lunes, 15 de octubre de 2012

Capitulo 1.(Segunda entrega)


1.1
El estruendo fue mayor, un bólido atravesó el cielo desde el oeste y se estrelló contra el cerro Mauco, otro bólido muy luminoso se alejó hacia el interior, en dirección sureste, luego fueron tantos que a los hombres fuera del Fuerte Aguayo ya no podían definir hacia donde caían, solo que caían de noroeste a sureste.
Desde el interior del Cuartel llego el sonido de generadores, unas luces de vehículos, pronto los reservistas se comenzaron a dispersar en parejas, a no manos de 10 metros de cada pareja, mirando el cielo con una rodilla en el suelo. Con las manos en los oídos para no escuchar los estruendos.
-              Esos estruendos son cuando los bólidos ingresan rompiendo la barrera del sonido – pensó Rodrigo, seguro que no eran realmente explosiones, si estampidos de ondas sonoras y en el fondo para tranquilizarse.
Desde el portalón salieron dos jóvenes, uno era un conscripto y el otro el subteniente Gorigoitia esta vez completamente equipado con tenida multicam, parka de goretex, casco, chaleco antifracmentacion y un HK 33e colgado al costado.
El grupo de reservistas comenzó a aglutinarse alrededor de los dos hombres.
-              A los que nombre en la lista van a recoger lo que hallan traído como objetos personales y en 5 minutos van a formar frente a la guardia, la lista solo son personal de reserva pasado a retiro en los últimos dos años según se verifico – dijo rápidamente el oficial.
Luego se leyeron los apellidos y los grados en reserva, a lo que los hombres contestaban con su nombre y se retiraban a los vehículos a recoger sus mochilas. La lista no fue extensa, al terminar un bólido cruzo por sobre ellos, quizás a varios pies de altura, pero dio un fulgor rojizo anaranjado al lugar, todos se agacharon instintivamente, menos Rodrigo que miro el lugar de caída del bólido.
-              Eso fue hacia Villa Alemana o Quilpué – dijo entre dientes.
No sabía si volver a la casa a ver a su familia, de paso pasar por la casa de su polola o quedarse allí,  pensó que tal vez no sería llamado a activo y que en nada ayudaría quedándose allí.
-              Mi teniente – se hizo notar Rodrigo – puedo ayudar, estoy preparado, incluso puedo ser de ayuda en lo que sea – sugirió al Teniente.
-              Soldado, así como van las cosas vamos a necesitar a todos, incluso a los que no están aquí – dijo el oficial con una mirada de orgullo entender el deseo de prestar colaboración de Rodrigo y agrego - ¿Cuál es su nombre Soldado?
-              Mi nombre es Z IM (SMO) Rodrigo Garces – dijo.
El Soldado tomo nota en la tablilla y la dio vuelta para que no se mojara.
Rodrigo confió en las palabras del Subteniente y decidió esperar un rato, se dio un par de horas o volvería a casa, total por alguna fortuna su camioneta aun encendía.
Una motocicleta todo terreno Honda civil con un hombre con tenida azul de intendencia llego a toda velocidad, al parecer un mensajero y se presentó al portalón, lo dejaron ingresar y el ruido de su motocicleta se perdió en la oscuridad.
Un chasquido y una luz brillante hizo que todos se agacharan y miraran tras de sí, un bólido había caído en un bosquecillo cercano, demasiado cerca. Los hombres se alejaron más entre si y algunos tomaron los vehículos que podían encender y los estacionaron a más distancia. Casi sin pensar solo aplicaban un entrenamiento tantas veces ensayado, que era alejarse entre si ante un bombardeo para disminuir el efecto mortal de la caída de una bomba, pero jamas pensaron que lo aplicarían ante objetos que caen desde más allá del cielo.
1.5
Santiago estaba tan oscuro como un manto hecho de asfalto, cuando los bólidos comenzaron a caer.
La histeria se hacía visible en las personas que en medio de la oscuridad no podían hacer partir sus autos en el barrio Suecia, cientos de personas se iluminaban con una antorcha improvisada, otros encendían y apagaban sus encendedores, uno de los pocos autos que había logrado encender atropello a unos jóvenes, los bólidos que a segundos iluminaban el panorama mostraban una masa que se movía como por pulsaciones. Todo eran gritos, nombres echados al aire, respuestas a esos gritos, maldiciones, oraciones de arrepentimiento y llantos, muchos llantos.
Un bólido impacto tras la virgen del cerro, el resplandor ilumino la imagen y su sombra se dibujó a quilómetros, más de alguno lo considero una señal y se arrodillo a pedir perdón.  Otro bólido se desintegro cerca de la virgen y miles de fragmentos incendiaron los alrededores de la virgen matando a las personas que habían subidos movidos por su fe y el miedo.
En alameda Bernardo O´higgins las personas como animas caminaban por ella, tratando de rehacer las rutas de los buses, hacia sus casas, no era rápido el desplazamiento, era fatigoso por la oscuridad y cuando un bólido dejaba un fulgor las personas aceleraban el paso, no se sabía si reaccionando al miedo o aprovechando que podían ver más allá de unos palmos.
Aun esto, un grupo de jóvenes saqueaba una botillería y los que caminaban por la alameda pudieron ver un local de electrodomésticos asaltado por unos veinte jóvenes. Carabineros tan solo se preocupaba de atender heridos, de tratar de tranquilizar a la gente y darles rutas de evacuación hacia donde la gente les preguntara.
Entonces un bólido paso muy cerca de la parte alta del edificio Gabriela Mistral, ni siquiera lo toco, pero su fuerza de choque fue tal que el edificio perdió los últimos cinco pisos en una nueve de polvo, trozos de cristal, hierro, aluminio, concreto y restos de mobiliario, desde los pisos inmediatamente inferiores cayeron pedazos más grandes de aluminio, concreto y vidrios. Casi en el acto para la percepción humana, el bólido impacto la parte superior de un edificio a una cuadra frente al Gabriela Mistral y luego se enterró destruyendo a su paso tres cuadras y el impacto lanzo una ola de impacto que arrojó al suelo  a todo aquel a cuatro cuadras, retumbando el suelo y levantando una nube de polvo de hormigón y vidrios que irritaba las vías respiratorias.
La gente se levantó y comenzó a correr desenfrenadamente, los carabineros en cambio se dirigieron al lugar del impacto a la inútil tarea de buscar sobrevivientes. Mientras otro bólido cruzaba a baja altura, tras la torre Entel, arrasando en su impacto tres cuadras y vidas en ese momento incontables.
Otros fragmentos más pequeños provocaban impactos menores, pero que algunos de ellos iniciaban incendios.
Un camión apareció atestado de gente, sonando su bocina y se perdió en dirección poniente.
El hombre había dormido hasta que el horror lo despertó, desde su piso en una torre en las Condes pudo ver como hacia el horizonte los bólidos caían, como desde kilómetros las únicas luces eran los fuegos de los incendios, en su interior estaba sin poder interpretar lo que veía, de repente su corazón pulso, la sirena lejana de un carro de bomberos le devolvió la esperanza, alguien estaba haciendo algo.
Su esposa había vestido a sus dos hijos y estaban en el pasillo del edificio, en el piso 24. Él tomo una sábana, la lleno de víveres y juntos bajaron a los estacionamientos subterráneos, donde otras personas ya habían llegado.
El carro era una pieza de museo de 1956, lo único que el grupo de bomberos había podido hacer funcionar. La llenaron con chuzos, palas, cuerdas, extintores de una tienda que habían saqueado unos minutos antes, no tenían comunicación con las policías, ni alguna municipalidad o intendencia, ni siquiera con otros bomberos, no sabían mucho que hacer solo sabían que debían hacer algo.
Como un dedo que deja su marca en una torta recién hecha, el conjunto de bloques de 4 pisos estaba abierto por el impacto del bólido, la mitad de un bloque se había evaporado, mientras la otra mitad se hallaba tumbada con gritos de agonía desde su interior.
Era un lugar para ayudar, pero podría ser unas cuadras más allá también o un par de kilómetros más al norte donde un condominio se había convertido en un cráter por mientras todo ardía a su alrededor. Pero eligieron ese, simplemente porque lo vieron primero.
Bajaron y conectaron manguera a los grifos con la esperanza que tuvieran presión. Un bombero gordo llamo a los vecinos y organizo un grupo de ayuda, les explico que estaban contra el tiempo y que debían trabajar a fuerza bruta para sacar a sus familiares y vecinos.

Los pitones comenzaron a lanzar agua, primero en chorro, luego en nube.
Mientras vecinos y bomberos trataban de sacar a la gente atrapada.
A lo lejos se escucharon ráfagas de ametralladora o fusil, era tan distante que uno no podría reconocer con precisión que arma era.
Los Soldados llevaban armas, herramientas manuales desde martillos, combos, hasta huinches en los pocos camiones viejos que habían podido hacer partir, los dejaban en un sector de Santiago, luego los camiones volvían a buscar más soldados a los cuarteles.
1.1
Algunos camiones pudieron encender, ningún blindado, ninguno de los Hummer, en estos pocos cuatro vehículos fueron llenados de soldados, con su armas, con herramientas, con extintores y salieron por el portalón hacia Concón.
Un Cabo segundo solicito los vehículos de los civiles fuera de la unidad, Rodrigo ingreso con el viejo y la Luv de su padre.
Estaciono junto otros 6 vehículos civiles, un Lada, una destartalada F100 de 1956, un furgón escolar Toyota, dos utilitarios Suzuki y una Peugeot Patner de una empresa de seguridad, junto a los demás conductores formaron.
-              Los camiones van a ir y venir del cuartel trayendo soldados, como ustedes son vehículos más pequeños van a ser usados para patrullar y enlace – hablo un capitán
-              Cada uno de ustedes llevara un equipo de radio de mano, en el canal 6, no cambien el canal por nada y llevaran una cantidad de efectivos según el tamaño del vehículo – continuo diciendo el capitán con el silencio de los reservistas como aprobación.
-              Estarán a cargo de un cabo primero o sargento como jefe de la patrulla, el dará las ordenes sin importar los grados que hayan tenido a momento de retiro – Mientras decía esto el capitán algunas cabezas se movieron en aprobación.
-              La orden si es que hay saqueos es seguir instrucciones de carabineros, si no estuviera carabineros la orden es disparar al aire – el capitán miro a los reservistas para cerciorarse que esta orden hubiera sido entendida y continuo – hay una ruta a seguir por cada móvil, 2 a Concón y los demás a Viña del Mar, ustedes solo harán de choferes de sus vehículos.
-              Como no hay energía eléctrica, imaginamos que no hay bencineras, tendrán que volver para cargar, de poder mover los camiones del petróleo y de la gasolina les avisamos, pero lo dudo por esta noche.
Un estruendo cercano hizo que los hombres se giraran y volvieran rápidamente a las instrucciones del capitán. 
Un soldado le paso a Rodrigo una parka multicam, un quepis, un casco balístico y un viejo fusil Hk 33 con tan solo un cargador, y le hiso firmar una hoja por los artículos.
-              Por lo menos es un cargador de 40 tiros – Pensó Rodrigo mientras se dirigía a la Luv que ya estaba con 9 hombres.
Cinco hombres ya estaban arriba en la pick up, otros cuatro esperaban que Rodrigo les abriera.
-              Z IM SMO Reserva Naval Rodrigo Garcés ¿Dónde vamos primero mi cabo? – Dijo Rodrigo mientras habría el vehículo.
-              Perdone que lo rectifique mi Soldado, creo que desde ahora debe sacarle el SMO y el Reserva, creo que está bastante activo – dijo sonriendo  el cabo y los demás rieron – Soy Ángel Vargas y nos vamos al hospital Naval a buscar a algún paramédico o matasano para el sector de achupallas.
-              Okey mi Cabo, esta nave parte ahora – Dijo Rodrigo, encendiendo el vehículo.
Al salir del cuartel Rodrigo enciende la radio y pide que el cabo busque si hay algo trasmitiendo en AM o FM
Por unos minutos nada, solo estática, hasta que logra sintonizar Radio Festival en AM.
-              Manténganse en sus casa, en los lugares que aún hay agua acumúlenla en la tina, tambores botellas… la autoridad Naval de Valparaíso y la intendencia advierten que hay sectores sin agua a estas horas por roturas de matrices – se escuchaba la voz de Carlos Williams que continua – transmitiendo en un móvil improvisado facilitado por la Armada de Chile.
-              Chucha, tan rápido echaron a andar el equipo de radio móvil de los de Litoral – dijo el cabo Vargas.
-              Estaremos dando vueltas por los cerros de Valparaíso y Viña del Mar, evitando los peñascazos que manda San Isidro (rizas grabadas) – salió de la radio que siguió – estamos aquí al pie del cañón, Radio Festival CB 127 AM
-              Estos están locos, tienen los medios cojones – dijo Rodrigo.
-              Informamos a la comunidad que los servicios eléctricos están suspendidos, esto no es debido a un Black Out , ni es una falla de sistema común, muchos artículos eléctricos y electrónicos se han quemado por una alta voltaje debido a una carga eléctrica en el ambiente, probablemente vinculada a la lluvia de meteoritos, suplicamos a la comunidad mantenerse en sus hogares, mantener la tranquilidad en lo posible y hacer caso a las autoridades policiales, militares y de bomberos que ya están en la calle tratando de ayudar en esta emergencia – decía la voz con un tono de voz serio poco acostumbrado en la radio Festival – no insista en el uso del teléfono, las redes están caídas y no hay comunicaciones.
La señal poco a poco fue disminuyendo hasta que se convirtió en estática.
Las calles de la parte alta de Concón están iluminadas solo por hogueras, la gente frente a sus casas se reúne a la luz de estas improvisadas fogatas de maderos y neumáticos.
Al pasar frente a un supermercado este estaba custodiado por Infantes de Marina y un Carabinero, más allá un incendio había congregado a un grupo de infantes de marina que removían escombros, mientras la gente traía agua en baldes y arrojaba en llamas que se negaban a apagarse.
En una calle lateral Rodrigo vio que saqueaban un almacén y bajo la velocidad, el cabo abrió la puerta y bajo en marcha.
-              Para won aquí, vamos cosacos – grito con fuerza el cabo Vargas y sus hombres lo siguieron.
Frente a ellos a unos metros 10 jóvenes quedaron sorprendidos con la llegada de los uniformados, inmóviles en la oscuridad, con cajas aun en las manos.
Un culatazo en el pecho derribo a uno y esto hizo reaccionar a los demás y ponerse a correr, pero para otros dos fue tarde, tomados de las ropas cayeron al suelo y los cosacos los redujeron colocando sus rodillas en sus espaldas y esposándolos con amarra cables. Unos tiros al aire espanto a los saqueadores que miraban desde unos metros mas allá.
Y la luz naranja de un bólido que cruzo el cielo y cayó al este de Concón ilumino la escena, los tres detenidos fueron subidos a la camioneta y dejados boca abajo, mientras gritaban insultos a sus captores.
-              Ya quédense tranquilos los weones que vamos a dar la mansa vuelta con ustedes – dijo un soldado de carrera – póngase cómodos ladrones.
-              Rivera y Cabrera se quedan aquí – dijo el cabo Vargas
-              ¡A su orden mi cabo! – rugieron los dos conscriptos
-              Y tu Valdivia también – le dijo al soldado de carrera.
-              Afirmativo – Dijo el soldado a baja voz e hizo un gesto con la cabeza.
Con los tres detenidos la Luv atravesó Concón, en todas partes el mismo espectáculo triste de gente asustada, de incendios de distintas gravedades, algunos solo asistidos por los propios vecinos.
Al llegar a Santa Julia unos jóvenes se atravesaron en la vía, llevaban a alguien que parecía inconsciente. 
Rodrigo bajo la velocidad, un hombre joven agito sus brazos y se acercó a la ventanilla caminando al lado de la camioneta.
-              Hay gente herida, tenemos a una mujer mal herida – dijo el hombre joven.
-              ¿Que tiene la señora? – Dijo el cabo
-              No se, fracturas, quien sabe, la sacamos de su departamento que un meteorito destruyo – dijo el hombre y siguió después de tomar algo de aire – hay un hoyo de este volado, mucha gente atrapada allá arriba en Reñaca Alto, nadie ha ido.
-              Ya, bajen cabros les dijo a los que estaban en los asientos de atrás de la Luv – los hombres bajaron y uno se dirigió inmediatamente a ver a la mujer.
Entre los hombres y uno de los cosacos subieron a la mujer, la que se quejaba sin poder decir palabras. Uno de los cosacos se fue en la parte de atrás con ella.
-              Tiene rotas las piernas y quemaduras, eso veo mi cabo – dijo el soldado conscripto
-              Están instalando un hospital de Campaña en Achupallas y vamos a informar su situación – dijo el cabo y con él hombre se cruzó una mirada que trasmitía fuerza y esperanza, tomo el hombro del joven y le dijo – Vamos hombre, vamos a salir de esta, siempre salimos.
-              Si mi cabo, vamos a salir más fuerte – dijo el joven con la voz entrecortada.
La Luv  pasó por Gómez Carreño hasta que tomo hacia el Hospital Naval.
Una cantidad mayor a la esperada de vehículos rodeaba al hospital, trayendo heridos de distintas partes.
Tras traspasar el portalón del hospital aún faltaban metros para llegar a urgencia, cuando fueron detenidos por un Infante de Marina, unos conscriptos navales se acercaron con una camilla y en ella depositaron a la mujer y se alejaron hacia una carpa que funcionaba como urgencia.
-              ¿están en una carpa? – dijo sorprendido el Cabo – ¿no estamos en un hospital?
-              Es solo de diagnóstico, estamos saturados, la mayoría de los enfermeros y auxiliares que viven al interior no han llegado – dijo el soldado y agrego volviendo a su función – ¿me dijeron que vienen a buscar un paramédico?
-              Si, somos nosotros – respondió el cabo Vargas
-              Allí vienen, están listos – dijo el hombre mirando a dos hombres que trotaban en dirección a la Luv.
Al subir a la pick up de la camioneta uno de ellos se asustó al pisar a uno de los detenidos que exclamo un insulto, el otro hombre se asustó por los gritos y se hecho para atrás de un salto.
Los soldados se rieron ruidosamente
-              Son nuestros pasajeros VIP – dijo uno de los soldados en la camioneta y aclaro – no se preocupen por ellos, están bien amarrados.
-              Pacen adentro mejor, a la cabina – dijo Valdez conteniendo la risa.
Salieron del hospital hasta llegar a la escuela F-258 en achupallas donde se implementaba un hospital de campaña.
La lluvia de meteoritos había cesado por varios minutos cuando volvieron a Concón a dejar a los detenidos al gimnasio de Concón donde provisoriamente estaba siendo usado como lugar de detención de los saqueadores.
El tramite fue rápido, el nombre de los sujetos, el nombre de los aprensores y el lugar de la aprensión.
Les pidieron que trajeran frazadas para los detenidos desde la comisaría de Concón a llegar allí un policía entrego algunas frazadas y dijo que habían más en el liceo politécnico donde estaba funcionando un hospital de campaña.
Al llegar allí, Rodrigo bajo de la camioneta para fumar y estirar las piernas, camino atrás de los solados hasta la entrada del liceo y los espero allí. De pronto llego un joven de unos 15 años cargando a un hombre mayor que tenía un gran corte en un brazo del que sangraba abundantemente y erosiones en el rostro, Rodrigo se apresuró en ayudar al joven a cargar al herido hasta el interior del liceo.
Lo depositaron en el suelo sobre una lona y una mujer se acercó, al incorporarse Rodrigo vio a sus compañeros pálidos, con los ojos vidriosos, unos agachados al lado de sus compañeros heridos.
Serían unos 10 hombres muy mal heridos en el suelo, otros 5 más allá sobre unas mesas, estaban empapados en sangre y se oían quejidos.
Los soldados tomaron las frazadas y callados salieron del liceo.
-              Que paso – pregunto Rodrigo una vez en marcha
-              Nada, estaban ayudando a despejar para sacar unas personas bajo escombres y una de esas weas cayó muy cerca – dijo el hombre haciendo una seña con la mano de arriba abajo.
-              ¿sabes lo que me dijo uno de los chiporros? – pregunto el cabo
-              Dale, que cosa – dijo Rodrigo
-              Me dijo que fuéramos allá, que había gente atrapada, que había escuchado llorar a un niño – dijo el cabo conteniendo una rabia mesclada con pena – el chiporro esta que muere y se preocupa de otros.
-              ¿Y qué hacemos mi cabo? ¿Dónde fue eso? – pregunto Rodrigo
-              Yo te guio y vemos cómo va la cosa – dijo el cabo Valdez haciendo un gesto de adelante con la mano.
A pesar que en las calles había gente mirando el cielo, como tratando de saber dónde aparecería y donde caería el próximo bólido, la marcha fue fácil hasta unos edificios de departamentos, o lo que habían sido edificios de departamentos.
Del complejo de 6 edificios de 4 pisos, solo 2 se mantenían casi intactos, otros 2 con graves daños pero milagrosamente de pie a pesar de que uno carecía del cuarto piso, y uno estaba íntegramente en el suelo, sus 4 pisos tirados como si de cartón se tratara, el sexto solo se notaba su base y escombros lanzados en una brecha de unos  500 metros que avanzaba hasta más allá del complejo de edificios internándose por la loma.
Allí vecinos y soldados, junto a unos bomberos trataban de despejar y salvar a quien hubiera quedado en los escombros.
Los brazos de un soldado se agitaban desde la calle frente al  complejo de departamentos.
-              Podrían llevar unos heridos cabo – dijo un robusto sargento, cuando la Luv estuvo tan cerca como para ser escuchado.
-              ¿Cómo está mi Sargento?, claro que si ¿Cuántos son? – Contesto Valdez
-              Aquí estamos, como la mierda Valdez, nos estalló un meteorito casi en las cabezas hace un rato y ya sacamos como 10 personas muertas, pero a Dios gracias sacamos 5 personas vivas con buen pronóstico a lo que se ve, ya se las llevaron, pero hay 3 personas que acabamos de sacar y están mal – Hablo el Sargento sin pausa y muy excitado.
-              Ya, pongámoslas atrás, tiramos un colchón que nos dieron y las llevaremos al hospital de campaña en el Liceo.
Eran dos niños pequeños de no mas de 7 años el mayor, estaban empapados de sangre y su cabello estaba quemado y se le veía la piel quemada al mas pequeño, al mayor lo habían desnudado y envuelto en una fresada de polar de Winnie de Poo, fueron depositados con cuidado en la camioneta y dos bomberos trajeron a una mujer, su brazo estaba absolutamente desarticulado, mas bien una masa de carne. Ella fue dejada en los asientos traseros de la cabina.
Valdez decido dejar dos soldados, a los que les ordeno caminar hacia el calle central de Con con para ser recogidos después.
La camioneta dejo a los heridos en el improvisado hospital de campaña, se devolvió y se encontró con los soldados que sorprendentemente habían avanzado bastante y traían a una mujer joven herida con por una esquirla y su hijo de unos 15 años que la acompañaba.
Por el camino al Fuerte Aguayo la radio volvió a trasmitir, aconsejando a la gente estar pendiente de la caída de aerolitos, de prestar colaboración a las unidades de emergencia, y obedecer a la autoridad militar, policial o bomberil , en un momento la radio solicito que quienes tuvieran vehículos funcionando se acercaran a las comisarias.
Entonces Rodrigo escucho esa voz, una voz de mujer joven, una frase que no podía reconocer.
-              ¿Está hablando una mujer en la radio?
-              No, es tu estrés Garcés – dijo Valdez
De pronto se cruzaron con el vehículo de trasmisiones de la Armada, ambos se tocaron la bocina.
Uno podría pensar que el cuartel sería un hervidero de personas, pero casi todo el personal, a excepción de mecánicos, electrónicos y electricistas, estaban en terreno. Y el personal en franco que iba llegando integraba rápidamente cuadrillas de rescate que salían en los pocos camiones que funcionaban o en sus propios vehículos que habían logrado encender.
Rodrigo se dio cuenta que los únicos vehículos que había visto moverse en toda la noche están vehículos de los 90s hacia atrás, mientras mas viejos menos afectados por lo que a esa altura todos suponían un pulso electro magnético.
Estaban esperando algo en medio de la calle que atravesaba todo el cuartel, habían pedido algo de gasolina y aun no llegaba el soldado a quien se la habían solicitado. Por seguridad habían ordenado que ningún vehículo se acercara a la bomba de combustible, la cual estaba empapada en agua para prevenir que alguna chispa de algún aerolito los hiciera volar a todos.
De alguna parte escucharon un grito de júbilo, miraron a su alrededor extrañados de tan repentina alegría surgiera en esos momentos, de la zona de talleres un Humvee se movía y un grupo de mecánicos lo seguía agitando sus quepis al aire.
Los hombres a cargo de Valdez aplaudieron espontáneamente el logro de sus camaradas mecánicos.
El Humvee dio una vuelta y volvió al galpón del taller, entonces cayeron en que el todoterreno no tenía luces.
En una traspaleta unos conscriptos traían una maquina rectangular.
-              Ya soldados a subir este generador – se escuchó la voz de un suboficial
Entre los 4 conscriptos y los hombres de la Luv se dispusieron a levantar la aparatosa máquina. Pero resulto mas pesada que lo que habían pensado los hombres, incluso con la intervención de Valdez y el suboficial Llanos. Pero la maquina cayo en la pick up de la Luv hundiendo la amortiguación trasera.
-              ¿Y esta cosa donde la llevamos? Mi suboficial – pregunto Valdez.
-              Eso no lo sé aun, ni idea. Yo solo la revise y la eche a andar y la cosa anda después de 20 años ¿me creerían? Ahora entiendo porque se guarda tanto cachureo viejo – dijo Llanos, haciendo alusión a la manía de guardar cosas solo porque aun funcionan, aunque ya hubieran sido reemplazadas.
-              Parece que los trastos viejos están salvando la noche mi suboficial – Dijo Valdez.
-              Claro, todas esas weas nuevas están hechas corto, mientras mas cosas electrónicas tengan menos funcionan, y las viejitas aunque estén hecho corto le cambias un cable y parten al tiro – dijo el suboficial y se mandó una risotada estridente.
En eso llego un soldado conscripto trayendo un tambor plástico de 20 litros en una burra.
-              Permiso al mas antiguo – dijo y agrego – traigo 15 litros de gasolina para una Luv.
-              Si esta es mi soldado – dijo Rodrigo.
-              Firme aquí mi cabo – pidió el soldado extendiendo una carpeta con unas hojas manchadas en diesel y gasolina.
Desde la oscuridad apareció un teniente con una carpeta, levanto una hoja, la trato de leer sin éxito y cuando giraba buscando una esquiva luz un bólido estallo sobre las nubes.
-              Para que algo sirvan esas weas – dijo el teniente al poder leer la orden de traslado del generador – esta es la hoja.
-              Buenos días mi Teniente, usted dirá – dijo Valdez.
-              Esto va al consultorio de Forestal, son tres copias, que se las firmen y se quedan con dos, allí dice a quienes se la entregan, no el nombre – dijo el teniente mientras pausaba para volver a ver la hoja – ósea a quien esté a cargo.
-              Muy bien mi Teniente – respondió Valdez.
-              Ah, una última cosa – el Teniente los miro a los ojos a Valdez, a los Soldados y a Rodrigo – vallan por la ruta que más rápido les salga y se devuelven por costa, hasta la rotonda de Con con y necesito que hagan una evaluación visual de cómo esta esa zona, tenemos una sección desperdigada entre Reñaca y quizás hasta Cochoa producto de cómo se han desarrollado las cosas, tenemos comunicación radial solo con la gente que está en Reñaca, están usando las canchas del Colegio Mckay como centro de mando de la sección, quizás porque la situación es muy móvil.
Rodrigo hizo notar el peso del generador, así que además del Cabo Valdez subieron solo dos soldados Muñiga y el conscripto Sánchez.
En policlínico del sector de Forestal estaba aparentemente con poco tráfico de heridos, en él estaba a cargo un doctor cubano residente del hospital Gustavo Frike, recibió el generador con apatía, la que los hombres prefirieron interpretar como cansancio.
Desde lo alto del cerro Forestal se podían ver algunos resplandores de incendios en el plan y al frente en Miraflores y mas hacia el este hacia Quilpue.
Rodrigo pensó en su familia, se recrimino por no estar con ellos, pensó en sus padres y hermanos, que estarían en estos momentos presos del pánico. No había nada peor que no entender lo que pasaba, y si en esos momentos en las últimas cinco horas nadie entendía nada, desde que cayó el primer aerolito.
Qué bueno que es Agosto pensó, que bueno que no es diciembre cuando la maleza está seca o estaríamos todos rodeados de fuego. Pensaba Rodrigo mientras conducía cerro abajo.
A un lado la Parroquia, al otro la estación de metro Viña del Mar, la Luv tuvo que aminorar su marcha por avenida Alvares, alguna gente se desplazaba a pie (¿y en qué otra cosa?) a la Parroquia llevando velas, Rodrigo pensó en el fervor que nacía con el miedo, pero entonces descubrió que durante toda la noche no había sentido miedo. Susto muchas veces, miedo de ese miedo real no, ni atisbos, no había invocado a su Dios ni pensado en otra cosa que no fuera cumplir con lo que se le había asignado que era conducir y ayudar.
El grupo de personas paso y la Luv giro hasta llegar a la plaza Sucre, frente a Fallabela y Ripley que estaban con sus cortinas desgarradas en un intento de saqueo.
-              Vaya que fuerza esa – Pensó Rodrigo al ver las pesadas cortinas metálicas deformadas hasta la altura de un hombre.
-              Voy a ver qué onda con los pacos y los milicos y nos vamos a Reñaca – dijo Vadez bajando de la Luv y emprendiendo al otro lado de la calle hasta Fallabela.
Al centro de ambas tiendas habían dos carabineros muy jóvenes y dos soldados, presumiblemente del Maipo custodiando el sector, un numero realmente ridículo si una turba deseaba saquear las tiendas del sector, pero las turbas estaban más preocupadas de que no les cayera algo encima que de saquear. Esto no era un terremoto, era algo nunca visto.
De fondo escucho unos gritos, los que sobresaltaron a Rodrigo y al soldado Muñiga.
-              Son evangélicos – dijo el Soldado conscripto Sanchez – al parecer viene de la plaza Vergara.
Desde la plaza venia un sonido de lamentos, entonces se escucharon unos aleluyas frenéticos y luego la voz de un hombre, una voz difónica y maltratada que trataba de alzarse con fuerza, una fuerza venida de la devoción y el miedo, la voz citaba versículos bíblicos, capítulos del Apocalipsis.
-              Está hablando del gran arrebatamiento, que el pueblo de Israel será llevado y luego vendrá la gran tribulación – dijo Sánchez muy serio.
-              ¿Cómo le puedes escuchar? – Pregunto Muñiga.
-              Alcanzo a escuchar algo, pero es que conozco la biblia, soy adventista y se de lo que habla – Respondió el joven SMO.
-              ¿Y tú crees todo eso? – le dijo el soldado.
-              Mi soldado Muñiga ¿Ha mirado el cielo últimamente? – Le respondió el conscripto.
Muñiga se quedó mirando al soldado, su agnosticismo había sido derrotado y tan solo trato de escuchar las voces que venían desde la plaza Vergara, voces ocultas no por sombras de los árboles, sino por la oscuridad completa.
-              La wea loca, han puesto pacos y milicos cada dos cuadras, moviéndose y un meteorito cayo en el estero y el puente Casino está en el agua inutilizado – dijo al llegar Valdez.
-              Vamos Garcés – ordeno Valdez, pero Rodrigo no se movió.
-              ¡Vamos Garcés! ¿qué te pasa? – insistió Valdez.
-              Oh, lo siento, estaba como en otra parte mi cabo, si vamos al tiro – Dijo Rodrigo pasándose la mano por la cara y mirando a todos lados, saliendo de su sopor.
“El fin ya a llegado, los ángeles de Dios están aquí” Decía un gran cartel de cartón escrito con plumón negro, el hombre que lo sostenía se los mostro a los soldados, los faros de la Luv ilumino una cincuentena de evangélicos que alzaban sus manos al cielo y gemían, todo le era muy confuso a Garcés y sus acompañantes, menos para Sanchez.
-              Aun no es momento de la llegada de los ángeles, aunque ya han tronado sus trompetas – dijo el joven conscripto – desde hace tres años que vienen sonando las trompetas, esto estaba anunciado.
-              ¿De que hablas chiporro? – Pregunto Valdez.
-              De las trompetas de anuncio, en todo el mundo se han escuchado, nadie las tomo en serio, pero se escucharon en chile, Rusia, Francia, Japón, en todos lados, sonidos venidos del cielo y sin origen concreto – dijo Sanchez.
-              Yo nunca he escuchado trompetas – dijo Muñiga.
-              No se escuchan como trompetas de banda, es un sonido profundo, que lo traspasa todo, cuando la ciudad caya se puede sentir, lo han grabado y subido a Youtube – contesto Sanchez.
-              Sí, yo lo escuche una vez en Belloto, fue espelúznate, miramos y no había avión, ni maquinas ni nada, solo ese sonido como muy grave – dijo Rodrigo.
La parroquia de Avenida Libertad estaba iluminada por lo que parecían velas y un joven monaguillo parado en la reja iluminaba la calle con una potente linterna de mano.
En 9 Norte se encontraron con restos de concreto en la calle, desde oriente una luz señalo el origen de los trozos de concreto. Un edificio ardía con sus últimos pisos vaporizados, el de al lado carecía de los últimos pisos aunque no ardía y un tercero estaba partido por la mitad y sus restos obstruían 9 Norte y 2 Oriente  y algunos restos habían caído contra las casas y edificios circundantes. Rodrigo paro un momento y los tres Infantes de Marina bajaron a ver.
No tardaron mucho, volvieron cabeza baja, se subieron mirando el suelo.
-              ¿Qué pasa? – pregunto Rodrigo.
-              Hay gente de la Mutual de Seguridad y defensa civil y unos soldados, junto a vecinos, no podemos ayudar más – dijo Valdez algo intranquilo y agrego – no hay mucho heridos, en realidad lo que haya sido volatizo los pisos y dejo intacto los siguientes, como un cuchillo que corta una torta, no han encontrado muertos.
-              Lo que quiere decir, con su permiso, es que el impacto hizo mierda por donde paso y el resto como que no le paso mucho y los heridos son leves y los muertos volaron – Dijo el soldado Muñiga.
Pasando 14 norte nuevamente se encontraron con restos de hormigón y una nube de polvo suspendida en el aire que la suave llovizna que se había vuelto a iniciar estaba convirtiendo en barro en el parabrisas.
Era impresionante ver una de las torres de los edificios coraceros cortada transversalmente y de esta surgían algunos fuegos, al otro lado, hacia oriente un edificio con su base enteramente destruida, la aun existente estructura se apoyaba en el cerro y el edificio contiguo.
En esta trabajaban unos militares del Maipo y unos marinos de la Escuela Politécnica Naval y una camioneta de Bomberos.
-              ¿Cómo va el rescate mi teniente? – le grito Valdez a un Teniente flaco y alto de Ejercito.
-              ¿Cómo nos va a ir? Estamos usando Chusos del Homecenter, que nosotros mismos sacamos prestados – decía mientras hizo un gesto con los hombros – La gente estaba en el sótano y los primeros pisos, donde cayó esa mierda.
Valdez entonces miro y se percató que el edificio se había desplomado sobre sí mismo, y tal vez faltaran los primeros 5 ó 6 pisos.
En eso se acercó un Teniente Naval, llevo su mano a la visera del quepis de paño negro.
-              Buenas noches cabo – dijo el Teniente, percatándose de lo estúpida de la frase a la mitad y haciendo un gesto de cansancio.
-              Buenas noches mi Teniente –respondió Valdez.
-              ¿A dónde se dirigen? – Pregunto el Teniente.
-              Vamos en ronda a Reñaca, de allí a Con con y a Torquemada – Respondió el cabo.
-              Bueno, entonces – dijo el teniente mirando a su homólogo del ejercito – podrían llevar a dos paisas heridos que tenemos a la clínica naval.
-              Si vamos, que para eso estamos mi teniente – contesto Valdez.
Nuevamente en esa noche subieron dos heridos en la parte trasera, acompañados de un soldado.
Al salir hacia la avenida Borgoño que bordea el mar hasta las salinas, vieron gente en los jardines del borde mar y en la playa, gente que seguramente llevadas por el miedo habían abandonado sus departamentos y preferían aguantar la intemperie a el riesgo de ser sepultados en sus edificios.
-              Esa gente no sabrá que si les llega un meteorito en la playa igual morirán – dijo Rodrigo.
-              Si, morirán, creo que lo saben – dijo Valdez mirando las carpas improvisadas de plástico, frazadas y alguna de camping y agrego – le que temen es quedar sepultados vivos en sus edificios.
-              ¿Por qué cree eso mi cabo? – pregunto Rodrigo.
-              Porque a mí también me daría miedo eso – dijo Valdez y agrego – mi familia también vive en departamento en un 4to piso en Santa Inés, ojala no estén adentro.
Rodrigo prefirió no decir nada más, no quiso incomodar al cabo y a esa altura su  preocupación por su propia familia aumentaba.
Al llegar a la clínica naval de las Salinas unos marinos se acercaron con una camilla a bajar a uno de los heridos.
-              Venimos de inmediato por el otro paciente – dijo uno de los enfermeros navales.
-              Tómense su tiempo, está muerto el caballero – dijo el soldado Sánchez soltando suavemente la cabeza sin vida del hombre.
Cuando se desplazaban desde Salinas a Reñaca, vieron autos aparcados a orillas del camino, seguramente que se pararon cuando se trasladaban a alguna fiesta, disco o pub. Entonces vino un resplandor circular en las nubes y luego un gran ruido desde el mar y un chorro blanco se alzó unos 30 metros y desde el agua se veía un resplandor azul verdoso, luego una onda de impacto estremeció la Luv y una lluvia de agua de mar les cayó, casi inmediatamente a la llegada de una ola que reventó y barrio con el camino costero.
-              Mierda, mierda ¿vieron eso? – dijo Sánchez casi gritando.
Rodrigo, Valdez y Muñiga estallaron en riza, una riza contagiosa y burlesca.
-              ¿Y con esa boca reza soldado? – se burló Valdez.
-              Pero mi cabo, la media cosa, si nos da – Dijo Sánchez.
-              Nos vamos al cielo poh Sánchez – Dijo el soldado  Muñiga
-              Ah… me agarraron de punto – rezongo Sánchez.
-              Nos vamos al Valhalla, para ya nos vamos, al cielo de los guerreros, no somos santos, somos soldados – dijo en serio Rodrigo.
-              ¿Qué es eso? – pregunto Muñiga
-              El cielo donde los vikingos toman cerveza de miel ¿o no? – Dijo Valdez y agrego – Como no vas a saber Muñiga.
-              No se poh mi cabo, si no leo la biblia.
-              No es de la biblia Muñiga, es del libro la Edda, es religión pagana, no es cristianismo – Contesto Rodrigo.
Una ambulancia se encontró con ellos, paso rauda haciendo sonar su sirena y se perdió hacia viña del mar.
Entraron a Reñaca y se dirigieron inmediatamente hacia el colegio Mackay, siguiendo el estero.
Al llegar al Mackay se encontraron que en su interior había una carpa de mando y varias carpas más pequeñas civiles. Salió a su encuentro un teniente segundo, que por su aspecto bien podría ser un subteniente, estaba con su tenida de combate multicam, pero sin chaleco, ni casco, con las mangas arremangadas, todo sucio por polvo y barro y al llegar a la luz se pudo ver manchas de sangre entre el barro.
-              Bien ¿en qué me pueden ayudar? Porque yo a ustedes no puedo, mis 35 hombres los tengo a todos dispersados y no puedo hacer mucho más – dijo sin saludar el teniente Bravo.
-              Mi teniente, no le venimos a sacar gente, venimos a ayudar, para servir de enlace con su gente – dijo Valdez y agrego – el mando necesita una evaluación de lo que sucede aquí.
-              Un vecino facilito un Mazda de 1985 y mande a cuatro hombre a patrullar Jardín del Mar y son mi enlace con la clínica Reñaca, supe de un intento de saqueo y tengo unos 5 hombres más en patrulla de infantería en el centro de Reñaca, tengo a 8 hombres aquí incluyéndome para coordinar con la comunidad, tengo un solo enfermero y lo mande con 10 hombres a ver algo que paso en Cochoa, algo cayo allá – decía el Teniente, mientras se percataba que Valdez escribía y agrego – mande a dos hombres a ver qué pasa con la gente de Cochoa, como no tengo radio no se mucho lo que está pasando.

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