvieran rápidamente a las instrucciones del capitán.
Un soldado le paso a Rodrigo una parka multicam, un quepis,
un casco balístico y un viejo fusil Hk 33 con tan solo un cargador, y le hiso
firmar una hoja por los artículos.
- Por lo
menos es un cargador de 40 tiros – Pensó Rodrigo mientras se dirigía a la Luv
que ya estaba con 9 hombres.
Cinco hombres ya estaban arriba en la pick up, otros cuatro
esperaban que Rodrigo les abriera.
- Z IM SMO
Reserva Naval Rodrigo Garcés ¿Dónde vamos primero mi cabo? – Dijo Rodrigo
mientras habría el vehículo.
- Perdone
que lo rectifique mi Soldado, creo que desde ahora debe sacarle el SMO y el
Reserva, creo que está bastante activo – dijo sonriendo el cabo y los demás rieron – Soy Ángel Vargas
y nos vamos al hospital Naval a buscar a algún paramédico o matasano para el
sector de achupallas.
- Okey mi
Cabo, esta nave parte ahora – Dijo Rodrigo, encendiendo el vehículo.
Al salir del cuartel Rodrigo enciende la radio y pide que el
cabo busque si hay algo trasmitiendo en AM o FM
Por unos minutos nada, solo estática, hasta que logra
sintonizar Radio Festival en AM.
- Manténganse
en sus casa, en los lugares que aún hay agua acumúlenla en la tina, tambores
botellas… la autoridad Naval de Valparaíso y la intendencia advierten que hay
sectores sin agua a estas horas por roturas de matrices – se escuchaba la voz
de Carlos Williams que continua – transmitiendo en un móvil improvisado
facilitado por la Armada de Chile.
- Chucha,
tan rápido echaron a andar el equipo de radio móvil de los de Litoral – dijo el
cabo Vargas.
- Estaremos
dando vueltas por los cerros de Valparaíso y Viña del Mar, evitando los
peñascazos que manda San Isidro (rizas grabadas) – salió de la radio que siguió
– estamos aquí al pie del cañón, Radio Festival CB 127 AM
- Estos
están locos, tienen los medios cojones – dijo Rodrigo.
- Informamos
a la comunidad que los servicios eléctricos están suspendidos, esto no es
debido a un Black Out , ni es una falla de sistema común, muchos artículos
eléctricos y electrónicos se han quemado por una alta voltaje debido a una
carga eléctrica en el ambiente, probablemente vinculada a la lluvia de
meteoritos, suplicamos a la comunidad mantenerse en sus hogares, mantener la
tranquilidad en lo posible y hacer caso a las autoridades policiales, militares
y de bomberos que ya están en la calle tratando de ayudar en esta emergencia –
decía la voz con un tono de voz serio poco acostumbrado en la radio Festival –
no insista en el uso del teléfono, las redes están caídas y no hay
comunicaciones.
La señal poco a poco fue disminuyendo hasta que se convirtió
en estática.
Las calles de la parte alta de Concón están iluminadas solo
por hogueras, la gente frente a sus casas se reúne a la luz de estas
improvisadas fogatas de maderos y neumáticos.
Al pasar frente a un supermercado este estaba custodiado por
Infantes de Marina y un Carabinero, más allá un incendio había congregado a un
grupo de infantes de marina que removían escombros, mientras la gente traía
agua en baldes y arrojaba en llamas que se negaban a apagarse.
En una calle lateral Rodrigo vio que saqueaban un almacén y
bajo la velocidad, el cabo abrió la puerta y bajo en marcha.
- Para won
aquí, vamos cosacos – grito con fuerza el cabo Vargas y sus hombres lo
siguieron.
Frente a ellos a unos metros 10 jóvenes quedaron
sorprendidos con la llegada de los uniformados, inmóviles en la oscuridad, con
cajas aun en las manos.
Un culatazo en el pecho derribo a uno y esto hizo reaccionar
a los demás y ponerse a correr, pero para otros dos fue tarde, tomados de las
ropas cayeron al suelo y los cosacos los redujeron colocando sus rodillas en
sus espaldas y esposándolos con amarra cables. Unos tiros al aire espanto a los
saqueadores que miraban desde unos metros mas allá.
Y la luz naranja de un bólido que cruzo el cielo y cayó al
este de Concón ilumino la escena, los tres detenidos fueron subidos a la
camioneta y dejados boca abajo, mientras gritaban insultos a sus captores.
- Ya
quédense tranquilos los weones que vamos a dar la mansa vuelta con ustedes –
dijo un soldado de carrera – póngase cómodos ladrones.
- Rivera y
Cabrera se quedan aquí – dijo el cabo Vargas
- ¡A su
orden mi cabo! – rugieron los dos conscriptos
- Y tu
Valdivia también – le dijo al soldado de carrera.
- Afirmativo
– Dijo el soldado a baja voz e hizo un gesto con la cabeza.
Con los tres detenidos la Luv atravesó Concón, en todas
partes el mismo espectáculo triste de gente asustada, de incendios de distintas
gravedades, algunos solo asistidos por los propios vecinos.
Al llegar a Santa Julia unos jóvenes se atravesaron en la
vía, llevaban a alguien que parecía inconsciente.
Rodrigo bajo la velocidad, un hombre joven agito sus brazos
y se acercó a la ventanilla caminando al lado de la camioneta.
- Hay
gente herida, tenemos a una mujer mal herida – dijo el hombre joven.
- ¿Que
tiene la señora? – Dijo el cabo
- No se,
fracturas, quien sabe, la sacamos de su departamento que un meteorito destruyo
– dijo el hombre y siguió después de tomar algo de aire – hay un hoyo de este
volado, mucha gente atrapada allá arriba en Reñaca Alto, nadie ha ido.
- Ya,
bajen cabros les dijo a los que estaban en los asientos de atrás de la Luv –
los hombres bajaron y uno se dirigió inmediatamente a ver a la mujer.
Entre los hombres y uno de los cosacos subieron a la mujer,
la que se quejaba sin poder decir palabras. Uno de los cosacos se fue en la
parte de atrás con ella.
- Tiene
rotas las piernas y quemaduras, eso veo mi cabo – dijo el soldado conscripto
- Están
instalando un hospital de Campaña en Achupallas y vamos a informar su situación
– dijo el cabo y con él hombre se cruzó una mirada que trasmitía fuerza y
esperanza, tomo el hombro del joven y le dijo – Vamos hombre, vamos a salir de
esta, siempre salimos.
- Si mi
cabo, vamos a salir más fuerte – dijo el joven con la voz entrecortada.
La Luv pasó por Gómez
Carreño hasta que tomo hacia el Hospital Naval.
Una cantidad mayor a la esperada de vehículos rodeaba al
hospital, trayendo heridos de distintas partes.
Tras traspasar el portalón del hospital aún faltaban metros
para llegar a urgencia, cuando fueron detenidos por un Infante de Marina, unos
conscriptos navales se acercaron con una camilla y en ella depositaron a la
mujer y se alejaron hacia una carpa que funcionaba como urgencia.
- ¿están
en una carpa? – dijo sorprendido el Cabo – ¿no estamos en un hospital?
- Es solo
de diagnóstico, estamos saturados, la mayoría de los enfermeros y auxiliares
que viven al interior no han llegado – dijo el soldado y agrego volviendo a su
función – ¿me dijeron que vienen a buscar un paramédico?
- Si,
somos nosotros – respondió el cabo Vargas
- Allí
vienen, están listos – dijo el hombre mirando a dos hombres que trotaban en
dirección a la Luv.
Al subir a la pick up de la camioneta uno de ellos se asustó
al pisar a uno de los detenidos que exclamo un insulto, el otro hombre se asustó
por los gritos y se hecho para atrás de un salto.
Los soldados se rieron ruidosamente
- Son
nuestros pasajeros VIP – dijo uno de los soldados en la camioneta y aclaro – no
se preocupen por ellos, están bien amarrados.
- Pacen
adentro mejor, a la cabina – dijo Valdez conteniendo la risa.
Salieron del hospital hasta llegar a la escuela F-258 en
achupallas donde se implementaba un hospital de campaña.
La lluvia de meteoritos había cesado por varios minutos
cuando volvieron a Concón a dejar a los detenidos al gimnasio de Concón donde
provisoriamente estaba siendo usado como lugar de detención de los saqueadores.
El tramite fue rápido, el nombre de los sujetos, el nombre
de los aprensores y el lugar de la aprensión.
Les pidieron que trajeran frazadas para los detenidos desde
la comisaría de Concón a llegar allí un policía entrego algunas frazadas y dijo
que habían más en el liceo politécnico donde estaba funcionando un hospital de
campaña.
Al llegar allí, Rodrigo bajo de la camioneta para fumar y
estirar las piernas, camino atrás de los solados hasta la entrada del liceo y
los espero allí. De pronto llego un joven de unos 15 años cargando a un hombre
mayor que tenía un gran corte en un brazo del que sangraba abundantemente y
erosiones en el rostro, Rodrigo se apresuró en ayudar al joven a cargar al
herido hasta el interior del liceo.
Lo depositaron en el suelo sobre una lona y una mujer se
acercó, al incorporarse Rodrigo vio a sus compañeros pálidos, con los ojos
vidriosos, unos agachados al lado de sus compañeros heridos.
Serían unos 10 hombres muy mal heridos en el suelo, otros 5
más allá sobre unas mesas, estaban empapados en sangre y se oían quejidos.
Los soldados tomaron las frazadas y callados salieron del
liceo.
- Que paso
– pregunto Rodrigo una vez en marcha
- Nada,
estaban ayudando a despejar para sacar unas personas bajo escombres y una de
esas weas cayó muy cerca – dijo el hombre haciendo una seña con la mano de
arriba abajo.
- ¿sabes
lo que me dijo uno de los chiporros? – pregunto el cabo
- Dale, que
cosa – dijo Rodrigo
- Me dijo
que fuéramos allá, que había gente atrapada, que había escuchado llorar a un
niño – dijo el cabo conteniendo una rabia mesclada con pena – el chiporro esta
que muere y se preocupa de otros.
- ¿Y qué
hacemos mi cabo? ¿Dónde fue eso? – pregunto Rodrigo
- Yo te
guio y vemos cómo va la cosa – dijo el cabo Valdez haciendo un gesto de
adelante con la mano.
A pesar que en las calles había gente mirando el cielo, como
tratando de saber dónde aparecería y donde caería el próximo bólido, la marcha
fue fácil hasta unos edificios de departamentos, o lo que habían sido edificios
de departamentos.
Del complejo de 6 edificios de 4 pisos, solo 2 se mantenían
casi intactos, otros 2 con graves daños pero milagrosamente de pie a pesar de
que uno carecía del cuarto piso, y uno estaba íntegramente en el suelo, sus 4
pisos tirados como si de cartón se tratara, el sexto solo se notaba su base y
escombros lanzados en una brecha de unos
500 metros que avanzaba hasta más allá del complejo de edificios
internándose por la loma.
Allí vecinos y soldados, junto a unos bomberos trataban de
despejar y salvar a quien hubiera quedado en los escombros.
Los brazos de un soldado se agitaban desde la calle frente
al complejo de departamentos.
- Podrían
llevar unos heridos cabo – dijo un robusto sargento, cuando la Luv estuvo tan
cerca como para ser escuchado.
- ¿Cómo
está mi Sargento?, claro que si ¿Cuántos son? – Contesto Valdez
- Aquí
estamos, como la mierda Valdez, nos estalló un meteorito casi en las cabezas hace
un rato y ya sacamos como 10 personas muertas, pero a Dios gracias sacamos 5
personas vivas con buen pronóstico a lo que se ve, ya se las llevaron, pero hay
3 personas que acabamos de sacar y están mal – Hablo el Sargento sin pausa y
muy excitado.
- Ya,
pongámoslas atrás, tiramos un colchón que nos dieron y las llevaremos al
hospital de campaña en el Liceo.
Eran dos niños pequeños de no mas de 7 años el mayor,
estaban empapados de sangre y su cabello estaba quemado y se le veía la piel
quemada al mas pequeño, al mayor lo habían desnudado y envuelto en una fresada
de polar de Winnie de Poo, fueron depositados con cuidado en la camioneta y dos
bomberos trajeron a una mujer, su brazo estaba absolutamente desarticulado, mas
bien una masa de carne. Ella fue dejada en los asientos traseros de la cabina.
Valdez decido dejar dos soldados, a los que les ordeno
caminar hacia el calle central de Con con para ser recogidos después.
La camioneta dejo a los heridos en el improvisado hospital
de campaña, se devolvió y se encontró con los soldados que sorprendentemente
habían avanzado bastante y traían a una mujer joven herida con por una esquirla
y su hijo de unos 15 años que la acompañaba.
Por el camino al Fuerte Aguayo la radio volvió a trasmitir,
aconsejando a la gente estar pendiente de la caída de aerolitos, de prestar
colaboración a las unidades de emergencia, y obedecer a la autoridad militar,
policial o bomberil , en un momento la radio solicito que quienes tuvieran
vehículos funcionando se acercaran a las comisarias.
Entonces Rodrigo escucho esa voz, una voz de mujer joven,
una frase que no podía reconocer.
- ¿Está
hablando una mujer en la radio?
- No, es
tu estrés Garcés – dijo Valdez
De pronto se cruzaron con el vehículo de trasmisiones de la
Armada, ambos se tocaron la bocina.
Uno podría pensar que el cuartel sería un hervidero de
personas, pero casi todo el personal, a excepción de mecánicos, electrónicos y
electricistas, estaban en terreno. Y el personal en franco que iba llegando
integraba rápidamente cuadrillas de rescate que salían en los pocos camiones
que funcionaban o en sus propios vehículos que habían logrado encender.
Rodrigo se dio cuenta que los únicos vehículos que había
visto moverse en toda la noche están vehículos de los 90s hacia atrás, mientras
mas viejos menos afectados por lo que a esa altura todos suponían un pulso
electro magnético.
Estaban esperando algo en medio de la calle que atravesaba
todo el cuartel, habían pedido algo de gasolina y aun no llegaba el soldado a
quien se la habían solicitado. Por seguridad habían ordenado que ningún
vehículo se acercara a la bomba de combustible, la cual estaba empapada en agua
para prevenir que alguna chispa de algún aerolito los hiciera volar a todos.
De alguna parte escucharon un grito de júbilo, miraron a su
alrededor extrañados de tan repentina alegría surgiera en esos momentos, de la
zona de talleres un Humvee se movía y un grupo de mecánicos lo seguía agitando
sus quepis al aire.
Los hombres a cargo de Valdez aplaudieron espontáneamente el
logro de sus camaradas mecánicos.
El Humvee dio una vuelta y volvió al galpón del taller,
entonces cayeron en que el todoterreno no tenía luces.
En una traspaleta unos conscriptos traían una maquina
rectangular.
- Ya
soldados a subir este generador – se escuchó la voz de un suboficial
Entre los 4 conscriptos y los hombres de la Luv se
dispusieron a levantar la aparatosa máquina. Pero resulto mas pesada que lo que
habían pensado los hombres, incluso con la intervención de Valdez y el
suboficial Llanos. Pero la maquina cayo en la pick up de la Luv hundiendo la
amortiguación trasera.
- ¿Y esta
cosa donde la llevamos? Mi suboficial – pregunto Valdez.
- Eso no
lo sé aun, ni idea. Yo solo la revise y la eche a andar y la cosa anda después
de 20 años ¿me creerían? Ahora entiendo porque se guarda tanto cachureo viejo –
dijo Llanos, haciendo alusión a la manía de guardar cosas solo porque aun
funcionan, aunque ya hubieran sido reemplazadas.
- Parece
que los trastos viejos están salvando la noche mi suboficial – Dijo Valdez.
- Claro,
todas esas weas nuevas están hechas corto, mientras mas cosas electrónicas
tengan menos funcionan, y las viejitas aunque estén hecho corto le cambias un
cable y parten al tiro – dijo el suboficial y se mandó una risotada estridente.
En eso llego un soldado conscripto trayendo un tambor
plástico de 20 litros en una burra.
- Permiso
al mas antiguo – dijo y agrego – traigo 15 litros de gasolina para una Luv.
- Si esta
es mi soldado – dijo Rodrigo.
- Firme
aquí mi cabo – pidió el soldado extendiendo una carpeta con unas hojas
manchadas en diesel y gasolina.
Desde la oscuridad apareció un teniente con una carpeta,
levanto una hoja, la trato de leer sin éxito y cuando giraba buscando una
esquiva luz un bólido estallo sobre las nubes.
- Para que
algo sirvan esas weas – dijo el teniente al poder leer la orden de traslado del
generador – esta es la hoja.
- Buenos
días mi Teniente, usted dirá – dijo Valdez.
- Esto va
al consultorio de Forestal, son tres copias, que se las firmen y se quedan con
dos, allí dice a quienes se la entregan, no el nombre – dijo el teniente
mientras pausaba para volver a ver la hoja – ósea a quien esté a cargo.
- Muy bien
mi Teniente – respondió Valdez.
- Ah, una
última cosa – el Teniente los miro a los ojos a Valdez, a los Soldados y a
Rodrigo – vallan por la ruta que más rápido les salga y se devuelven por costa,
hasta la rotonda de Con con y necesito que hagan una evaluación visual de cómo
esta esa zona, tenemos una sección desperdigada entre Reñaca y quizás hasta
Cochoa producto de cómo se han desarrollado las cosas, tenemos comunicación
radial solo con la gente que está en Reñaca, están usando las canchas del
Colegio Mckay como centro de mando de la sección, quizás porque la situación es
muy móvil.
Rodrigo hizo notar el peso del generador, así que además del
Cabo Valdez subieron solo dos soldados Muñiga y el conscripto Sánchez.
En policlínico del sector de Forestal estaba aparentemente
con poco tráfico de heridos, en él estaba a cargo un doctor cubano residente
del hospital Gustavo Frike, recibió el generador con apatía, la que los hombres
prefirieron interpretar como cansancio.
Desde lo alto del cerro Forestal se podían ver algunos
resplandores de incendios en el plan y al frente en Miraflores y mas hacia el
este hacia Quilpue.
Rodrigo pensó en su familia, se recrimino por no estar con
ellos, pensó en sus padres y hermanos, que estarían en estos momentos presos
del pánico. No había nada peor que no entender lo que pasaba, y si en esos
momentos en las últimas cinco horas nadie entendía nada, desde que cayó el
primer aerolito.
Qué bueno que es Agosto pensó, que bueno que no es diciembre
cuando la maleza está seca o estaríamos todos rodeados de fuego. Pensaba
Rodrigo mientras conducía cerro abajo.
A un lado la Parroquia, al otro la estación de metro Viña
del Mar, la Luv tuvo que aminorar su marcha por avenida Alvares, alguna gente
se desplazaba a pie (¿y en qué otra cosa?) a la Parroquia llevando velas,
Rodrigo pensó en el fervor que nacía con el miedo, pero entonces descubrió que
durante toda la noche no había sentido miedo. Susto muchas veces, miedo de ese
miedo real no, ni atisbos, no había invocado a su Dios ni pensado en otra cosa
que no fuera cumplir con lo que se le había asignado que era conducir y ayudar.
El grupo de personas paso y la Luv giro hasta llegar a la
plaza Sucre, frente a Fallabela y Ripley que estaban con sus cortinas
desgarradas en un intento de saqueo.
- Vaya que
fuerza esa – Pensó Rodrigo al ver las pesadas cortinas metálicas deformadas
hasta la altura de un hombre.
- Voy a
ver qué onda con los pacos y los milicos y nos vamos a Reñaca – dijo Vadez
bajando de la Luv y emprendiendo al otro lado de la calle hasta Fallabela.
Al centro de ambas tiendas habían dos carabineros muy
jóvenes y dos soldados, presumiblemente del Maipo custodiando el sector, un
numero realmente ridículo si una turba deseaba saquear las tiendas del sector,
pero las turbas estaban más preocupadas de que no les cayera algo encima que de
saquear. Esto no era un terremoto, era algo nunca visto.
De fondo escucho unos gritos, los que sobresaltaron a
Rodrigo y al soldado Muñiga.
- Son
evangélicos – dijo el Soldado conscripto Sanchez – al parecer viene de la plaza
Vergara.
Desde la plaza venia un sonido de lamentos, entonces se
escucharon unos aleluyas frenéticos y luego la voz de un hombre, una voz
difónica y maltratada que trataba de alzarse con fuerza, una fuerza venida de
la devoción y el miedo, la voz citaba versículos bíblicos, capítulos del
Apocalipsis.
- Está
hablando del gran arrebatamiento, que el pueblo de Israel será llevado y luego
vendrá la gran tribulación – dijo Sánchez muy serio.
- ¿Cómo le
puedes escuchar? – Pregunto Muñiga.
- Alcanzo a
escuchar algo, pero es que conozco la biblia, soy adventista y se de lo que
habla – Respondió el joven SMO.
- ¿Y tú
crees todo eso? – le dijo el soldado.
- Mi
soldado Muñiga ¿Ha mirado el cielo últimamente? – Le respondió el conscripto.
Muñiga se quedó mirando al soldado, su agnosticismo había
sido derrotado y tan solo trato de escuchar las voces que venían desde la plaza
Vergara, voces ocultas no por sombras de los árboles, sino por la oscuridad
completa.
- La wea
loca, han puesto pacos y milicos cada dos cuadras, moviéndose y un meteorito
cayo en el estero y el puente Casino está en el agua inutilizado – dijo al
llegar Valdez.
- Vamos
Garcés – ordeno Valdez, pero Rodrigo no se movió.
- ¡Vamos
Garcés! ¿qué te pasa? – insistió Valdez.
- Oh, lo
siento, estaba como en otra parte mi cabo, si vamos al tiro – Dijo Rodrigo
pasándose la mano por la cara y mirando a todos lados, saliendo de su sopor.
“El fin ya a llegado, los ángeles de Dios están aquí” Decía
un gran cartel de cartón escrito con plumón negro, el hombre que lo sostenía se
los mostro a los soldados, los faros de la Luv ilumino una cincuentena de
evangélicos que alzaban sus manos al cielo y gemían, todo le era muy confuso a
Garcés y sus acompañantes, menos para Sanchez.
- Aun no
es momento de la llegada de los ángeles, aunque ya han tronado sus trompetas –
dijo el joven conscripto – desde hace tres años que vienen sonando las
trompetas, esto estaba anunciado.
- ¿De que
hablas chiporro? – Pregunto Valdez.
- De las
trompetas de anuncio, en todo el mundo se han escuchado, nadie las tomo en
serio, pero se escucharon en chile, Rusia, Francia, Japón, en todos lados,
sonidos venidos del cielo y sin origen concreto – dijo Sanchez.
- Yo nunca
he escuchado trompetas – dijo Muñiga.
- No se
escuchan como trompetas de banda, es un sonido profundo, que lo traspasa todo,
cuando la ciudad caya se puede sentir, lo han grabado y subido a Youtube –
contesto Sanchez.
- Sí, yo
lo escuche una vez en Belloto, fue espelúznate, miramos y no había avión, ni
maquinas ni nada, solo ese sonido como muy grave – dijo Rodrigo.
La parroquia de Avenida Libertad estaba iluminada por lo que
parecían velas y un joven monaguillo parado en la reja iluminaba la calle con
una potente linterna de mano.
En 9 Norte se encontraron con restos de concreto en la
calle, desde oriente una luz señalo el origen de los trozos de concreto. Un
edificio ardía con sus últimos pisos vaporizados, el de al lado carecía de los
últimos pisos aunque no ardía y un tercero estaba partido por la mitad y sus
restos obstruían 9 Norte y 2 Oriente y
algunos restos habían caído contra las casas y edificios circundantes. Rodrigo
paro un momento y los tres Infantes de Marina bajaron a ver.
No tardaron mucho, volvieron cabeza baja, se subieron
mirando el suelo.
- ¿Qué
pasa? – pregunto Rodrigo.
- Hay
gente de la Mutual de Seguridad y defensa civil y unos soldados, junto a
vecinos, no podemos ayudar más – dijo Valdez algo intranquilo y agrego – no hay
mucho heridos, en realidad lo que haya sido volatizo los pisos y dejo intacto
los siguientes, como un cuchillo que corta una torta, no han encontrado
muertos.
- Lo que
quiere decir, con su permiso, es que el impacto hizo mierda por donde paso y el
resto como que no le paso mucho y los heridos son leves y los muertos volaron –
Dijo el soldado Muñiga.
Pasando 14 norte nuevamente se encontraron con restos de
hormigón y una nube de polvo suspendida en el aire que la suave llovizna que se
había vuelto a iniciar estaba convirtiendo en barro en el parabrisas.
Era impresionante ver una de las torres de los edificios
coraceros cortada transversalmente y de esta surgían algunos fuegos, al otro
lado, hacia oriente un edificio con su base enteramente destruida, la aun
existente estructura se apoyaba en el cerro y el edificio contiguo.
En esta trabajaban unos militares del Maipo y unos marinos
de la Escuela Politécnica Naval y una camioneta de Bomberos.
- ¿Cómo va
el rescate mi teniente? – le grito Valdez a un Teniente flaco y alto de
Ejercito.
- ¿Cómo
nos va a ir? Estamos usando Chusos del Homecenter, que nosotros mismos sacamos
prestados – decía mientras hizo un gesto con los hombros – La gente estaba en
el sótano y los primeros pisos, donde cayó esa mierda.
Valdez entonces miro y se percató que el edificio se había
desplomado sobre sí mismo, y tal vez faltaran los primeros 5 ó 6 pisos.
En eso se acercó un Teniente Naval, llevo su mano a la
visera del quepis de paño negro.
- Buenas
noches cabo – dijo el Teniente, percatándose de lo estúpida de la frase a la
mitad y haciendo un gesto de cansancio.
- Buenas
noches mi Teniente –respondió Valdez.
- ¿A dónde
se dirigen? – Pregunto el Teniente.
- Vamos en
ronda a Reñaca, de allí a Con con y a Torquemada – Respondió el cabo.
- Bueno,
entonces – dijo el teniente mirando a su homólogo del ejercito – podrían llevar
a dos paisas heridos que tenemos a la clínica naval.
- Si
vamos, que para eso estamos mi teniente – contesto Valdez.
Nuevamente en esa noche subieron dos heridos en la parte
trasera, acompañados de un soldado.
Al salir hacia la avenida Borgoño que bordea el mar hasta
las salinas, vieron gente en los jardines del borde mar y en la playa, gente
que seguramente llevadas por el miedo habían abandonado sus departamentos y
preferían aguantar la intemperie a el riesgo de ser sepultados en sus
edificios.
- Esa
gente no sabrá que si les llega un meteorito en la playa igual morirán – dijo
Rodrigo.
- Si,
morirán, creo que lo saben – dijo Valdez mirando las carpas improvisadas de
plástico, frazadas y alguna de camping y agrego – le que temen es quedar
sepultados vivos en sus edificios.
- ¿Por qué
cree eso mi cabo? – pregunto Rodrigo.
- Porque a
mí también me daría miedo eso – dijo Valdez y agrego – mi familia también vive
en departamento en un 4to piso en Santa Inés, ojala no estén adentro.
Rodrigo prefirió no decir nada más, no quiso incomodar al
cabo y a esa altura su preocupación por
su propia familia aumentaba.
Al llegar a la clínica naval de las Salinas unos marinos se
acercaron con una camilla a bajar a uno de los heridos.
- Venimos
de inmediato por el otro paciente – dijo uno de los enfermeros navales.
- Tómense
su tiempo, está muerto el caballero – dijo el soldado Sánchez soltando
suavemente la cabeza sin vida del hombre.
Cuando se desplazaban desde Salinas a Reñaca, vieron autos
aparcados a orillas del camino, seguramente que se pararon cuando se
trasladaban a alguna fiesta, disco o pub. Entonces vino un resplandor circular
en las nubes y luego un gran ruido desde el mar y un chorro blanco se alzó unos
30 metros y desde el agua se veía un resplandor azul verdoso, luego una onda de
impacto estremeció la Luv y una lluvia de agua de mar les cayó, casi
inmediatamente a la llegada de una ola que reventó y barrio con el camino
costero.
- Mierda,
mierda ¿vieron eso? – dijo Sánchez casi gritando.
Rodrigo, Valdez y Muñiga estallaron en riza, una riza
contagiosa y burlesca.
- ¿Y con
esa boca reza soldado? – se burló Valdez.
- Pero mi
cabo, la media cosa, si nos da – Dijo Sánchez.
- Nos
vamos al cielo poh Sánchez – Dijo el soldado
Muñiga
- Ah… me
agarraron de punto – rezongo Sánchez.
- Nos
vamos al Valhalla, para ya nos vamos, al cielo de los guerreros, no somos
santos, somos soldados – dijo en serio Rodrigo.
- ¿Qué es
eso? – pregunto Muñiga
- El cielo
donde los vikingos toman cerveza de miel ¿o no? – Dijo Valdez y agrego – Como
no vas a saber Muñiga.
- No se
poh mi cabo, si no leo la biblia.
- No es de
la biblia Muñiga, es del libro la Edda, es religión pagana, no es cristianismo
– Contesto Rodrigo.
Una ambulancia se encontró con ellos, paso rauda haciendo
sonar su sirena y se perdió hacia viña del mar.
Entraron a Reñaca y se dirigieron inmediatamente hacia el
colegio Mackay, siguiendo el estero.
Al llegar al Mackay se encontraron que en su interior había
una carpa de mando y varias carpas más pequeñas civiles. Salió a su encuentro
un teniente segundo, que por su aspecto bien podría ser un subteniente, estaba
con su tenida de combate multicam, pero sin chaleco, ni casco, con las mangas
arremangadas, todo sucio por polvo y barro y al llegar a la luz se pudo ver
manchas de sangre entre el barro.
- Bien ¿en
qué me pueden ayudar? Porque yo a ustedes no puedo, mis 35 hombres los tengo a
todos dispersados y no puedo hacer mucho más – dijo sin saludar el teniente
Bravo.
- Mi
teniente, no le venimos a sacar gente, venimos a ayudar, para servir de enlace
con su gente – dijo Valdez y agrego – el mando necesita una evaluación de lo que
sucede aquí.
- Un
vecino facilito un Mazda de 1985 y mande a cuatro hombre a patrullar Jardín del
Mar y son mi enlace con la clínica Reñaca, supe de un intento de saqueo y tengo
unos 5 hombres más en patrulla de infantería en el centro de Reñaca, tengo a 8
hombres aquí incluyéndome para coordinar con la comunidad, tengo un solo
enfermero y lo mande con 10 hombres a ver algo que paso en Cochoa, algo cayo
allá – decía el Teniente, mientras se percataba que Valdez escribía y agrego –
mande a dos hombres a ver qué pasa con la gente de Cochoa, como no tengo radio
no se mucho lo que está pasando.



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