Capitulo 1. La oscuridad perdió la luz
Nota: Esto es la primera entrega, parte del primer capitulo, consistente en 4 o 5 entregas quincenales.La hora Cero.
Eran las últimas gotas de un año extraño, un año lleno de
noticias, rumores y miedos, el aire
venia húmedo de las colinas cargado de aroma a eucaliptus y pasto
florecido.
Ambos respiraron hondo, encendieron los cigarros y hablaron
del futuro juntos, ella le miro la ilusión en sus dedo y se lleno de alegría,
él pensó en que quería envejecer con ella, mirar cada mañana sus ojos pardos.
Al consumirse los cigarros ella recordó las últimas e
inquietantes noticias que hablaban de países lejanos, de gente a la que no
conocía amenazada por un ejército gigantesco, de las ya a estas grotescas
mentiras para justificar la invasión de un país. Él le hablo de los tiempos de
la guerra del golfo pérsico, de la llamada tormenta del desierto, después
recordó la segunda vez que las tierras de sumeria fueron atacadas bajo
mentiras. La conversación se hizo pesimista, los cigarros se terminaron, la
llovizna aumento y la mejor idea fue entrar al auto.
La radio tránsito de Concierto a Universo, sin encontrar
algo que les agradara, así que optaron algo romántico en inglés. Se besaron
indiferentes a la oscuridad de la noche y a las luces tintineantes de la ciudad
que se expandía colina abajo, con sus cerca de 200 mil habitantes, de las
lucecitas que se movían en la carretera a gran velocidad, de los sonidos de
perros, sirenas y de un pájaro que graznaba cerca.
Se besaban y tenían
los ojos cerrados, de no ser así habrían visto el resplandor. Y el resplandor
fue corto, casi imperceptible, un pestañeo que rompió la oscuridad.
Luego la radio se apagó, la ciudad se apagó, las sirenas
cesaron, los perros dejaron de ladrar y hasta el viento dejo de soplar.
Y la oscuridad se volvió oscuridad.
La noche perdió toda luz y los ojos de los novios se
abrieron para no ver nada.
Ella salió del auto asusta.
- Maca
espera, no salgas- le grito el estirando el brazo y la mano atrapando la nada.
Ella se quedó parada inmóvil fuera del auto, la oscuridad
total la aterrorizo, sabía que de dar unos pasos tropezaría sin dudar. Y
entonces vio esa lucecita a millones de años luz delante de ella, una estrella
y luego otra y ese extraño resplandor en los cielos.
- Una aurora
boreal- susurro ella, mas que para señalarla, para auto convencerse de lo que
veía.
Un fogonazo rompió la oscuridad, él había encendido un
fosforo.
- Mi amor
entra, entra por favor- le dijo él y ella entro.
Ella estaba inmóvil, rígida, nerviosa viendo la aurora
disolverse y él tratando de encender la nuevamente la radio, como entendió que
era infructuoso, se sentó derecho y lanzo el fosforo al suelo. Encendió otro fosforo y trato de hacer partir
el auto, lo que tampoco pudo.
Bajo del auto y dejo la puerta abierta.
- Quédate en
el auto – dijo mientras llegaba al porta maleta.
Con la luz débil del fosforo apenas pudo encontrar la maleta
de herramientas de donde extrajo una linterna, pero esta no encendió. Vio la
mochila y la abrió, boto el fosforo y encendió otro, de la mochila saco una
cámara fotográfica y esta ves si encendió.
Comenzó a sacar fotos de la ciudad y de la ya débil aurora
en el sur del horizonte, solo logro captar un resplandor de la aurora.
De apoco algunas luces volvieron a la ciudad y el rumor de
generadores y los perros volvieron a ladrar y aullar por toda la ciudad.
- No hay
caso, no hay celulares, no hay auto, no hay linterna- Dijo pensando en voz alta
y mirando a un lado y otro.
- Quiero ir a
casa- dijo ella con un voz que rogaba.
Dos horas antes.
Sin Satélite, con deber, con agua, sin luz.
1.1
La televisión mostraba un documental poco atendido por un
joven de unos 23 años que ordenaba su ropa sobre la cama.
Se llama Rodrigo y es macizo, de un 1,70 de estatura, de
extremidades gruesas y cabello rubio ondulado, de gestos rápidos y continuos.
En solo minutos logro doblar y apilar su ropa y colocarla en una cajonera de
madera rustica.
Sobre la cajonera retratos de sus padres, de una muchacha
hermosa de cabello castaño junto a él, las fotos de su graduación con sus
compañeros de liceo y una foto de unos soldados en tenida de mimetismo al lado
de un Humvee ocre, en el muro diplomas enmarcados y medallas.
De pronto la TV se puso azul, Rodrigo tomo el control remoto
y comenzó a cambiar de canal, sin que la pantalla cambiara su color azul y
apareciera la frase “Sin Señal”.
Salió de la habitación y su padre estaba en la misma labor.
- Papá, pace
a la señal abierta – le dijo, parado en la sala.
El hombre de unos 60 años le siguió el concejo y apareció
Amaro Gómez Pablos.
El hombre del televisor hablaba de la perdida de señales
satelitales desde el hemisferio norte, tanto en la televisión, como en
comunicaciones telefónicas y de datos. El joven saco un cigarro y lo fumo a
largas bocanadas, nervioso o ansioso.
Se acercó al control remoto sobre la mesa de centro y subió
el volumen.
- No le bajes
papá, necesito escuchar mientras estoy en el baño – le dijo solemnemente, como
si fuera un viejo.
- ¿Pero que
puede estar pasando? – dijo asustada su madre.
- Nada, esto
va a pasar, seguro es algún desperfecto de un satélite – dijo inocentemente el
hombre mayor.
- No padre,
no se estropean todos los satélites a la vez, nunca sucede eso – explico lleno
de convicción Rodrigo.
Entro al baño, se ducho rápida y enérgicamente, se afeito y
tomo una máquina de cortar cabello, de una sola pasada rasuro al 1 su cabello
en una franja y luego otra, hasta quedar con el cabello muy corto.
- Padre,
necesito que me preste la camioneta – su tono era imperativo.
Su madre lo miro y se levantó del asiento tapándose la boca.
- Hijo, que
significa esto ¿qué has hecho? – dijo su madre.
- Nada mamá,
necesito la camioneta para ir a presentarme al Fuerte Aguayo – respondió con
decisión.
- Pero hijo
¿Qué te pasa? ¿Por qué vas a presentarte? Ya no eres soldado, hace 4 años que
no eres soldado ¿Qué te pasa? – le dijo su padre con molestia, sin encontrar
explicación a la actitud de su hijo.
- Padre, esto
es un ataque y no hablo de una guerra como las de antes, localizada. Esto es
una guerra mundial si es que han dejado silenciado el hemisferio norte y van a
pasar cosas terribles – Respondió Rodrigo mostrando algo molestia, suavizada
por el respeto a su padre.
Tomo una mochila militar pequeña color coyote, la lleno de
ropa interior, camisetas, una muda de ropa y algunas cosas para el aseo
personal y atravesó Villa Alemana, Quilpué y se dirigió a Con Con por la
carretera.
Gotitas se estrellaban contra el parabrisas de la vieja
camioneta Luv roja doble cabina, obligando a accionar los parabrisas.
Llegando a la desviación que se dirige al fuerte Aguayo vio
unos jóvenes caminar en la berma, lo que le llamo la atención - ¿Quién camina
bajo esta llovizna? – pensó y mas adelante ya entrando a la ruta que lleva al
Fuerte un hombre en una bicicleta, lo vio mojado y decidió llevarlo, algo
avergonzado por no haber levantado a los dos joven que vio un kilómetro antes.
Bajo la velocidad y realizo un cambio de luces, el hombre de
la bicicleta lo miro, pudo ver su piel ajada por los años y largas gotas que
bajan por su cara hasta el cuello.
Bajando la ventanilla le grito.
- ¿Dónde va
señor? – trato de hacerse escuchar Rodrigo.
- Al Fuerte
Aguayo, caballero – respondió el hombre, con un acento de campo mal suavizado
por la vida en ciudad.
- Vamos,
entonces suba, vamos donde mismo –
Rodrigo paro la Camioneta, el hombre subió su vieja
montañesa a la pick up de la Luv y se dirigió a abrir la puerta. Entro y miro a
Rodrigo, y le brindo una sonrisa que marcaron sus arrugas de expresión, a
Rodrigo los grandes surcos al lado de la boca del hombre le dijeron que era un
tipo dado a la sonrisa y por tanto jovial.
- Me salvo de
unos buenos kilómetros de pedaleo, caballero – dijo el hombre, manteniendo la
sonrisa.
- Del agua no
lo salve, mire como viene de empapado – Rodrigo le respondió sabiendo que había
cogido un simpático compañero de ruta aunque fuera por los pocos kilómetros que
quedaban.
Rodrigo apunto a la guantera y le dijo que había toallas de
papel allí
El hombre la saco y se secó la cara y las manos, mas no
podía hacer, aunque la llovizna era liviana, su ropa estaba empapada al
pedalear bajo esta.
- ¿Pero para
que va a esta hora y bajo la lluvia al Fuerte? – pregunto Rodrigo mientras el hombre
aun se secaba la cara.
- No hay
satélites, no hay internet, no soy tonto, aunque viejo me di cuenta lo que
pasa, están atacando a los gringos, pero esta vez es de verdad, no es la
mentira de las torres – hablo el viejo con una velocidad y confianza en sus
palabras que asombro a Rodrigo.
- Ya dele –
dijo Rodrigo esperando que continuara el viejo.
- ¿Tú vas a
lo mismo o no, chiporro? – contesto el viejo con suspicacia, sabiendo que ambos
intuían lo mismo.
Rodrigo lo miro un segundo, sabiendo que está al lado de un
viejo zorro, reconocía a un cosaco tras la máscara de arrugas y no necesitaba
preguntar si lo era, así como ya no necesitaba ocultar ninguna de sus
conjeturas ante los símbolos de esa noche.
- Es
imposible que la mayoría o todos los Satélites dejaran de funcionar a la vez,
esto me tinca un ataque, un ataque gigantesco – Dijo Rodrigo.
- Un ataque a
los gringos a ese tamaño no es cosa pequeña –dijo el viejo
- ¿entonces
quien crea que a hecho esto? ¿a sido algún grupo ciberterrorista? Mire que no
creo que haya alguien capaz de ponerse a disparar misiles a los Satélites – le
pregunto Rodrigo a la vez que mostrando su duda que los satélites hayan caído
físicamente, en Rodrigo solo caía la alternativa de un ciber ataque capaz de
desconectar toda la red de satélites e internet.
- ¿Tú crees
que fue Anonimus talvez? – contesto el viejo con una risotada.
Rodrigo lo miro nuevamente, sonrió sorprendido que un hombre
a su edad supiera cosas como la existencia de Anonimus, cuando la mayoría de
los hombres sobre 50 que conocía con dificultad tenían un Facebook.
- Y usted
¿Qué cree?
- Irán, Irán
se les adelanto, dejaron ciegos a los gringos. Y si la vez bien, si Irán dejo
ciego a los gringos, vienen sus aliados, Europa, Sudamérica – Dijo el viejo,
sin titubear.
Rodrigo le hecho una mirada, pensó que Irán no tenía esa
capacidad, a menos que fuera un ciber ataque iraní, no otra cosa.
Como adivinado el pensamiento de Rodrigo el viejo continuo
hablando – Con ayuda de los rusos, satélites asesino, eso usaron, miles de esas
cosas y si lo lograron como veo, seguimos nosotros –
- ¿Cómo un
Pearl Harbor? – le dijo Rodrigo, solo por opinar. No creía en la teoría de un
ataque físico a esa escala.
- Como un
Pearl Harbor, pero en espacio – respondió el viejo, agitando las manos hacia
arriba.
- ¿Pero a que
va usted? Perdóneme, pero no lo veo como combatiente – dijo Rodrigo con un tono
suave para no parecer irrespetuoso.
El viejo lo miro del hombro a la cara, algo ofendido.
Y respondió – Soy viejo, fui Defensa de Costa – al decir
esta frase el viejo, Rodrigo se dio vuelta a verlo, nunca en su vida había
visto a un Defensa de Costa.
Defensa de Costa era la antigua denominación que tuvo la
Infantería de Marina, Rodrigo se sintió de repente ante algo antiguo, un pedazo
de historia que le hablaba.
Mientras Rodrigo pensaba esto, el viejo continuaba hablando
– estuve en la calle en los 60s, pero por el paro de Ferroviarios, el 70 me retire
y no fui llamado para el 73, ¿sabes? estaba en un sindicato y no era comunacho,
pero era dirigente, así que no me llamaron; el 78 quise presentarme voluntario,
pero los niños aun eran pequeños, hoy tengo 70 años, soy viudo y hasta los
nietos están grandes, puedo servir en lo que sea, en una antiaérea, en las
salas de armas, en la cocina, si esta es la tercera guerra mundial, no me la
voy a perder. Y tú estás aquí por lo mismo, te lo veo en los ojos pichos esos.
Entre los dos hombres, separados por generaciones, se
compartió un silencio profundo, hasta la lluvia ceso un instante.
Si, Rodrigo sentía ese peligro en su corazón, el de una
tercera Guerra Mundial, no se la imaginaba atómica, ni nada de eso que alguna
vez había visto en los documentales. Si algo había aprendido de estrategia era
que ningún país hacia una guerra sin estar en una de dos posiciones, la de
quien esta seguro de ganarla con una fuerza aplastante o quien está obligado a
entrar en guerra por un ataque, pero pensó en una tercera posibilidad. Irán se
había preparado para una guerra, en estos años su fuerza y tecnología militar
había dado un salto gigantesco, aun esto no era capaz de sostener una guerra
con Estados Unidos y la OTAN, menos sin ayuda de otras naciones. Solo quedaba
que obligada por la desesperación allá encontrada la forma de dar un golpe
decisivo y potente contra Estados Unidos, era esa la tercera posibilidad.
Una guerra Nuclear, ningún bando la iniciaría contra Estados
Unidos, ni siquiera Rusia, China o Corea del norte, la respuesta de Estados
Unidos sería no solo aplastante, seria apocalíptica. Nadie en su sano juicio
siquiera lo intentaría, ni siquiera Estados Unidos contra un pequeño país
cualquiera.
¿Pero de ahí que? Por eso había tomado la camioneta de su
padre, porque si se había iniciado una guerra a gran escala, esta no sería
nuclear, sería una aguja en un punto preciso del aparato de la OTAN y estados
unidos, un trabajo de acupuntura, pero que de una forma algo así nos
involucraría a todo el hemisferio. Aunque Chile fuera neutral.
Después de una curva se ingresó a la recta y se podía ver el
portalón del Fuerte Aguayo, donde se encuentra el Destacamento de Infantería de
Marina n° 2 Miller. Rodrigo sintió un nerviosismo leve de cuando uno hace algo
erróneo y exagerado, bajo la velocidad y al ya estar más cerca vio unos 18 ó 20
vehículos civiles, entre autos, furgones y camionetas.
Paso tan lento que pudo observar las expresiones de los
hombres apoyados en sus vehículos o dentro de ellos. Vio un espacio y
retrocedieron unos metros y avanzo para ocuparlo.
No alcanzo a detenerse del todo cuando afuera de su
camioneta roja vio a un joven soldado SMO con tenida multicam de Goretex,
apenas paro el motor el joven soldado se
acercó.
- Buenas
noches, motivos de su visita y ¿portaran su carnet de identidad y libreta de
reservista o similar? - Dijo el joven una frase ya 18 ó 20 veces repetida.
- Buenas
noches mi soldado, somos el ZIM Reservista Rodrigo Garcés y el hombre a mi lado
es el Cabo Reservista Manuel Espinoza – decía esto mientras le pasaba ambos
carnet de identidad y su libreta de reservista.
- Venimos
por la caída de los satélites… - Mientras decía esto Rodrigo se sentía tan
imbécil y exagerado y sentía que no tenía ninguna razón para estar allí, aunque
se sentía consolado por la cantidad de autos fuera del cuartel.
- Mi cabo
¿No tiene su libreta de reservista? – inquirió el soldado interrumpiendo a
Rodrigo, casi sin interés en el tema de la señal satelital.
- No
chiporro, no la tengo, si me retire hace como 40 años mi soldado, entonces era
un carnet… - titubeo un segundo y siguió el viejo – pero puedo demostrar que
soy un soldado, pregunte nomas.
- Está
bien mi cabo, e una lista para saber quién esta y porque – dijo el soldado y
siguió – bueno mi soldado, ustedes están por lo mismo de todos al parecer.
- No se
por lo que estén los demás mi soldado, pero estamos si somos necesarios –
respondió Rodrigo.
- El
oficial de guardia ordeno que pueden estar aquí hasta que se les ordene
retirarse, si es necesario. Manténganse en el vehículo o cerca de él, hasta
ahora no sabemos nada así que no es necesario que se acerquen a la guardia a
preguntar, si sabemos algo del apagón satelital le diremos algo – dijo el
soldado, como recitando y con una fuerte voz de mando.
- Ya
perfecto, entiendo – dijo Rodrigo, comprendiendo que el joven estaba cumpliendo
órdenes muy explicitas.
- Otra
cosa, no comuniquen lo que está pasando aquí a su familia u a otra persona
fuera de aquí, ni inviten a otro reservista. El oficial de guardia pidió
explícitamente que no usen los celulares, ni saquen fotos ¿me comprende? – el
joven soldado dijo esto último con timbre de voz que señalaba una orden a
quienes siendo reservistas se les consideraba soldados.
- Comprendo
mi soldado, por nuestra parte no tendrá problemas – respondió Rodrigo, sabiendo
la responsabilidad que se le había dado al soldado.
Apenas concluido el dialogo con el soldado llego otro
vehículo, un furgón escolar que dio unas vueltas hasta que estaciono a unos
metros a la cola de los demás vehículos.
Rodrigo y el viejo salieron a estirar un poco las piernas,
sacaron cigarros y fumaron mirando hacia el portalón, Rodrigo miro a los otros
reservistas buscando alguna cara conocida, prefería ver a alguien conocido y
compartir lo que pensaba.
Un auto llego, bajo la velocidad y Rodrigo vio el rostro de
un hombre de unos 60 años, de frente amplia que miraba a los presentes con
cierta curiosidad, se dirigió de inmediato al portalón y se dejó que entrara
con su vehículo.
- Mi
comandante Irigoyen – Llego a los oídos de Rodrigo desde uno de los presentes.
Hubo un rumor entre los hombres, algunos salieron de sus
vehículos a mirar.
- Hola,
¿Qué pasa? – pregunto Rodrigo a un corpulento reservista al lado de un Peugeu.
- Hola
carreta, es mi comandante Irigoyen, comando el hombre – El hombre lo trato con
la acostumbrado tono de amistad que los reservistas se tratan aun sin
conocerse, en su tono de voz también se deslizo una cierta emoción con la
llegada del que llamo Comandante Irigoyen.
- Vaya, al
fin conozco a la leyenda – se expresó Rodrigo.
Trato de ver más allá de la línea de portalón, pero poco
podía ver más allá de figuras que se movían en la garua.
1.2
La niña es hermosa, frágil y atractiva como las mariposas,
su cabello rubio, largo, ondulado llegaba hasta la cintura delgada, demasiado
delgada que marcaba una cadera estrecha, donde iniciaban piernas largas como
mástiles, piernas delgadas y hermosas, cualquiera que la viera se sentiría
atraído por su belleza, pero una segunda mirada a su rostro a sus manos a su
pequeño busto le harían saber que en ese lugar no debería estar, en ese pub la
muchacha de cortos 15 años se mantenía en una mesa con otra muchacha mirando
desconcertada el lugar, sus ojos idos, sus pecas iluminadas por las luces, sus
ojos azules cambiando de color a cada vuelta de un aparato de cambiantes
destellos.
Alguien la miro y pensó que no debía estar esa muchacha
allí, que era demasiado pequeña y seguro estaba bebida por sus ojos idos, sin
fijar mirada, los motivos de que estuviera allí o quien había permitido su paso
al pub franqueado por los dos tipos como torres de músculos en la puerta pronto
no serían importantes para nadie, ella estaba allí y eso sería lo único
importante.
Par sus amigos ella era la loca extraña, la muchacha que no
tenía amigos de su edad, la que hablaba cosas que pocos la entendían, la que
vestía raro en ocasiones, la que pasaba en la pastoral juvenil así como
cuestionaba la biblia, cuando no estaba en compañía de veinteañeros, amigos y
enemigos de su extraña forma de ser. Su familia la amaba, si no fuera por ese
amor seria menos soportable con sus constantes cambios de humor, de
comportamiento, ella que fuera una luz en la casa cuando niña, la que no bajaba
de nota 7 en el colegio, hasta que llego a los 13 y se puso insoportable.
Ahora su Iphone apagado acumulaba las llamadas de su madre,
enojada, preocupada. Y un mensaje de texto que la llamaba Isidora.
Dos muchachos realizaban una pequeña grabación en el
estacionamiento del Pub, con una cámara de video. Hablaban del cumpleaños de
uno de ellos, cerca los miraban dos muchachas.
- ¿Qué vas
a ser al salir de la U perro? – pregunto el que sostenía la cámara.
- Vamos a
formar una empresa de consultaría con mi colega, vamos a dejar la patada… -
decía el joven con la emoción y el optimismo de quien tiene 24 de edad y 3
tequilas encima. Hasta que fue interrumpido.
- Oye, le
pasa algo a la Isidora, esta rara ¿porque no la grabas won? – Dijo una muchacha
de unos 20 años que se les acerco.
- Weona
esa mina nació rara ¿para que la vamos a grabar? Dijo uno de los muchachos.
- Seguro
le dio la pálida, si se a fumado como 4 pitos ella sola – Dijo el otro.
- Si won,
los pitos se los distes tu – Respondió la muchacha. Poniendo cara de reproche.
- Vamos a
verla ¿Quién esta con ella?, no está sola ¿Verdad? – dijo una de las muchachas
que estaba en el estacionamiento.
- ¿Para
qué vamos a ir? – dijo el muchacho. Pero ya todos se iban al interior del local
nocturno.
- Vamos,
si la mina llego con nosotros – decía una chica mientras ya franqueaba la
puerta del Pub.
Pablo volvió a encender la cámara en el interior del Pub,
fueron al fondo y enfoco a uno de los guardias que estaba junto a unos
muchachos, en el suelo, sentada estaba Isidora, con las manos colgando, una
amiga sosteniéndola desde la espalda, la cabeza de Isidora estaba caída, pero
después levanto el rostro y vio sus ojos que estaban girados hacia atrás, vio
por el monitor de la cámara haciendo un zoom al rostro de la joven, que esta
musitaba algunas palabras. No entendía o no escuchaba, así que decidió
acercarse.
- No
weben, no ven que esta con la pálida esta pendeja ¿Quién chucha la trajo? –
dijo el joven que estaba por recibirse de la universidad. Y continuo –
saquémosla que tome aire.
El guardia estaba evidentemente preocupado y miro al joven
que había hablado, después miro a una muchacha que repetía con angustia:
Isidora, Isidora, Isidora… y decidió
tomarla para pararla.
El camarógrafo aficionado se acercó lo suficiente para
escuchar lo que musitaba, algo que le pareció un lenguaje extraño.
- Iritsi
dute, iritsi dute, iritsi dute… – Repetía Isidora, tan levemente que entre la
música era imperceptible si no se ponía uno al lado.
La fuerte mano del guardia hizo hacia un lado fácilmente al
joven camarógrafo y tomo a Isidora por bajo sus brazos y la levanto suave y
firmemente sin que ella se percatara.
Isidora abrió los ojos y empujó al guardia, el que sintió
una fuerza tremenda que lo lanzaba contra unas personas tras él. El guardia
sorprendido la miro como ella se ergio con el cuerpo rígido y la boca abierta,
y sin modular, mover la boca u otra expresión ella grito.
No, no grito. No fue su voz, era un rugido que salió de su boca.
- Ellos ya
llegaron – nadie en el pub quedo sin escuchar el rugido, tanto por su volumen
como porque coincidió con el término de una canción.
Isidora cerro la boca, se relajó y miro a todos alrededor de
ella, se sintió asustada porque todos la miraban en silencio, solo sonaba Part
of me de Katy Perry. Camino unos pasos hacia la puerta, siempre mirando a
todos.
- ¿Quién
llego? – pregunto un joven gordo que ella no conocía.
- Ellos
poh, los que la gente cree, ellos llegaron – dijo Isidora encogiéndose de
hombros.
- Vamos
Isidora – le dijo una joven alta que la tomo del brazo y la llevo a la puerta,
con un poco de dificultad.
Afuera se iniciaba de nuevo una garua fina venida del mar, y
las olas eran como un compás del corazón, Isidora miro hacia el mar y sintió
miedo.
- ¿Qué te
pasa a ti oye? – le recrimino la muchacha y siguió – aquí no nos van a dejar
entrar más, dejaste la caga.
Llegaron otros jóvenes a asistir a Isidora y detrás de estos
llego el guardia.
- ¿Quiénes
llegaron lola? – pregunto el guardia que había sido empujado.
- Solo sé
que “Ellos” lo que la gente cree, no sé en qué cree la gente, algo nuevo llego
– dijo Isidora confundida.
El guardia la miro feo, se dio vuelta y dijo sin mirarlos
nuevamente: Llévenla a su casa, es una niña.
1.3
No había podido ir a la iglesia, no había viernes que no se
perdiera la reunión juvenil, él era tecladista de la banda de rock-pop
cristiano más conocida en la comunidad evangélica de la octava región y hoy no
había ido por estar enfermo, no había asistido al culto y tampoco creía que
pudiera ir mañana sábado.
Temprano sentado en su cama vio un dos en las notificaciones
de Facebook, hizo clic y era un link de youtube del culto de ese día enviado
por un compañero de la banda, con el siguiente comentario:
“Hola, bendiciones Javier, hoy estuvo muy lindo el culto,
igual nos la arreglamos, no es lo mismo sin tu teclado, tus manos son
bendecidas por Dios, te mando lo que grabamos, la hermana Carla y Sofía
hablaron en lenguas, se nota la presencia de Dios, aleluya”
Hizo clic, se abrió una pestaña. Personas daban gracias al
señor y alguien cantaba, Javier sabía que era la voz de la hermana Verónica,
las personas bailaban y saltaban en sus puestos, al minuto se escuchó una voz
una lengua que Javier no podía reconocer; antes había escuchado arameo y hebreo
cuando las personas hablaban en lenguas. Pero no conocía esta lengua.
Después se alzó otra voz casi a gritos, la cámara se acercó
a quien reconoció como la hermana Sofía, una jovencita de unos 14 años, que
bailaba y alzaba sus brazos.
Bajo el video con Tube Catcher, y durmió un rato cansado de
la fiebre.
Cuando despertó no había TV cable, no había internet, se
dispuso a ver el video de su comunidad.
“Iritsi dute, iritsi dute, iritsi dute…” decían ambas voces
casi a coro, pero Javier no entendía nada.
Luego la frase cambio a “Storm ur, ekaitz ura, itsasoa
aterako da, Jainkoak utzi digu; Storm ur, ekaitz ura, itsasoa aterako da,
Jainkoak utzi digu; Storm ur, ekaitz ura, itsasoa aterako da, Jainkoak utzi
digu”
A esas alturas Javier reconoció una palabra, Storm… pensó
equivocadamente que era inglés y creyó que la palabra Ur se refería a la ciudad
sumeria de Ur.
Escribió las palabras que pudo captar en una libreta de
hojas blancas que le habían regalado en el instituto gastronómico.
“Tormenta en Ur” pensó… luego escribió la siguiente frase en
un programa de traduccion, no daría con la traducción a la primera claro
estaba, pero si daba con la lengua, eso ayudaría mucho.
Al momento se percató que no era una lengua muerta, era muy
viva, pero muy antigua y nada de bíblica. Era euskera y pensó en que sería
fácil traducirlo entonces.
Cinco minutos después de traducirla se vestía, abrigaba bien
y salía de su casa rumbo a la casa del pastor de su congregación.
1.1
Era joven, había estado en Haití, había visitado Siria, era
hijo de un Infante de Marina, nieto de un Infante de Marina, había visto cosas
que muchos se niegan a ver y él había ido de voluntario. Pensaba que la vida no
era para vividla tranquilo, que ser Cosaco era la mejor profesión del mundo.
Había recibido esa llamada hace una media hora y allí ya estaba frente al
portalón de su cuartel, era de los últimos oficiales en llegar, tenía unos días
libres y su celular estaba sin cobertura, se había enterado al llegar a casa… hace dos horas estaba volviendo de hacer
escalada.
Detuvo su Kia Spotage a medio camino del portalón.
- ¿¡Vienen
a la guerra muchachos!? – exclamo el joven soldado para ser escuchado por
todos.
- Como
esta mi teniente - fue la respuesta de uno de los reservistas más jóvenes
- Aquí
estamos Soldado ¿Pero qué pasa? Pensé que había llegado a la zona verde de
Bagdad – dijo sonriendo en joven teniente.
Hubo algunas risotadas y el ambiente se hizo más distendido.
- Ja, ja,
ja… Usted lo dice por la cantidad de contratistas que hay aquí, mi teniente – dijo un hombre delgado de unos 30 y tantos
años.
Hubo otra risotada esta vez más fuerte.
- Hey
muchachos, seguro no es nada grave lo que pasa – dijo el teniente y agrego –
haber, seguro que si hay una guerrita por ahí que los llamamos.
- ¿Guerra?
No si yo creo que a estas alturas deben estar los gringos volando a Irán o
Corea del Norte, lo malo es que como saberlo – dijo un hombre, tratando de
recuperar la seriedad y mostrando un celular satelital en su mano para hacer
hincapié de su inutilidad.
- Mi suboficial,
se tanto como ustedes, hace unas horas estaba a tres mil y tantos metros – dijo
el joven teniente y siguió – no sé qué pasa, solo que me llamaron y tenía como
20 llamadas perdidas.
- No hay
satélites mi teniente - volvió hablar el
hombre.
- Recién
me entero por ustedes, ni las noticias e visto y además… – el joven teniente
paro en seco de hablar y apago su vehículo.
Saco su celular y saco la batería, su cara era susto y miro
su brazo. Todos sentían la misma sensación, un magnetismo extraño en el
ambiente.
- ¡Apaguen
todo, ahora! – grito el teniente y salió de su vehículo, mientras subía al capo
y al techo de su vehículo seguía gritando - ¡Apaguen todo, ahora!
Las voces de los hombres se repitieron, alguien corrió al
portalón gritando la orden del teniente, algunos se confundieron y no hacían
nada, lo mismo para los hombres en el portalón, uno atino a apagar unas luces y
algunos apagaron sus celulares.
El resplandor no duro nada, algunos lo vieron, otros no,
pero todos percibieron una oscuridad que los envolvió.
El silencio fue roto por la voz de un soldado que gritaba.
- Mi
teniente Gorigoitia, mi teniente Gorigoitia, lo llaman, mi teniente – decía el
joven tropezando con vehículos y hombres.
- Aquí, ya
soldado, anda, yo voy al portalón, vuelve a la guardia – dijo el Teniente.
Comenzaron a verse algunas luces, encendedores, un papel
ardiendo y una linterna de dinamo.
- Mi
suboficial – dijo el teniente – mi suboficial
- Aquí mi
teniente, soy un Sargento en reserva – Dijo un hombre.
- Tome mis
llaves si hay que mover mi jeep ¿y cómo se llama?
- Romero,
Juan Romero – Contesto el hombre de la reserva.
El viejo miro el cielo, tomo a Rodrigo del brazo para sacudirlo,
alzo su brazo al cielo y le indico unas luces en el cielo.
Una aurora se formaba en el cielo, los colores se reflejaban
en las pequeñas nuves que aun pasaban y en las leves gotas que caían con
suavidad.
Unos autos lograron encender, los que tenían la luz
encendida al momento del apagón no tenían caso, nada en ellos encendía.
Alguien logro encender un celular y se le oía decir que no
había ninguna señal.
El viejo y Rodrigo entraron a la camioneta Luv roja y logro
encender el motor, las luces y la radio, pero no se escuchaba nada más que
estática, se miraron y encogieron de hombros.
- Mejor
apaguemos el vehículo, hay otros que tienen los focos encendidos – dijo Rodrigo
algo inconforme y preocupado que lo que causo el apagón se reanude.
Unos reservistas se afanaron en mover el todo terreno de
Gorigoitia hacia un costado, ya que no pudo ser encendido. Una vez libre la
calle los hombres volvieron a sus conversaciones.
- ¿Quién
sabe qué pasa? – escucho a un hombre decir entre los grupos de reservistas.
Rodrigo se acercó, saludo a unos hombres y se mantuvo
escuchando la conversación.
- Es un
pulso electro magnético, carreta – dijo un reservista muy joven.
- Ósea nos
están atacando a nosotros – afirmo el sargento de reserva Romero.
- La cosa
es que puede ser un ataque directo u otra cosa – dijo el mismo reservista joven
– puede ser un pulso electro magnético producto de un bombardeo nuclear.
- No, no
hay un resplandor, solo esa aurora como boreal – intervino Rodrigo.
- No sé,
nunca hemos estado bajo una guerra nuclear a escala global, no se saben los
efectos – dijo el reservista joven.
- Una cosa
es clara, no estamos picando la hora aquí, a pasado algo – dijo Rodrigo y
concluyo – y si o si van a necesitar a la reserva.
1.3
Javier iba corriendo a casa de un pastor, saltando las
veredas que las raíces habían levantado los árboles.
A tan solo unos metros de la casa del pastor un chasquido
como un trueno se sintió, luego percibió el aire cargado de estática y el
resplandor y todo se oscureció. Paro de correr y prefirió caminar abriendo bien
los ojos.
El hombre estaba parado en el lindel de la puerta de su
casa, adentro se veía el resplandor de velas, el mismo tenía una vela en la
mano.
- ¡Uh!
Llego rápido hermano Javier – dijo el pastor.
- Vengo
porque traduje la lengua de hoy en el culto – dijo Javier
El pastor hizo un movimiento hacia delante con su cabeza y
miro la aurora que se formaba sobre los techos.
- No creo
que ese bello brillo sea cosa de nuestro Dios – dijo el pastor.
- Dios nos
a abandonado dijeron las hermanas en lenguas, en vasco para ser preciso – dijo
Javier un poco nervioso.
- Pasa,
hay café caliente y me hablas – concluyo el pastor, haciendo un gesto para que
entrara el muchacho.
1.4
La camioneta recorría el desierto con los tres operarios
aburridos después de una jornada demasiado larga, con la única intención de
llegar a Calama cuando antes.
El camino no ayudaba mucho, la F250 saltaba a cada bache
levantando una nube de desierto, resintiendo las espaldas.
- ¿Cuando
terminas el periodo? – pregunto uno de los hombres con un chaleco naranja con
reflectantes.
El silencio fue su respuesta.
- Oye,
este won de Tapia esta raja – dijo el hombre que iba de pasajero atrás mirando
al hombre en el asiento delantero de pasajero.
- ¿Pero
cómo puede dormir este won con estos saltos?
La sacudida casi da vuelta la F250, sus ruedas del costado
izquierdo llegaron a perder contacto del suelo, luego se balanceo unos segundos
fuertemente, el ruido de las piedrecillas golpeando el vehículo fue estruendoso.
Los cristales del lado izquierdo se fracturaron sin llegar a romperse, el
conductor giro el vehículo y desde la su derecha, al noroeste llego un
resplandor y una onda de impacto que hizo tambalear nuevamente el vehículo casi
hasta darlo vuelta. Luego una explosión fuertísima que hizo vibrar todo.
- Conchesumadre
¿que wea fue eso? – dijo Tapia, despierto ya.
- Won nos
pasó encima, que cresta – Dijo un excitado conductor
- ¿Cómo
están weones? – dijo el hombre de atrás.
- Won
estoy para la caga, me mande el medio cabezazo – dijo Tapia tocándose la
cabeza.
- Nada,
parce que estoy bien – dijo el conductor.
Los tres hombres vieron fuego a unos 200 metros al noreste,
un fuego intenso que iluminaba el desierto hasta donde estaban ellos y mucho
más, tan intenso que no permitía ver lo que se quemaba.
- ¿Vamos a
ver qué es eso? – dijo el hombre del asiento de atrás.
- Ya
vamos, pero no voy a acercar mucho el vehículo, si casi nos dimos vuelta, vos
crees q la contamos de nuevo – dijo el hombre al volante.
La camioneta encendió y se encamino a las llamas, tan solo
unos 100 metros hasta ver que eran
restos de una maquina muy grande que había caído, Tapia se bajó con la
linterna. Los demás siguieron hacia
oeste tratando de rodear el incendio, al poco se dieron cuenta que eran unos
doscientos metros de escombros que se extendían hacia el noroeste, de unos 100
metros de ancho.
Tapia se acercó lo suficiente a los restos metálicos para
cerciorarse que el incendio era por un tipo de combustible líquido.
Su linterna se alzó para poder ver que había más allá y pudo
reconocer primero una turbina, luego el cuerpo del avión, con sus ventanillas y
más allá regados lo que le parecieron unos troncos humanos, sin brazos, sin
piernas.
Se giró e hizo señas con la linterna a la camioneta, camino
unos pasos y tropezó con algo muy duro que casi los hace caer, la camioneta vio
sus señas y se acercaba, pasado el
tropiezo y con la cercanía de las luces la camioneta pudo ver que esas formas que
la luz de las llamas alumbraba con un uniforme anaranjado no eran las rocas que
pensó, eran piezas de metal, de asientos, pequeños restos de aluminio, pedazos
tan pequeños como una pelota de futbol.
Y allí delante de él una cabeza, irreconocible como persona, pero cabeza
al fin por el cabello chamuscado que de esta se veía.
La F250 paro al lado de Tapia, el semblante de este era
pálido si es que se pudiera ver entre el brillo anaranjado del fuego.
- ¿Llamaron
a Calama? Esta wea es un avión – dijo Tapia.
- Claro
pero nadie responde, ósea no funcionan los celulares, no hay ni tono – dijo el
pasajero de atrás.
- Llamen
por radio a la compañía entonces – dijo Tapia pasando una radio Motorola que
tenía en su chaleco naranja.
Intentaron comunicación por unos minutos hasta que alguien
de su compañía minera respondió.
- Hola
¿Están bien? Cambio – dijo la voz en el aparato
- Si,
medios machucados, pero bien, encontramos un avión que cayo, ósea el avión nos
encontró a nosotros.
Mientras hablaban se escuchaban los gritos del pasajero de
atrás de la camioneta que había bajado y trataba de encontrar un sobreviviente.
- ¿Quiénes
están contigo? – dijo la radio.
- Tapia,
el Pancho Tapia, el de prospección, Maluenda y yo, Rafael Cárcamo, todos de
prospección. – dijo el conductor de la camioneta.
- Won esta
la caga, eres el primero que me comunico fuera de Calama ¿Tienen celular allá?
Cambio – dijo la radio.
- No que
te crees, con cueva tenemos tu señal de radio – fue la respuesta y continuo –
Consulta prioritaria ¿Va a venir alguien? Cambio
- No sé,
¿Quién quieres que vaya? Cambio – dijo el sujeto al otro lado de la radio.
- Puta que
es weon este, si lo cortaron verde – dijo Cárcamo a Tapia, a lo cual Tapia rio
de buena gana.
- Te digo
que llames a los bomberos, a los pacos, a los del ejército, pero avisa a
alguien, es un avión que se estrelló, A-vi-ón gran-de de pa-sa-je-ros, hay
muertos, muchos ¿comprendes? Cambio – dijo lentamente Cárcamo con en mezcla de
molestia y sarcasmo.
- Oka
10-4, comprendo, vamos a mandar a alguien a los pacos, no hay teléfonos, cambio
– dijo la voz de la radio.
- Si,
comprendo, pero es prioritario que venga algún servicio de búsqueda y rescate,
cambio – respondió cárcamo
- ¿Cuál es
la posición que da su GPS? Cambio –dijo la voz
- Oye,
estamos sin GPS hace como 4 horas, no pregunten tonteras, cambio – la voz y el
gesto de Cárcamo no podía ser de mayor fastidio.
- No si a
este lo encontraron en una escuelita especial de weon que es – dijo Tapia
moviendo su cabeza.
- Ya okey,
vamos a ver que se hace, así que mantenga, cambio– dijo el hombre en la radio.
- Cambio y
fuera – dijo Cárcamo.
- Oye,
mira para allá, para el norte –dijo Tapia
- ¿Qué
chucha pasa ahora? – pregunto Cárcamo
- Ja, ja,
ja,ja, se están cayendo todos los malditos aviones – Dijo tapia con una risa
nerviosa y asustada.
- No weon,
esas weas no pueden ser aviones – dijo Cárcamo, oponiéndose a lo que veía en el
cielo.
- A no si
va a ser estrellitas fugaces las weas – dijo Tapia.
- Esas
weas son muy brillantes para ser estrellas fugaces – intervino Maluenda que
había vuelto al ver las estelas de fuego en el cielo.
- A vos
¿te aburriste de llamar a los muertos? – le lanzo una broma Cárcamo.
Un estruendo a unos metros de ellos sacudió el aire
alrededor, no eran uno, ni dos, eran una veintena de grandes estelas brillantes
que bajaban desde el cielo en dirección de norte oeste a sur este la mayoría,
otras de norte a sur, algunas luces no alcanzaban a tocar tierra y se
desintegraba en un estruendo en el cielo, otras se precipitaban y golpeaban
cerca, los hombres no lo podían definir si eran 500 metros, un kilómetro o a 20
kilómetros de ellos, solo sentían sacudidas que trasmitía el aire y temblores
de tierra que seguían a las explosiones de luz cada vez que uno de estos
objetos tocaba tierra.
Instintivamente los tres se agacharon y cubrieron las
cabezas, Tapia recordó los cascos y se fue a la camioneta y se colocó uno, saco
los otros dos, se los lanzo a sus compañeros, pero pensaron que sus cascos
plásticos de seguridad eran francamente ridículos en la situación.
Vieron caer objetos más pequeños que se
disolvían en la atmósfera alta, estos comenzaron a ser más numerosos que los
grades, hasta que también disminuyeron en cantidad, 20 minutos después los
estruendos y bólidos dejaron de ser masivos y aunque siguieron cayendo objetos
de distinto tamaño durante el resto de la noche, estos fueron decreciendo en su
número hacia el amanecer.
muy buena la primera entrega, esperando ansioso ya las proximas..
ResponderEliminar