domingo, 30 de septiembre de 2012

Capitulo 1. La oscuridad perdió la luz (Primera entrega)

Capitulo 1. La oscuridad perdió la luz 

Nota: Esto es la primera entrega, parte del primer capitulo, consistente en 4 o 5 entregas quincenales.

La hora Cero.


Eran las últimas gotas de un año extraño, un año lleno de noticias, rumores y miedos, el aire  venia húmedo de las colinas cargado de aroma a eucaliptus y pasto florecido.
Ambos respiraron hondo, encendieron los cigarros y hablaron del futuro juntos, ella le miro la ilusión en sus dedo y se lleno de alegría, él pensó en que quería envejecer con ella, mirar cada mañana sus ojos pardos.
Al consumirse los cigarros ella recordó las últimas e inquietantes noticias que hablaban de países lejanos, de gente a la que no conocía amenazada por un ejército gigantesco, de las ya a estas grotescas mentiras para justificar la invasión de un país. Él le hablo de los tiempos de la guerra del golfo pérsico, de la llamada tormenta del desierto, después recordó la segunda vez que las tierras de sumeria fueron atacadas bajo mentiras. La conversación se hizo pesimista, los cigarros se terminaron, la llovizna aumento y la mejor idea fue entrar al auto.
La radio tránsito de Concierto a Universo, sin encontrar algo que les agradara, así que optaron algo romántico en inglés. Se besaron indiferentes a la oscuridad de la noche y a las luces tintineantes de la ciudad que se expandía colina abajo, con sus cerca de 200 mil habitantes, de las lucecitas que se movían en la carretera a gran velocidad, de los sonidos de perros, sirenas y de un pájaro que graznaba cerca.
 Se besaban y tenían los ojos cerrados, de no ser así habrían visto el resplandor. Y el resplandor fue corto, casi imperceptible, un pestañeo que rompió la oscuridad.
Luego la radio se apagó, la ciudad se apagó, las sirenas cesaron, los perros dejaron de ladrar y hasta el viento dejo de soplar.

Y la oscuridad se volvió oscuridad.
La noche perdió toda luz y los ojos de los novios se abrieron para no ver nada.
Ella salió del auto asusta.
-          Maca espera, no salgas- le grito el estirando el brazo y la mano atrapando la nada.
Ella se quedó parada inmóvil fuera del auto, la oscuridad total la aterrorizo, sabía que de dar unos pasos tropezaría sin dudar. Y entonces vio esa lucecita a millones de años luz delante de ella, una estrella y luego otra y ese extraño resplandor en los cielos.
-          Una aurora boreal- susurro ella, mas que para señalarla, para auto convencerse de lo que veía.
Un fogonazo rompió la oscuridad, él había encendido un fosforo.
-          Mi amor entra, entra por favor- le dijo él y ella entro.
Ella estaba inmóvil, rígida, nerviosa viendo la aurora disolverse y él tratando de encender la nuevamente la radio, como entendió que era infructuoso, se sentó derecho y lanzo el fosforo al suelo.  Encendió otro fosforo y trato de hacer partir el auto, lo que tampoco pudo.
Bajo del auto y dejo la puerta abierta.
-          Quédate en el auto – dijo mientras llegaba al porta maleta.
Con la luz débil del fosforo apenas pudo encontrar la maleta de herramientas de donde extrajo una linterna, pero esta no encendió. Vio la mochila y la abrió, boto el fosforo y encendió otro, de la mochila saco una cámara fotográfica y esta ves si encendió.
Comenzó a sacar fotos de la ciudad y de la ya débil aurora en el sur del horizonte, solo logro captar un resplandor de la aurora.
De apoco algunas luces volvieron a la ciudad y el rumor de generadores y los perros volvieron a ladrar y aullar por toda la ciudad.
-          No hay caso, no hay celulares, no hay auto, no hay linterna- Dijo pensando en voz alta y mirando a un lado y otro.
-          Quiero ir a casa- dijo ella con un voz que rogaba.


Dos horas antes.

Sin Satélite, con deber, con agua, sin luz.

1.1
La televisión mostraba un documental poco atendido por un joven de unos 23 años que ordenaba su ropa sobre la cama.
Se llama Rodrigo y es macizo, de un 1,70 de estatura, de extremidades gruesas y cabello rubio ondulado, de gestos rápidos y continuos. En solo minutos logro doblar y apilar su ropa y colocarla en una cajonera de madera rustica.
Sobre la cajonera retratos de sus padres, de una muchacha hermosa de cabello castaño junto a él, las fotos de su graduación con sus compañeros de liceo y una foto de unos soldados en tenida de mimetismo al lado de un Humvee ocre, en el muro diplomas enmarcados y medallas.
De pronto la TV se puso azul, Rodrigo tomo el control remoto y comenzó a cambiar de canal, sin que la pantalla cambiara su color azul y apareciera la frase “Sin Señal”.
Salió de la habitación y su padre estaba en la misma labor.
-          Papá, pace a la señal abierta – le dijo, parado en la sala.
El hombre de unos 60 años le siguió el concejo y apareció Amaro Gómez Pablos.
El hombre del televisor hablaba de la perdida de señales satelitales desde el hemisferio norte, tanto en la televisión, como en comunicaciones telefónicas y de datos. El joven saco un cigarro y lo fumo a largas bocanadas, nervioso o ansioso.
Se acercó al control remoto sobre la mesa de centro y subió el volumen.
-          No le bajes papá, necesito escuchar mientras estoy en el baño – le dijo solemnemente, como si fuera un viejo.
-          ¿Pero que puede estar pasando? – dijo asustada su madre.
-          Nada, esto va a pasar, seguro es algún desperfecto de un satélite – dijo inocentemente el hombre mayor.
-          No padre, no se estropean todos los satélites a la vez, nunca sucede eso – explico lleno de convicción Rodrigo.
Entro al baño, se ducho rápida y enérgicamente, se afeito y tomo una máquina de cortar cabello, de una sola pasada rasuro al 1 su cabello en una franja y luego otra, hasta quedar con el cabello muy corto.
-          Padre, necesito que me preste la camioneta – su tono era imperativo.
Su madre lo miro y se levantó del asiento tapándose la boca.
-          Hijo, que significa esto ¿qué has hecho? – dijo su madre.
-          Nada mamá, necesito la camioneta para ir a presentarme al Fuerte Aguayo – respondió con decisión.
-          Pero hijo ¿Qué te pasa? ¿Por qué vas a presentarte? Ya no eres soldado, hace 4 años que no eres soldado ¿Qué te pasa? – le dijo su padre con molestia, sin encontrar explicación a la actitud de su hijo.
-          Padre, esto es un ataque y no hablo de una guerra como las de antes, localizada. Esto es una guerra mundial si es que han dejado silenciado el hemisferio norte y van a pasar cosas terribles – Respondió Rodrigo mostrando algo molestia, suavizada por el respeto a su padre.
Tomo una mochila militar pequeña color coyote, la lleno de ropa interior, camisetas, una muda de ropa y algunas cosas para el aseo personal y atravesó Villa Alemana, Quilpué y se dirigió a Con Con por la carretera.
Gotitas se estrellaban contra el parabrisas de la vieja camioneta Luv roja doble cabina, obligando a accionar los parabrisas.
Llegando a la desviación que se dirige al fuerte Aguayo vio unos jóvenes caminar en la berma, lo que le llamo la atención - ¿Quién camina bajo esta llovizna? – pensó y mas adelante ya entrando a la ruta que lleva al Fuerte un hombre en una bicicleta, lo vio mojado y decidió llevarlo, algo avergonzado por no haber levantado a los dos joven que vio un kilómetro antes.
Bajo la velocidad y realizo un cambio de luces, el hombre de la bicicleta lo miro, pudo ver su piel ajada por los años y largas gotas que bajan por su cara hasta el cuello.
Bajando la ventanilla le grito.
-          ¿Dónde va señor? – trato de hacerse escuchar Rodrigo.
-          Al Fuerte Aguayo, caballero – respondió el hombre, con un acento de campo mal suavizado por la vida en ciudad.
-          Vamos, entonces suba, vamos donde mismo –
Rodrigo paro la Camioneta, el hombre subió su vieja montañesa a la pick up de la Luv y se dirigió a abrir la puerta. Entro y miro a Rodrigo, y le brindo una sonrisa que marcaron sus arrugas de expresión, a Rodrigo los grandes surcos al lado de la boca del hombre le dijeron que era un tipo dado a la sonrisa y por tanto jovial.
-          Me salvo de unos buenos kilómetros de pedaleo, caballero – dijo el hombre, manteniendo la sonrisa.
-          Del agua no lo salve, mire como viene de empapado – Rodrigo le respondió sabiendo que había cogido un simpático compañero de ruta aunque fuera por los pocos kilómetros que quedaban.
Rodrigo apunto a la guantera y le dijo que había toallas de papel allí
El hombre la saco y se secó la cara y las manos, mas no podía hacer, aunque la llovizna era liviana, su ropa estaba empapada al pedalear bajo esta.
-          ¿Pero para que va a esta hora y bajo la lluvia al Fuerte? – pregunto Rodrigo mientras el hombre aun se secaba la cara.
-          No hay satélites, no hay internet, no soy tonto, aunque viejo me di cuenta lo que pasa, están atacando a los gringos, pero esta vez es de verdad, no es la mentira de las torres – hablo el viejo con una velocidad y confianza en sus palabras que asombro a Rodrigo.
-          Ya dele – dijo Rodrigo esperando que continuara el viejo.
-          ¿Tú vas a lo mismo o no, chiporro? – contesto el viejo con suspicacia, sabiendo que ambos intuían lo mismo.
Rodrigo lo miro un segundo, sabiendo que está al lado de un viejo zorro, reconocía a un cosaco tras la máscara de arrugas y no necesitaba preguntar si lo era, así como ya no necesitaba ocultar ninguna de sus conjeturas ante los símbolos de esa noche.
-          Es imposible que la mayoría o todos los Satélites dejaran de funcionar a la vez, esto me tinca un ataque, un ataque gigantesco – Dijo Rodrigo.
-          Un ataque a los gringos a ese tamaño no es cosa pequeña –dijo el viejo
-          ¿entonces quien crea que a hecho esto? ¿a sido algún grupo ciberterrorista? Mire que no creo que haya alguien capaz de ponerse a disparar misiles a los Satélites – le pregunto Rodrigo a la vez que mostrando su duda que los satélites hayan caído físicamente, en Rodrigo solo caía la alternativa de un ciber ataque capaz de desconectar toda la red de satélites e internet.
-          ¿Tú crees que fue Anonimus talvez? – contesto el viejo con una risotada.
Rodrigo lo miro nuevamente, sonrió sorprendido que un hombre a su edad supiera cosas como la existencia de Anonimus, cuando la mayoría de los hombres sobre 50 que conocía con dificultad tenían un Facebook.
-          Y usted ¿Qué cree?
-          Irán, Irán se les adelanto, dejaron ciegos a los gringos. Y si la vez bien, si Irán dejo ciego a los gringos, vienen sus aliados, Europa, Sudamérica – Dijo el viejo, sin titubear.
Rodrigo le hecho una mirada, pensó que Irán no tenía esa capacidad, a menos que fuera un ciber ataque iraní, no otra cosa.
Como adivinado el pensamiento de Rodrigo el viejo continuo hablando – Con ayuda de los rusos, satélites asesino, eso usaron, miles de esas cosas y si lo lograron como veo, seguimos nosotros –
-          ¿Cómo un Pearl Harbor? – le dijo Rodrigo, solo por opinar. No creía en la teoría de un ataque físico a esa escala.
-          Como un Pearl Harbor, pero en espacio – respondió el viejo, agitando las manos hacia arriba.
-          ¿Pero a que va usted? Perdóneme, pero no lo veo como combatiente – dijo Rodrigo con un tono suave para no parecer irrespetuoso.
El viejo lo miro del hombro a la cara, algo ofendido.
Y respondió – Soy viejo, fui Defensa de Costa – al decir esta frase el viejo, Rodrigo se dio vuelta a verlo, nunca en su vida había visto a un Defensa de Costa.
Defensa de Costa era la antigua denominación que tuvo la Infantería de Marina, Rodrigo se sintió de repente ante algo antiguo, un pedazo de historia que le hablaba.
Mientras Rodrigo pensaba esto, el viejo continuaba hablando – estuve en la calle en los 60s, pero por el paro de Ferroviarios, el 70 me retire y no fui llamado para el 73, ¿sabes? estaba en un sindicato y no era comunacho, pero era dirigente, así que no me llamaron; el 78 quise presentarme voluntario, pero los niños aun eran pequeños, hoy tengo 70 años, soy viudo y hasta los nietos están grandes, puedo servir en lo que sea, en una antiaérea, en las salas de armas, en la cocina, si esta es la tercera guerra mundial, no me la voy a perder. Y tú estás aquí por lo mismo, te lo veo en los ojos pichos esos.
Entre los dos hombres, separados por generaciones, se compartió un silencio profundo, hasta la lluvia ceso un instante.
Si, Rodrigo sentía ese peligro en su corazón, el de una tercera Guerra Mundial, no se la imaginaba atómica, ni nada de eso que alguna vez había visto en los documentales. Si algo había aprendido de estrategia era que ningún país hacia una guerra sin estar en una de dos posiciones, la de quien esta seguro de ganarla con una fuerza aplastante o quien está obligado a entrar en guerra por un ataque, pero pensó en una tercera posibilidad. Irán se había preparado para una guerra, en estos años su fuerza y tecnología militar había dado un salto gigantesco, aun esto no era capaz de sostener una guerra con Estados Unidos y la OTAN, menos sin ayuda de otras naciones. Solo quedaba que obligada por la desesperación allá encontrada la forma de dar un golpe decisivo y potente contra Estados Unidos, era esa la tercera posibilidad.
Una guerra Nuclear, ningún bando la iniciaría contra Estados Unidos, ni siquiera Rusia, China o Corea del norte, la respuesta de Estados Unidos sería no solo aplastante, seria apocalíptica. Nadie en su sano juicio siquiera lo intentaría, ni siquiera Estados Unidos contra un pequeño país cualquiera.
¿Pero de ahí que? Por eso había tomado la camioneta de su padre, porque si se había iniciado una guerra a gran escala, esta no sería nuclear, sería una aguja en un punto preciso del aparato de la OTAN y estados unidos, un trabajo de acupuntura, pero que de una forma algo así nos involucraría a todo el hemisferio. Aunque Chile fuera neutral.
Después de una curva se ingresó a la recta y se podía ver el portalón del Fuerte Aguayo, donde se encuentra el Destacamento de Infantería de Marina n° 2 Miller. Rodrigo sintió un nerviosismo leve de cuando uno hace algo erróneo y exagerado, bajo la velocidad y al ya estar más cerca vio unos 18 ó 20 vehículos civiles, entre autos, furgones y camionetas.
Paso tan lento que pudo observar las expresiones de los hombres apoyados en sus vehículos o dentro de ellos. Vio un espacio y retrocedieron unos metros y avanzo para ocuparlo.
No alcanzo a detenerse del todo cuando afuera de su camioneta roja vio a un joven soldado SMO con tenida multicam de Goretex, apenas paro el motor  el joven soldado se acercó.
-              Buenas noches, motivos de su visita y ¿portaran su carnet de identidad y libreta de reservista o similar? - Dijo el joven una frase ya 18 ó 20 veces repetida.
-              Buenas noches mi soldado, somos el ZIM Reservista Rodrigo Garcés y el hombre a mi lado es el Cabo Reservista Manuel Espinoza – decía esto mientras le pasaba ambos carnet de identidad y su libreta de reservista.
-              Venimos por la caída de los satélites… - Mientras decía esto Rodrigo se sentía tan imbécil y exagerado y sentía que no tenía ninguna razón para estar allí, aunque se sentía consolado por la cantidad de autos fuera del cuartel.
-              Mi cabo ¿No tiene su libreta de reservista? – inquirió el soldado interrumpiendo a Rodrigo, casi sin interés en el tema de la señal satelital.
-              No chiporro, no la tengo, si me retire hace como 40 años mi soldado, entonces era un carnet… - titubeo un segundo y siguió el viejo – pero puedo demostrar que soy un soldado, pregunte nomas.
-              Está bien mi cabo, e una lista para saber quién esta y porque – dijo el soldado y siguió – bueno mi soldado, ustedes están por lo mismo de todos al parecer.
-              No se por lo que estén los demás mi soldado, pero estamos si somos necesarios – respondió Rodrigo.
-              El oficial de guardia ordeno que pueden estar aquí hasta que se les ordene retirarse, si es necesario. Manténganse en el vehículo o cerca de él, hasta ahora no sabemos nada así que no es necesario que se acerquen a la guardia a preguntar, si sabemos algo del apagón satelital le diremos algo – dijo el soldado, como recitando y con una fuerte voz de mando.
-              Ya perfecto, entiendo – dijo Rodrigo, comprendiendo que el joven estaba cumpliendo órdenes muy explicitas.
-              Otra cosa, no comuniquen lo que está pasando aquí a su familia u a otra persona fuera de aquí, ni inviten a otro reservista. El oficial de guardia pidió explícitamente que no usen los celulares, ni saquen fotos ¿me comprende? – el joven soldado dijo esto último con timbre de voz que señalaba una orden a quienes siendo reservistas se les consideraba soldados.
-              Comprendo mi soldado, por nuestra parte no tendrá problemas – respondió Rodrigo, sabiendo la responsabilidad que se le había dado al soldado.
Apenas concluido el dialogo con el soldado llego otro vehículo, un furgón escolar que dio unas vueltas hasta que estaciono a unos metros a la cola de los demás vehículos.
Rodrigo y el viejo salieron a estirar un poco las piernas, sacaron cigarros y fumaron mirando hacia el portalón, Rodrigo miro a los otros reservistas buscando alguna cara conocida, prefería ver a alguien conocido y compartir lo que pensaba.
Un auto llego, bajo la velocidad y Rodrigo vio el rostro de un hombre de unos 60 años, de frente amplia que miraba a los presentes con cierta curiosidad, se dirigió de inmediato al portalón y se dejó que entrara con su vehículo.
-              Mi comandante Irigoyen – Llego a los oídos de Rodrigo desde uno de los presentes.
Hubo un rumor entre los hombres, algunos salieron de sus vehículos a mirar.
-              Hola, ¿Qué pasa? – pregunto Rodrigo a un corpulento reservista al lado de un Peugeu.
-              Hola carreta, es mi comandante Irigoyen, comando el hombre – El hombre lo trato con la acostumbrado tono de amistad que los reservistas se tratan aun sin conocerse, en su tono de voz también se deslizo una cierta emoción con la llegada del que llamo Comandante Irigoyen.
-              Vaya, al fin conozco a la leyenda – se expresó Rodrigo.
Trato de ver más allá de la línea de portalón, pero poco podía ver más allá de figuras que se movían en la garua.

1.2
La niña es hermosa, frágil y atractiva como las mariposas, su cabello rubio, largo, ondulado llegaba hasta la cintura delgada, demasiado delgada que marcaba una cadera estrecha, donde iniciaban piernas largas como mástiles, piernas delgadas y hermosas, cualquiera que la viera se sentiría atraído por su belleza, pero una segunda mirada a su rostro a sus manos a su pequeño busto le harían saber que en ese lugar no debería estar, en ese pub la muchacha de cortos 15 años se mantenía en una mesa con otra muchacha mirando desconcertada el lugar, sus ojos idos, sus pecas iluminadas por las luces, sus ojos azules cambiando de color a cada vuelta de un aparato de cambiantes destellos.
Alguien la miro y pensó que no debía estar esa muchacha allí, que era demasiado pequeña y seguro estaba bebida por sus ojos idos, sin fijar mirada, los motivos de que estuviera allí o quien había permitido su paso al pub franqueado por los dos tipos como torres de músculos en la puerta pronto no serían importantes para nadie, ella estaba allí y eso sería lo único importante.
Par sus amigos ella era la loca extraña, la muchacha que no tenía amigos de su edad, la que hablaba cosas que pocos la entendían, la que vestía raro en ocasiones, la que pasaba en la pastoral juvenil así como cuestionaba la biblia, cuando no estaba en compañía de veinteañeros, amigos y enemigos de su extraña forma de ser. Su familia la amaba, si no fuera por ese amor seria menos soportable con sus constantes cambios de humor, de comportamiento, ella que fuera una luz en la casa cuando niña, la que no bajaba de nota 7 en el colegio, hasta que llego a los 13 y se puso insoportable.
Ahora su Iphone apagado acumulaba las llamadas de su madre, enojada, preocupada. Y un mensaje de texto que la llamaba Isidora.
Dos muchachos realizaban una pequeña grabación en el estacionamiento del Pub, con una cámara de video. Hablaban del cumpleaños de uno de ellos, cerca los miraban dos muchachas.
-              ¿Qué vas a ser al salir de la U perro? – pregunto el que sostenía la cámara.
-              Vamos a formar una empresa de consultaría con mi colega, vamos a dejar la patada… - decía el joven con la emoción y el optimismo de quien tiene 24 de edad y 3 tequilas encima. Hasta que fue interrumpido.
-              Oye, le pasa algo a la Isidora, esta rara ¿porque no la grabas won? – Dijo una muchacha de unos 20 años que se les acerco.
-              Weona esa mina nació rara ¿para que la vamos a grabar? Dijo uno de los muchachos.
-              Seguro le dio la pálida, si se a fumado como 4 pitos ella sola – Dijo el otro.
-              Si won, los pitos se los distes tu – Respondió la muchacha. Poniendo cara de reproche.
-              Vamos a verla ¿Quién esta con ella?, no está sola ¿Verdad? – dijo una de las muchachas que estaba en el estacionamiento.
-              ¿Para qué vamos a ir? – dijo el muchacho. Pero ya todos se iban al interior del local nocturno.
-              Vamos, si la mina llego con nosotros – decía una chica mientras ya franqueaba la puerta del Pub.
Pablo volvió a encender la cámara en el interior del Pub, fueron al fondo y enfoco a uno de los guardias que estaba junto a unos muchachos, en el suelo, sentada estaba Isidora, con las manos colgando, una amiga sosteniéndola desde la espalda, la cabeza de Isidora estaba caída, pero después levanto el rostro y vio sus ojos que estaban girados hacia atrás, vio por el monitor de la cámara haciendo un zoom al rostro de la joven, que esta musitaba algunas palabras. No entendía o no escuchaba, así que decidió acercarse.
-              No weben, no ven que esta con la pálida esta pendeja ¿Quién chucha la trajo? – dijo el joven que estaba por recibirse de la universidad. Y continuo – saquémosla que tome aire.
El guardia estaba evidentemente preocupado y miro al joven que había hablado, después miro a una muchacha que repetía con angustia: Isidora, Isidora, Isidora…  y decidió tomarla para pararla.
El camarógrafo aficionado se acercó lo suficiente para escuchar lo que musitaba, algo que le pareció un lenguaje extraño.
-              Iritsi dute, iritsi dute, iritsi dute… – Repetía Isidora, tan levemente que entre la música era imperceptible si no se ponía uno al lado.
La fuerte mano del guardia hizo hacia un lado fácilmente al joven camarógrafo y tomo a Isidora por bajo sus brazos y la levanto suave y firmemente sin que ella se percatara.
Isidora abrió los ojos y empujó al guardia, el que sintió una fuerza tremenda que lo lanzaba contra unas personas tras él. El guardia sorprendido la miro como ella se ergio con el cuerpo rígido y la boca abierta, y sin modular, mover la boca u otra expresión ella grito.
No, no grito. No fue su voz, era un rugido que salió de su boca.
-              Ellos ya llegaron – nadie en el pub quedo sin escuchar el rugido, tanto por su volumen como porque coincidió con el término de una canción.
Isidora cerro la boca, se relajó y miro a todos alrededor de ella, se sintió asustada porque todos la miraban en silencio, solo sonaba Part of me de Katy Perry. Camino unos pasos hacia la puerta, siempre mirando a todos.
-              ¿Quién llego? – pregunto un joven gordo que ella no conocía.
-              Ellos poh, los que la gente cree, ellos llegaron – dijo Isidora encogiéndose de hombros.
-              Vamos Isidora – le dijo una joven alta que la tomo del brazo y la llevo a la puerta, con un poco de  dificultad.
Afuera se iniciaba de nuevo una garua fina venida del mar, y las olas eran como un compás del corazón, Isidora miro hacia el mar y sintió miedo.
-              ¿Qué te pasa a ti oye? – le recrimino la muchacha y siguió – aquí no nos van a dejar entrar más, dejaste la caga.
Llegaron otros jóvenes a asistir a Isidora y detrás de estos llego el guardia.
-              ¿Quiénes llegaron lola? – pregunto el guardia que había sido empujado.
-              Solo sé que “Ellos” lo que la gente cree, no sé en qué cree la gente, algo nuevo llego – dijo Isidora confundida.
El guardia la miro feo, se dio vuelta y dijo sin mirarlos nuevamente: Llévenla a su casa, es una niña.

1.3
No había podido ir a la iglesia, no había viernes que no se perdiera la reunión juvenil, él era tecladista de la banda de rock-pop cristiano más conocida en la comunidad evangélica de la octava región y hoy no había ido por estar enfermo, no había asistido al culto y tampoco creía que pudiera ir mañana sábado.
Temprano sentado en su cama vio un dos en las notificaciones de Facebook, hizo clic y era un link de youtube del culto de ese día enviado por un compañero de la banda, con el siguiente comentario:
“Hola, bendiciones Javier, hoy estuvo muy lindo el culto, igual nos la arreglamos, no es lo mismo sin tu teclado, tus manos son bendecidas por Dios, te mando lo que grabamos, la hermana Carla y Sofía hablaron en lenguas, se nota la presencia de Dios, aleluya”
Hizo clic, se abrió una pestaña. Personas daban gracias al señor y alguien cantaba, Javier sabía que era la voz de la hermana Verónica, las personas bailaban y saltaban en sus puestos, al minuto se escuchó una voz una lengua que Javier no podía reconocer; antes había escuchado arameo y hebreo cuando las personas hablaban en lenguas. Pero no conocía esta lengua.
Después se alzó otra voz casi a gritos, la cámara se acercó a quien reconoció como la hermana Sofía, una jovencita de unos 14 años, que bailaba y alzaba sus brazos.
Bajo el video con Tube Catcher, y durmió un rato cansado de la fiebre.
Cuando despertó no había TV cable, no había internet, se dispuso a ver el video de su comunidad.
“Iritsi dute, iritsi dute, iritsi dute…” decían ambas voces casi a coro, pero Javier no entendía nada.
Luego la frase cambio a “Storm ur, ekaitz ura, itsasoa aterako da, Jainkoak utzi digu; Storm ur, ekaitz ura, itsasoa aterako da, Jainkoak utzi digu; Storm ur, ekaitz ura, itsasoa aterako da, Jainkoak utzi digu”
A esas alturas Javier reconoció una palabra, Storm… pensó equivocadamente que era inglés y creyó que la palabra Ur se refería a la ciudad sumeria de Ur.
Escribió las palabras que pudo captar en una libreta de hojas blancas que le habían regalado en el instituto gastronómico.
“Tormenta en Ur” pensó… luego escribió la siguiente frase en un programa de traduccion, no daría con la traducción a la primera claro estaba, pero si daba con la lengua, eso ayudaría mucho.
Al momento se percató que no era una lengua muerta, era muy viva, pero muy antigua y nada de bíblica. Era euskera y pensó en que sería fácil traducirlo entonces.
Cinco minutos después de traducirla se vestía, abrigaba bien y salía de su casa rumbo a la casa del pastor de su congregación.

1.1
Era joven, había estado en Haití, había visitado Siria, era hijo de un Infante de Marina, nieto de un Infante de Marina, había visto cosas que muchos se niegan a ver y él había ido de voluntario. Pensaba que la vida no era para vividla tranquilo, que ser Cosaco era la mejor profesión del mundo. Había recibido esa llamada hace una media hora y allí ya estaba frente al portalón de su cuartel, era de los últimos oficiales en llegar, tenía unos días libres y su celular estaba sin cobertura, se había enterado al llegar a casa… hace dos horas estaba volviendo de hacer escalada.
Detuvo su Kia Spotage a medio camino del portalón.
-              ¿¡Vienen a la guerra muchachos!? – exclamo el joven soldado para ser escuchado por todos.
-              Como esta mi teniente - fue la respuesta de uno de los reservistas más jóvenes
-              Aquí estamos Soldado ¿Pero qué pasa? Pensé que había llegado a la zona verde de Bagdad – dijo sonriendo en joven teniente.
Hubo algunas risotadas y el ambiente se hizo más distendido.
-              Ja, ja, ja… Usted lo dice por la cantidad de contratistas que hay aquí, mi teniente  – dijo un hombre delgado de unos 30 y tantos años.
Hubo otra risotada esta vez más fuerte.
-              Hey muchachos, seguro no es nada grave lo que pasa – dijo el teniente y agrego – haber, seguro que si hay una guerrita por ahí que los llamamos.
-              ¿Guerra? No si yo creo que a estas alturas deben estar los gringos volando a Irán o Corea del Norte, lo malo es que como saberlo – dijo un hombre, tratando de recuperar la seriedad y mostrando un celular satelital en su mano para hacer hincapié de su inutilidad.
-              Mi suboficial, se tanto como ustedes, hace unas horas estaba a tres mil y tantos metros – dijo el joven teniente y siguió – no sé qué pasa, solo que me llamaron y tenía como 20 llamadas perdidas.
-              No hay satélites mi teniente -  volvió hablar el hombre.
-              Recién me entero por ustedes, ni las noticias e visto y además… – el joven teniente paro en seco de hablar y apago su vehículo.
Saco su celular y saco la batería, su cara era susto y miro su brazo. Todos sentían la misma sensación, un magnetismo extraño en el ambiente.
-              ¡Apaguen todo, ahora! – grito el teniente y salió de su vehículo, mientras subía al capo y al techo de su vehículo seguía gritando - ¡Apaguen todo, ahora!
Las voces de los hombres se repitieron, alguien corrió al portalón gritando la orden del teniente, algunos se confundieron y no hacían nada, lo mismo para los hombres en el portalón, uno atino a apagar unas luces y algunos apagaron sus celulares.
El resplandor no duro nada, algunos lo vieron, otros no, pero todos percibieron una oscuridad que los envolvió.
El silencio fue roto por la voz de un soldado que gritaba.
-              Mi teniente Gorigoitia, mi teniente Gorigoitia, lo llaman, mi teniente – decía el joven tropezando con vehículos y hombres.
-              Aquí, ya soldado, anda, yo voy al portalón, vuelve a la guardia – dijo el Teniente.
Comenzaron a verse algunas luces, encendedores, un papel ardiendo y una linterna de dinamo.
-              Mi suboficial – dijo el teniente – mi suboficial
-              Aquí mi teniente, soy un Sargento en reserva – Dijo un hombre.
-              Tome mis llaves si hay que mover mi jeep ¿y cómo se llama?
-              Romero, Juan Romero – Contesto el hombre de la reserva.
El viejo miro el cielo, tomo a Rodrigo del brazo para sacudirlo, alzo su brazo al cielo y le indico unas luces en el cielo.
Una aurora se formaba en el cielo, los colores se reflejaban en las pequeñas nuves que aun pasaban y en las leves gotas que caían con suavidad.
Unos autos lograron encender, los que tenían la luz encendida al momento del apagón no tenían caso, nada en ellos encendía.
Alguien logro encender un celular y se le oía decir que no había ninguna señal.
El viejo y Rodrigo entraron a la camioneta Luv roja y logro encender el motor, las luces y la radio, pero no se escuchaba nada más que estática, se miraron y encogieron de hombros.
-              Mejor apaguemos el vehículo, hay otros que tienen los focos encendidos – dijo Rodrigo algo inconforme y preocupado que lo que causo el apagón se reanude.
Unos reservistas se afanaron en mover el todo terreno de Gorigoitia hacia un costado, ya que no pudo ser encendido. Una vez libre la calle los hombres volvieron a sus conversaciones.
-              ¿Quién sabe qué pasa? – escucho a un hombre decir entre los grupos de reservistas.
Rodrigo se acercó, saludo a unos hombres y se mantuvo escuchando la conversación.
-              Es un pulso electro magnético, carreta – dijo un reservista muy joven.
-              Ósea nos están atacando a nosotros – afirmo el sargento de reserva Romero.
-              La cosa es que puede ser un ataque directo u otra cosa – dijo el mismo reservista joven – puede ser un pulso electro magnético producto de un bombardeo nuclear.
-              No, no hay un resplandor, solo esa aurora como boreal – intervino Rodrigo.
-              No sé, nunca hemos estado bajo una guerra nuclear a escala global, no se saben los efectos – dijo el reservista joven.
-              Una cosa es clara, no estamos picando la hora aquí, a pasado algo – dijo Rodrigo y concluyo – y si o si van a necesitar a la reserva.

1.3
Javier iba corriendo a casa de un pastor, saltando las veredas que las raíces habían levantado los árboles.
A tan solo unos metros de la casa del pastor un chasquido como un trueno se sintió, luego percibió el aire cargado de estática y el resplandor y todo se oscureció. Paro de correr y prefirió caminar abriendo bien los ojos.
El hombre estaba parado en el lindel de la puerta de su casa, adentro se veía el resplandor de velas, el mismo tenía una vela en la mano.
-              ¡Uh! Llego rápido hermano Javier – dijo el pastor.
-              Vengo porque traduje la lengua de hoy en el culto – dijo Javier
El pastor hizo un movimiento hacia delante con su cabeza y miro la aurora que se formaba sobre los techos.
-              No creo que ese bello brillo sea cosa de nuestro Dios – dijo el pastor.
-              Dios nos a abandonado dijeron las hermanas en lenguas, en vasco para ser preciso – dijo Javier un poco nervioso.
-              Pasa, hay café caliente y me hablas – concluyo el pastor, haciendo un gesto para que entrara el muchacho.

1.4
La camioneta recorría el desierto con los tres operarios aburridos después de una jornada demasiado larga, con la única intención de llegar a Calama cuando antes.
El camino no ayudaba mucho, la F250 saltaba a cada bache levantando una nube de desierto, resintiendo las espaldas.
-              ¿Cuando terminas el periodo? – pregunto uno de los hombres con un chaleco naranja con reflectantes.
El silencio fue su respuesta.
-              Oye, este won de Tapia esta raja – dijo el hombre que iba de pasajero atrás mirando al hombre en el asiento delantero de pasajero.
-              ¿Pero cómo puede dormir este won con estos saltos?
La sacudida casi da vuelta la F250, sus ruedas del costado izquierdo llegaron a perder contacto del suelo, luego se balanceo unos segundos fuertemente, el ruido de las piedrecillas golpeando el vehículo fue estruendoso. Los cristales del lado izquierdo se fracturaron sin llegar a romperse, el conductor giro el vehículo y desde la su derecha, al noroeste llego un resplandor y una onda de impacto que hizo tambalear nuevamente el vehículo casi hasta darlo vuelta. Luego una explosión fuertísima  que hizo vibrar todo.
-              Conchesumadre ¿que wea fue eso? – dijo Tapia, despierto ya.
-              Won nos pasó encima, que cresta – Dijo un excitado conductor
-              ¿Cómo están weones? – dijo el hombre de atrás.
-              Won estoy para la caga, me mande el medio cabezazo – dijo Tapia tocándose la cabeza.
-              Nada, parce que estoy bien – dijo el conductor.
Los tres hombres vieron fuego a unos 200 metros al noreste, un fuego intenso que iluminaba el desierto hasta donde estaban ellos y mucho más, tan intenso que no permitía ver lo que se quemaba.
-              ¿Vamos a ver qué es eso? – dijo el hombre del asiento de atrás.
-              Ya vamos, pero no voy a acercar mucho el vehículo, si casi nos dimos vuelta, vos crees q la contamos de nuevo – dijo el hombre al volante.
La camioneta encendió y se encamino a las llamas, tan solo unos 100 metros hasta ver que  eran restos de una maquina muy grande que había caído, Tapia se bajó con la linterna.  Los demás siguieron hacia oeste tratando de rodear el incendio, al poco se dieron cuenta que eran unos doscientos metros de escombros que se extendían hacia el noroeste, de unos 100 metros de ancho.
Tapia se acercó lo suficiente a los restos metálicos para cerciorarse que el incendio era por un tipo de combustible líquido.
Su linterna se alzó para poder ver que había más allá y pudo reconocer primero una turbina, luego el cuerpo del avión, con sus ventanillas y más allá regados lo que le parecieron unos troncos humanos, sin brazos, sin piernas.
Se giró e hizo señas con la linterna a la camioneta, camino unos pasos y tropezó con algo muy duro que casi los hace caer, la camioneta vio sus señas y se  acercaba, pasado el tropiezo y con la cercanía de las luces la camioneta pudo ver que esas formas que la luz de las llamas alumbraba con un uniforme anaranjado no eran las rocas que pensó, eran piezas de metal, de asientos, pequeños restos de aluminio, pedazos tan pequeños como una pelota de futbol.  Y allí delante de él una cabeza, irreconocible como persona, pero cabeza al fin por el cabello chamuscado que de esta se veía.
La F250 paro al lado de Tapia, el semblante de este era pálido si es que se pudiera ver entre el brillo anaranjado del fuego.
-              ¿Llamaron a Calama? Esta wea es un avión – dijo Tapia.
-              Claro pero nadie responde, ósea no funcionan los celulares, no hay ni tono – dijo el pasajero de atrás.
-              Llamen por radio a la compañía entonces – dijo Tapia pasando una radio Motorola que tenía en su chaleco naranja.
Intentaron comunicación por unos minutos hasta que alguien de su compañía minera respondió.
-              Hola ¿Están bien? Cambio – dijo la voz en el aparato
-              Si, medios machucados, pero bien, encontramos un avión que cayo, ósea el avión nos encontró a nosotros.
Mientras hablaban se escuchaban los gritos del pasajero de atrás de la camioneta que había bajado y trataba de encontrar un sobreviviente.
-              ¿Quiénes están contigo? – dijo la radio.
-              Tapia, el Pancho Tapia, el de prospección, Maluenda y yo, Rafael Cárcamo, todos de prospección. – dijo el conductor de la camioneta.
-              Won esta la caga, eres el primero que me comunico fuera de Calama ¿Tienen celular allá? Cambio – dijo la radio.
-              No que te crees, con cueva tenemos tu señal de radio – fue la respuesta y continuo – Consulta prioritaria ¿Va a venir alguien? Cambio
-              No sé, ¿Quién quieres que vaya? Cambio – dijo el sujeto al otro lado de la radio.
-              Puta que es weon este, si lo cortaron verde – dijo Cárcamo a Tapia, a lo cual Tapia rio de buena gana.
-              Te digo que llames a los bomberos, a los pacos, a los del ejército, pero avisa a alguien, es un avión que se estrelló, A-vi-ón gran-de de pa-sa-je-ros, hay muertos, muchos ¿comprendes? Cambio – dijo lentamente Cárcamo con en mezcla de molestia y sarcasmo. 
-              Oka 10-4, comprendo, vamos a mandar a alguien a los pacos, no hay teléfonos, cambio – dijo la voz de la radio.
-              Si, comprendo, pero es prioritario que venga algún servicio de búsqueda y rescate, cambio – respondió cárcamo
-              ¿Cuál es la posición que da su GPS? Cambio –dijo la voz
-              Oye, estamos sin GPS hace como 4 horas, no pregunten tonteras, cambio – la voz y el gesto de Cárcamo no podía ser de mayor fastidio.
-              No si a este lo encontraron en una escuelita especial de weon que es – dijo Tapia moviendo su cabeza.
-              Ya okey, vamos a ver que se hace, así que mantenga, cambio– dijo el hombre en la radio.
-              Cambio y fuera – dijo Cárcamo.
-              Oye, mira para allá, para el norte –dijo Tapia
-              ¿Qué chucha pasa ahora? – pregunto Cárcamo
-              Ja, ja, ja,ja, se están cayendo todos los malditos aviones – Dijo tapia con una risa nerviosa y asustada.
-              No weon, esas weas no pueden ser aviones – dijo Cárcamo, oponiéndose a lo que veía en el cielo.
-              A no si va a ser estrellitas fugaces las weas – dijo Tapia.
-              Esas weas son muy brillantes para ser estrellas fugaces – intervino Maluenda que había vuelto al ver las estelas de fuego en el cielo.
-              A vos ¿te aburriste de llamar a los muertos? – le lanzo una broma Cárcamo.
Un estruendo a unos metros de ellos sacudió el aire alrededor, no eran uno, ni dos, eran una veintena de grandes estelas brillantes que bajaban desde el cielo en dirección de norte oeste a sur este la mayoría, otras de norte a sur, algunas luces no alcanzaban a tocar tierra y se desintegraba en un estruendo en el cielo, otras se precipitaban y golpeaban cerca, los hombres no lo podían definir si eran 500 metros, un kilómetro o a 20 kilómetros de ellos, solo sentían sacudidas que trasmitía el aire y temblores de tierra que seguían a las explosiones de luz cada vez que uno de estos objetos tocaba tierra.
Instintivamente los tres se agacharon y cubrieron las cabezas, Tapia recordó los cascos y se fue a la camioneta y se colocó uno, saco los otros dos, se los lanzo a sus compañeros, pero pensaron que sus cascos plásticos de seguridad eran francamente ridículos en la situación.
Vieron caer objetos más pequeños que se disolvían en la atmósfera alta, estos comenzaron a ser más numerosos que los grades, hasta que también disminuyeron en cantidad, 20 minutos después los estruendos y bólidos dejaron de ser masivos y aunque siguieron cayendo objetos de distinto tamaño durante el resto de la noche, estos fueron decreciendo en su número hacia el amanecer.

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